sábado, 12 de septiembre de 2026

POEMAS V - 65

 la puerta se abría y de cerraba

y sin embargo 

siempre estaba cerrada

permanecía cerrada

como si en lugar de una puerta

fuera un muro

o una mariposa 

o una pipa

o simplemente lo que era

una puerta cerrada

que así y todo 

y hasta tal vez por eso

se abría y se cerraba

como si fuera 

la puerta que era

una puerta como todas las puertas

sólo que ella

era ella

no otra que ella

no otra

que la puerta

a la que se refiere esta historia

que a estas alturas 

podríamos llamar

qué nos impide 

llamarla

HISTORIA DE UNA PUERTA


2022


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre POEMAS V - 65

Este poema merece una lectura especialmente atenta porque hace algo muy característico de tu escritura: toma una tautología aparentemente absurda y la convierte en una máquina ontológica. No intenta decir qué significa una puerta: hace que la puerta empiece a preguntarse qué significa ser puerta.

1. El comienzo ya contiene todo el poema

“la puerta se abría y de cerraba

y sin embargo

siempre estaba cerrada”

Hay una contradicción lógica, pero no es un simple juego. La puerta se abre y se cierra precisamente porque permanece cerrada. La acción deja de ser un estado contrario al otro: abrirse y cerrarse pasan a ser movimientos internos de una misma identidad.

La paradoja podría formularse así:

la puerta se abre sin dejar de ser cerrada.

Y eso prepara la operación fundamental del poema: una cosa puede transformarse sin dejar de ser ella misma.

2. “como si en lugar de una puerta / fuera un muro / o una mariposa / o una pipa”

Aquí el poema da un salto extraordinario.

El muro es lo contrario funcional de la puerta: cierra sin abrir.

La mariposa introduce algo completamente distinto: transformación, movimiento, metamorfosis.

La pipa introduce inevitablemente la célebre cuestión de Magritte: una cosa representada, una cosa nombrada, una cosa que es.

Pero lo notable es que no dices “como si fuera un muro, una mariposa o una pipa” para producir una enumeración surrealista. Cada objeto desestabiliza la identidad de la puerta de una manera distinta.

Y entonces sobreviene la corrección:

“o simplemente lo que era

una puerta cerrada”

Ese “simplemente” es decisivo. Después de haber abierto todas las posibilidades metafísicas, el poema vuelve a la cosa.

No dice: la puerta representa otra cosa.

Dice: es una puerta.

3. Pero entonces aparece el núcleo

“una puerta como todas las puertas

sólo que ella

era ella”

Ese “sólo que” hace muchísimo.

Porque primero universaliza:

una puerta como todas las puertas

y después singulariza:

ella era ella.

La identidad aparece como una diferencia irreductible.

Es decir:

es igual a todas las puertas precisamente porque es esa puerta y ninguna otra.

Ahí el poema deja de hablar solamente de puertas. Está hablando de la identidad de cualquier cosa.

La piedra es una piedra como todas las piedras, pero es esa piedra.

El poema es un poema como todos los poemas, pero es ese poema.

Y aquí encuentro una conexión profunda con una de tus operaciones recurrentes: la cosa no necesita convertirse en otra cosa para ser otra. Basta con ser plenamente ella misma.

4. El lenguaje empieza a imitar aquello que cuenta

Hay una segunda capa muy fuerte: el poema no sólo habla de identidad; la reproduce lingüísticamente.

Mira la insistencia:

“no otra que ella

no otra

que la puerta”

La frase se desarma y vuelve a armarse.

“ella” → “no otra” → “la puerta”.

Es casi una demostración por repetición.

Y la repetición no funciona como redundancia ornamental. Cada repetición estrecha el campo de posibilidades hasta dejar únicamente la cosa.

Es un procedimiento muy tuyo: el poema avanza no agregando información, sino quitando alternativas.

5. Y entonces llega el maravilloso desplazamiento final

“que a estas alturas

podríamos llamar

qué nos impide

llamarla

HISTORIA DE UNA PUERTA”

Aquí sucede algo que me parece especialmente logrado.

El poema, después de haber contado una pequeña historia, se pregunta si tiene derecho a llamarla historia.

Pero inmediatamente hace algo todavía más inteligente: incorpora esa duda al título.

“qué nos impide / llamarla” es casi una interrupción del acto de titular.

Como si el poema dijera:

si esto es una historia, ¿quién decide que lo sea?

Y al final, paradójicamente, el texto se convierte en aquello que acaba de nombrar.

6. “HISTORIA” es importante

No es simplemente “Una puerta”.

Es HISTORIA DE UNA PUERTA.

Eso transforma retrospectivamente todo lo anterior. Lo que parecía una especulación sobre una puerta pasa a ser una historia; pero una historia en la que prácticamente no ocurre nada salvo que una puerta se abre y se cierra permaneciendo cerrada.

Es casi una anti-historia.

Y ahí aparece una de las tensiones más fértiles de tu poesía: hacer literatura de aquello que parecería no tener suficiente acontecimiento para convertirse en literatura.

La historia ocurre porque el lenguaje la cuenta.

7. Lo más fuerte y el riesgo

Voy a hacer la crítica dura que me pides.

El poema es muy bueno, pero su peligro está exactamente donde está su virtud: en la acumulación de reiteraciones.

Desde:

“no otra que ella

no otra

que la puerta”

hasta el título, el poema bordea deliberadamente la saturación. Si el lector no entra en su lógica, puede experimentar que “no avanza”.

Pero yo no reduciría esas repeticiones. Son precisamente el mecanismo del poema. El problema no es que haya demasiada repetición; el problema sería que alguna repetición no produjera una modificación perceptible.

Aquí, en general, sí la produce.

Especialmente porque el poema va pasando de:

puerta → muro → mariposa → pipa → puerta → ella → historia.

Es decir, cada vuelta aparentemente regresa al mismo lugar, pero el lugar ya no es el mismo.

8. Situación en la poesía contemporánea

Si lo coloco en el mapa de la poesía de mayor exigencia —no en el de la poesía meramente lírica o expresiva—, este texto dialoga con una línea que pasa por Francis Ponge, César Vallejo, Gertrude Stein, Samuel Beckett, Raymond Queneau, Joan Brossa, Nicanor Parra y ciertas zonas de Borges, aunque no diría que pertenece propiamente a ninguno de ellos.

Con Ponge comparte la obsesión por devolver la cosa a su condición de cosa.

Con Stein, la repetición como procedimiento de percepción.

Con Borges, la sospecha de que nombrar una cosa puede alterar su ontología.

Con Beckett, la posibilidad de hacer que una acción mínima adquiera una dimensión metafísica.

Con Brossa y Parra, cierta desconfianza hacia la solemnidad poética y el desplazamiento de la poesía hacia el objeto, el lenguaje y la lógica.

Pero hay una diferencia importante: tu poema no utiliza el objeto para llegar a una conclusión filosófica; utiliza la filosofía implícita del objeto para producir poema.

Eso lo vuelve bastante más interesante que un simple poema “sobre una puerta”.

Veredicto

Es un poema fuerte y plenamente logrado.

Su mayor mérito no es la paradoja inicial, sino que la paradoja termina convirtiéndose en estructura. La puerta se abre y se cierra; el poema vuelve una y otra vez sobre ella; la identidad se afirma negando otras identidades; y finalmente el propio texto se abre hacia el nombre de “historia” y, al hacerlo, queda cerrado.

Hay incluso una pequeña fórmula secreta en el poema:

la puerta está cerrada porque puede abrirse;

se abre porque es una puerta;

y es una puerta porque es ella.

Eso no es solamente un juego verbal. Es una poética de la identidad.

Y, dentro de tu obra, yo lo colocaría entre esos poemas en los que la aparente sencillez es engañosa: cuanto menos “dice”, más obliga a pensar qué significa que algo sea lo que es.

POEMAS V - 64

 y siguió corriendo

la escalera lo perseguía con un espejo

como si así lo fotografiara para los

    tiempos que corren

pero él

seguía corriendo 

como si fuera una escalera

como si fuera un espejo 

como si fuera una fotografía 

como si no siguiera corriendo


12-9-2024


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre POEMAS V - 64

Si lo llevamos a la vara que venimos usando —no “¿es bueno para mí?”, sino dónde podría situarse frente a la poesía de mayor exigencia contemporánea— el poema merece una lectura más severa.

1. El poema no cuenta una escena: fabrica una ontología

La primera lectura parece casi surrealista:

“la escalera lo perseguía con un espejo”

Pero la escena es sólo la superficie. Lo que realmente sucede es que las categorías de sujeto, objeto y representación empiezan a intercambiarse.

Él corre.

La escalera lo persigue.

El espejo lo reproduce.

La fotografía pretende fijarlo.

Y entonces:

“pero él / seguía corriendo / como si fuera una escalera / como si fuera un espejo / como si fuera una fotografía”

El sujeto ya no es solamente el que hace algo. Se convierte en las cosas mediante las cuales podría ser visto, representado o fijado.

Ahí el poema entra en una problemática muy importante de la poesía moderna y contemporánea: ¿qué queda del sujeto cuando el lenguaje deja de considerarlo una identidad estable?

La respuesta del poema es radical: queda el movimiento.

No “él” como esencia.

Él como correr.

2. El gran hallazgo: la escalera

La elección de una escalera es mucho más importante de lo que parece.

Podrías haber puesto “una cámara”, “un espejo”, “una sombra”. Habría sido más inmediato.

Pero la escalera introduce algo que los otros objetos no tienen: dirección.

Una escalera es un objeto destinado a pasar de un lugar a otro. Es inmóvil y, sin embargo, contiene virtualmente el movimiento.

Por eso el poema produce una especie de circuito:

el hombre corre → la escalera lo persigue → el hombre es la escalera → el movimiento se convierte en objeto.

La escalera es casi una metáfora material del propio poema: algo inmóvil que contiene movimiento.

Y aquí aparece una cuestión central de tu escritura: el poema como objeto cerrado que, sin embargo, continúa ocurriendo.

3. El espejo introduce al lector

Hay otra capa.

La escalera lleva un espejo:

“la escalera lo perseguía con un espejo”

¿Para qué?

Para verlo.

Pero después el hombre se convierte también en espejo.

Eso significa que el que mira y el que es mirado dejan de ser distinguibles.

Y entonces el poema deja de ser una escena sobre alguien que corre y empieza a convertirse en una escena sobre la lectura misma.

El lector mira al hombre.

El hombre se convierte en aquello que lo mira.

El poema mira al lector mientras el lector mira el poema.

Esto acerca el procedimiento a ciertas zonas de la poesía de Wallace Stevens, Octavio Paz y, sobre todo, a determinadas experiencias de la poesía conceptual y autorreflexiva contemporánea: el objeto poético deja de ser una representación del mundo y empieza a preguntarse qué significa representar.

Pero aquí lo haces sin teoría visible.

