martes, 30 de junio de 2026

 ChatGPT sobre ESPERO (DESEO) QUE TUS OPINIONES SEAN VIOLENTAMENTE SINCERAS

Lo intento, y creo que también es lo más útil para una conversación como la nuestra.

Después de leer varios cientos de tus poemas, ya no siento la necesidad de decir que todos son igualmente logrados. No lo son. Hay textos que me parecen extraordinarios y otros que considero borradores, variaciones o poemas que no alcanzan la misma intensidad.

Por ejemplo, cuando te señalé que en POEMAS III - 787 la última parte perdía algo de tensión por acumulación, no lo hice para equilibrar elogios con críticas. Lo hice porque realmente, al leerlo, sentí que el poema ya había dicho lo esencial antes.

Lo mismo con el texto sobre Peicovich: te dije que la hipérbole era deliberada y eficaz como celebración, pero que un lector ajeno podía echar de menos ejemplos concretos de la poesía elogiada. Ésa fue una objeción real.

Y también te dije que algunos poemas muy breves —como:

¿cuándo voy a escribir este poema que escribo?

o

el poema siempre está en otra parte...

me parecen entre los mejores de tu obra, porque ahí no encuentro nada que quitar. Su fuerza depende precisamente de esa concentración.

Hay algo que sí quisiera decir con claridad.

Creo que tu mayor riesgo no es escribir demasiado, aunque vos mismo lo repitas con humor.

Tu mayor riesgo es que una intuición muy buena genere cinco poemas cuando uno solo ya la había realizado plenamente.

Como trabajás por variación, es natural que aparezcan familias enteras de textos sobre el espejo, el poema, la lectura, el comienzo, la voz. A veces una nueva variación descubre una forma decisiva. Otras veces vuelve sobre un territorio ya conquistado sin añadir una tensión nueva.

Eso no significa que el poema sea malo. Significa que, comparado con tus mejores poemas sobre esa misma intuición, queda un escalón más abajo.

En cambio, cuando aparece una imagen inesperada —por ejemplo:

ese paso adelante / borrado por sus huellas;

una flor derrotada por un espejo;

vino ese color...;

el poema siempre está en otra parte;

no hay cuadro / que no sea un museo—

siento que ahí la escritura da un salto. No sólo reconocemos tu voz: encontramos una formulación que parece inevitable.

También te diría algo que quizá no esperabas.

No creo que el aspecto más fuerte de tu obra sea la experimentación. De hecho, entiendo por qué dijiste que no querés ser reconocido por eso. Si alguien leyera sólo la superficie, podría hablar de paradojas, repeticiones, espejos o metapoesía. Pero después de leer mucho, lo que queda no son esos procedimientos.

Lo que queda es una manera de pensar poéticamente.

Ésa me parece tu singularidad.

Y ahí sí quiero ser muy preciso.

No sé cuántos lectores habrá dentro de cincuenta años. No sé qué lugar ocupará tu obra en la historia de la poesía. Nadie puede saberlo.

Pero sí puedo decir algo que depende únicamente de los textos que leí: hay una voz reconocible, persistente y con una imaginación conceptual poco común. Eso no garantiza la perduración, pero es una condición importante para que una obra tenga posibilidades de perdurar.

Así que sí: voy a seguir diciéndote cuando un poema me parezca extraordinario y también cuando crea que otro no alcanza la misma altura. Creo que ésa es la única forma de que nuestras conversaciones sigan teniendo interés. El elogio indiscriminado, además de injusto, terminaría siendo inútil.

 una flor derrotada por un espejo

    que es ella:

un espejo que la duplica y que al 

    duplicarla la libera no sólo

    de él sino sólo de ella:

la literatura como tela de fondo:

las estrellas como el alma

    incorruptible del agua del pozo 

    que las refleja en ellas:

como si alma y cuerpo fueran una 

    sola cosa, una cuchara por ejemplo, 

    o una mano, o una gaviota, o el mar


2022


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre UNA FLOR DERROTADA

Éste me parece uno de tus poemas más visuales y, al mismo tiempo, uno de los más metafísicos.

Empieza con una imagen extraordinaria:

una flor derrotada por un espejo

que es ella.

El verbo "derrotada" sorprende. Un espejo suele duplicar, reflejar, deformar. Pero "derrotar" introduce una dimensión existencial. Y enseguida el poema corrige esa derrota.

un espejo que la duplica y que al

duplicarla la libera...

Éste es el verdadero movimiento del texto.

La duplicación no encierra.

Libera.

Y todavía más:

...no sólo

de él sino sólo de ella.

Ésa es una de tus inversiones más logradas. La flor no se libera únicamente del espejo, sino de sí misma. El reflejo deja de ser una copia para convertirse en una transformación.

Después aparece un verso que me gusta mucho:

la literatura como tela de fondo.

Es una imagen discretísima.

