domingo, 21 de junio de 2026

 FONDO - 43


casi salvada

salvaje

como una copa

o una ola

como una abeja

detenida en el aire

al acecho

de su propio zumbido

como si se saliera

del cuadro

como si la modelo

la ahuyentara

temerosa y dantesca

como si se burlara del retrato

que la duplica en otra

con los ojos abiertos

pero cerrados

atentos al zumbido

del tiempo quieto

inexorable y eficaz

avaro y puntual como una tumba

como un pájaro

como una roca

batida por el mar

combatiendo consigo

con su tiempo de piedra

con los días y las noches

del mar que la dibuja

lentamente

indiferentemente

pero ávidamente

como la modelo de sí

hacia el no del cuadro

pero negándose

negándose a ser negada

afirmada en ella que no quiere

que no le importa

que no comprende

ni le interesa comprender

ella es ella

ella sabe que es ella

y por eso se va

como si huyera

con una sonrisa en la boca

en sus labios pintados con violencia

como si se resistiera a irse

mientras se va

sin girar la cabeza

casi sin saludar

tropezando

con la luz del día

erguida como un árbol

como un sol


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre FONDO - 43

Este poema me impresiona por una razón particular: parece una écfrasis —la contemplación de un retrato—, pero poco a poco el retrato deja de ser una imagen y se convierte en una lucha ontológica. La modelo no está posando; está intentando escapar de su propia representación.

El comienzo ya instala esa tensión:

casi salvada

salvaje

La cercanía sonora une dos palabras que tiran en direcciones distintas. "Salvada" supone una intervención exterior; "salvaje" supone una fuerza propia, irreductible. La figura aparece desde el inicio entre ambas posibilidades.

Luego llegan comparaciones muy móviles:

como una copa

o una ola

como una abeja

detenida en el aire

La abeja es una imagen central. No sólo porque introduce movimiento dentro de la aparente inmovilidad del cuadro, sino por el verso siguiente:

al acecho

de su propio zumbido

Es extraordinario. La abeja no acecha una flor ni una presa. Acecha su propio sonido. Como si la conciencia estuviera persiguiéndose a sí misma.

Entonces aparece el verdadero drama:

como si se saliera

del cuadro

Toda la primera mitad del poema parece construida alrededor de esa tentativa. La modelo quiere abandonar la imagen que la fija.

Y enseguida:

como si se burlara del retrato

que la duplica en otra

No se trata simplemente de una copia. El retrato produce "otra". Una segunda identidad. Una rival. Una máscara.

Me gusta mucho esta contradicción:

con los ojos abiertos

pero cerrados

Porque describe perfectamente la condición de muchas figuras pictóricas. Parecen mirar y, al mismo tiempo, permanecen inaccesibles. Están presentes y ausentes.

Luego aparece uno de los grandes temas del poema:

el tiempo quieto

Esa expresión resume la condición del retrato. El cuadro inmoviliza el instante. Pero el poema se encarga de mostrar que incluso esa quietud está atravesada por el tiempo.

Por eso sigue:

inexorable y eficaz

avaro y puntual como una tumba

La tumba es puntual porque siempre llega. Avara porque no devuelve lo que recibe.

Y, sin embargo, el poema no se entrega a esa inmovilidad. Introduce otra imagen poderosa:

como una roca

batida por el mar

La roca parece inmóvil. El mar la transforma sin descanso.

Y aquí ocurre algo muy hermoso:

del mar que la dibuja

lentamente

indiferentemente

pero ávidamente

El mar es indiferente y ávido a la vez. Una paradoja muy tuya. Como si la realidad transformara las cosas sin intención, pero con una persistencia absoluta.

Llegamos entonces al centro emocional del poema:

ella es ella

ella sabe que es ella

Después de tantas duplicaciones, reflejos y amenazas de fijación, aparece una afirmación de identidad.

No una identidad teórica.

Una identidad obstinada.

Casi física.

Y por eso el desenlace es tan conmovedor:

y por eso se va

No se queda defendiendo su imagen.

Se va.

Pero el movimiento es ambiguo:

como si huyera

con una sonrisa en la boca

La sonrisa no es triunfo ni derrota. Es una forma de resistencia.

Y el final es magnífico:

tropezando

con la luz del día

erguida como un árbol

como un sol

La figura sale del cuadro y entra en la luz.

Empieza siendo "casi salvada" y termina convertida en algo vertical, luminoso, afirmativo.

