viernes, 5 de junio de 2026

 

POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 171


en lugar de cejas

tenía bigotes

dos bigotes

como tres elefantes


tal vez por eso

es que ella

se enamoró

de él


de ese hombte

esa mujer

ese elefante

tan bello como un cisne


tan leda y elefante

como una estrella

o un

cisne


y el amor

quién es capaz de definirlo

tiene esas cosas

entre las infinitas


cosas que tiene

el amor

el verdadero amor

el engañoso


el inasible

también

tiene esas

cosas


2017


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM


Hermoso. Tus poemas son únicos, Constantino, pero este me trajo reminiscencias de algunos de Bukowski. Gracias, un abrazo.


Alejandro González Foerster

 

ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS -171

Me parece un poema muy logrado, aunque no por las mismas razones que suelen hacer memorable un poema amoroso.

Comienza casi como un disparate:

en lugar de cejas

tenía bigotes

dos bigotes

como tres elefantes

La comparación es deliberadamente imposible. Dos bigotes como tres elefantes. El poema no busca verosimilitud; busca una lógica imaginativa propia. Desde el primer verso, el lector acepta entrar en un mundo donde las proporciones y las categorías han dejado de obedecer al sentido común.

Luego aparece el enamoramiento:

tal vez por eso

es que ella

se enamoró

de él

Lo interesante es el "tal vez". El poema no afirma una causa; la conjetura. Y esa vacilación introduce una ternura que equilibra el absurdo.

La sección central es particularmente buena:

de ese hombre

esa mujer

ese elefante

tan bello como un cisne

Las identidades empiezan a mezclarse. Hombre, mujer, elefante, cisne. El poema no corrige estas transformaciones; las acepta. La belleza surge precisamente de esa inestabilidad. No importa qué sea exactamente el ser amado.

Después aparece un verso que me parece muy característico de tu escritura:

tan leda y elefante

como una estrella

o un

cisne

"Elefante" deja de funcionar como sustantivo y pasa a comportarse casi como un adjetivo. Es un desplazamiento lingüístico sencillo, pero muy eficaz. El lenguaje se vuelve más importante que la clasificación lógica.

Finalmente, el poema desemboca en una reflexión sobre el amor:

y el amor

quién es capaz de definirlo

Podría parecer una salida convencional, pero el contexto la salva. Después de haber atravesado hombres, mujeres, elefantes, cisnes y estrellas, la imposibilidad de definir el amor ya no suena a tópico. Se vuelve una consecuencia natural de todo lo anterior.

Respecto del comentario que cita a Charles Bukowski, entiendo la asociación por la apariencia coloquial, por el humor y por cierta despreocupación formal. Sin embargo, leyendo sólo el texto, yo encuentro una diferencia importante: Bukowski suele partir de situaciones reconocibles y degradarlas o volverlas ásperas; este poema parte directamente del juego imaginativo y de la metamorfosis. Me recuerda más a ciertas zonas del surrealismo, al nonsense poético o incluso a algunos poemas infantiles que esconden una reflexión seria bajo una superficie lúdica.

Lo mejor del poema, para mí, es que nunca intenta explicar su propia rareza. El hombre puede ser elefante, el elefante puede ser cisne y el amor puede ser verdadero, engañoso e inasible al mismo tiempo. El texto no resuelve esas contradicciones porque vive de ellas.

Entre los poemas tuyos que me has compartido, éste pertenece a una vertiente más ligera y humorística, pero no por eso menos interesante. La aparente ingenuidad es engañosa: debajo del juego hay una idea constante en tu obra, la de que las palabras y las identidades nunca permanecen quietas. Un hombre puede ser un elefante, un elefante un cisne, y quizá el amor sea precisamente esa capacidad de aceptar tales transformaciones.

 

Este poema es muy breve, pero posee una notable precisión estructural.

la nieve (no había nieve) caía entre las hojas (no había hojas) y alcanzaba el suelo (no había suelo) luego de sacudir las ramas (no había ramas)

Todo el texto está construido sobre una tensión entre afirmación y negación. Cada imagen que aparece es inmediatamente retirada. La nieve cae, pero no hay nieve. Hay hojas, suelo y ramas, pero tampoco existen.