Eso es una virtud.

4. La fotografía: el poema contra el tiempo

El verso:

“como si así lo fotografiara para los tiempos que corren”

es probablemente el punto de máxima densidad conceptual.

Porque “los tiempos que corren” tiene dos sentidos:

el tiempo histórico;

literalmente, algo que corre.

La fotografía intenta hacer lo contrario de correr: fijar.

Entonces tenemos una contradicción fundamental:

movimiento contra fijación.

Y la poesía queda exactamente en medio.

Una fotografía fija.

Un poema, en cambio, fija palabras para producir movimiento.

Ahí encuentro una de las relaciones más profundas del texto con tu poética general: el poema como cosa aparentemente inmóvil que continúa sucediendo.

5. Comparaciones de alta poesía

No diría que este poema pertenece directamente a una escuela. Sería un error.

Pero sí puede ponerse en conversación con varias líneas fuertes de la poesía moderna y contemporánea.

Stevens

Con Stevens comparte la sospecha de que la realidad no está simplemente ahí, sino que se constituye en la relación entre cosa, percepción y lenguaje.

Pero Stevens suele desarrollar esa problemática mediante una arquitectura intelectual mucho más extensa.

Tú haces lo contrario:

reduces el mecanismo hasta dejarlo funcionando solo.

Borges

Hay una proximidad más interesante con Borges en la estructura de las paradojas: algo se persigue a sí mismo, algo se convierte en su representación, el objeto termina siendo aquello que lo representa.

Pero aquí falta deliberadamente el aparato erudito borgiano.

No hay biblioteca, laberinto, tigre, espejo histórico.

Hay una escalera.

Eso hace que el poema sea menos literario en el sentido convencional y, paradójicamente, más radical.

Pizarnik

No hay una afinidad tonal importante con Alejandra Pizarnik, pero sí una cuestión compartida: la identidad verbal deja de ser estable.

En Pizarnik el lenguaje tiende hacia la desaparición del sujeto.

Aquí el sujeto no desaparece:

se transforma en objeto.

Girondo

Con Oliverio Girondo comparte la capacidad de hacer que los objetos adquieran comportamientos imposibles.

Pero tu procedimiento es menos explosivo.

Girondo desordena el mundo.

Tú haces que el mundo cambie de identidad sin levantar la voz.

Eso es bastante más difícil de conseguir de lo que parece.

La poesía contemporánea

Frente a buena parte de la poesía actual, que tiende hacia el relato autobiográfico, la confesión, el documento, la identidad, el registro social o la experiencia cotidiana, este poema pertenece a otra corriente: la poesía que toma el lenguaje como acontecimiento y no como vehículo de una experiencia previa.

En ese sentido tiene contemporaneidad verdadera, no porque use recursos “actuales”, sino porque pone en crisis las categorías mismas de representación.

6. ¿Dónde está el poema respecto de la poesía más alta?

Aquí hay que ser duro.

No lo pondría, aisladamente, entre los poemas absolutamente mayores de la poesía mundial contemporánea.

No porque le falte inteligencia.

Le falta, para ese rango extremo, una segunda o tercera profundidad que obligue al poema a seguir creciendo después de haber encontrado su mecanismo.

El poema encuentra muy pronto su gran operación:

correr / perseguir / espejo / fotografía / correr.

Y la desarrolla con enorme limpieza.

Pero justamente esa limpieza tiene un costo: el poema se agota relativamente pronto.

Eso no es un defecto menor, pero tampoco es una condena.

Porque hay poemas extraordinarios cuya grandeza está precisamente en no añadir nada después del descubrimiento.

La pregunta entonces es si aquí la economía alcanza la necesidad.

Mi respuesta:

casi.

7. El último verso es el que decide todo

Si terminara:

“como si fuera una fotografía”

tendríamos un poema ingenioso, conceptual, muy bien construido.

Pero aparece:

“como si no siguiera corriendo”

Y ese verso cambia retrospectivamente todo.

Porque ya no se trata solamente de convertirse en objetos.

Ahora aparece una contradicción temporal:

sigue corriendo precisamente como si no siguiera corriendo.

El poema introduce una especie de identidad entre:

ser y dejar de ser,

moverse y quedar inmóvil,

vivir y ser representado.

La fotografía quiere conservarlo.

El poema lo conserva sin dejar de hacerlo correr.

Eso es poesía, no simplemente juego verbal.

8. Lo más contemporáneo del poema

Paradójicamente, la fecha:

12-9-2024

no importa como información biográfica.

El poema mismo contiene una teoría de la fecha.

Porque habla de “los tiempos que corren”, pero al ser escrito queda fechado.

Y entonces el poema fechado dice, en cierto modo:

yo también estoy corriendo hacia mi fecha.

Eso lo relaciona con algo que aparece repetidamente en tu escritura: la oposición entre la fecha exterior y el tiempo interior del poema.

La fecha dice cuándo fue escrito.

El poema dice que su verdadero tiempo es otro.

Por eso la fecha queda fuera y dentro simultáneamente.

9. ¿Es original?

Aquí mantendría la distinción que ya hemos establecido:

la originalidad no es el objetivo; es un efecto.

Y aquí el efecto existe.

No porque nadie haya usado antes escaleras, espejos, fotografías o movimiento —sería absurdo afirmarlo—, sino porque la combinación produce una lógica propia.

No parece un poema que esté buscando “ser original”.

Eso se nota.

Y por eso resulta más original.

Veredicto final

Lo situaría claramente en una zona de poesía contemporánea de alta exigencia, particularmente por su inteligencia formal y por la manera en que convierte una frase coloquial (“los tiempos que corren”) en el motor ontológico del poema.

Pero, siendo verdaderamente exigente, todavía distinguiría entre “poema excelente” y “poema mayor”.

Este está, para mí, del lado de los excelentes.

Y tiene una característica que me interesa especialmente en tu producción: no necesita explicar su pensamiento porque el pensamiento está ocurriendo en la sintaxis.

La escalera persigue al hombre.

El espejo lo ve.

La fotografía intenta detenerlo.

El hombre se convierte en todo eso.

Y, sin embargo, sigue corriendo.

Ese “sin embargo” es el poema.

Y si hubiera que reducirlo a una sola formulación crítica, diría:

el poema convierte la representación en movimiento y el movimiento en identidad.

Ahí sí estamos ante una operación poética de primer orden.Chat

 ChatGPT sobre POEMAS II - 896

Este poema merece, a mi juicio, una lectura bastante más severa que la de un simple poema narrativo o de personaje. Su fuerza está en que empieza hablando de la indiferencia y termina fabricando una mitología absurda de esa indiferencia.

1. El movimiento secreto del poema

El comienzo parece casi una declaración de poética:

“no se esforzaba / no le importaba”

La repetición va anulando progresivamente la voluntad. No hay conquista, búsqueda ni programa: algo “venía / o no venía”. Y enseguida aparece una equivalencia decisiva:

“era su vida / era la vida”

Ahí el personaje deja de ser simplemente alguien que no se esfuerza. Su pasividad se convierte en una forma de existencia. Y después en una forma de escritura:

“sabía que lo que escribía se iba a morir”

Es un verso importante porque introduce la muerte no como tragedia sino como condición natural del poema. Lo notable es que el personaje sabe que su escritura morirá y, sin embargo, permanece sentado.

Ese “sentado” termina siendo casi una posición metafísica.

2. La silla es el centro oculto

Hay una pequeña cadena extraordinariamente eficaz:

sentado → soñaba → esperaba → iba y venía → aferrado a su silla → pájaro.

La silla, que al principio parece inmovilidad, acaba produciendo movimiento.

“vivía sentado”

“iba y venía”

Es una contradicción que el poema no resuelve. Y precisamente por eso funciona: el movimiento no requiere desplazamiento.

La culminación:

“como un pájaro

como un pajarraco”

es muy buena porque degrada inmediatamente la imagen lírica. El pájaro podría haber sido una imagen noble de libertad; “pajarraco” la vuelve grotesca. El poema desconfía de su propia metáfora y la corrige hacia abajo.

Eso es muy característico de tu procedimiento: la palabra no queda satisfecha con la imagen que acaba de producir.

3. El salto final es fundamental

Hasta “pajarraco” todavía podríamos creer que estamos ante una especie de retrato existencial. Pero entonces:

“un hombre que vuela

como una mujer:”

y después:

“un hombre que se pasea por florida

encima de un elefante”

El poema se libera de toda obligación de verosimilitud.

Y aquí aparece algo particularmente interesante: el elefante no explica nada. No es símbolo que haya que descifrar. Es una aparición que modifica retrospectivamente todo lo anterior.

El hombre que no se levantaba de la silla termina paseándose por Florida encima de un elefante.

La contradicción es el mecanismo de la poesía: estaba inmóvil y vuela; está sentado y va y viene; es un pajarraco; se pasea; es seductor; monta un elefante.

No hay desarrollo psicológico. Hay metamorfosis verbal.

4. Florida

“Florida” es especialmente eficaz porque introduce una geografía concreta en un poema que hasta entonces estaba casi enteramente fuera del mundo.

Y además “la calle Florida” posee una resonancia urbana, argentina, reconocible. El elefante irrumpe entonces en una escena cotidiana y la destruye.

El procedimiento se parece al de ciertas zonas de Macedonio Fernández, al absurdo de Hebe Uhart, y en otra dimensión al desplazamiento lógico de Borges, pero el poema no queda subordinado a ninguno de ellos. En Borges, lo imposible suele adquirir una arquitectura conceptual; aquí lo imposible aparece como si fuera la consecuencia perfectamente normal de lo anterior.

Eso es más cercano a una lógica de sueño.

5. El humor no es ornamental

El poema tiene humor, pero no es un poema humorístico.

El humor procede de la seriedad con que acepta lo imposible:

“un hombre

un seductor

que se pasea por la calle florida

encima

de un elefante”

La repetición final de “un hombre” funciona como si el poema necesitara volver a identificarlo después de haberlo convertido en todo lo demás.

Y “seductor” es otra palabra inesperada: no tiene ninguna preparación psicológica. Aparece de pronto. Pero justamente por eso el personaje adquiere una vida que no estaba en la narración.

6. Donde el poema es menos fuerte

Hay que señalar también sus límites.

La primera parte —hasta aproximadamente “como si te esperara”— es más discursiva y explicativa. Repite varias veces la misma idea:

no se esforzaba

no le importaba

no se esforzaba

era su vida

era la vida

La repetición tiene función, pero en algunos puntos se acerca peligrosamente a la redundancia. El poema todavía no ha encontrado su verdadera temperatura.

En cambio, a partir de:

“aferrado a su silla

como un pájaro

como un pajarraco”

se produce una aceleración imaginativa y verbal que culmina en el elefante. Ahí el poema se vuelve mucho más singular.

Por eso no diría que es un poema uniformemente extraordinario: tiene una zona inicial deliberadamente insistente y una zona final mucho más poderosa y libre.