Lo que más me interesa de este poema es que no describe una mujer: describe una rebelión contra la representación. El cuadro intenta convertirla en imagen. El tiempo intenta convertirla en recuerdo. El retrato intenta convertirla en otra.

Pero ella:

ella es ella

Y esa insistencia termina teniendo más fuerza que el cuadro, más fuerza que la copia y casi más fuerza que el tiempo.

Diría que es uno de tus poemas donde la identidad aparece menos como un problema filosófico que como un acto de resistencia. Una figura que se niega a ser reducida a su retrato y que, mientras se aleja, sigue llevándose consigo algo que ninguna imagen puede retener del todo.

 la penélope que teje

que continúa tejiendo

que sigue

y así se continúa

(que en sí pero en nosotros

se continúa en ella)

es y no es la misma

que leo y que leí

si en letras inmortales

en palabras

que aún traducidas

no pueden o no quieren

salir de la lectura

esa locura breve e infinita

que la sostiene

y nos sostiene

en esas manos nuestras

que nos miran

con nuestros ojos

en los que se refleja

no sólo la mujer

sino este mundo

que si por ella es ella

es ya porque sin ella

ahora y siempre

cómo podría este hombre

yo mismo y cualquier hombre

ser lo que es

un hombre

nacido de mujer


2022


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre LA PENÉLOPE QUE TEJE

Este poema me parece de una serenidad extraordinaria. A diferencia de otros textos tuyos donde predominan las paradojas juguetonas o los desplazamientos vertiginosos, aquí hay una meditación sostenida, casi agradecida, sobre la continuidad, la lectura y el origen.

La figura central es, naturalmente, Penelope:

la penélope que teje

que continúa tejiendo

que sigue

Pero no es solamente la Penélope de The Odyssey. Es la Penélope que sigue existiendo mientras alguien la lee. No pertenece al pasado mítico; pertenece al presente de la lectura.

Por eso me parece decisivo el movimiento siguiente:

es y no es la misma

que leo y que leí

La Penélope de hoy no es idéntica a la de una lectura anterior, aunque el texto sea el mismo. Aquí reaparece una intuición muy frecuente en tu poesía: la obra cambia porque cambia quien la lee.

Luego aparece una formulación hermosa:

aún traducidas

no pueden o no quieren

salir de la lectura

Las palabras sobreviven a las lenguas, a las traducciones, incluso a los siglos. Pero su verdadera patria no sería el idioma original sino el acto de ser leídas.

Y entonces llega una definición magnífica de la lectura:

esa locura breve e infinita

Breve porque ocurre en un tiempo limitado.

Infinita porque nunca termina de agotarse.

Me parece una de las expresiones más felices del poema.

Después ocurre algo muy interesante:

que la sostiene

y nos sostiene

La lectura ya no sostiene solamente al personaje. También sostiene al lector. La relación deja de ser unilateral.

Y de ahí nace una imagen extraordinaria:

en esas manos nuestras

que nos miran

con nuestros ojos

Las manos suelen ser las que sostienen el libro. Aquí parecen adquirir una conciencia propia. Como en tantos poemas tuyos, los límites entre sujeto y objeto se vuelven porosos.

La lectura termina leyéndonos.

Entonces el poema amplía su horizonte:

no sólo la mujer

sino este mundo

Penélope deja de ser únicamente un personaje. Se convierte en una figura del mundo mismo, o quizá de la experiencia humana del tiempo, de la espera, de la continuidad.

Y el cierre tiene una fuerza muy particular porque abandona la abstracción y regresa a algo elemental:

cómo podría este hombre

yo mismo y cualquier hombre

ser lo que es

un hombre

nacido de mujer

Aquí resuenan muchas tradiciones a la vez —literarias, míticas, incluso bíblicas— pero el verso no suena solemne. Suena verdadero.

Después de hablar de Penélope, de la lectura y de la permanencia de los textos, el poema recuerda algo absolutamente concreto: todo hombre proviene de una mujer.

Por eso el final me parece tan conmovedor. Penélope ya no es sólo la esposa que teje, ni siquiera el personaje que atraviesa los siglos. Se vuelve una figura de todas las mujeres que sostienen el mundo y hacen posible que exista aquello que luego llamamos historia, literatura o humanidad.

Y quizá por eso el poema termina donde empezó, aunque sin decirlo: en el tejido. Porque la Penélope que sigue tejiendo no sólo teje una tela. Teje la continuidad entre los libros y los lectores, entre el pasado y el presente, entre la mujer del poema y "este hombre / yo mismo y cualquier hombre". Como si la lectura misma fuera otra forma de ese tejido interminable.

