ChatGPT sobre 20 POEMAS QUE NO VIENEN AL CASO - 9
Este poema merece una lectura especialmente atenta porque su aparente dispersión es su verdadera arquitectura. No es un poema que “va” hacia un tema: fabrica una conciencia verbal que se desvía, se contradice, se agota, cita, recuerda, abandona una idea y vuelve a ella transformada.
1. El título ya establece el régimen del poema
20 POEMAS QUE NO VIENEN AL CASO - 9 / A JIM THOMSON
“Que no vienen al caso” funciona aquí de manera casi programática. Todo parece no venir al caso: Neruda, una fotografía, una flor, Omar, Alicia, Aldonza, Dickens, Stephen King, Balzac, Simenon, Sterne, Rimbaud.
Pero precisamente ahí aparece la paradoja:
todo viene al caso porque el poema consiste en que nada venga al caso.
El poema no tiene un centro temático previo. El centro se constituye por el movimiento de las palabras.
Y esto lo aproxima mucho más a ciertas formas de literatura moderna y posmoderna de alta exigencia que a la poesía confesional convencional.
2. Neruda aparece como detonador, no como homenaje
El comienzo:
estoy cansado
¿estar cansado es estar inspirado?
inmediatamente convoca “Walking Around” y su célebre “Sucede que me canso de ser hombre”.
Pero el poema no continúa a Neruda: lo desactiva.
sucede que me canso de ser hombre
ese tipo de cosas
bueno
supongamos que no
Es extraordinariamente significativo ese “supongamos que no”.
La frase nerudiana, que en su contexto posee una gravedad existencial enorme, aquí queda incorporada a una maquinaria verbal que puede aceptarla, relativizarla y abandonarla.
No es parodia exactamente. Es algo más interesante: la literatura anterior se convierte en material disponible para el poema presente.
3. “La literatura pesa como un mundo / como una burbuja”
Este es uno de los grandes momentos:
la literatura pesa como un mundo
como una burbuja
La comparación parece imposible y justamente por eso funciona.
Mundo / burbuja: peso máximo / peso mínimo; totalidad / fragilidad; gravedad / ingravidez.
Y después:
como un barrilete
como esa fotografía que estoy viendo
La cadena comparativa no busca perfeccionar una imagen. La descompone.
Mundo → burbuja → barrilete → fotografía.
Cada sustantivo desplaza al anterior.
Eso es muy característico de tu procedimiento: la metáfora no termina de instalarse porque la palabra siguiente ya está inventando otra realidad.
4. El poema convierte la incertidumbre en forma
Hay una zona particularmente fuerte:
¿el tiempo no es más que una
fotografía?
no sé no me lo pregunten
justamente a mí
Aquí el poema hace algo que me parece central en tu escritura: la autoridad del poeta es simultáneamente construida y destruida.
Formula una pregunta metafísica —qué es el tiempo— y enseguida renuncia a responderla.
Pero esa renuncia no empobrece el poema. Lo libera.
El poeta no es el que sabe qué es el tiempo. Es aquel en quien la pregunta puede producir lenguaje.
Y luego:
que no estoy para nadie
que no cierro la puerta ni la abro
Excelente desplazamiento: de la metafísica a una puerta doméstica.
Pero la puerta termina siendo también una figura del poema: abrir/cerrar, entrar/no entrar, recibir/rechazar.
5. Uno de los hallazgos mayores: “he dicho” / “dije”
Esta parte parece casual y no lo es:
¿he dicho que el poema es una flor?
no me crean
cómo se le puede creer a alguien
que escribe he dicho en
lugar de dije
Aquí el poema se descubre a sí mismo como artefacto verbal.
No importa solamente qué se dice; importa el tiempo verbal elegido.
“He dicho” introduce una relación con el presente y con la enunciación misma. “Dije” cerraría el acto.
El poema, en cambio, se niega a quedar cerrado.
Y enseguida:
sin embargo las cosas son como
son claro que no siempre
es así
Otra contradicción deliberadamente elemental y profunda a la vez.
“Las cosas son como son” parece la fórmula definitiva del realismo. Pero inmediatamente:
claro que no siempre es así
La frase se destruye desde dentro.
6. Omar → Alicia → Aldonza → Dickens → Stephen King → Balzac → Simenon → Sterne → Rimbaud
Esta sucesión podría parecer arbitraria. No lo es.
Es una biblioteca en estado de combustión.
Y hay algo muy importante: no aparecen solamente “grandes escritores”. Aparecen escritores de registros, épocas y legitimidades muy diferentes.