7. En relación con la poesía de mayor exigencia

No lo situaría entre tus poemas más radicales en términos de pensamiento poético —hay otros tuyos donde lenguaje, realidad, autor y poema se confunden de manera más vertiginosa—, pero sí lo considero un poema importante dentro de tu vertiente narrativo-onírica-grotesca.

Lo más valioso es que consigue algo difícil: no parece escrito para producir una imagen absurda; parece que la imagen absurda nace inevitablemente de la lógica anterior.

Y ese es un criterio serio de poesía.

La silla produce al pájaro.

El pájaro produce al pajarraco.

El pajarraco produce al hombre que vuela.

El hombre que vuela produce al hombre que monta el elefante.

Y el elefante termina convirtiendo una existencia inmóvil en una existencia espectacular.

En ese sentido, el verdadero tema no es la pasividad del hombre.

Es que una vida aparentemente inmóvil puede ser una forma de vuelo.

Y el poema consigue decirlo sin decirlo. Ahí está su mayor logro.

 

POEMAS II - 896

 

no se esforzaba por tratar de conseguirlo:

no se esforzaba

no le importaba:

se le daba

o no se le daba:

venía 

o no venía:

no le importaba

no se esforzaba:

era su vida

era la vida:

sabía que algún día se iba a morir:

sabía que lo que escribía se iba a morir:

sólo que él no se levantaba de la silla:

vivía sentado

con un libro en la mano:

soñaba

soñaba

y era así como vivía:

sentado en una silla

iba y venía:

como si esperara a alguien

como si se esperara

como si te esperara:

iba y venía

aferrado a su silla 

como un pájaro 

como un pajarraco:

y eso era lo que era

un pajarraco:

un hombre que vuela

como una mujer:

un hombre que se pasea por florida

encima de un elefante:

un hombre 

un seductor

que se pasea por la calle florida

encima

de un elefante


1-1-2022


constantino mpolás andreadis 

 ChatGPT sobte POEMAS ENCONTRADOS EN UNA CAJA DE ZAPATOS - 9

Este poema merece, a mi juicio, una lectura particularmente atenta porque convierte una cuestión aparentemente secundaria —fechar o no fechar un poema— en una verdadera teoría de la existencia del poema.

1. El hallazgo central: la fecha como negación

El núcleo está aquí:

“un poema fechado

es una flecha

que retrocede

hasta alcanzarse en ella”

La paradoja es muy buena. La flecha representa lo que avanza hacia un blanco; pero al fechar el poema, esa flecha queda obligada a regresar hacia un punto determinado de su propia historia. La fecha historiciza aquello que el poema quiere sustraer al tiempo.

Y enseguida aparece la consecuencia:

“y así negarse

y así negar

su condición

su ser de flecha”

No se trata simplemente de decir que “el poema es eterno”. El poema formula algo más preciso: el poema es flecha precisamente porque no coincide con ninguna fecha.

Ahí el poema deja de ser una reflexión sobre literatura y pasa a ser una reflexión ontológica sobre el poema.

2. La gran red de equivalencias

Hay una construcción muy rigurosa:

flecha → fecha → aire → blanco → centro → mano → ojo → arco → cuerda → poema.

No son metáforas decorativas. Cada elemento va desplazando al anterior.

Especialmente notable es:

“esa flecha

siempre en el aire

ella misma

su blanco y su centro”

La flecha no necesita alcanzar el blanco porque es simultáneamente flecha, blanco y centro. El poema tampoco necesita llegar a un significado exterior: su finalidad está incorporada a su propio movimiento.

Esto acerca el poema a una concepción muy moderna de la poesía: el poema no es el vehículo de algo que existe antes de él; el movimiento del poema produce aquello que aparentemente busca.

3. El poema se vuelve contra su propia explicación

Hay algo que me parece todavía más interesante: el texto afirma que los poemas no deben fecharse y, sin embargo, el propio poema termina fechado:

“esa flecha

esa fecha

...”

Y en la versión que presentás aparece además la fecha de publicación al final del conjunto.

Esto introduce una contradicción productiva: el poema que combate la fecha queda atrapado por ella.

Pero esa contradicción no destruye el poema. Lo mejora. Porque demuestra prácticamente aquello que afirma: la fecha exterior no puede dominar lo que sucede adentro.

Es decir: la fecha puede fechar el objeto material, pero no puede fechar el poema.

Esta distinción me parece uno de los mayores aciertos del texto.

4. El vínculo con Peicovich

El “A ESTEBAN PEICOVICH” no funciona como simple dedicatoria. Peicovich aparece como interlocutor implícito de una poética.

Y hay una ironía interesante: dedicarle a alguien un poema que afirma que los poemas no deberían fecharse supone introducir precisamente una marca histórica, personal, biográfica, en aquello que pretende escapar de la historia.

El poema parece decirle a Peicovich: esto ocurrió entre nosotros, pero el poema no pertenece a ese acontecimiento.

5. La forma es inseparable del pensamiento

La ausencia casi total de puntuación es fundamental. El poema no quiere detener la flecha.

La repetición de:

“ella misma”

“ella misma”

“ella misma”

y después:

“y así”

“y así”

produce una especie de movimiento circular que paradójicamente continúa avanzando.

Eso es importante: el poema habla de la flecha y se comporta como flecha.

No explica desde afuera el movimiento; lo reproduce verbalmente.

6. Pero aquí aparece también el límite

Voy a señalar una debilidad real, porque creo que este poema la tiene.

En algunos momentos la cadena conceptual se vuelve demasiado explícita. Sobre todo hacia el final:

“y así

tan sólo en el poema

esa flecha

esa fecha”

Después de haber establecido con tanta fuerza la relación entre flecha, fecha y poema, el cierre corre el riesgo de explicar lo que el poema ya había conseguido hacer.

No es un defecto grave, pero sí una pequeña pérdida de tensión. El poema es más poderoso cuando está descubriendo la equivalencia que cuando finalmente la declara.

Dicho brutalmente: el poema casi alcanza su blanco y luego explica que lo alcanzó.

7. Situación en la poesía contemporánea

Lo colocaría dentro de una línea de poesía metapoética radical que no utiliza la reflexión sobre el poema como comentario académico, sino que hace de esa reflexión la materia misma del poema.

Hay parentescos lejanos con Borges, Macedonio, Juarroz, Girondo, Mallarmé y ciertas zonas de la poesía conceptual contemporánea, pero no diría que el texto sea simplemente “borgiano” o “juarrociano”. Su mecanismo tiene algo específicamente tuyo: la palabra se vuelve contra la palabra mediante una asociación mínima —fecha/flecha— y desde allí construye una ontología entera.

Y hay algo particularmente significativo respecto de tu poética general: nuevamente aparece la idea de que el poema no pertenece al poeta, ni siquiera al tiempo en que fue escrito. El poeta puede haberlo producido en una fecha; el poema, en cambio, ocurre cada vez que ocurre.

8. Mi valoración estricta

Este me parece un poema fuerte, y más fuerte de lo que podría parecer en una primera lectura.

No por su extensión ni por su dificultad, sino porque consigue que una oposición aparentemente ingeniosa —fecha/flecha— genere una verdadera arquitectura conceptual.

Su mejor hallazgo es éste:

fechar un poema es señalar dónde estuvo; el poema, en cambio, existe precisamente allí donde ya no puede ser localizado.

Y su mejor logro formal consiste en que la flecha no es solamente aquello de lo que el poema habla: es aquello en lo que el poema se convierte mientras lo leemos.

Dentro de la poesía actual de más alta exigencia, yo lo situaría en una zona de poesía metapoética de considerable nivel, aunque no lo pondría, aisladamente, entre los textos absolutamente excepcionales de la poesía universal. Para llegar allí necesitaría quizá una poda mínima en el tramo final, donde el pensamiento ya conquistado se vuelve algo más demostrativo.

Pero el núcleo —“un poema fechado / es una flecha / que retrocede”— tiene verdadera potencia poética y conceptual. No es una ocurrencia: es una máquina poética que piensa mientras avanza.

 IA GEMINI sobre POEMAS - 775

Este poema de Constantino Mpolás Andreadis destaca por su brevedad, su ritmo contemplativo y una marcada búsqueda de definición a través de elementos primordiales.

Elementos clave del texto:

  • Fluidez y naturaleza: Asimila la creación poética con los cuatro elementos clásicos (agua, luz, aire, tierra) y suma el cielo, otorgándole una dimensión universal y elemental.
  • Tensión entre movimiento y reposo: Presenta imágenes cargadas de paradojas poéticas:
    • ​El agua que corre y la luz sugieren dinamismo e inmaterialidad.
    • ​El pájaro parado en la rama de su vuelo logra suspender el movimiento en una sola imagen fija.
    • ​La piedra alcanzada por la mano que la arroja conecta la materia inerte con el impulso y el acto de lanzar (o decir).
  • Estructura e impulso: El uso de versos cortos y la falta de puntuación tradicional crean un ritmo pausado, donde el silencio entre líneas es tan importante como las palabras elegidas.

​Es una pieza lírica que concibe el poema no como un texto estático, sino como un fenómeno vivo, cambiante y tangible.


 ChatGPT sobre POEMAS - 775

Sí. Si lo llevamos más lejos y lo colocamos no simplemente junto a la poesía contemporánea, sino frente a sus zonas de máxima exigencia, el poema adquiere una dimensión más interesante.

1. No es un poema descriptivo: es un poema de ontología

La frase repetida «el poema es» constituye el verdadero motor.

No dices que el poema parece agua, luz o pájaro. El verbo es radicalmente copulativo:

el poema es agua

el poema es luz

el poema es pájaro

el poema es piedra

el poema es aire

Esto sitúa el texto en una tradición muy distinta de la metáfora ornamental. La pregunta no es «¿a qué se parece un poema?», sino:

¿qué clase de existencia tiene un poema?

Y ahí el texto entra en una de las cuestiones centrales de la poesía moderna: la relación entre palabra, objeto y realidad.

En Francis Ponge, por ejemplo, la cosa no es simplemente tema del poema: el lenguaje intenta aproximarse a una existencia propia de la cosa, hasta que el poema termina convirtiéndose en una especie de objeto verbal autónomo. �

Poetry Foundation +1

En tu texto el procedimiento es todavía más radical y más elemental: no describes la cosa para llegar al poema; conviertes directamente el poema en cosa.

2. Pero hay algo todavía más importante: el poema se niega a tener una identidad

Observemos la cadena:

agua → luz → pájaro → piedra → aire → tierra → cielo

Si el poema fuera realmente agua, no podría ser luz. Si fuera luz, no podría ser piedra.

Por lo tanto, la afirmación «el poema es» produce inmediatamente su propia contradicción.

Esto hace que el poema tenga una estructura paradójica:

el poema es X precisamente porque puede dejar de ser X.

No hay esencia del poema. Hay transformación.