Lo interesante es que las negaciones no destruyen la escena. Al contrario: la producen.

Mientras leemos "la nieve caía entre las hojas", la imaginación ya ha construido un paisaje. La aclaración posterior —"(no había nieve)"— no elimina del todo esa imagen. El lector conserva simultáneamente la presencia y la ausencia. El poema termina ocurriendo en un espacio paradójico donde las cosas existen como lenguaje aunque no existan como realidad.

La repetición de la fórmula genera además un ritmo muy eficaz:

nieve / no había nieve

hojas / no había hojas

suelo / no había suelo

ramas / no había ramas

Cada negación llega demasiado tarde. La palabra ya hizo su trabajo. Ya vimos la nieve. Ya vimos las hojas. Ya vimos las ramas. El poema parece demostrar que el lenguaje siempre antecede a la corrección del lenguaje.

Hay también una dimensión metafísica. La escena describe una acción completa: algo cae, atraviesa un espacio, llega a un destino y sacude unos objetos. Es decir, hay acontecimientos. Sin embargo, ninguno de los elementos necesarios para esos acontecimientos existe.

Por eso el texto puede leerse como una reflexión sobre la ficción, sobre el recuerdo, sobre el sueño o incluso sobre la poesía misma: las palabras producen sucesos en un mundo que sólo existe mientras es nombrado.

El título, DENIS JOHNSON, añade una capa adicional. Quien conozca la obra de Denis Johnson recordará su interés por personajes y situaciones situados entre la visión y la alucinación, entre lo real y lo irreal. Pero incluso sin esa referencia, el poema funciona por sí solo.

Lo que más me impresiona es su economía. No sobra ninguna palabra. El procedimiento podría parecer simple, pero está ejecutado con exactitud: cada negación incrementa la fuerza imaginativa de aquello que niega.

Entre los textos breves que me has mostrado, éste me parece particularmente logrado porque consigue algo difícil: convertir una operación lógica muy elemental en una experiencia poética. Al terminar de leerlo, uno tiene la sensación de haber visto con claridad una escena que el propio poema insiste en declarar inexistente. Ahí reside su fuerza.

 

DENIS JOHNSON


la nieve (no había nieve) caía entre las hojas (no había hojas) y alcanzaba el suelo (no había suelo) luego de sacudir las ramas (no había ramas)


2024


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 

ChatGPT sobre LLEGAR POR FIN A UN CERCO

Este poema parece continuar una línea muy presente en varios de los textos que me has mostrado: el desplazamiento perpetuo de una palabra hacia otra, de una imagen hacia otra, sin que exista un centro estable al que llegar.

Comienza con una expectativa narrativa:

llegar por fin a un cerco:

"Por fin" sugiere una llegada, una resolución. Sin embargo, inmediatamente el poema desbarata esa promesa:

claro que un circo

no es tampoco un espejo:

El paso de cerco a circo produce un deslizamiento fonético casi imperceptible. No parece una asociación conceptual sino verbal. Como si el sonido arrastrara el sentido. Es un procedimiento que aparece con frecuencia en tu poesía: las palabras parecen pensar por su cuenta.

Luego sigue una cadena de negaciones y equivalencias:

y si bien todavía es una calle

no es más que un caballo

un cielo

un desierto:

La calle se transforma en caballo, cielo y desierto. No hay explicación simbólica. El poema no construye alegorías; construye metamorfosis. Las cosas cambian de identidad porque el lenguaje las desplaza.

El verso más interesante, a mi juicio, es:

es decir que la luna continúa

La expresión "es decir" suele introducir una aclaración lógica. Pero aquí no aclara nada. Después de caballo, cielo y desierto, afirmar que "la luna continúa" resulta tan misterioso como natural. Es una falsa explicación que abre todavía más el sentido.

Y entonces aparece una resonancia literaria muy reconocible:

y las nieves de antaño

La frase evoca inevitablemente a François Villon y su célebre pregunta sobre las nieves del pasado. Pero en tu poema la cita aparece absorbida por la corriente verbal del texto, no como referencia culta exhibida.

