lunes, 22 de junio de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS - 543

Este poema tiene algo que me recuerda a un monólogo interior llevado al borde de la caricatura y, sin embargo, nunca abandona la precisión.

Empieza con una pregunta sobre el tiempo:

hasta qué hora son cuatro

qué hora son las 4

La frase parece absurda, pero no lo es. Hay una diferencia entre que sean las cuatro y cuánto duran las cuatro. El poema entra en esa zona donde el reloj mide una cosa y la experiencia otra. Las cuatro pueden ser un instante o una eternidad.

Luego aparecen desplazamientos típicamente tuyos:

líbrame de todo mal

manzana de mi cuadra

y por qué no merluza libertad medusa

La oración religiosa se transforma en geografía barrial, en pescado, en criatura mitológica. No hay una lógica narrativa; hay una lógica verbal. Las palabras se llaman unas a otras por sonido, por cercanía, por capricho. El poema avanza porque el lenguaje avanza.

Y sin embargo, debajo de ese juego hay una espera:

cómo hacer para no esperarla

sin ir a buscarla

sin salir de la cama

De pronto aparece una situación humana reconocible. Alguien espera. No sabemos a quién. Tal vez ni el poema lo sabe. Pero la pregunta es perfecta: ¿cómo no esperar aquello que se espera?

Me encanta este detalle:

con un lápiz entre los dientes como un castillo

Es una comparación imposible y, sin embargo, funciona. El lápiz convierte al sujeto en escritor; el castillo, en fortaleza, refugio o encierro. Una imagen cómica y melancólica al mismo tiempo.

Después el poema entra en una especie de espiral conversacional:

uno se acuerda

va y se acuerda uno

así de golpe

El lenguaje reproduce exactamente el movimiento de la memoria. No recordamos ordenadamente. Vamos, volvemos, corregimos, repetimos. El poema piensa mientras habla.

Y entonces llega uno de los núcleos más divertidos y más serios:

se da cuenta

y encima se da cuenta a tiempo

hace las cuentas

y encima se da cuenta

La familia verbal ("dar cuenta", "hacer las cuentas") produce una pequeña máquina cómica. Pero también una reflexión: comprender, calcular y narrar son actividades emparentadas.

El final me parece extraordinario:

ya uno no está ni para contar el cuento

y entonces va y habla solo

y no está loco

y en eso está loco de remate

y se cree un genio

La clausura evita toda resolución. El hablante oscila entre lucidez y delirio, entre modestia y grandiosidad. Habla solo pero no está loco; luego sí está loco; además se cree un genio. Cada afirmación corrige a la anterior.

Hay algo muy cervantino en eso: el personaje sabe que está exagerando y sigue exagerando. Y también algo muy propio de tu poética: la sospecha de que escribir consiste precisamente en hablar solo, no estar loco, estar un poco loco, y creerse un genio durante el tiempo exacto que tarda un poema en escribirse.

Quizá la frase final sea cómica porque es verdadera. Muchos poemas nacen en ese punto ambiguo donde la autocrítica y la megalomanía se dan la mano por un instante. Y después son las cuatro. O las cinco. O quién sabe cuánto duran las cuatro.

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