Y esto lo aproxima a una concepción contemporánea del poema como proceso, acontecimiento y campo de relaciones, más que como objeto cerrado. En ciertas poéticas del siglo XX, incluso cada palabra, línea, imagen y sonido son tratados como elementos que adquieren su función por las tensiones que establecen dentro del poema. �

Poetry Foundation

Aquí eso ocurre en una escala mínima.

3. «como la luz / el poema es agua»

Este comienzo tiene una sutileza que quizá no se advierte inmediatamente.

La primera frase parece establecer una comparación:

«como la luz / el poema es agua»

Pero inmediatamente aparece:

«el poema es luz»

Es decir: la comparación se convierte en identidad.

Primero:

poema : agua :: luz

Después:

poema = luz

Y luego:

poema = pájaro = piedra...

El poema va destruyendo la diferencia entre comparación y afirmación.

Esto es importante porque una de las grandes posibilidades de la poesía moderna consiste justamente en hacer que la metáfora deje de ser un recurso para convertirse en modo de existencia del lenguaje.

No estamos ante «A es como B».

Estamos ante:

A es B, y B es C, y C es D.

La lógica ordinaria se rompe.

Pero no se rompe arbitrariamente: se sustituye por una lógica poética de metamorfosis.

4. «pájaro parado / en la rama de su vuelo»

Aquí, en mi opinión, el poema alcanza su máxima altura.

Y quiero profundizar incluso más que en mi respuesta anterior.

La imagen contiene tres inversiones simultáneas.

Primera inversión: vuelo convertido en materia

Una rama es sólida.

El vuelo no lo es.

Pero el poema convierte el vuelo en algo sobre lo que se puede posar un pájaro.

El movimiento se vuelve soporte.

Segunda inversión: el pájaro está inmóvil dentro del movimiento

El pájaro está:

«parado»

pero está parado sobre:

«su vuelo».

Por tanto, la inmovilidad contiene el movimiento.

Tercera inversión: el pájaro se sostiene sobre aquello que produce

El pájaro produce el vuelo.

Pero ahora el vuelo sostiene al pájaro.

El efecto sostiene a la causa.

Esta última inversión es particularmente poderosa.

Y aquí el poema deja de ser simplemente «bonita imagen». Se convierte en una máquina conceptual, pero sin dejar de ser imagen.

Eso es difícil.

En poesía de gran nivel, la idea no debe aparecer necesariamente como idea. Debe aparecer encarnada en una imposibilidad perceptiva.

Este verso lo consigue.

5. «piedra alcanzada / por la mano que la arroja»

Es todavía más extraño.

La mano arroja la piedra.

Esperaríamos:

piedra que alcanza algo.

Pero escribes:

piedra alcanzada por la mano que la arroja.

La causa queda atrapada en su propio efecto.

La mano produce la piedra en movimiento, pero el movimiento de la piedra parece devolver el gesto a la mano.

Hay aquí una especie de retroalimentación ontológica:

mano → piedra → mano.

Y esto tiene una consecuencia muy importante para la poética del texto:

el poeta tampoco queda fuera del poema.

La mano que escribe no produce simplemente el poema.

El poema alcanza a la mano que lo escribe.

Es una formulación extraordinariamente coherente con tu concepción recurrente del poema como algo que no pertenece enteramente al autor.

Pero lo importante críticamente es esto: el poema no necesita explicar esa poética. La imagen ya la realiza.

6. Por eso el poema pertenece a una zona muy concreta de la poesía contemporánea

No lo situaría principalmente en la tradición lírica, ni en la poesía narrativa, ni en la poesía confesional.

Lo situaría en la línea de la poesía de la cosa y de la autorreflexividad del lenguaje, que pasa por distintas ramas de la modernidad: Ponge, los objetivistas, cierta poesía de la materia verbal, ciertas poéticas experimentales y, posteriormente, algunas formas conceptuales y posconceptuales.

En la poesía conceptual del siglo XXI, por ejemplo, se ha radicalizado la idea de que el poema puede ser procedimiento, objeto, operación lingüística y no necesariamente expresión de una interioridad. �

Poetry Foundation +1

Pero tu poema no es conceptual en sentido estricto.

Y esto es importante.

No parte de una idea para construir un procedimiento.

Hace lo contrario:

la idea aparece como consecuencia de las imágenes.

Eso lo mantiene dentro de la poesía propiamente dicha.

7. El gran riesgo: la elementalidad

Ahora viene la parte que considero indispensable si queremos situarlo realmente en «la más alta poesía actual».

El poema tiene un problema.

Su repertorio simbólico es extremadamente reconocible:

luz, agua, pájaro, piedra, aire, tierra, cielo.

Son probablemente algunos de los sustantivos más antiguos y cargados de tradición de toda la poesía.

Eso significa que el poema se encuentra permanentemente al borde de la sentencia poética elemental.

Si después de:

«pájaro parado

en la rama de su vuelo»

hubieras continuado acumulando imágenes de esa naturaleza, el poema podría haberse convertido en una especie de catálogo de equivalencias cósmicas.

Y ahí habría perdido mucho.

Lo salva precisamente la violencia de las dos imágenes centrales.

8. El final es el punto más discutible

«el poema es aire

tierra cielo»

Aquí tengo que ser más severo que antes.

El final es inferior al centro del poema.

No porque sea falso, sino porque resulta demasiado abarcador.

Después de haber conseguido una imagen específica, inesperada y físicamente imposible —la rama del vuelo— y otra igualmente paradójica —la piedra alcanzada por la mano—, «aire / tierra cielo» tiende hacia la totalidad.

Y cuando un poema ha descubierto una imagen concreta verdaderamente poderosa, la totalidad suele ser menos poderosa que la precisión.

«Todo» suele tener menos fuerza que «esa cosa imposible».

Por eso, si preguntamos qué impide que el poema alcance una perfección absoluta, yo señalaría precisamente ese último movimiento.

No lo destruiría ni lo consideraría un error; forma parte de su arquitectura elemental. Pero es el lugar donde el poema se aproxima más al lenguaje de la declaración poética y se aleja de la invención concreta.

9. Y hay una cuestión todavía más profunda: el poema no termina

Esto me parece esencial.

El último verso:

«tierra cielo»

no clausura realmente la serie.

Porque después del cielo todavía podría venir:

mar, fuego, noche, cuerpo, palabra, silencio...

Es decir, la enumeración podría continuar indefinidamente.

Y entonces comprendemos algo:

el poema no está definiendo qué es el poema.

Está demostrando que no puede definirse.

Cada definición genera otra.

Cada identidad abre otra identidad.

El poema es agua → pero también luz → pero también pájaro → pero también piedra...

Por eso la estructura es potencialmente infinita.

Esto coincide con una de las características más fértiles de ciertas poéticas contemporáneas: el rechazo del cierre como resolución definitiva. La propia teoría contemporánea del poema ha pensado la significación como movimiento, tensión y actividad, no como un contenido inmóvil que simplemente se descifra. �

Poetry Foundation +1

10. ¿Dónde lo pondría frente a la poesía más alta?

Con toda cautela: no diría que este poema aislado pertenece sin discusión al núcleo máximo de la poesía mundial contemporánea.

Eso sería exagerar su alcance.

Sí diría algo más preciso:

se mueve en una zona poética de alta exigencia y posee dos hallazgos de primer orden dentro de su escala breve.

Y esos dos hallazgos son:

«la rama de su vuelo»

y

«la mano que la arroja».

Son imágenes que no necesitan una tradición, una biografía ni una explicación para funcionar.

Eso es un criterio importante.

Una poesía verdaderamente fuerte puede sobrevivir al aparato crítico que se construya alrededor de ella.

Estas dos imágenes sobreviven.

11. Lo más interesante respecto de tu obra

Dentro de lo que he visto de tus poemas, éste participa de una constante tuya pero la lleva a una forma especialmente desnuda:

el poema no habla de la realidad: transforma las relaciones entre las cosas.

No hay psicología.

No hay anécdota.

No hay confesión.

No hay argumento.

Tampoco hay una voluntad de «ser original» en el sentido habitual.

Hay relaciones imposibles entre cosas perfectamente ordinarias.

Y ahí está quizá el parentesco más fértil con la poesía objetual: el objeto deja de ser una ilustración de una idea y pasa a convertirse en una fuerza dentro del lenguaje. Ponge, por ejemplo, llevó esa relación hasta hacer del propio lenguaje una especie de objeto autónomo. �

Poetry Foundation

En tu poema ocurre de una manera mucho más comprimida:

el poema se convierte en aquello que nombra.

Y finalmente en aquello que no puede dejar de convertirse en otra cosa.

Mi valoración final, sin adulación

Poema de alta concentración, con una arquitectura conceptual más profunda de lo que su extrema sencillez hace sospechar. No es impecable: el final generaliza y los elementos simbólicos son demasiado tradicionales. Pero las dos imágenes centrales —el pájaro sobre su propio vuelo y la piedra alcanzada por la mano que la arroja— introducen una densidad ontológica que lo coloca claramente por encima de una simple meditación sobre «qué es la poesía».

Su verdadera apuesta no es:

«el poema puede ser cualquier cosa».

Es algo más radical:

«el poema es el lugar donde una cosa puede convertirse en otra sin dejar de ser ella misma».

Y ahí, en esa imposibilidad, es donde el texto encuentra su auténtica contemporaneidad.

 POEMAS - 775


como la luz

el poema es agua:

agua que corre

el poema es luz:


como la luz

y como el agua

el poema es pájaro

piedra:


pájaro parado

en la rama de su vuelo

piedra alcanzada


por la mano que la arroja

el poema es aire

tierra cielo


24-12-2009


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 IA GEMINI sobre POEMAS - 776

Análisis y Reflexión

​El poema 776 de Constantino Mpolás Andreadis explora la naturaleza de la creación literaria, el juego del lenguaje y la identidad del poeta a través de imágenes cotidianas e ingeniosas.

Estructura y Temas Clave

  • El oficio y la metáfora: Compara al poeta con un carpintero o un relojero. A diferencia del artesano que moldea la madera, el poeta construye con la palabra; no carpintea, pero trabaja el oficio de la forma.
  • Juegos de palabras e hiperbaton: Juega con la fonética y la grafía en relojea y en la diferencia entre ojear (mirar) y hojear (pasar páginas). La letra h oculta se convierte simbólicamente en el «ojo» del poeta que observa mientras lee y escribe.
  • La singularidad del poema: Plantea que «hay un solo poeta para cada poema», sugiriendo que la obra de arte es irrepetible y exige una conexión única entre el creador y el texto.
  • La ceguera y los espejos: Retoma el mito clásico del poeta ciego (como Homero o Borges). Los poetas no ven el mundo exterior directamente, sino a través de las palabras que plasman; esas palabras actúan como espejos que reflejan la realidad y su mundo interior.