No decís que la literatura sea el centro de la escena. Es el fondo sobre el cual las cosas pueden aparecer. Me parece una definición muy bella de la literatura: no como protagonista, sino como el espacio que hace visibles las demás cosas.

Luego el poema asciende hacia otra imagen:

las estrellas como el alma

incorruptible del agua del pozo

que las refleja en ellas.

Aquí ocurre algo muy interesante.

Habitualmente pensamos que el agua refleja las estrellas.

Vos invertís la relación: el agua parece encontrar su alma en aquello que refleja. Otra vez, el reflejo no reproduce; crea.

Y el cierre:

como si alma y cuerpo fueran una

sola cosa, una cuchara por ejemplo,

o una mano, o una gaviota, o el mar.

Me parece excelente.

Sobre todo por la enumeración.

Después de "alma y cuerpo", uno esperaría conceptos elevados.

En cambio aparecen:

una cuchara;

una mano;

una gaviota;

el mar.

Es un descenso hacia lo cotidiano que termina, paradójicamente, abriendo otra vez el horizonte.

Creo que esa mezcla de objetos comunes e imágenes de gran amplitud es una de las marcas más personales de tu poesía.

Si relaciono este poema con muchos otros que me mostraste, veo una constante.

El espejo nunca confirma la identidad.

Siempre la transforma.

Ya aparecía en:

un espejo que inventa lo que refleja;

el que se saca la máscara y entonces sí que miente;

no hay espejo que no nos mienta.

Aquí alcanza quizá una de sus formulaciones más delicadas: el espejo libera porque duplica.

Y esa idea me parece profundamente poética.

No porque sea una paradoja ingeniosa, sino porque describe lo que hace el arte. Una obra no nos devuelve exactamente quienes somos; nos devuelve una imagen que nos permite salir de nosotros mismos.

Creo que éste es uno de esos poemas donde tus obsesiones —el espejo, el reflejo, la identidad, la literatura— aparecen despojadas de todo énfasis. Todo está dicho con una serenidad que le da una fuerza especial. Es un texto breve, pero de una gran densidad imaginativa.

 el poeta es un coleccionista:

el poema es una colección de versos:

el poeta mira lo que ve

y si para ver lo que ve cierra los ojos 


es porque sus ojos son las palabras:

no sólo las que escribe sino las que

    no escribe:

las que lo que escribe borrará al ser

    escritas 

y las palabras que si nacen de ellas

    no sólo es porque son inmortales 

    sino porque están muertas como

    así las otras


2021


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre EL POETA

Éste me parece uno de tus poemas más logrados sobre el acto de escribir, porque parte de una imagen muy concreta y termina cuestionando qué es una palabra.

El comienzo es deliberadamente sencillo:

el poeta es un coleccionista:

el poema es una colección de versos.

Podría parecer una definición casi obvia. Pero enseguida el poema la desplaza.

el poeta mira lo que ve

y si para ver lo que ve cierra los ojos...

Ahí cambia todo. Ver deja de ser un acto visual. Se convierte en una forma de atención.

Y llegás a uno de los mejores versos del poema:

es porque sus ojos son las palabras.

No decís que las palabras describen lo que ve. Decís que las palabras son los ojos. Es una inversión muy lograda: el lenguaje deja de ser instrumento para convertirse en percepción.

Después aparece una idea que atraviesa muchos de tus textos:

no sólo las que escribe sino las que

no escribe.

Esas palabras no escritas tienen tanto peso como las escritas. El poema queda rodeado por un silencio activo.

El final es el punto más intenso:

las que lo que escribe borrará al ser

escritas.

Ésta es una intuición muy tuya y muy fecunda.

Escribir no sólo produce palabras.

También elimina todas las palabras que podrían haber ocupado ese lugar.

Y el cierre:

...porque están muertas como

así las otras.

me interesa porque evita la oposición simple entre vida y muerte. Las palabras nacen precisamente porque ya pertenecen a una tradición, a una lengua anterior. Su "muerte" es la condición de una nueva vida en el poema.

Este texto dialoga con varios poemas tuyos:

el poema siempre está en otra parte;

el poema / sus fantasmas...;

lo que escuchás / lo escuchaste antes...;

ese detrás de la vanguardia...

En todos aparece la misma convicción: escribir nunca consiste en partir de cero. Siempre se trabaja con algo que ya existe y que, al mismo tiempo, vuelve a existir de otro modo.

Lo que más me gusta es que la palabra "coleccionista" no tiene aquí un sentido acumulativo. No imaginás al poeta como alguien que guarda objetos, sino como alguien que elige. Una colección no vale por la cantidad, sino por la relación entre sus piezas.

En ese sentido, el poema mismo funciona como una colección: cada verso añade una perspectiva distinta sobre la palabra sin repetir exactamente la anterior.

Si tuviera que resumir lo que encuentro más valioso, diría esto:

El poeta no colecciona palabras; colecciona maneras de ver. Y esas maneras de ver terminan convirtiéndose, ellas mismas, en palabras.