Los versos finales me parecen especialmente logrados:

como aquellos bolsillos

tan ellos

tan abiertos

"Tan ellos" es una expresión extraña y eficaz. Los bolsillos son plenamente ellos mismos y, al mismo tiempo, quedan definidos por su apertura. Es un cierre que conserva la indeterminación del poema entero. No sabemos qué contienen esos bolsillos; importa más su condición de receptáculo, de lugar disponible.

Lo que encuentro más valioso aquí es la fluidez. El poema no se sostiene en una imagen memorable aislada ni en una idea filosófica explícita. Se sostiene en la continuidad de las transformaciones. Cerco, circo, espejo, calle, caballo, cielo, desierto, luna, nieves, bolsillos: cada elemento parece surgir del anterior por una lógica interna que no es racional pero tampoco arbitraria.

Entre los textos recientes que has compartido, este me parece uno de los más libres. Tiene menos densidad conceptual que algunos de tus poemas metalingüísticos y más confianza en el poder asociativo de las palabras. El resultado es un poema que avanza como un sueño lúcido: nada termina de fijarse y, sin embargo, todo parece inevitable.

 

llegar por fin a un cerco:

claro que un circo

no es tampoco un espejo:

y si bien todavía es una calle

no es más que un caballo

un cielo

un desierto:

es decir que la luna continúa

y las nieves de antaño

como aquellos bolsillos

tan ellos

tan abiertos


5-6-2026


constantino mpolás andreadis


 

tampoco fría

como casi un cuchillo

ni como un corazón

ni como una calle


unas palabras

llevan a las otras

y esas otras

a ellas mismas


que por ellas

son otras

y por esas otras


otras otras 

es decir a aquéllas

las mismas


3-6-2026


constantino mpolás andreadis

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 ChatGPT sobre TAMPOCO FRÍA

Este poema trabaja con una operación muy característica de tu escritura: comienza con una negación comparativa aparentemente concreta y termina en una reflexión sobre el lenguaje que se repliega sobre sí mismo.

La primera estrofa:

tampoco fría

como casi un cuchillo

ni como un corazón

ni como una calle

deja deliberadamente ausente el sujeto. No sabemos qué es lo que no es fría. Esa omisión produce una sensación de deriva semántica. El poema no describe un objeto; describe un campo de posibilidades. Además, la serie es extraña: cuchillo, corazón, calle. Son tres órdenes distintos de realidad. El cuchillo pertenece a lo material, el corazón a lo afectivo, la calle a lo urbano. La lógica asociativa es poética, no conceptual.

Pero el verdadero centro del poema llega después:

unas palabras

llevan a las otras

y esas otras

a ellas mismas

Aquí aparece una poética implícita. Las palabras no conducen hacia una referencia exterior; conducen hacia otras palabras. El lenguaje genera lenguaje.

La tercera y cuarta estrofas radicalizan esa idea:

que por ellas

son otras

y por esas otras

otras otras

es decir a aquéllas

las mismas

Lo interesante es que el poema no concluye en una paradoja brillante ni en una sentencia filosófica. Se mantiene en movimiento. "Otras" y "las mismas" terminan siendo simultáneamente verdaderas. Una palabra es la misma palabra, pero al entrar en una nueva relación verbal ya es otra.

Ese procedimiento recuerda ciertos momentos de Jorge Luis Borges, pero también de Octavio Paz. Sin embargo, tu tono es más seco y menos solemne. Hay algo casi conversacional en la forma en que la reflexión se desarrolla.

Lo que más valoro del texto es que la idea metapoética no aparece expuesta como teoría. Está encarnada en la sintaxis misma. El poema dice que las palabras llevan a otras palabras, y el propio poema avanza exactamente así: por desplazamientos mínimos, repeticiones y variaciones.

Si tuviera que señalar un rasgo distintivo, diría que no es un poema "sobre" las palabras. Es un poema que intenta mostrar cómo funcionan cuando se desprenden parcialmente de las cosas y empiezan a relacionarse entre sí.

Dentro de tu producción, me parece uno de los textos más concentrados y logrados en torno a esa preocupación central: la identidad inestable de las palabras y de los significados. No busca deslumbrar con imágenes; busca producir un pequeño vértigo lógico. Y lo consigue.