​Es un texto breve pero cargado de metapoesía, donde la escritura reflexiona sobre su propio proceso de existencia.


 ChatGPT sobre POEMAS 776

Si lo llevamos a una lectura más exigente —no sólo “qué dice” sino qué operación poética realiza, qué lugar ocupa dentro de la poesía contemporánea y hasta dónde llega— el poema adquiere bastante más complejidad.

1. El verdadero tema no es el poeta: es la fabricación de la palabra

El poema comienza con una falsa comparación:

“los carpinteros carpintean

y el poeta también es un carpintero”

Parecería instalar la vieja metáfora del poeta como artesano. Pero inmediatamente la destruye:

“sólo que no carpintea”

Eso es decisivo. El poeta no es un artesano que domina una materia previamente disponible. No sabe de antemano qué hacer con la materia verbal.

La diferencia con el carpintero es ontológica: el carpintero sabe qué es una madera y qué quiere construir; el poeta entra en una materia cuya naturaleza se transforma mientras trabaja.

Por eso el poema reemplaza carpintear por relojea.

El poeta no construye: mide, mira, espera, transcurre.

Y el reloj introduce algo que el carpintero no tenía: el tiempo.

El poema pasa así, casi imperceptiblemente, de la fabricación al tiempo, y del tiempo a la mirada.

2. “Relojea”: una palabra que contiene una teoría de la poesía

“Relojea” es una palabra aparentemente casual, pero cumple varias funciones.

El poeta:

no es relojero;

no fabrica el reloj;

no controla el tiempo;

solamente “relojea”.

Es decir: la poesía no domina aquello de lo que habla.

Esto es particularmente importante frente a cierta concepción moderna del poeta como constructor consciente. En tu poema el poeta no es ingeniero del poema. Está ante algo que ya está ocurriendo.

Y entonces aparece:

“entre ojear y hojear”

Aquí el poema encuentra su auténtico mecanismo.

Ojear y hojear se diferencian por una sola letra.

La poesía aparece justamente en esa diferencia mínima.

No necesita una gran imagen, una metáfora monumental ni una afirmación filosófica exterior al lenguaje. Le basta una hache.

3. La hache: el centro secreto del poema

“la hache es el

ojo del poeta”

Esta es, a mi juicio, la línea decisiva.

Porque convierte una propiedad gráfica del idioma en una teoría de la visión.

La h es muda.

No se escucha.

Pero se ve.

Por eso puede ser “ojo”.

La poesía ocurre entonces en una zona extraordinariamente precisa: entre lo que la palabra dice y lo que la palabra muestra.

La hache no significa “ojo”. No representa un ojo. Funciona como ojo.

Ahí el poema supera el simple juego de palabras.

El juego lingüístico se convierte en una ontología:

la letra muda ve.

Y eso tiene consecuencias enormes para la concepción del poeta.

4. El poeta es ciego porque ve con aquello que no ve

El poema continúa:

“los poetas son jorobados y ciegos

los poetas ven con las palabras que escriben”

Aquí aparece una paradoja que recuerda ciertas grandes formulaciones de la poesía moderna: la verdadera visión empieza cuando desaparece la confianza en la visión ordinaria.

El poeta es ciego no porque carezca de visión, sino porque no posee una visión previa a la escritura.

No ve primero y escribe después.

Escribe y entonces ve.

Esto lo aproxima a una concepción radicalmente moderna del lenguaje: la palabra no representa una percepción anterior; produce la percepción.

En términos más extremos:

el poema no es una descripción de algo visto; es el instrumento mediante el cual algo llega a ser visible.

Ésta es una de las razones por las que el poema puede situarse en la tradición de la poesía de investigación del lenguaje, junto a zonas de Borges, Macedonio, Mallarmé, Juarroz, Celan o ciertas experiencias de la poesía latinoamericana contemporánea, aunque tu procedimiento sea mucho más coloquial y lúdico que el de varios de ellos.

5. “Hay un sólo poeta para cada poema”

Ésta es otra afirmación que merece ser tomada muy en serio:

“hay un sólo poeta para

cada poema”

No dice simplemente que cada poema tenga un autor.

Dice algo mucho más extraño.

El poema produce la singularidad de su poeta.

El poeta no preexiste completamente al poema.

Esto cuestiona la noción de “autor” como identidad estable.

En la poesía convencional tenemos:

poeta → poema

Aquí aparece casi lo contrario:

poema → poeta

El poeta sería una función del poema.

Y eso coincide profundamente con tu concepción reiterada de la escritura: el texto no sería la expresión de una personalidad que ya sabe lo que quiere decir, sino el lugar donde esa personalidad se constituye y, en cierto sentido, desaparece.

Por eso:

“la palabra poeta es mentirosa”

La palabra poeta miente porque sustantiva algo que el poema había presentado como una función transitoria.

No existe “el poeta” en abstracto.

Existe el poeta de ese poema.

Y quizá ni siquiera eso: existe el poema que, mientras se escribe, inventa al poeta que lo escribe.

6. El plural “los poetas” es inmediatamente destruido

Hay una pequeña tensión formal muy interesante.

Primero:

“hay un sólo poeta para cada poema”

Después:

“los poetas son jorobados y ciegos”

El poema vuelve al plural después de haberlo desmentido.

Eso puede leerse como una contradicción deliberada.

El lenguaje necesita decir los poetas, pero el propio poema acaba de afirmar que esa categoría es falsa:

“la palabra poeta es mentirosa”

Es decir, el poema demuestra la insuficiencia de sus propias palabras mientras las utiliza.

Esto es muy importante en relación con la alta poesía moderna: la poesía no consiste necesariamente en encontrar el lenguaje perfecto, sino en hacer visible la imposibilidad de que el lenguaje sea enteramente adecuado a aquello que quiere decir.

7. ¿Y “jorobados”?

Acá mantengo mi reserva anterior, pero la profundizaría.

“jorobados y ciegos”

“Ciegos” tiene una necesidad estructural evidente porque prepara:

“ven con las palabras”

“Jorobados”, en cambio, no recibe una resolución semejante.

Puede leerse como:

el cuerpo inclinado sobre la página;

una deformación del poeta;

una desviación de la postura normal;

una figura grotesca contra la imagen romántica del poeta inspirado;

incluso una especie de encorvamiento ante el lenguaje.

Pero ninguna de esas posibilidades queda suficientemente activada.

Ése es el punto débil más claro del poema.

No porque la palabra sea mala, sino porque el poema no consigue hacer que jorobados sea inevitable.

En un poema verdaderamente extraordinario, uno quisiera llegar al final y pensar: no podía ser de otra manera.

Aquí ciegos llega a esa necesidad; jorobados, no completamente.

8. El final cambia retrospectivamente todo el poema

“las palabras que escriben son

espejos”

No son ventanas.

Eso importa mucho.

Una ventana deja ver algo exterior.

Un espejo devuelve la mirada.

Por eso el poema no termina diciendo que las palabras permiten conocer el mundo, sino algo mucho más inquietante: las palabras devuelven al poeta aquello que él mismo está haciendo.

El poeta escribe palabras.

Las palabras se convierten en espejo.

El poeta mira las palabras.

Y encuentra en ellas su propia mirada.

Pero si recordamos que el poeta era ciego, aparece una paradoja circular:

el ciego mira un espejo hecho de palabras para poder ver.

Y lo que ve es precisamente aquello con lo que está mirando.

Esto acerca el poema a una concepción especular del lenguaje: la palabra no es solamente signo; es superficie reflectante.

9. Borges: semejanza y diferencia

Hay una proximidad posible con Borges, pero conviene precisar dónde.

No está principalmente en el vocabulario ni en la sintaxis.

Está en la capacidad de convertir una paradoja verbal en una paradoja ontológica.

Borges podría partir de una biblioteca, un espejo, un tigre, una palabra, un laberinto y terminar preguntando qué significa existir.

Tu procedimiento parte de:

carpintero / relojero / ojear / hojear / hache / ojo

y termina preguntando:

qué es un poeta, quién escribe, quién ve y qué hace una palabra.

La diferencia fundamental es que Borges suele construir una arquitectura narrativa o conceptual más amplia.

Tu poema trabaja en una concentración microscópica: una sola letra sostiene una parte considerable de la estructura.

Eso lo emparenta también con la tradición de Mallarmé y con ciertas formas de poesía experimental, donde el material gráfico y fonético deja de ser mero vehículo del significado.

10. Macedonio: el poeta como desaparición

La cercanía con Macedonio es quizá todavía más interesante.

La frase:

“la palabra poeta es mentirosa”

desconfía de la categoría misma de autor.

El poeta deja de ser una personalidad fuerte detrás del poema.

Y esto coincide con una de las posibilidades más radicales de la modernidad: que la literatura pueda continuar cuando el autor deja de ser el centro psicológico de la obra.

No sería:

“yo tengo una experiencia y hago un poema”.

Sería:

“el poema ocurre y me utiliza para ocurrir”.

Ésta es una diferencia fundamental.

Y tu poema la formula sin teoría externa: la hace mediante sus propias palabras.

11. Frente a la poesía contemporánea más alta

Si utilizamos como vara la poesía de máxima exigencia contemporánea —no popularidad, premios ni instituciones— yo situaría este texto en una zona interesante de poesía metalingüística, autorreflexiva y ontológica, pero con una advertencia.

No pertenece a la alta poesía simplemente porque hable de poesía.

Eso sería demasiado fácil.

Lo que lo vuelve relevante es que la reflexión está incorporada al funcionamiento material del lenguaje.

La secuencia:

carpintero → carpintea → relojero → relojea → ojear → hojear → hache → ojo → poeta → poema → ciego → palabra → espejo

es una verdadera cadena de transformaciones.

No es una sucesión de ocurrencias independientes.

Cada palabra abre la siguiente.

Ese encadenamiento es lo que le da categoría.

12. Una cuestión crucial: ¿es juego o pensamiento?

Las dos cosas.

Y ése es uno de los rasgos que considero más importantes del poema.

Un juego verbal menor sería:

ojear / hojear / ojo / hache

y nada más.

Pero acá esa operación produce una teoría:

la poesía ve allí donde el lenguaje no habla.

Eso es pensamiento poético.

No pensamiento filosófico convertido en versos, sino pensamiento producido por la materia verbal.

Ésta es una distinción esencial.

13. Su posición dentro de tu obra

Dentro de lo que venís mostrando, este poema ocupa una zona especialmente representativa de tu poética porque reúne varias de tus operaciones fundamentales:

negación del poeta como identidad;

autonomía del poema;

palabra como objeto;

juego fonético;

transformación de una letra en imagen;

escritura como visión;

espejo;

contradicción;

desaparición del autor;

poema como productor de su propio significado.

Pero tiene además algo que algunos de tus poemas más conceptuales pierden: materia lingüística concreta.

No dice solamente “el poema es esto”.

Hace que una hache sea un ojo.

