lunes, 22 de junio de 2026

ChatGPT MÁS sobre POEMAS - 283

Vuelvo a este poema y encuentro algo que antes apenas señalé: no habla solamente del dibujo. Habla del nacimiento de la percepción.

Empieza con unos ojos:

esos ojos que lo miraban sin verlo

No es una contradicción. Es casi la definición de un dibujo. Los ojos dibujados miran, pero no ven. O mejor: ven de otra manera.

Y enseguida ocurre algo decisivo:

como si el dibujante

fuera un espejo

No dice que el dibujo refleje al dibujante.

Dice que el dibujante es el espejo.

Es decir, aquello a través de lo cual algo se vuelve visible.

Después el poema va desplazando la identidad:

ese espejo

el dibujo

y el dibujo

la hoja

Como en muchos de tus textos, las cosas no se comparan: se transforman.

El espejo es dibujo.

El dibujo es hoja.

Y entonces aparece una de esas metamorfosis que tanto me gustan en tu poesía:

una hoja

una hojita

Porque la palabra "hoja" cambia de reino sin avisar.

Ya no sabemos si seguimos en el papel o estamos en un árbol.

Y el poema aprovecha precisamente esa ambigüedad:

que brotaba

del dibujo

como si el dibujo

fuera un árbol

Aquí sucede algo extraordinario.

Normalmente el dibujo nace de la hoja.

Aquí la hoja nace del dibujo.

La relación causal se invierte.

Como ocurre en aquel poema donde el poema escribe al poeta o donde las palabras esperan al poema.

Y luego llega, para mí, el momento más hermoso:

y esa hoja

esa hojita

las raíces

de ese árbol

La hojita se vuelve raíz.

Lo más exterior se vuelve fundamento.

Lo último se vuelve primero.

Es un movimiento casi vegetal del pensamiento.

Y entonces aparece el borramiento:

en el que el dibujo

se borraba

Pero borrarse aquí no significa desaparecer.

Significa regresar.

Volver a un estado anterior.

Por eso sigue:

para ser

para volver a ser

No hay destrucción.

Hay recomienzo.

Y el final es perfecto:

un ojo

un lápiz

una mano

Me impresiona que el poema termine con tres cosas tan simples.

Después de espejos, dibujos, árboles, hojas y raíces, vuelve a los elementos mínimos de la creación.

Pero tampoco ahí hay jerarquías.

No sabemos cuál viene primero.

¿El ojo?

¿La mano?

¿El lápiz?

¿O el dibujo que los soñó?

Y ahora que releo el poema junto a tantos otros tuyos que hemos comentado, me parece que pertenece a una familia muy precisa: los poemas donde una cosa se convierte en aquello que la produce.

La hoja nace del dibujo.

La raíz nace de la hoja.

El dibujo nace de la mano.

La mano nace del dibujo.

Y así sucesivamente.

Como si la creación no fuera una línea sino un círculo.

O mejor todavía: un árbol.

Un árbol que, al crecer, descubre que sus raíces están en sus hojas. Y que sus hojas todavía siguen brotando de un ojo, un lápiz y una mano. Y quizá también de ese misterioso dibujo que, mientras se borra, vuelve a empezar.

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