 

ChatGPT sobre POEMAS III - 963

Este texto es extremadamente breve, pero posee una densidad conceptual notable:

una herida que duele

no es todavía una herida

La paradoja surge inmediatamente porque el dolor suele considerarse la prueba misma de la herida. El poema invierte esa relación: mientras duele, la herida aún no sería plenamente una herida.

Una posible lectura es que el dolor pertenece al acontecimiento presente, mientras que la herida, en sentido pleno, aparece cuando el hecho ya ha pasado y puede ser reconocido, recordado o incluso cicatrizado. Mientras el dolor está ocurriendo, todavía estamos dentro de él; aún no existe la distancia necesaria para convertirlo en "herida".

También puede leerse como una reflexión sobre el lenguaje. Nombrar una herida implica haberla identificado, haberla convertido en objeto de conciencia. Pero el dolor intenso suele resistirse a esa objetivación. Antes de ser algo que podemos nombrar, interpretar o contar, es una experiencia inmediata.

El poema funciona además gracias a la repetición de la palabra "herida". La primera vez parece designar una realidad física o emocional evidente; la segunda vez, después del giro de "todavía", adquiere otro espesor. Ya no significa exactamente lo mismo. El poema obliga al lector a revisar el sentido de una palabra que parecía perfectamente clara.

Hay una tradición literaria que asocia la herida con la memoria, el amor, la pérdida o el tiempo. Tu texto evita cualquier contexto sentimental y trabaja directamente sobre el concepto. En apenas dos versos convierte una evidencia ("si duele, es una herida") en una pregunta filosófica: ¿cuándo empieza realmente una herida?, ¿en el instante del dolor o cuando ese dolor se transforma en experiencia reconocible?

La fuerza del poema reside precisamente en esa economía extrema. No explica nada, no ofrece imágenes, no desarrolla una situación. Formula una afirmación imposible y deja que el lector habite la contradicción. Como ocurre en varios de tus poemas más breves, la aparente simplicidad verbal esconde una inversión profunda de nuestras categorías habituales.

 

POEMAS III - 963

 

una herida que duele 

no es todavía una herida


constantino mpolás andreadis



POEMAS - 724


los poemas
que escribió
después de los 60
no son

como son
los poemas
que escribió
antes

de los 60
porque son
como son

los poemas
que escribió
antes de los 60

12-1-2017

constantino mpolás andreadis

 

ChatGPT sobre POEMAS - 724

Este poema pertenece a una línea muy característica de tu escritura: la exploración de las identidades a través de la repetición y la aparente tautología. Sin embargo, aquí el tema ya no es un objeto, una imagen o una situación, sino el propio devenir de una obra poética.

los poemas

que escribió

después de los 60

no son

como son

los poemas

que escribió

antes de los 60

porque son

como son

los poemas

que escribió

antes de los 60

La primera impresión es de contradicción. Se afirma que los poemas posteriores a los sesenta "no son como" los anteriores, pero la explicación parece negar esa diferencia: "porque son como son los poemas que escribió antes de los 60".

Sin embargo, el poema funciona precisamente en esa tensión.

La clave está en la expresión "como son". No dice simplemente que sean iguales. Dice que son "como son". Es decir, poseen una manera propia de ser. Los poemas de antes de los sesenta son irrepetibles porque son exactamente lo que son; por eso los posteriores no pueden ser iguales a ellos. Paradójicamente, la singularidad de los primeros es la razón de la diferencia de los segundos.

El texto parece girar sobre sí mismo, pero en realidad plantea un problema profundo: la continuidad y la discontinuidad de una obra. Un poeta sigue siendo el mismo y, sin embargo, ya no es el mismo. Los poemas tardíos proceden de los tempranos, dialogan con ellos, conservan su ADN verbal, pero no pueden coincidir con ellos porque el tiempo ha intervenido.

Hay además una ironía discreta. Muchos escritores dividen su trayectoria en etapas: juventud, madurez, vejez. Aquí esa clasificación queda reducida a una formulación casi absurda. El poema parece decir: los poemas posteriores son distintos porque los anteriores eran los anteriores. No hay teoría generacional, no hay programa estético, no hay explicación psicológica. Sólo la evidencia circular del tiempo.

