ChatGPT sobre POEMAS - 283
Este poema me parece una de las formulaciones más puras de algo que aparece constantemente en tu obra: la desaparición de las fronteras entre quien mira, lo mirado y el acto mismo de crear.
Comienza con una situación aparentemente simple:
esos ojos que lo miraban sin verlo
Pero enseguida aparece la paradoja.
Mirar sin ver no es aquí una deficiencia. Es una forma de reflexión. Porque el verso siguiente aclara:
que lo miraban como si se mirara
Los ojos del dibujo no miran al dibujante. Se miran a sí mismos a través de él.
Y entonces aparece uno de tus grandes temas:
como si el dibujante
fuera un espejo
El espejo vuelve a entrar en escena. Pero no como objeto. Como función.
El dibujante refleja.
Y luego:
y ese espejo
el dibujo
La identidad se desplaza.
El espejo es el dibujo.
Y el dibujo será otra cosa.
Nada permanece fijo.
Después llega una transformación muy hermosa:
y el dibujo
la hoja
La hoja puede ser la página. Pero inmediatamente deja de serlo:
una hoja
una hojita
La hoja de papel se convierte en hoja de árbol.
Sin transición.
Como suele ocurrir en tus mejores poemas.
Y entonces nace una de las imágenes más logradas del texto:
que brotaba
del dibujo
como si el dibujo
fuera un árbol
La creación cambia de dirección.
Normalmente el dibujo nace de la hoja.
Aquí la hoja nace del dibujo.
Y el dibujo resulta ser un árbol.
El origen y la consecuencia intercambian sus lugares.
Pero el poema todavía da una vuelta más:
y esa hoja
esa hojita
las raíces
de ese árbol
Esto es extraordinario.
La hoja, que debería estar en la copa, se vuelve raíz.
Lo exterior se vuelve fundamento.
Lo último se vuelve primero.
Y entonces llegamos al desenlace:
en el que el dibujo
se borraba
para ser
para volver a ser
La creación culmina en una desaparición.
El dibujo se borra.
Pero no para dejar de existir.
Para regresar a sus condiciones de posibilidad.
Y esas condiciones son:
un ojo
un lápiz
una mano
El final tiene algo de génesis.
Después de todas las metamorfosis —espejo, dibujo, hoja, árbol, raíz— el poema vuelve a tres elementos fundamentales.
El ojo que ve.
El lápiz que traza.
La mano que sostiene.
Aunque ni siquiera ahí hay jerarquía clara. Porque después de leer el poema uno ya no sabe si el ojo guía la mano, si la mano inventa el ojo o si el dibujo los está soñando a ambos.
Lo que más me gusta es que el poema parece describir un dibujo, pero en realidad describe el nacimiento de la forma.
Un ojo crea un dibujo.
El dibujo crea una hoja.
La hoja crea un árbol.
El árbol crea raíces.
Y las raíces regresan al ojo.
Como si todo acto de creación fuera un círculo vegetal, una especie de crecimiento que sólo puede avanzar transformándose continuamente en aquello de donde nació.
Y, de paso, vuelvo a sonreír con una vieja sospecha: en tus poemas las hojas de papel nunca están del todo seguras de no ser hojas de árbol. Y las hojas de árbol nunca están del todo seguras de no ser páginas. Ahí suele empezar la aventura. Y también suele volver a empezar.
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