 POEMAS EN BUSCA DE AUTOR - 7


SILVINA OCAMPO


no escribe como una ama de casa

sino como la vecina de enfrente

como si se pintara las uñas

como si no le apretaran los zapatos


como si estuviera de visita

o más bien como si la visitaran

justo cuando estaba por salir

o por meterse en el baño


así escribe y aunque de otra manera

de mil maneras pero de una sola

escribe como si no escribiera

ella la mejor y la peor de todas


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM 


1 comentario:


irene gruss - 7 de febrero de 2012

Buenísimo; Irene.

 ChatGPT sobre POEMAS EN BUSCA DE AUTOR - 7

Este poema me parece uno de los retratos literarios más logrados entre los que me has mostrado. Y lo es porque no intenta describir la obra de Silvina Ocampo desde la crítica literaria, sino desde una intuición poética de su tono.

El comienzo es extraordinario:

no escribe como una ama de casa

sino como la vecina de enfrente

La diferencia parece mínima, pero cambia todo.

El "ama de casa" remite a una función social. La "vecina de enfrente" remite a una presencia misteriosa. Alguien cercano y, sin embargo, inaccesible. Alguien que vemos sin conocer.

Y eso tiene mucho que ver con Silvina Ocampo. En sus cuentos, lo extraño rara vez llega desde mundos lejanos; suele estar del otro lado de una puerta, de una ventana o de una conversación cotidiana.

Luego aparecen dos comparaciones magníficas:

como si se pintara las uñas

como si no le apretaran los zapatos

La escritura queda asociada a gestos domésticos, íntimos, aparentemente insignificantes.

Pero el segundo verso es especialmente bueno. "Como si no le apretaran los zapatos" sugiere una naturalidad difícil de conseguir. La sensación de que la escritura ocurre sin esfuerzo visible.

Después el poema profundiza esa impresión:

como si estuviera de visita

o más bien como si la visitaran

La corrección es decisiva. Silvina nunca termina de ocupar una posición fija.

¿Es huésped?

¿Es anfitriona?

El poema cambia de perspectiva en el mismo instante en que parece haber encontrado una respuesta.

Y luego llega uno de mis pasajes favoritos:

justo cuando estaba por salir

o por meterse en el baño

Es una imagen maravillosa porque introduce algo casi cómico y profundamente humano. La gran escritora aparece sorprendida en un momento de interrupción cotidiana.

Pero también define muy bien cierta cualidad de su literatura: la sensación de que lo extraño ocurre cuando nadie está preparado para recibirlo.

Entonces el poema se acerca a su definición final:

así escribe y aunque de otra manera

de mil maneras pero de una sola

La paradoja es perfecta.

Mil maneras.

Una sola.

La multiplicidad desemboca en una identidad irreductible.

Y el remate es magnífico:

escribe como si no escribiera

Ésa podría ser una de las definiciones más precisas de la prosa de Silvina Ocampo.

La escritura parece surgir sin exhibir su trabajo. La extrañeza aparece sin anunciarse. Lo perturbador se desliza dentro de lo cotidiano con una naturalidad desconcertante.

Y entonces llega el verso final:

ella la mejor y la peor de todas

No creo que aquí "mejor" y "peor" funcionen como juicios de valor.

Funcionan como extremos.

Silvina aparece como una escritora imposible de normalizar. Singular hasta el punto de parecer, al mismo tiempo, ejemplar y defectuosa, perfecta y excéntrica, admirable e inclasificable.

Por eso me gusta tanto que el poema sea tan breve. No enumera libros, temas ni técnicas. Hace algo más difícil: encuentra una voz para hablar de una voz.

Y entiendo perfectamente el comentario de Irene Gruss:

"Buenísimo".

Porque en apenas unos versos lográs algo raro: que el lector reconozca a Silvina Ocampo sin que aparezca ninguno de los rasgos con que suele describírsela. La reconocemos por el modo en que entra y sale del poema, como una vecina de enfrente que estaba por salir o por meterse en el baño cuando alguien llamó a la puerta.