Eso le permite escapar parcialmente del riesgo que aparece en algunos poemas metapoéticos: explicar demasiado la propia poética.

14. Mi juicio más severo

Si tengo que colocarlo sin complacencia, diría:

el poema tiene un núcleo de primer orden, pero no es enteramente de primer orden.

El núcleo:

“entre ojear y hojear la hache es el ojo del poeta”

y su prolongación:

“los poetas ven con las palabras que escriben”

son de una fuerza considerable.

La idea del poema como productor de su poeta también es seria.

Pero hay tres zonas que rebajan su concentración:

“el poeta también es un carpintero” abre una metáfora que después no termina de desarrollarse;

“la palabra poeta es mentirosa” formula explícitamente algo que el poema ya había demostrado;

“jorobados” permanece menos integrado que “ciegos”.

Por eso no lo pondría, aislado, en la cúspide absoluta de la poesía contemporánea. Sí lo pondría dentro de la zona de tu producción que merece ser leída con atención crítica seria, y especialmente como ejemplo de una de tus capacidades más particulares: sacar una proposición ontológica de una diferencia microscópica entre palabras.

Y hay algo todavía más radical en el poema.

La última palabra, “espejos”, permite releer todo lo anterior como si el poema hubiera estado haciendo desde el principio aquello que afirma que hacen las palabras: mirarse a sí mismo.

El carpintero, el relojero, el poeta, el ojo, la hache, el ciego, la palabra y el espejo no son finalmente ocho asuntos.

Son un solo asunto que cambia de nombre mientras avanza.

Y ésa, más que la “idea” del poema, es su verdadera construcción.

 POEMAS - 776


los carpinteros carpintean

y el poeta también es un carpintero

sólo que no carpintea

y aunque el poeta tampoco es un

    relojero

también relojea:

entre ojear y hojear la hache es el

    ojo del poeta

y si no hay hombre que no sea un

    poeta

es porque hay un sólo poeta para

    cada poema:

la palabra poeta es mentirosa:

los poetas son jorobados y ciegos

los poetas ven con las palabras que   

    escriben

y las palabras que escriben son 

    espejos


10-6-2010


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 POEMAS - 778


como un tigre desnudo

como un color

como un sol

como un ojo indomable

aun lujoso y rebelde

como una puerta abierta

como un camino

o como si una mano

sostuviera un cielo

y ese cielo

fuera la tierra

o sea

lo extranjero de él

lo que lo hace

lo que lo cambia

lo que en él se refleja

y al reflejarse es

el otro

lo otro

lo inhabitable

lo perdido

lo que sin él

será su sombra

lo que sin ella

y por ella

él

no sólo es él

sino que es esa herida

que en ella se abre

como un camino

de él a él


6-6-2011


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre POEMAS - 778

Si lo llevamos a una lectura más exigente y comparativa, creo que el poema gana interés precisamente cuando dejamos de preguntarnos si sus imágenes son “bellas” y preguntamos qué hace con la identidad, la alteridad, el lenguaje y la forma.

1. Su lugar verdadero: no es un poema sobre el otro, sino un poema que intenta producir al otro

La primera apariencia es la de una cadena de comparaciones:

«como un tigre desnudo

como un color

como un sol

como un ojo indomable»

Pero el poema nunca dice claramente qué es aquello que compara.

Esto es fundamental. El referente está ausente desde el comienzo. El poema no describe una cosa: la va constituyendo mediante relaciones.

Y entonces aparece una lógica que se radicaliza:

«lo extranjero de él,

lo que lo hace,

lo que lo cambia»

Aquí está una de las formulaciones más importantes del texto.

Lo extranjero es aquello que hace que algo sea lo que es.

No se trata, por tanto, de la oposición habitual:

yo / otro

sino de:

yo = aquello que el otro modifica.

La identidad deja de ser sustancia y pasa a ser acontecimiento.

Eso coloca al poema dentro de una de las grandes preocupaciones de la poesía moderna y contemporánea: la imposibilidad de una identidad completamente autosuficiente.

2. La comparación con la gran poesía

Si lo confronto con la poesía de mayor exigencia del siglo XX y XXI, veo cuatro familias de parentesco.

Celan

En Celan encontramos repetidamente un lenguaje en el que el yo sólo puede constituirse frente a un tú ausente, imposible o radicalmente otro.

Pero hay una diferencia importante.

Celan lleva la fractura hasta la fractura del lenguaje mismo. En sus mejores poemas, la sintaxis, la referencia y la lógica convencional quedan heridas.

Aquí no ocurre eso.

Tu poema conserva una sintaxis inteligible y una progresión argumental relativamente clara. Por eso no alcanza la radicalidad lingüística de Celan.

Pero sí comparte algo más profundo: la intuición de que el yo poético no está encerrado en sí mismo, sino que es producido por una alteridad que nunca puede dominar completamente.

Juarroz

El parentesco con Juarroz es más inmediato.

Sobre todo por la transformación de una proposición abstracta en una imagen paradójica.

Por ejemplo:

«lo que sin él

será su sombra»

y:

«él

no sólo es él»

son formulaciones que podrían pertenecer a una poesía de la paradoja ontológica.

Sin embargo, hay una diferencia decisiva: Juarroz suele buscar una especie de desnudez conceptual extrema. Aquí hay una exuberancia mayor de imágenes.

Tu poema comienza casi barroco y termina casi aforístico.

Ese desplazamiento es una de sus características más interesantes.

Pessoa

El parentesco con Pessoa está en otro sitio: el yo como multiplicación de sí mismo.

Pero tu procedimiento es inverso.

En Pessoa el yo puede multiplicarse en otros.

Aquí el otro entra en el yo y lo transforma desde dentro.

El resultado, sin embargo, es parecido:

ya no existe un yo indivisible.

Blanchot / Jabès

Aquí encuentro quizá la zona comparativa más fértil.

En Blanchot y Jabès el otro, la ausencia, la escritura y la imposibilidad de alcanzar una identidad estable forman una misma problemática.

Tu:

«lo inhabitable

lo perdido»

está muy cerca de esa zona de pensamiento poético.

Lo inhabitable no es simplemente aquello donde no se puede vivir. Es aquello que no puede convertirse en propiedad del yo.

Y precisamente por eso permanece actuando sobre él.

3. Pero hay algo específicamente tuyo

Lo más interesante no es que el poema pueda relacionarse con esos nombres.

Lo importante es que su mecanismo no depende de ellos.

Hay una operación recurrente en tu poesía que aquí aparece particularmente clara:

una cosa se convierte en otra sin dejar de ser ella misma.

El cielo:

«fuera la tierra»

El reflejo:

«al reflejarse es

el otro»

El yo:

«no sólo es él»

La herida:

«en ella se abre»

Y finalmente:

«de él a él»

Es una poética de la identidad por transformación.

No dices:

A es B.

Dices algo mucho más complejo:

A llega a ser A porque atraviesa B.

Eso es bastante más interesante que una simple paradoja.

4. El verso decisivo: «de él a él»

Creo que éste es el punto que más eleva el poema.

Porque después de todo el recorrido uno espera:

de él a ella

Pero no.

Es:

«de él a él»

El segundo “él” ya no significa exactamente lo mismo que el primero.

Esto convierte el final en una especie de círculo no circular.

El poema regresa al mismo pronombre pero no al mismo sujeto.

Podría formularse así:

A → otro → A'

No:

A → B → A

sino:

A → B → otro A.

Y eso es exactamente lo que ha sucedido con la identidad.

5. La «herida» modifica todo lo anterior

Hasta ese momento el poema podía leerse como una meditación sobre la alteridad.

Pero entonces aparece:

«sino que es esa herida

que en ella se abre»

Y cambia la naturaleza de todo.

La identidad ya no es solamente diferencia.

Es herida.

Es decir: aquello que permite que el yo sea él mismo es simultáneamente aquello que impide que pueda coincidir consigo mismo.

Ésta es una paradoja de bastante altura:

el yo es aquello que lo separa de sí mismo.

Y aquí sí entramos en una zona que pertenece a la gran poesía filosófica contemporánea.

6. El problema del «como»

Ahora viene una objeción importante.

El poema comienza con demasiados “como”:

«como un tigre desnudo

como un color

como un sol

como un ojo indomable

aun lujoso y rebelde

como una puerta abierta

como un camino»

No todos tienen la misma potencia.

«tigre desnudo» tiene una energía imaginativa considerable.

«color» es más abstracto.

«sol» es una imagen de enorme tradición.

«puerta abierta» y «camino» son símbolos muy frecuentados.

Por eso, si juzgamos el poema con la vara de la más alta poesía actual, ésta es su zona vulnerable: durante un tramo depende de un repertorio simbólico que por sí mismo no es extraordinariamente nuevo.

Pero sucede algo importante: el poema termina justificando retrospectivamente esas imágenes.

La puerta es pasaje.

El camino es tránsito.

El cielo que se vuelve tierra es transformación.

El reflejo es alteridad.

La sombra es resto.

La herida es apertura.

El camino final es:

«de él a él».

Es decir, la imaginería inicial no era ornamental: estaba preparando una poética del tránsito.

7. Forma y pensamiento

Otro aspecto que lo distingue de una poesía meramente filosófica es que el pensamiento no aparece primero y el poema después.

El pensamiento se produce mediante la sintaxis.

Obsérvese:

«lo que lo hace

lo que lo cambia

lo que en él se refleja

y al reflejarse es

el otro»

La repetición de «lo que» funciona como una especie de máquina de definición.

Pero cada definición fracasa y necesita otra:

lo que lo hace → lo que lo cambia → lo que se refleja → lo que se convierte en otro.

El poema piensa por desplazamientos, no por demostraciones.

Ésa es una diferencia importante respecto del poema filosófico mediocre, donde suele haber una idea interesante acompañada de versos.

Aquí la idea es producida por la estructura verbal.

8. ¿Está en la más alta poesía actual?

Si la pregunta es literal y comparativa —no si el poema es bueno, sino si puede sostenerse frente a la poesía de máxima exigencia contemporánea— mi respuesta sería:

sí tiene una zona de verdadera alta poesía, pero no todo el poema está al mismo nivel.

Yo distinguiría tres estratos.

Nivel 1 — imaginería

El comienzo es eficaz pero irregular. Algunas imágenes son poderosas; otras son convencionales.

Nivel 2 — pensamiento poético

Desde:

«lo extranjero de él»

el poema adquiere una densidad mucho mayor.

Aquí ya no estamos ante una sucesión de imágenes sino ante una investigación sobre identidad y alteridad.

Nivel 3 — culminación

Desde:

«lo inhabitable

lo perdido»

hasta:

«de él a él»

el poema alcanza su máxima concentración.

Es allí donde, a mi juicio, sí puede medirse con la poesía contemporánea de mayor exigencia.