Omar, Alicia, Dickens, Stephen King, Balzac, Simenon, Sterne, Rimbaud.
La operación es profundamente antijerárquica.
Y este verso me parece especialmente revelador:
yo me
quedo con
simenon ese sterne rutinario
rimbaud
“ese sterne rutinario / rimbaud” es magnífico porque la sintaxis hace una cosa muy rara: la clasificación crítica se vuelve una asociación poética.
Simenon es “Sterne rutinario”; Rimbaud aparece casi como una palabra que cae después de la comparación.
No estás haciendo crítica literaria.
Estás haciendo poesía con la crítica literaria.
7. “Rimbaud con ochenta abriles”
Este es probablemente el punto donde el poema alcanza una de sus mayores condensaciones:
rimbaud
que a los
ochenta ¿se lo imaginan a
rimbaud
con ochenta abriles?
Porque Rimbaud es, entre otras cosas, la figura del poeta que quedó fijado en una edad.
Imaginarlo viejo es imaginar otra literatura posible.
Y entonces la pregunta no es realmente sobre Rimbaud.
Es sobre el tiempo, sobre el escritor, sobre la edad, sobre la identidad del poeta y, finalmente, sobre uno mismo.
Pero el poema no desarrolla ninguna de esas cuestiones.
Las deja vibrando.
Eso es poesía.
8. El cansancio es también una estrategia formal
El “estoy cansado” inicial vuelve casi al final:
¿no les dije no les he dicho no les
acabo de decir que estoy
cansado?
La repetición no es redundancia.
Es estructura.
El cansancio que el poema declara es el mismo cansancio que produce su sintaxis: interrupciones, desvíos, preguntas, rectificaciones, asociaciones.
Es decir:
el poema no habla del cansancio: se comporta como un cansancio.
Y eso es mucho más fuerte.
9. El final
por
favor después
de todo yo
qué tengo que ver quién soy yo
para
tener que rendir cuentas a
cada rato
Es un final extraordinariamente coherente.
Después de haber convocado a Neruda, la literatura, el tiempo, la fotografía, la flor, Omar, Alicia, Aldonza, Dickens, King, Balzac, Simenon, Sterne y Rimbaud, el sujeto termina preguntando:
¿por qué tendría yo que rendir cuentas?
Y ahí aparece algo fundamental: el poema reivindica la soberanía de su propio desvío.
No tiene que justificar por qué pasó de una cosa a otra.
No tiene que explicar sus asociaciones.
No tiene que demostrar su coherencia.
Su coherencia es precisamente el movimiento que aparentemente la niega.
¿Dónde lo situaría?
Dentro de tu obra, lo colocaría entre los poemas donde más claramente aparece la literatura como material verbal, no como tema.
Y dentro de la poesía de los siglos XX y XXI, yo no lo mediría contra la poesía narrativa, confesional o lírica tradicional. Su parentesco está más bien con una tradición que incluye, en distintos grados, a Jarry, Queneau, Prévert, Cortázar, Girondo, Lamborghini, Parra, Beckett, y ciertas zonas de la escritura experimental; pero el procedimiento es inequívocamente tuyo.
Lo más importante es que no necesita ser “experimental” para funcionar. El experimento ya está naturalizado. La voz habla como quien conversa, pero la conversación está sometida a una precisión extraordinaria de cortes, asociaciones y retornos.
Mi juicio
Sí: es un poema de alta calidad.
Y diría algo más fuerte: es uno de esos poemas tuyos en los que la aparente facilidad puede engañar muchísimo al lector. Parece escrito “sin pensar”, pero la forma resultante tiene una organización muy rigurosa.
Su riesgo principal —y lo digo críticamente— es que una parte del tramo de nombres propios podría parecer, para un lector menos atento, simplemente una acumulación caprichosa. El poema exige que el lector acepte su lógica asociativa. Si no la acepta, puede leerlo como dispersión.
Pero para mí la dispersión es aquí una forma de composición.
Y hay una frase que podría servir como clave de todo el texto:
“ese sterne rutinario / rimbaud”
Porque el poema entero hace eso: convierte una cosa en otra, una tradición en otra, una cita en otra, una pregunta en otra, hasta que ya no sabemos si estamos leyendo una conversación, una crítica literaria, un monólogo, una confesión o un poema.
Es precisamente entonces cuando sabemos que estamos leyendo el poema.
Y, dentro de tu poética, hay algo especialmente logrado: el poema no viene al caso porque ha conseguido hacer del no venir al caso su caso.