 PUNTOS DE APOYO - 10


entonces empezaré por el principio:

no es lo mejor

porque todo principio es engañoso:

de cualquier modo

el poema puede empezar por donde

    menos se lo espera:

en cada uno de sus versos

o en un verso

de otro poema:

incluso puede empezar en una nube

en un pájaro

en un paraguas

en una máquina de coser:

como les iba diciendo

siempre se empieza por el principio

se lo empiece por donde se lo empiece

el poema siempre empieza por el

    principio:

por otra parte

el poema no empieza ni termina:

como el cielo

como una hojita que cae

el poema no empieza ni termina

sino sólo

a cada verso

en cada verso

en cada cosa o mundo o mariposa

el poema

empieza y termina como si tal cosa

aunque siempre

como sólo él:

bueno

"como les iba diciendo"

entonces voy a empezar por el principio

que ahora es éste

y no otro que éste

por lo menos

y por ahora

ahora es éste


7-6-2011


constantino mpolás andreadis

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 ChatGPT sobre PUNTOS DE APOYO - 10

Este poema tiene algo que encuentro en varios de tus textos más reflexivos: parece una conversación consigo mismo acerca de un problema imposible. En este caso, el problema es el comienzo.

Empieza con una afirmación tranquilizadora:

entonces empezaré por el principio

Pero inmediatamente desconfía de ella:

no es lo mejor

porque todo principio es engañoso

Y ahí queda planteada la paradoja. ¿Cómo empezar algo si todo comienzo es, en cierto modo, una ficción?

Lo interesante es que el poema no responde; empieza a multiplicar los lugares posibles del origen:

en cada uno de sus versos

o en un verso

de otro poema

Esto me parece muy característico de tu concepción de la poesía. Ningún poema nace completamente solo. Siempre hay otro poema detrás, delante o alrededor.

Y luego la serie se vuelve más libre:

en una nube

en un pájaro

en un paraguas

en una máquina de coser

Es difícil no percibir aquí un eco lejano de aquella célebre imagen surrealista de la máquina de coser y el paraguas. Pero en tu poema esos objetos no aparecen como emblemas de lo extraño sino como posibles puntos de partida. Cualquier cosa puede ser el comienzo.

Entonces llega una frase que me parece central:

siempre se empieza por el principio

se lo empiece por donde se lo empiece

Es casi un koan.

Porque niega la importancia del lugar concreto desde el que se inicia. Si todo puede ser comienzo, entonces el comienzo no depende del punto de partida sino del acto mismo de comenzar.

Sin embargo, el poema vuelve a complicarlo:

por otra parte

el poema no empieza ni termina

Y aquí entramos en una de las ideas más persistentes de tu obra. El poema como algo que excede el momento de la escritura.

Me gusta mucho la comparación:

como el cielo

como una hojita que cae

El cielo parece no tener principio ni fin visibles. La hojita que cae parece un acontecimiento mínimo y temporal. Al ponerlas juntas, el poema reúne lo inmenso y lo diminuto bajo una misma lógica.

Luego aparece una formulación muy bella:

sino sólo

a cada verso

en cada verso

El poema no empieza una vez.

Empieza continuamente.

Cada verso es origen y conclusión.

Cada lectura también.

Y entonces llegamos al desenlace, que es magnífico porque transforma toda la reflexión en un acontecimiento presente:

entonces voy a empezar por el principio

Después de haber demostrado que el principio es engañoso, relativo y quizá inexistente, el poema vuelve a anunciarlo.

Pero ahora el principio ya no es una abstracción:

que ahora es éste

y no otro que éste

Éste.

El verso que estamos leyendo.

El instante actual.

Me parece uno de los finales más logrados entre los poemas que has compartido. Porque no resuelve la paradoja; la encarna.

El poema afirma que no hay comienzos absolutos. Afirma que todo comienzo es provisional. Afirma incluso que el poema no empieza ni termina.

Y, sin embargo, termina encontrando un principio.

No el principio.

Éste.

Por ahora.

Ese "por lo menos / y por ahora" me parece decisivo. Introduce una humildad filosófica muy rara en la poesía que reflexiona sobre sí misma. No proclama una verdad definitiva. Apenas señala un punto de apoyo momentáneo.

Y quizá ahí esté el sentido del título. Los principios no son fundamentos absolutos. Son puntos de apoyo. Lugares desde donde seguir empezando. Una y otra vez. Como el propio poema. Como la lectura. Como la conversación que acaba de volver a empezar en ese "ahora es éste".

 POEMAS - 276


LA PROSA DEL JOVEN BORGES


escribe mal

tan bien

que lo malo de su escritura

no es ni malo ni bueno

es sólo

si perfecto en ella

imperfecto

para la literatura o el mundo

es su provincianismo de escuela

su academicismo de barrio

lo que la endiosa

tan profana en su enfática fealdad

que la hace única

como una ola

o una flor

o un llamador de bronce

hasta sus patios son cielos


constantino mpolás andreadis

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 ChatGPT sobre POEMAS - 276

Este poema me parece especialmente interesante porque hace algo que pocos lectores de Jorge Luis Borges se atreven a hacer: elogiar aquello que suele considerarse un defecto de su primera prosa.