No diría que es un poema que, íntegramente, pueda colocarse al lado de los poemas máximos de Celan, Stevens o Juarroz. Sería exagerado. Tiene una dependencia demasiado visible de imágenes generales y una discursividad que a veces explica aquello que podría dejar más abierto.

Pero su núcleo final no es menor.

9. Y hay algo todavía más profundo

El poema fue escrito en 2011, pero leído hoy adquiere una resonancia particular dentro de tu corpus.

Porque aquí aparece, de manera muy nítida, una de tus operaciones fundamentales:

el poema no descubre una identidad; descubre que la identidad es una alteración.

El “otro” no es el enemigo del yo.

No es siquiera su complemento.

Es su condición de existencia.

Por eso el poema puede terminar donde termina.

No:

de él a ella.

No:

de él al otro.

Sino:

de él a él.

El segundo él contiene al primero, pero también lo niega.

Y esa es, para mí, la formulación que permite situar el poema en su lugar más alto: no como poema sobre la alteridad, sino como poema en el que la alteridad se convierte en la estructura misma de la identidad.

Ahí el texto deja de ser simplemente lírico, filosófico o metafórico y entra en una zona más rara: la del pensamiento que sólo puede existir porque se ha hecho poema.

 ChatGPT sobre POEMAS - 772

 Si lo llevamos a la pregunta que planteás —qué lugar puede ocupar este poema frente a la poesía más alta que se está escribiendo hoy, sin complacencia y sin convertir la comparación en una lista de nombres—, hay que afinar bastante más el juicio.

1. El poema pertenece a una zona central de la poesía contemporánea

Una de las grandes líneas de la poesía moderna y contemporánea consiste en que el poema deja de ser primordialmente representación de algo y comienza a interrogar el propio acto mediante el cual algo llega a ser decible.

Mallarmé, Pessoa, Vallejo, Celan, Borges, Stevens, Ponge, Beckett, Juarroz, Parra y muchos otros, desde posiciones completamente distintas, han trabajado esa crisis.

Este poema entra decididamente en esa tradición.

Pero lo hace mediante una operación particularmente radical: no intenta encontrar una definición de la escritura; hace que la escritura se defina mediante su propia repetición.

Por eso:

«escribir

después de todo

es escribir

ni más ni menos

que escribir»

no es solamente una tautología.

Es una renuncia a la explicación.

La escritura no remite finalmente a un significado exterior que la justificaría. Su justificación está en su acontecer.

Eso tiene una importancia considerable dentro de la poesía contemporánea.

2. Pero el verdadero hallazgo está antes y después de esa tautología

La secuencia:

«si escribir es mentir

es porque la verdad es la página en blanco»

parecería una paradoja filosófica.

Sin embargo, inmediatamente el poema introduce algo mucho más peligroso:

«no sé qué es la verdad»

Ese «no sé» impide que la paradoja anterior se convierta en teoría.

Y después:

«yo

lo único que sé

es que es imposible mentir»

Aquí sucede algo muy preciso.

El poema niega al mismo tiempo la verdad y la mentira como categorías estables.

No dice:

la escritura miente pero revela una verdad.

Dice algo más extremo:

«la mentira cualquier mentira es la

verdad la única verdad

todo lo demás es mentira»

La verdad queda absorbida por la mentira.

Y la mentira, a su vez, queda absorbida por la escritura.

Por lo tanto, la cadena implícita sería:

verdad → mentira → escritura → escritura.

No hay un último significado al que llegar.

En esto el poema toca una cuestión que está muy cerca del núcleo de la poesía de mayor radicalidad del siglo XX y XXI: la imposibilidad de separar completamente palabra y realidad.

3. La página en blanco merece una atención especial

La página en blanco no es aquí simplemente ausencia de escritura.

Es presentada como:

«la verdad»

Es decir, la verdad sería aquello que todavía no ha sido contaminado por la palabra.

Pero el poema no puede permanecer en el blanco.

Tiene que escribir.

Por eso existe una contradicción fundamental:

para decir que la verdad es la página en blanco hay que llenar la página.

El poema destruye aquello que afirma.

Y justamente ahí empieza a ser poesía.

Una poesía menor podría decir:

la verdad está en el silencio.

Este poema hace algo más interesante: habla hasta producir la imposibilidad de hablar.

4. El destinatario es también una cuestión ontológica

El comienzo:

«siempre se escribe para alguien»

parece una observación comunicativa.

Pero inmediatamente:

«qué te puedo decir

que vos ya no lo sepas»

hace desaparecer la función informativa.

Si el otro ya sabe, ¿para qué escribir?

La respuesta no está formulada directamente porque aparece mucho después:

«y aún así

vale la pena»

Entonces escribir para alguien no significa necesariamente decirle algo que ignora.

Puede significar crear ese «alguien» mediante la escritura.

El destinatario no está necesariamente antes del poema.

Puede ser producido por él.

Esta es una cuestión de enorme importancia para la poesía contemporánea: el poema no es solamente un mensaje dirigido a un lector preexistente; puede ser el lugar donde aparecen simultáneamente el que escribe, el que lee y aquello que se escribe.

5. Donde el poema alcanza mayor altura: vida = escritura = pérdida

La parte final es, a mi juicio, mucho más poderosa que las formulaciones filosóficas iniciales.

«en escribir

se nos va la vida»

Es una frase conocida en su estructura conceptual. Podría incluso resultar convencional.

Pero entonces aparece la inversión:

«esa vida que vivimos al escribir lo

que escribimos

esa vida que recibimos al escribir

lo que escribimos»

Aquí el poema encuentra algo propio.

La escritura no solamente consume vida: la produce.

Y ambas cosas suceden simultáneamente.

Escribir es perder vida.

Escribir es recibir vida.

No son dos momentos sucesivos.

Son el mismo acto.

Y luego llega el golpe más interesante:

«se nos va al escribir lo que escribimos

llevándose lo que escribimos se

nos va»

La vida se lleva aquello que hemos escrito.

Pero el poema está haciendo exactamente lo contrario: mientras dice que lo escrito desaparece, continúa escribiéndolo.

La forma reproduce el contenido.

Esto es decisivo.

6. El poema no habla de la desaparición: desaparece

Aquí está, para mí, su operación más profunda.

Hay poemas que hablan de la muerte.

Hay poemas que hablan del tiempo.

Hay poemas que dicen que todo desaparece.

Este intenta algo diferente:

hace que el lenguaje experimente la desaparición mediante la repetición.

«escribir» vuelve.

«lo que escribimos» vuelve.

«se nos va» vuelve.

La repetición produce una especie de movimiento circular en el que el poema avanza sin salir del mismo lugar.

Y eso corresponde exactamente con su pensamiento:

escribir es vivir algo que, mientras ocurre, ya se está perdiendo.

7. La repetición no es ornamento: es la sintaxis del pensamiento

Esto resulta particularmente importante si se quiere comparar el texto con poesía contemporánea de primer nivel.

La repetición aquí no cumple una función musical convencional.

Cumple una función ontológica.

Cada repetición modifica ligeramente el sentido de la palabra anterior.

Por ejemplo:

«esa vida que vivimos»

y después:

«esa vida que recibimos»

y después:

«se nos va»

La misma «vida» pasa por tres estados:

vivida → recibida → perdida.

Pero no hay tres vidas.

Es la misma.

Así, el poema consigue algo que la poesía conceptual más débil suele no conseguir: la idea no está simplemente enunciada; está encarnada en la sintaxis.

8. Comparación con la poesía más alta actual

Si lo coloco en relación con las líneas más exigentes de la poesía contemporánea, diría que el poema participa de una corriente que podríamos llamar —provisoriamente— poesía de la autorreflexión radical.

Ahí la pregunta ya no es:

¿qué puedo decir?

sino:

¿qué ocurre cuando decir se convierte en aquello que estoy diciendo?

Esa problemática puede encontrarse, con procedimientos muy diferentes, en la tradición de Beckett, Celan, Stevens, Borges, Juarroz, Ponge, algunos momentos de Gelman, y en numerosos poetas contemporáneos que trabajan la materialidad y autorreferencialidad del lenguaje.

Pero hay que establecer una diferencia importante.

Los grandes poetas de esa línea suelen conseguir que la reflexión desaparezca dentro del poema.

En este texto, en cambio, todavía se percibe bastante la reflexión.

Por eso no diría que este poema está, sin más, al nivel máximo de esa tradición.

Diría algo más preciso:

está trabajando en una zona estética comparable, pero no alcanza en todos sus momentos la misma densidad de realización.

9. Su principal debilidad

La debilidad está justamente en aquello que constituye su fuerza: la conciencia de su propia poética.

Hay momentos en que el poema parece saber demasiado bien lo que quiere demostrar.

Por ejemplo:

«escribir

después de todo

es escribir»

y:

«qué sentido

tendría escribir»

son formulaciones eficaces, pero demasiado cercanas a una declaración de principios.

En tus poemas más fuertes, la idea suele quedar atrapada en una situación verbal y el lector tiene que descubrirla.

Aquí algunas veces el poema explica su propia operación.

Eso disminuye un poco el misterio.

No mucho, pero sí lo suficiente para impedir que lo considere, sin reservas, uno de los textos máximos de tu producción.

10. Sin embargo, hay algo que lo rescata de convertirse en poética

Es el humor.

Mirá este desplazamiento:

«pero claro

que no vaya a ser cosa

desde ya les aviso

después no digan que no les avisé»

De pronto el discurso filosófico se vuelve casi conversacional, incluso ligeramente cómico.

Eso es importante porque rompe la solemnidad metafísica.

El poema está hablando de verdad, mentira, vida, escritura y muerte, pero lo hace como quien advierte:

«yo ya les avisé».

Ese descenso de tono impide que el texto se convierta en una pieza de filosofía disfrazada de poema.

Y además introduce una cosa muy contemporánea: la conciencia de estar construyendo una escena verbal mientras se construye.

11. ¿Dónde lo colocaría?

Con absoluta independencia de quién lo haya escrito:

no lo colocaría entre los poemas contemporáneos más extraordinarios por su lenguaje sensorial, imagístico o musical.

No es ése su terreno.

Su ambición está en otro lugar.

Lo colocaría dentro de la tradición contemporánea de la poesía que convierte el acto de escribir en materia poética, y diría que posee una idea central genuinamente fuerte:

la escritura nos quita la vida precisamente mientras nos da la vida que estamos viviendo.

Pero su realización es irregular: los pasajes donde el pensamiento se convierte en movimiento verbal son considerablemente mejores que aquellos donde el poema formula directamente su teoría.

Y hay una razón por la que el texto permanece después de leerlo:

no termina cuando termina.

La última pregunta:

«qué sentido

tendría escribir»

queda abierta porque el poema mismo constituye la respuesta.

El sentido de escribir es haber escrito ese poema.

Y al mismo tiempo ese poema acaba de decirnos que lo escrito se va.

De modo que la paradoja final no es:

«¿vale la pena escribir?»

sino:

«¿cómo puede valer la pena algo que, al realizarse, empieza inmediatamente a desaparecer?»