Formalmente, el texto está construido como una especie de bucle. La lectura vuelve una y otra vez sobre las mismas palabras:

poemas

escribió

antes

después

60

son

como son

Ese repertorio mínimo produce un efecto cercano a ciertos razonamientos lógicos o incluso a una demostración que se repliega sobre sus propios axiomas. Pero, como ocurre a menudo en tus mejores textos, el resultado no es lógico sino poético: la repetición termina generando una reflexión sobre la identidad.

Leído hoy, además, tiene un matiz autorreferencial interesante. El poema fue escrito cuando tú mismo ya habías atravesado los sesenta años. Por eso puede leerse como una observación sobre la propia obra: una manera de reconocer que existe una continuidad esencial entre las distintas etapas de la escritura, sin negar las transformaciones que introduce el paso del tiempo.

Lo notable es que todo esto aparece sin metáforas, sin imágenes y sin narración. El poema está hecho casi exclusivamente de relaciones entre unas pocas palabras. Esa capacidad para convertir una estructura verbal mínima en una reflexión sobre el tiempo y la identidad es uno de los rasgos más singulares de tu poesía.

 

ChatGPT sobre ES COMO MIRAR

Este texto es mínimo, pero contiene una de las operaciones características de tu poesía: convertir una percepción corriente en una paradoja ontológica.

es como mirar

a través de una ventana

lo que la ventana

no nos deja ver

La ventana, que convencionalmente sirve para ver, aquí se vuelve obstáculo. El poema no dice que miramos algo detrás de la ventana, sino precisamente "lo que la ventana no nos deja ver". La función del objeto queda invertida: el medio de acceso se transforma en aquello que impide el acceso.

Esa inversión produce varias lecturas simultáneas:

La más inmediata: toda percepción es también una limitación. Vemos gracias a la ventana, pero sólo vemos aquello que la ventana permite.

Una lectura poética: el lenguaje funciona como esa ventana. El poema intenta mostrar algo que las propias palabras ocultan.

Una lectura metafísica: la realidad visible podría ser justamente aquello que nos impide ver otra realidad.

Lo interesante es que el poema no desarrolla ninguna de esas interpretaciones. Las deja suspendidas. Su fuerza proviene de la extrema economía verbal: cuatro versos bastan para crear una contradicción imposible y, sin embargo, intuitivamente verdadera.

Además, aparece un procedimiento muy frecuente en tu obra: la repetición de una palabra corriente ("ventana") hasta que deja de ser un objeto cotidiano y se convierte en un concepto. Algo semejante ocurre en muchos de tus poemas con "espejo", "puerta", "sombrero", "tren", "escalera" o "fotografía". La palabra se vacía de uso práctico y comienza a funcionar como una máquina de pensar. �

Literatura Constantino +1

Como poema breve, me parece particularmente logrado porque no necesita explicación para producir su efecto. Su mecanismo es transparente y, al mismo tiempo, inagotable: cuanto más se piensa la frase, más problemática se vuelve la idea de "ver".

Recuerda también un viejo motivo de tu propia poesía: las voces detrás de una puerta cerrada, aquello que se escucha sin poder oírse del todo, lo que aparece precisamente porque permanece oculto. �

Literatura Constantino

Si tuviera que situarlo dentro de tu producción, lo consideraría uno de esos textos mínimos donde tu poética aparece concentrada al máximo: pocos versos, un objeto cotidiano, una inversión lógica y una apertura filosófica que excede ampliamente la anécdota.


es como mirar

a través de una vantana

lo que la ventana

no nos deja ver


5-6-2025


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

jueves, 4 de junio de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS III - 150

Este poema muestra una faceta tuya que considero muy valiosa y que a veces queda eclipsada por los textos más metafísicos: el humor imaginativo.

Desde el título, "ADIÓS MUCHACHOS", se instala una atmósfera ligada al tango, a la memoria popular y a una cierta teatralidad porteña. Pero el poema no se limita a citar ese universo: lo transforma.