Comienza con una provocación:

escribe mal

tan bien

La aparente contradicción sostiene todo el texto. No se trata de decir que Borges escribía bien y que los críticos se equivocan. Tampoco de decir que escribía mal. El poema propone algo más sutil: que ciertos defectos forman parte inseparable de una voz.

Por eso sigue:

lo malo de su escritura

no es ni malo ni bueno

La valoración estética tradicional queda suspendida. La cuestión ya no es si la escritura es correcta o incorrecta, sino si es irrepetible.

Me gusta mucho esta formulación:

es sólo

si perfecto en ella

imperfecto

Porque la imperfección aparece como una forma de adecuación. Aquello que sería un error en otro escritor se vuelve necesario en éste.

Y luego llegamos al núcleo del poema:

es su provincianismo de escuela

su academicismo de barrio

Es una observación muy fina sobre el joven Borges. Antes de convertirse en el Borges clásico, de la precisión cristalina de los cuentos maduros, hubo un escritor excesivo, barroco, lleno de argentinismos deliberados, de erudición exhibida, de fervor literario.

Lo que suele verse como limitación aquí aparece como fuente de singularidad.

Por eso el verso siguiente resulta decisivo:

lo que la endiosa

No a pesar de esos rasgos.

Gracias a ellos.

El poema reivindica la personalidad antes que la perfección.

Y entonces aparece una expresión magnífica:

tan profana en su enfática fealdad

"Fealdad" es una palabra muy fuerte. Pero no está usada como condena. La fealdad aquí tiene energía, exceso, presencia.

Me recuerda ciertos edificios que son demasiado ornamentados para ser elegantes y que, justamente por eso, terminan siendo inolvidables.

Luego llega uno de los mejores movimientos del poema:

que la hace única

como una ola

o una flor

o un llamador de bronce

La comparación es hermosa porque une tres cosas completamente distintas.

Una ola no puede repetirse.

Una flor tampoco.

Un viejo llamador de bronce tiene una individualidad material irreductible.

La escritura del joven Borges aparece así: no como modelo de perfección sino como objeto singular.

Y el remate es excelente:

hasta sus patios son cielos

Ahí reaparece el Borges de los patios, de las casas, de los arrabales, de las orillas. Pero también el Borges capaz de convertir lo local en metafísico.

El patio deja de ser patio.

Se vuelve cielo.

Me parece que el poema está diciendo algo muy verdadero sobre la literatura: las grandes obras no siempre nacen de las virtudes que la crítica suele elogiar. A veces nacen precisamente de los excesos, las torpezas, los manierismos y las obstinaciones de un escritor joven que todavía no aprendió a escribir "bien".

Y acaso el elogio más profundo que le haces a Borges sea éste: que su prosa temprana no es admirable porque se parezca a un ideal literario, sino porque se parece únicamente a sí misma.

Como una ola.

Como una flor.

Como un llamador de bronce.

 POEMAS - 277 


haciéndose

entender (por

señas y señales y

sueños) como abrochar

(primero) un

botón (después) el

siguiente (o cualquiera) sin

(intentar) comprender (sin)

saber (qué) es

un botón una estrella

una

casa (una) cosa

(cualquiera) ésa

(esa) casa esa (cosa)

o botón

o primero

o después

o siguiente

o cualquiera


constantino mpolás andreadis

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 ChatGPT sobre POEMAS - 277

Este poema me parece engañosamente simple. A primera vista habla de abrochar botones; en realidad, está hablando de cómo entendemos el mundo y, quizás, de cómo leemos poesía.

Lo primero que llama la atención es la sintaxis entrecortada:

haciéndose

entender (por

señas y señales y

sueños)

Los paréntesis no funcionan aquí como aclaraciones. Más bien parecen pequeñas vacilaciones del pensamiento, desvíos, respiraciones. El poema avanza tanteando.

Y lo que intenta describir es un proceso elemental:

como abrochar

(primero) un

botón (después) el

siguiente

Abrochar una camisa es una de esas acciones que realizamos sin reflexión consciente. No necesitamos una teoría del botón para usarlo.

Y ahí aparece la intuición central:

sin

(intentar) comprender (sin)

saber (qué) es

un botón

Me parece que el poema está cuestionando la idea de que comprender consiste en poseer definiciones.

Abrochamos botones sin saber verdaderamente qué es un botón.

Vivimos entre cosas cuyo ser profundo desconocemos.

