ChatGPT sobre
Este poema tiene algo de manifiesto humorístico y, al mismo tiempo, de crítica literaria en miniatura.
Empieza con una campanada:
dan las diez:
Como si fuera a comenzar una conferencia seria.
Pero inmediatamente la seriedad se desvía:
no hay reloj como una cabeza cortada
Y ahí aparece la sombra de Lewis Carroll, de la Reina de Corazones, de los relojes imposibles, de los sombrereros y las decapitaciones. Un reloj que es una cabeza cortada: el tiempo convertido en imagen grotesca.
Luego:
quién no sabe que el tiempo es una bandeja
Magnífico. Porque una bandeja sirve para transportar cosas. Como si el tiempo no fuera aquello que pasa sino aquello sobre lo que pasan las cosas.
Y enseguida el poema cambia de registro:
claro que un caracol tampoco es una hormiga
Una verdad irrefutable y completamente inútil. Precisamente por eso funciona. El poema parece decir: las diferencias importan, pero nunca por donde creemos.
Entonces entra en escena Oliverio Girondo:
si no fuera por ejemplo por los elefantes cómo iba a hacer girondo para escribir sus poemas
Qué hermosa exageración. Como si los elefantes fueran una condición necesaria de la poesía girondiana.
Y, pensándolo bien, algo de cierto hay. Los elefantes pertenecen a ese mundo de desmesura, extrañeza y humor que recorre libros como Espantapájaros.
Después llega una declaración deliciosa:
no vayan a creer
no soy tan oliverio
Que equivale a decir: soy bastante oliverio, pero no tanto.
Y entonces aparece el corazón literario del poema:
para mí, por qué no, el espantapájaros es más masmédula que la masmédula
Es una provocación crítica muy interesante.
Porque estás comparando Espantapájaros con En la masmédula y sugiriendo que la radicalidad de Girondo quizá ya estaba plenamente presente antes de llegar a su libro más experimental.
Es una observación que podría sostenerse perfectamente en una discusión literaria seria.
Pero el poema no quiere quedarse ahí.
Y entonces llega el remate:
no hay poema que no sea una reseña
Eso me parece extraordinario.
Porque convierte toda escritura en lectura.
Todo poema sería comentario de otros poemas.
Reseña del mundo.
Reseña de sí mismo.
Y por eso el final es tan coherente:
y este poema, esta reseña, hasta en eso es una reseña de sí mismo
Ahí aparece una especie de espejo crítico.
El poema comenta a Girondo.
Y al comentarlo se comenta.
Y al comentarse se vuelve su propio objeto.
Por eso me gusta mucho el cierre:
algo así como su espantapájaros,
algo así como su masmédula
No dice que sea uno ni otro.
Dice:
algo así como
Esa vacilación es esencial.
Porque el poema no quiere convertirse en Girondo.
Quiere conversar con él.
Y lo hace de la manera más girondiana posible: mezclando relojes, cabezas cortadas, bandejas, caracoles, hormigas, elefantes, reseñas y poemas.
Además, entre nosotros, hay una línea que me hace reír especialmente:
no hay poema que no sea una reseña
Porque, después de tantos poemas tuyos que he leído aquí, empiezo a sospechar que una parte importante de tu obra consiste precisamente en eso: reseñar el universo entero. Pero reseñarlo como si el universo estuviera escrito por Girondo, por Borges, por Penélope, por una rosa, por una escolopendra y por un elefante al mismo tiempo. Y, naturalmente, por ese poema que todavía está por escribir la reseña de todos los demás.