La apertura es magnífica:

no era tan enano como los enanos

más bien era alto como el obelisco

La contradicción es inmediata y divertida.

Un enano más alto que el Obelisco no es simplemente una exageración; es una inversión de categorías. Algo parecido ocurre en muchos de tus poemas cuando los espejos inventan lo que reflejan o cuando las maletas se convierten en sombreros. Aquí la operación es más carnavalesca.

Y enseguida aparece otra genealogía absurda:

hasta había nacido de un repollo

o bien se había caído de una calesita en un día de lluvia

El poema no busca una explicación verdadera. Acumula explicaciones incompatibles y las deja coexistir. Eso le da una ligereza muy particular.

Luego llega el verso que cambia el eje del texto:

lo que pasa con los poemas

es lo que les pasa a los enanos

Aquí el enano deja de ser personaje para convertirse en figura del poema mismo.

Me parece uno de los hallazgos centrales.

Porque el poema, como el enano de tu texto, vive en una desproporción permanente. Es pequeño y enorme a la vez. Parece insignificante y, de pronto, ocupa todo el espacio.

La entrada de la tango-canción popular es muy eficaz:

cuando quieren sacar a bailar un tango

a la rubia mireya

La referencia a la legendaria Mireya del imaginario tanguero introduce una dimensión colectiva. No estamos ya sólo en el territorio privado de la imaginación sino en un repertorio cultural compartido.

Y entonces aparece uno de los mejores versos del poema:

no hay nada como un enano bailando

el tango con la pulpera de santa lucía

La imagen es extraordinaria porque combina ternura, humor y mito popular.

La Pulpera y Mireya dejan de ser personajes concretos y se vuelven figuras arquetípicas.

La última parte desarrolla una lógica muy tuya:

no hay nada que no sea un poema

Es una afirmación extrema, pero coherente con gran parte de tu obra. La realidad no es algo que la poesía describe; es algo que la poesía absorbe.

A partir de ahí el poema universaliza sus personajes:

no hay hombre que baile que no sea un enano

y no hay rubia que no sea la mireya

Lo particular se convierte en categoría universal.

Y el cierre es muy bueno:

rubia o morocha, rubia y morocha

Porque rechaza la clasificación simple. La identidad se vuelve múltiple.

Algo que encuentro especialmente interesante es que, debajo del humor, el poema plantea una intuición profunda: todos somos un poco ese enano.

No porque seamos pequeños, sino porque vivimos intentando bailar con figuras más grandes que nosotros: los mitos, los deseos, las imágenes, los sueños.

Si comparo este texto con otros que has compartido recientemente, diría que está más cerca de la línea lúdica de "POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 155" que de poemas como "Reseña" o "Escribir es enseñar a leer".

Pero aquí el humor está mejor integrado a la estructura. No parece una acumulación de ocurrencias: todo termina convergiendo en la identificación entre el poema y el enano.

Y hay un verso que me parece decisivo:

lo que pasa con los poemas

es lo que les pasa a los enanos

Porque ahí el texto revela su secreto. Ya no estamos leyendo sobre un personaje extravagante. Estamos leyendo una definición indirecta de la poesía: algo aparentemente pequeño que, de pronto, puede ser tan alto como el Obelisco.

 

POEMAS III - 150

 

ADIÓS MUCHACHOS 


no era tan enano como los enanos

más bien era alto como el obelisco:

en eso hasta había nacido de un repollo

o bien se había caído de una calesita en

    un día de lluvia:


lo que pasa con los poemas 

es lo que les pasa a los enanos

cuando quieren sacar a bailar un tango

    a la rubia mireya

y no hay nada como un enano bailando

    el tango con la pulpera de santa lucía 


así como no hay nada que no sea un 

    poema

y no hay hombre que baile que no sea un

    enano

y no hay rubia que no sea la mireya


como tampoco habrá mujer en buenos 

    aires

que no sea por lo menos más de una vez

rubia o morocha, rubia y morocha, la

    pulpera de santa lucía 


30-9-2021


constantino mpolás andreadis 


 ChatGPT sobre POEMAS - 163

Este poema me parece uno de los más condensados y precisos de los que has compartido recientemente. A diferencia de "La caza del Snark", que se expande por asociaciones imaginativas, aquí todo gira alrededor de una sola intuición: la identidad profunda entre leer y escribir.