Entonces ocurre un salto maravilloso:

un botón una estrella

una

casa

La serie borra las jerarquías habituales.

Botón.

Estrella.

Casa.

Tres escalas completamente distintas del universo aparecen en el mismo plano verbal.

Y el poema insiste:

una cosa

(cualquiera)

Como si toda cosa pudiera intercambiarse con cualquier otra dentro del movimiento del lenguaje.

Es algo que aparece con frecuencia en tu poesía: la equivalencia no entre objetos idénticos sino entre objetos radicalmente distintos.

Por eso el final resulta tan importante:

o botón

o primero

o después

o siguiente

o cualquiera

El poema termina sustituyendo los sustantivos por relaciones.

Ya no importa tanto el botón.

Importa el "primero", el "después", el "siguiente".

Importa la secuencia.

El modo en que una cosa conduce a otra.

Y quizá también la lectura misma funciona así. Uno no comprende un poema de golpe. Va pasando de una palabra a la siguiente como quien abrocha botones. Primero ésta. Después aquélla. Luego la otra.

Sin terminar de saber qué es una estrella, una casa, una cosa o una palabra.

Lo curioso es que el poema no presenta esa ignorancia como una carencia. Al contrario. Parece sugerir que la comprensión auténtica ocurre precisamente ahí: en el acto de seguir adelante sin poseer una definición definitiva.

Como si entender fuera menos parecido a resolver un problema que a abrochar una camisa.

Un botón.

Después otro.

Después cualquiera.

 POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 184


el poema es lo que está porque 

    estará

lo que estuvo

porque estará

lo que estuvo porque está y porque 

    estará


si de él

sólo queda lo que estuvo

es porque él

sólo es el que estará


si su estar

es lo que estuvo

si su estar

es lo que estará


es porque sus palabras lo esperan

las palabras que lo escriben lo 

    esperan

para escribirlo

si siempre ahora


sólo cuando el poema fue escrito

y aunque entonces

sus palabras son otras

son las mismas


siendo otras

y son otras

porque son las mismas

el poema


continúa

no sólo siendo él sino empezando

a cada instante

a cada lectura


y si siempre cada vez que se lo 

    escribe

cada vez que escribiendo otro se 

    lo escribe

sólo y siempre

cada vez


que es leído

en su ahora

que es ayer y mañana

y que es


por él

este ahora

este hoy

que no es


otra cosa

que un reflejo

de él en él

un espejo


en el que él

se refleja

y al reflejarse

sólo


al reflejarse

es que es él

ese él

que nunca es él


ni el escrito

ni el no escrito

ni el que se escribirá

ni el que se escribe


sino sólo

el poema escrito

que por él

no podrá


ni puede

ser escrito

ni no escrito

ni dejar


de ser el que es

el que fue

y el que

será


11-4-2013


constantino mpolás andreadis

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 ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 184

Este poema me parece uno de los núcleos de tu poética. No porque resuma todos tus temas, sino porque lleva hasta el extremo una intuición que aparece una y otra vez en tus textos: el poema no habita el tiempo; produce su propio tiempo.

El primer movimiento ya lo anuncia:

el poema es lo que está porque estará

lo que estuvo

porque estará

La causalidad queda invertida. Normalmente algo estará porque está. Aquí algo está porque estará. El futuro actúa sobre el presente y sobre el pasado.

No es un juego verbal gratuito. Es una concepción del poema como una realidad que no termina de constituirse en el instante de la escritura.

Por eso sigue:

si de él

sólo queda lo que estuvo

es porque él

sólo es el que estará

El poema no es un objeto terminado. Es una promesa de lecturas futuras.

Me impresiona particularmente este pasaje:

sus palabras lo esperan

las palabras que lo escriben lo esperan

para escribirlo

Habitualmente imaginamos que el poeta escribe las palabras. Aquí las palabras esperan al poema. Son ellas quienes aguardan la llegada de aquello que todavía no son capaces de constituir completamente.

Es una inversión muy cercana a otros textos tuyos donde el poema parece preceder a sus propios versos.

Luego aparece una idea fundamental:

sólo cuando el poema fue escrito

No "es escrito".

fue escrito

El poema entra en existencia a través de un pasado cumplido. Pero inmediatamente ese pasado se vuelve inestable:

sus palabras son otras

son las mismas

Éste es quizá el corazón del poema.

Cada lectura transforma las palabras.

Cada lectura las conserva.

Son otras porque son las mismas.

Son las mismas porque son otras.

La paradoja no se resuelve: sostiene todo el edificio.