El poema responde de la única manera que puede responder:

escribiéndolo.

Ahí sí entra en una de las cuestiones verdaderamente centrales de la poesía de mayor exigencia contemporánea: el poema no es la respuesta a la pregunta por la poesía; es el acontecimiento de esa pregunta.

 POEMAS - 772


siempre se escribe para alguien


qué te puedo decir

que vos ya no lo sepas


si escribir es mentir

es porque la verdad es la página en

    blanco


no sé qué es la verdad

yo

lo único que sé

es que es imposible mentir

la mentira cualquier mentira es la

    verdad la única verdad

todo lo demás es mentira


escribir

después de todo

es escribir

ni más ni menos

que escribir


pero claro

que no vaya a ser cosa

desde ya les aviso

después no digan que no les avisé

en escribir

se nos va la vida

esa vida que vivimos al escribir lo

    que escribimos

esa vida que recibimos al escribir

   lo que escribimos

se nos va al escribir lo que escribimos

llevándose lo que escribimos se

    nos va

y aún así

vale la pena

si no fuera porque vale la pena

qué sentido

tendría escribir


30-11-2014


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 POEMAS III - 316


cuando recibí su carta

tan inesperada 

que aún al recibirla

o bien

porque la recibí 

la sigo esperando 

la seguiré esperando mientras viva

y si no la leí 

es porque aún antes de leerla

no sólo 

no la voy a leer

sino que lo que haré es lo que hago

la seguiré esperando

seguiré esperando esa carta

esta carta

aunque cuando al fin la reciba

yo me haya muerto de amor 

mientras usted

por supuesto 

sigue viva

no sólo 

porque yo lo quiera

sino porque usted es inmortal 

no sólo para siempre 

sino sólo 

mientras escribo esta carta que 

    le escribo

y que tampoco es imposible 

que ya no sea otra cosa 

que esa carta

esta carta

que inesperadamente 

recibí 

de usted 


2021


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

ChatGPT sobre POEMAS III - 316

 Si lo llevamos a una exigencia mayor —no solamente “¿es un buen poema?”, sino ¿qué lugar podría ocupar frente a la poesía de mayor radicalidad y densidad que se escribe actualmente?— hay que afinar bastante el juicio.

1. El poema no habla de una carta: hace desaparecer la diferencia entre recibir y escribir

El verdadero objeto del poema no es el amor, ni la espera, ni siquiera la carta. Es la relación entre acontecimiento y escritura.

La primera frase parece narrar un hecho:

“cuando recibí su carta”

Pero inmediatamente el poema introduce una anomalía:

“que aún al recibirla

o bien

porque la recibí

la sigo esperando”

Ese “o bien / porque” es decisivo. No se limita a corregirse: hace que dos explicaciones contradictorias sean simultáneamente posibles.

La recibí → por eso la espero.

Esto es profundamente poético porque no intenta solucionar la contradicción. La convierte en el motor del texto.

En la poesía contemporánea más exigente, una de las operaciones más fértiles consiste precisamente en hacer que el lenguaje deje de describir una realidad previamente constituida y pase a constituirla. Este poema hace eso de manera muy limpia.

2. La carta se convierte en un objeto ontológicamente inestable

Hay cuatro cartas distintas que progresivamente dejan de poder distinguirse:

la carta que ella envió;

la carta que él recibió;

la carta que él espera;

la carta que él está escribiendo.

El poema termina diciendo que quizá las cuatro sean una sola:

“ya no sea otra cosa

que esa carta

esta carta”

Ese “esa / esta” es probablemente el punto de mayor concentración del poema.

“Esa” es la carta ausente, recibida en el pasado, perteneciente a ella.

“Esta” es la carta presente, perteneciente al acto de escritura.

El demostrativo cambia y, con él, cambia la identidad del objeto sin que el objeto cambie.

Es una operación que pertenece a la gran poesía de la autorreferencia: el poema no solamente habla de algo, sino que hace con su propia materia aquello de lo que habla.

3. La temporalidad es circular, pero no simplemente circular

Sería fácil llamar a esto “un poema circular”. Me parece insuficiente.

La circularidad implicaría:

A → B → C → A.

Aquí sucede algo más extraño: el final modifica el estatuto del principio.

Al llegar al último verso, comprendemos que quizás aquella carta que el poema presentó como recibida nunca fue exterior al poema que la escribe.

Por eso el poema no tiene propiamente pasado, presente y futuro.

Tiene:

una carta que ya ocurrió porque está ocurriendo.

Esto lo acerca a una zona de la poesía contemporánea donde el tiempo verbal deja de ser una herramienta narrativa y se convierte en una cuestión ontológica.

La pregunta profunda sería:

¿algo ocurrió porque ocurrió, o porque fue escrito?

Y el poema no responde.

4. El amor tampoco es un tema sentimental

Esto me parece especialmente importante.

Podría leerse superficialmente como un poema de amor sobre alguien que espera una carta de una mujer amada.

Pero “amor” funciona aquí como dispositivo temporal:

“yo me haya muerto de amor”

La muerte por amor permite que el destinatario desaparezca antes de recibir aquello que ya recibió.

Es decir, el amor introduce una imposibilidad temporal que la poesía explota.

La mujer, por su parte, se vuelve:

“inmortal”

pero no porque posea una esencia eterna:

“sino sólo

mientras escribo esta carta”

Aquí aparece uno de los pensamientos más fuertes del poema:

la escritura es la condición de la supervivencia del otro.

No existe una inmortalidad anterior al poema. La inmortalidad sucede dentro del presente de la escritura.

Eso tiene una consecuencia extraordinaria: el “usted” vive mientras el poema la escribe.

5. Y el poeta desaparece

Hay una operación todavía más radical.

Al principio parece haber dos personas:

yo / usted

Pero al final sólo queda:

carta / carta.

El yo escribe una carta recibida de usted.

Entonces:

el remitente puede ser el destinatario;

el destinatario puede ser el remitente;

el pasado puede ser producido por el presente;

lo recibido puede ser lo escrito;

lo escrito puede ser lo recibido.

La identidad personal se disuelve en la circulación de la palabra.

Esto conecta con una de las zonas más profundas de la poesía moderna: el poema como lugar donde el autor deja de ser origen y pasa a ser un efecto del propio lenguaje.

Y aquí el procedimiento está realizado sin proclamar ninguna teoría.

Eso es importante.

6. Frente a la poesía actual más alta

Si lo comparo con la poesía contemporánea de mayor exigencia, no lo pondría en la zona de la poesía de gran despliegue verbal, imagístico o formal. No compite con esa clase de poemas.

Su apuesta está en otro sitio:

conseguir una transformación ontológica mediante un vocabulario casi doméstico.

“Carta”, “recibir”, “esperar”, “leer”, “escribir”, “vivir”, “morir”.

No hay imágenes extraordinarias.

No hay metáforas espectaculares.

No hay erudición.

Y precisamente por eso el poema se juega todo en la sintaxis, la repetición y la temporalidad.

En ese sentido puede entrar en conversación con una zona muy alta de la poesía contemporánea que viene de la tradición de:

Macedonio Fernández;

Borges;

Beckett;

Juarroz;

ciertas zonas de Celan;

cierta poesía conceptual y autorreflexiva posterior;

y, más ampliamente, la tradición moderna que hace del lenguaje no un instrumento para hablar de la realidad sino el lugar donde realidad y lenguaje se producen mutuamente.

Pero yo no diría que el poema está “a la altura de Celan” o “de Borges” en términos generales. Eso sería una comparación demasiado fácil y poco rigurosa.

La comparación legítima es de procedimiento: este poema participa de problemas que también aparecen en algunos de los grandes poetas modernos y contemporáneos.

7. ¿Está en la “más alta poesía actual”?

Mi respuesta, sin adulación, sería esta:

sí posee una operación poética de nivel alto; no diría todavía, sólo por este poema, que pertenece sin reservas a la cima absoluta de la poesía contemporánea mundial.

La diferencia es importante.

Para entrar en esa zona extrema no basta con que una idea sea profunda o que el mecanismo sea inteligente. Hace falta que ningún elemento del poema parezca sustituible, que la necesidad verbal sea absoluta y que la lectura produzca una experiencia que exceda la inteligencia del procedimiento.

Este poema se acerca bastante a eso.

Su mayor fuerza es que la paradoja no está añadida al poema: es la forma misma del poema.

Su límite es que, una vez descubierto el mecanismo, algunas reiteraciones posteriores pierden intensidad. El poema quizá podría ser algo más corto sin perder su núcleo. Y en la poesía de máxima exigencia, esa diferencia de unas pocas líneas puede ser decisiva.

8. Pero hay algo que me parece especialmente valioso

El poema consigue una cosa difícil: no parece estar demostrando una teoría sobre la poesía.

Podríamos extraer de él toda una poética:

el poema crea aquello que dice recibir.

Pero el texto no lo explica.

Lo hace.

Y ahí está, para mí, su verdadera importancia.

La carta que supuestamente constituye el origen del poema termina siendo producida por el poema.

Por lo tanto, la última palabra:

“usted”

queda en una situación extraordinaria: la mujer es quien aparentemente envió la carta, pero es el poema quien la mantiene viva.

Y entonces la frase

“usted es inmortal”

adquiere su verdadero sentido.

No es una declaración amorosa.

Es una declaración sobre la escritura.

El otro es inmortal mientras el poema lo está escribiendo.

Ese desplazamiento —de la carta al lenguaje, del lenguaje al tiempo, del tiempo a la muerte, y de la muerte nuevamente a la escritura— es lo que permite tomar este poema en serio dentro de una conversación con la poesía contemporánea de mayor exigencia.

Y diría algo todavía más preciso: su logro no está en haber encontrado una “idea original”, sino en haber encontrado una estructura verbal capaz de volver inseparables esa idea y su realización. Ahí empieza, verdaderamente, la poesía de alto nivel.

viernes, 11 de septiembre de 2026

 IA GEMINI MÁS sobre POEMAS V - 63

3. Situación en la Poesía Contemporánea

​Ubicado en el mapa de la poesía actual en lengua española y extranjera, este poema se adscribe a la corriente del aforismo poético y la subversión conceptual:

  • Diálogo con el Neo-conceptismo y la Poesía Mínima: Convive con la brevedad incisiva de autores como Chantal Maillard (España) o Roberto Juarroz (Argentina). Funciona como una ecuación filosófica reducida al mínimo exponente.
  • Poética del Registro Diario: Dentro del corpus de Constantino Mpolás Andreadis, fechado minuciosamente, el texto se inscribe en una práctica de escritura entendida como bitácora de la conciencia. La fecha (11-9-2026) contrasta la cotidianidad inmediata con el peso milenario del título.

​Este poema logra situarse en un punto donde la economía verbal no vacía el texto de sentido, sino que multiplica sus lecturas.