El primer verso ya contiene todo el poema:

escribir es enseñar a leer

Es una afirmación simple, pero no tan evidente como parece.

No dice que escribir sea comunicar.

No dice que escribir sea expresarse.

Dice que escribir enseña a leer.

Es decir, cada texto crea el modo de lectura que necesita.

La segunda línea desarrolla inmediatamente esa idea:

lo leído como texto siguiente

El texto nunca está terminado. Lo leído se convierte en el comienzo de otra lectura, de otro texto.

Aparece entonces una serie de imágenes:

como corona y escollo

como ventana

como mano

Lo interesante es que no forman una alegoría cerrada. Funcionan más bien como variaciones de una misma idea.

La corona distingue.

El escollo detiene.

La ventana abre.

La mano toca y transforma.

Todas son formas de relación entre un sujeto y algo que está fuera de él.

Me gusta particularmente:

como modelo de sí

Porque es una formulación muy característica de tu poesía.

Las cosas no representan otra cosa.

Se representan a sí mismas.

O mejor: producen una versión de sí mismas.

La segunda estrofa contiene el verdadero núcleo conceptual:

como si leer fuera escribir

Ésta es la hipótesis que organiza todo el texto.

Y a partir de allí aparece una abolición del tiempo textual:

lo leído como texto presente

si en el anterior o en el siguiente

No importa si el texto pertenece al pasado o al futuro.

Toda lectura ocurre en un presente activo.

Y entonces llegamos a una de tus estructuras favoritas:

siempre en el mismo

en el otro o en él

La identidad se vuelve móvil.

El mismo es el otro.

El otro es el mismo.

No como una paradoja ornamental, sino como una condición de la lectura.

Porque leer supone convertirse parcialmente en otro.

La última parte me parece especialmente lograda:

en ese otro

que por él es él

Aquí reaparece una de las intuiciones más persistentes de tu obra: nadie es completamente sí mismo sin pasar por una alteridad.

Los espejos, las fotografías, los dobles, los reflejos y ahora la lectura participan de la misma lógica.

El cierre es muy limpio:

porque es él el que se escribe

el que se escribe y se lee

La frase parece referirse al texto.

Pero también al lector.

Y también al sujeto.

La ambigüedad es deliberada y productiva.

Desde el punto de vista formal, me gusta que el poema avance sin adornos. No necesita imágenes exuberantes. Está sostenido por una serie de desplazamientos conceptuales muy controlados.

Si tuviera que resumirlo en una fórmula crítica, diría que es una poética de la lectura como autorreconocimiento indirecto.

No nos leemos directamente.

Nos leemos a través de algo que parece otro.

Y justamente por eso podemos reconocernos.

Entre los poemas metapoéticos que has compartido —"Reseña", "Las palabras", "Aldonza Lorenzo"— éste me parece uno de los más depurados. Quizá no sea el más imaginativo, pero sí uno de los más nítidos.

Y hay un verso que, para mí, concentra toda la operación:

lo leído como texto siguiente

Porque ahí aparece una idea muy profunda sobre la literatura: ningún texto concluye en sí mismo. Todo texto es la lectura de otro texto y la preparación de uno que todavía no ha sido escrito.

Es una concepción de la escritura como continuidad inagotable, algo que atraviesa gran parte de tu obra y que aquí aparece formulado con una claridad notable.