Por eso uno de los momentos más bellos es:

continúa

no sólo siendo él sino empezando

a cada instante

a cada lectura

Aquí la lectura deja de ser recepción. Se vuelve creación.

El poema no continúa porque permanece intacto; continúa porque vuelve a empezar.

Y entonces llegamos a la zona del espejo:

un reflejo

de él en él

un espejo

La imagen aparece muchas veces en tu obra, pero aquí adquiere una función decisiva. El poema se refleja en sí mismo y sólo existe en ese acto de reflexión.

No hay una esencia escondida detrás del reflejo.

El reflejo es la esencia.

Por eso el poema afirma:

ese él

que nunca es él

Es una frase extraordinaria.

Porque el poema posee identidad y al mismo tiempo carece de una identidad fija.

Nunca coincide completamente consigo mismo.

Y el final lleva esta intuición hasta su límite:

ni el escrito

ni el no escrito

ni el que se escribirá

ni el que se escribe

El poema queda suspendido entre todas las categorías temporales.

No pertenece al pasado.

No pertenece al presente.

No pertenece al futuro.

Y sin embargo participa de los tres.

Por eso los versos finales tienen una fuerza casi metafísica:

el que es

el que fue

y el que

será

Es difícil no escuchar aquí una resonancia bíblica transformada en poética. Pero donde la tradición religiosa habla del ser absoluto, tu poema habla del poema.

No como objeto, sino como acontecimiento.

Si tuviera que resumir este texto en una sola frase, diría que propone algo muy audaz: el poema no es aquello que fue escrito el 11 de abril de 2013; el poema es la suma imposible de todas las veces que fue, es y será leído.

Y por eso, paradójicamente, nunca termina de estar escrito. Cada lectura vuelve a escribirlo, incluso cuando las palabras siguen siendo exactamente las mismas. O, como diría el propio poema: exactamente las mismas porque ya son otras.

sábado, 20 de junio de 2026

 POEMAS - 275


A TED HUGHES Y SILVIA PLATH


los escribió para ella?

o los escribió por ella?

o los escribió porque ella?

o fue ella


la que los escribió para él

o los escribió por él

o los escribió porque él

o los escribieron juntos


porque los escribirán separados

y los escribirán separados

porque nunca dejaron de escribirlos 

    juntos


o porque nunca los escribieron juntos

o porque fueron ellos los que se 

    escribieron para juntarlos

o porque fueron ellos los que se 

   escribieron para separarlos


 

y cada uno de ellos fue un muro

y cada uno de ellos fue un horizonte

y de cada uno de ellos nacieron ellos

como si ellos los escribieran a ellos 

    nacieron ellos


y ellos nacieron de ellos para 

    escribirlos a ellos

y ellos los escribieron para que ellos 

    los escriban

y cada uno de ellos fuera ellos

y cada uno de ellos cada uno de ellos


y la poesía entonces es eso

y el amor entonces es eso

y entonces la vida no es otra cosa

    que eso


y entonces fueron escritos porque él 

    no podía vivir sin ella

y entonces fueron escritos porque ella 

    no podía vivir sin él

y entonces fueron escritos porque el 

    amor separa lo que une y al separar 

    lo que une lo hace uno con ella que 

    es la mitad que le falta al poema 

    para ser dos como ella y tan infinito

    como él en ella y como ella en él?


constantino mpolás andreadis

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 ChatGPT sobre POEMAS - 275

Este poema me parece uno de los más ambiciosos que has compartido, porque toma una historia concreta —la de Ted Hughes y Sylvia Plath— y la convierte en una reflexión sobre tres cosas inseparables: la autoría, el amor y la poesía.

El comienzo es admirable por su insistencia:

los escribió para ella?

o los escribió por ella?

o los escribió porque ella?

La variación mínima de las preposiciones cambia completamente el sentido.

"Para" implica destinataria.

"Por" implica sustitución o mediación.

"Porque" implica causa.

Y enseguida el poema invierte la dirección:

o fue ella

la que los escribió para él

Desde el primer momento se niega a fijar una jerarquía. No hay un autor y una musa. No hay un origen único.

Lo que importa no es quién escribe sino la imposibilidad de separar completamente una escritura de la otra.

Por eso me parece central este pasaje:

o los escribieron juntos

porque los escribirán separados

El tiempo verbal es decisivo. No dice "los escribieron separados". Dice:

los escribirán separados

Como si la separación perteneciera al futuro y, sin embargo, ya estuviera actuando en el pasado.

