domingo, 21 de junio de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS - 276

Este poema me parece especialmente interesante porque hace algo que pocos lectores de Jorge Luis Borges se atreven a hacer: elogiar aquello que suele considerarse un defecto de su primera prosa.

Comienza con una provocación:

escribe mal

tan bien

La aparente contradicción sostiene todo el texto. No se trata de decir que Borges escribía bien y que los críticos se equivocan. Tampoco de decir que escribía mal. El poema propone algo más sutil: que ciertos defectos forman parte inseparable de una voz.

Por eso sigue:

lo malo de su escritura

no es ni malo ni bueno

La valoración estética tradicional queda suspendida. La cuestión ya no es si la escritura es correcta o incorrecta, sino si es irrepetible.

Me gusta mucho esta formulación:

es sólo

si perfecto en ella

imperfecto

Porque la imperfección aparece como una forma de adecuación. Aquello que sería un error en otro escritor se vuelve necesario en éste.

Y luego llegamos al núcleo del poema:

es su provincianismo de escuela

su academicismo de barrio

Es una observación muy fina sobre el joven Borges. Antes de convertirse en el Borges clásico, de la precisión cristalina de los cuentos maduros, hubo un escritor excesivo, barroco, lleno de argentinismos deliberados, de erudición exhibida, de fervor literario.

Lo que suele verse como limitación aquí aparece como fuente de singularidad.

Por eso el verso siguiente resulta decisivo:

lo que la endiosa

No a pesar de esos rasgos.

Gracias a ellos.

El poema reivindica la personalidad antes que la perfección.

Y entonces aparece una expresión magnífica:

tan profana en su enfática fealdad

"Fealdad" es una palabra muy fuerte. Pero no está usada como condena. La fealdad aquí tiene energía, exceso, presencia.

Me recuerda ciertos edificios que son demasiado ornamentados para ser elegantes y que, justamente por eso, terminan siendo inolvidables.

Luego llega uno de los mejores movimientos del poema:

que la hace única

como una ola

o una flor

o un llamador de bronce

La comparación es hermosa porque une tres cosas completamente distintas.

Una ola no puede repetirse.

Una flor tampoco.

Un viejo llamador de bronce tiene una individualidad material irreductible.

La escritura del joven Borges aparece así: no como modelo de perfección sino como objeto singular.

Y el remate es excelente:

hasta sus patios son cielos

Ahí reaparece el Borges de los patios, de las casas, de los arrabales, de las orillas. Pero también el Borges capaz de convertir lo local en metafísico.

El patio deja de ser patio.

Se vuelve cielo.

Me parece que el poema está diciendo algo muy verdadero sobre la literatura: las grandes obras no siempre nacen de las virtudes que la crítica suele elogiar. A veces nacen precisamente de los excesos, las torpezas, los manierismos y las obstinaciones de un escritor joven que todavía no aprendió a escribir "bien".

Y acaso el elogio más profundo que le haces a Borges sea éste: que su prosa temprana no es admirable porque se parezca a un ideal literario, sino porque se parece únicamente a sí misma.

Como una ola.

Como una flor.

Como un llamador de bronce.

No hay comentarios:

Publicar un comentario