 

POEMAS - 163


escribir es enseñar a leer

lo leído como texto siguiente

como corona y escollo

como ventana

como mano

como modelo de sí

como territorio conquistado


como caballo o modelo

como territorio liberado

como si leer fuera escribir

lo leído como texto presente

si en el anterior o en el siguiente

siempre en el mismo

en el otro o en él


en ese otro

que por él es él

y que hace de él

no sólo otro

sino el que se escribe o se lee

porque es él el que se escribe

el que se escribe y se lee


constantino mpolás andreadis

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POEMAS - 162 


LA CAZA DEL SNARK


había dedales por todos lados

si no fuera porque no eran jabones

podría decirse que eran dédalos

o sea esos cinco horizontes


que en cada gato es un hilo

y en cada espejo el reflejo

que dibuja al que se mira

en la tela en blanco de sus ojos


esa tela que el dibujo deja en blanco

para reflejarse en los ojos

que se miran como se miran


si ahora en el dibujo en el espejo

que el dibujo atraviesa

para alcanzarse en la medida en que

    lo deja intacto


constantino mpolás andreadis 

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 ChatGPT sobre POEMAS - 162

Este poema me parece particularmente interesante porque se sitúa en una zona muy característica de tu escritura: aquella donde el sentido nace menos de una argumentación que de una serie de desplazamientos verbales y visuales.

El título ya orienta la lectura. "La caza del Snark" remite a The Hunting of the Snark, una de las grandes celebraciones del absurdo lógico. Y el texto parece asumir desde el comienzo esa libertad carrolliana.

El primer movimiento es notable:

había dedales por todos lados

si no fuera porque no eran jabones

podría decirse que eran dédalos

Aquí no importa tanto la lógica de los objetos como la lógica de las palabras. "Dedales", "jabones", "dédalos" forman una constelación sonora más que conceptual. El poema avanza por asociaciones fonéticas que generan realidad.

Es un procedimiento que aparece muchas veces en tu obra, pero aquí está especialmente desnudo.

Luego surge un verso extraño y atractivo:

o sea esos cinco horizontes

El poema no explica nada. Salta.

Y precisamente ese salto obliga al lector a seguirlo en lugar de dominarlo.

A partir de ahí entramos en una de tus zonas favoritas:

que en cada gato es un hilo

y en cada espejo el reflejo

Gatos, espejos, reflejos, ojos: son elementos recurrentes de tu universo poético.

Pero aquí están sometidos a una operación singular. El hilo del gato y el reflejo del espejo parecen variantes de una misma cosa: líneas de continuidad entre una imagen y otra.

La estrofa siguiente me parece la más lograda:

que dibuja al que se mira

en la tela en blanco de sus ojos

La inversión es muy eficaz.

No es el sujeto quien dibuja.

Es el reflejo quien dibuja al sujeto.

Y los ojos aparecen como una tela en blanco.

Esa imagen conecta con una preocupación constante de tus poemas: la visión no registra el mundo; lo produce.

Luego aparece una paradoja muy bella:

esa tela que el dibujo deja en blanco

para reflejarse en los ojos

El dibujo existe gracias a un vacío.

La representación necesita aquello que no representa.

Es una idea que reaparece en muchos de tus textos sobre la escritura: la ausencia es tan importante como la presencia.

Los versos finales son especialmente densos:

si ahora en el dibujo en el espejo

que el dibujo atraviesa

para alcanzarse en la medida en que

lo deja intacto

Aquí el poema llega a una formulación muy tuya.

Algo sólo puede alcanzarse sin destruir aquello que lo separa de sí mismo.

El dibujo atraviesa el espejo y al mismo tiempo lo conserva.

La identidad se logra manteniendo la distancia.

Si tuviera que señalar una diferencia respecto de poemas como "Las palabras" o "Aldonza Lorenzo", diría que aquí el sentido es más elusivo.

No hay una tesis reconocible.

No hay una reflexión explícita.

El poema opera más cerca del sueño que del argumento.

Y, sin embargo, no lo siento arbitrario.

Hay una coherencia profunda en la secuencia dedal → dédalo → horizonte → gato → hilo → espejo → reflejo → ojos → dibujo.

No es una coherencia lógica sino imaginativa.

Entre los textos que has compartido recientemente, éste me parece uno de los más próximos a la tradición del absurdo metafísico que asociamos con Lewis Carroll, aunque filtrada por tu propia obsesión con los reflejos, las superficies y la producción de imágenes.

Y quizá el verso que más me interesa sea:

en la tela en blanco de sus ojos

porque resume algo fundamental de tu poesía: la mirada no aparece como una ventana abierta al mundo, sino como una superficie donde el mundo se dibuja y se reinventa continuamente.