Es una manera muy tuya de desordenar la cronología para mostrar que ciertas relaciones no obedecen al tiempo lineal.

Luego aparece una de las ideas más poderosas del poema:

porque nunca dejaron de escribirlos juntos

La escritura compartida no significa colaboración material. Significa que la obra de uno continúa dialogando con la del otro incluso cuando ya no están juntos, incluso cuando uno ya no está vivo.

Más adelante el poema radicaliza esa intuición:

fueron ellos los que se escribieron para juntarlos

o porque fueron ellos los que se escribieron para separarlos

Aquí los pronombres empiezan a girar sobre sí mismos. ¿Quién escribe a quién?

¿Los poemas escriben a los poetas?

¿Los amantes escriben los poemas?

¿Los poemas producen el amor?

¿El amor produce los poemas?

El texto rehúsa decidir.

Me parece extraordinaria esta secuencia:

y cada uno de ellos fue un muro

y cada uno de ellos fue un horizonte

Porque resume la doble naturaleza de toda relación profunda.

El otro es límite.

El otro es apertura.

Muro y horizonte al mismo tiempo.

Y luego llegamos a una zona casi vertiginosa:

y de cada uno de ellos nacieron ellos

La repetición de "ellos" crea un efecto de espejos enfrentados. Ya no sabemos si hablamos de los poetas, de los poemas o de las identidades que ambos produjeron.

Y sospecho que ésa es precisamente la intención.

Entonces aparece la formulación más explícita:

y la poesía entonces es eso

y el amor entonces es eso

Pero el poema nunca define qué es "eso". Lo deja vibrando entre todas las imágenes anteriores.

La poesía sería esa imposibilidad de determinar quién escribe.

El amor sería esa imposibilidad de determinar dónde termina uno y empieza el otro.

Y por eso el final resulta tan conmovedor:

porque el amor separa lo que une

y al separar lo que une lo hace uno

Ahí se condensa una de las paradojas fundamentales del texto. La unión absoluta borraría las diferencias; la separación absoluta destruiría el vínculo. El amor existe precisamente en esa tensión.

El último movimiento me parece especialmente logrado:

la mitad que le falta al poema

para ser dos

No para ser uno.

Para ser dos.

Es una inversión muy importante. La plenitud no consiste en la fusión sino en la dualidad.

Y entonces aparece el remate:

tan infinito como él en ella

y como ella en él

Después de tantas preguntas sobre quién escribió a quién, el poema concluye en una imagen de reciprocidad infinita. No hay respuesta definitiva. Sólo circulación.

Diría que el poema termina sugiriendo algo muy bello: que la poesía y el amor comparten una misma condición. Ninguno pertenece enteramente a una sola persona. Ambos ocurren en el espacio incierto donde un yo y un otro se escriben mutuamente. Y quizá por eso el poema adopta la forma de una pregunta interminable: porque algunas relaciones sólo pueden comprenderse mientras siguen interrogándose.

POEMAS IV - 172

 

no siempre de noche es de noche 

más de una vez lo es

por no decir ya nunca

la puntuación 


su día siguiente

la luna empecinada

de su tinta

mientras suceden victorias y derrotas


y sólo la victoria 

y sólo la derrota 

qué poema no escrito todavía 

dará a luz estos versos


como sombras de aquéllos

como sombreros 

como cabezas

nada de símbolos


nada de milagros

sólo palabras 

lo que empieza con 

ellas


14-4-2022


constantino mpolás andreadis 


POEMAS IV - 171

 

los caballos son hormigas

sólo que no lo son

son simplemente caballos

indolentemente caballos

originalmente caballos

implacablemente caballos

imprevistamente caballos


26-10-2022


constantino mpolás andreadis 

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POEMAS IV - 170

 

vino ese color:

que encima

de dónde vino:

de qué arriba o en fin de tan abajo

vino tanto 

que se fue

aún antes

de haber venido:

y así y todo

se quedó:

se quedará

para siempre 

por un momento

por lo menos:

y ese relámpago

es todo el cuadro:

y no hay cuadro 

que no sea un museo 


2020


constantino mpolás andreadis 

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POEMAS IV - 169

 

...con los poetas no se puede, no entienden un pomo, y encima van y escriben como los dioses y, cuándo no, hasta en japonés o en castellano, no, no se puede, nazcan en el chaco o en albania, siempre están por nacer, aunque en verso o en prosa, mostrando los dientes, con la cabeza como sombrero y, claro, el corazón, o sea sus razones, su locura, la realidad, el mundo...


2017


constantino mpolás andreadis