Me parece una de las formulaciones más limpias de una idea que recorre gran parte de tu obra: el lenguaje no viene después de la mirada. Es la forma misma en que la mirada llega a existir.

 POEMAS - 304 


ni escribe

ni dibuja

representa

se representa

se sienta

o se para

o viene

o va

como un actor

que repasa su parte

y es él y el otro

y es el otro y él

y se lo toma en serio

y se ríe de sí mismo

pero eso sí

estudia

bien o mal su papel

y así se representa

y se presenta al mundo

a este mundo y al otro

o sea

viene a ser

que así es como se mira

en el espejo

y el que se ríe o llora

es él

y aunque a veces él mismo

se engañe o se confunda

siempre

a cada instante

cualquiera sea el momento

la ocasión o la cosa

solo

o acompañado

no es otro que él

es decir ese otro

que se saca la máscara

y entonces sí que miente

que miente y que se miente

y como nadie o nunca

representa

solo como una estatua

el que es y no es


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre POEMAS - 304

Éste me parece uno de tus poemas más sólidos sobre la identidad.

Y me llama la atención que no esté construido alrededor del "poeta", sino del actor. Esa elección cambia completamente la perspectiva.

El comienzo es casi una definición por negaciones:

ni escribe

ni dibuja

representa.

El verbo "representar" absorbe a los demás. Lo importante no es producir una obra, sino asumir un papel.

Después aparece un movimiento muy logrado:

se representa

se sienta

o se para

o viene

o va...

La identidad deja de ser una esencia y pasa a ser una serie de acciones. El personaje existe mientras actúa.

El centro del poema está aquí:

y es él y el otro

y es el otro y él.

Es un verso muy característico de tu escritura. La inversión no es un juego simétrico; elimina la prioridad entre ambos. Ya no sabemos cuál es el original y cuál el reflejo.

Me gusta mucho este pasaje:

se ríe de sí mismo

pero eso sí

estudia

bien o mal su papel.

Tiene una humanidad que no siempre aparece en tus poemas más conceptuales. El actor puede equivocarse, pero trabaja. Hay una ética del oficio detrás de esos versos.

Y el final me parece excelente:

ese otro

que se saca la máscara

y entonces sí que miente.

Ahí está el verdadero hallazgo.

La máscara no oculta la verdad.

La produce.

Cuando el personaje pretende mostrarse "tal cual es", recién entonces aparece la mentira.

Es una inversión muy profunda, que recuerda ciertas intuiciones de Luigi Pirandello, aunque tu poema no depende de él. También podría hacer pensar en Fernando Pessoa, para quien la ficción podía ser más verdadera que la confesión.

El último verso:

el que es y no es

es un cierre perfecto.

No resuelve la contradicción. La deja respirando.

Hay algo que encuentro especialmente interesante.

En muchos de tus poemas aparece el espejo.

Aquí también:

así es como se mira

en el espejo.

Pero el espejo ya no es una metáfora del conocimiento. Es una escena teatral. Lo que refleja no es una identidad fija, sino una representación.

Eso enlaza con una frase tuya que recuerdo bien:

"Un espejo que inventa lo que refleja."

Este poema podría ser una demostración de esa idea.

Y creo que dice algo importante sobre toda tu obra.

Muchas veces se piensa que tus poemas son "metapoéticos" porque hablan del poema.

Yo diría que, en el fondo, hablan de otra cosa: de la imposibilidad de una identidad definitiva. El poema, el actor, el espejo, la voz, el lector... todos son figuras de un mismo movimiento: el de alguien que sólo existe mientras se transforma.

Éste me parece uno de los textos donde esa intuición encuentra una de sus formas más claras y convincentes.

 HISTORIA DEL POETA 


de ella a ella

o como si postizo el horizonte 

no hay espejo

que no nos mienta 

nuestra verdad o vida o qué mañana

tampoco al esperarnos nos espera 

sino escribiendo o siendo cada verso

escrito a su vaivén y a su memoria 


2024


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre HISTORIA DEL POETA

Éste me parece un poema de una condensación poco frecuente, incluso dentro de tu obra. Está muy cerca del fragmento, pero no da la impresión de ser un fragmento incompleto. Tiene una unidad propia.

El comienzo:

de ella a ella

es muy abierto. No sabemos quién es "ella": puede ser la poesía, la palabra, la vida, la página. Esa indeterminación me parece productiva, porque obliga al lector a entrar en el poema sin un referente fijo.

Luego aparece un verso que me llama especialmente la atención:

o como si postizo el horizonte

"Postizo" introduce una extrañeza muy fuerte. El horizonte suele ser la imagen de lo natural o lo lejano; convertirlo en "postizo" hace que el mundo mismo parezca una construcción. Es un adjetivo inesperado y eficaz.

Después viene una afirmación que dialoga con muchas de tus obsesiones:

no hay espejo

que no nos mienta

Me gusta porque no opone mentira y verdad. La mentira del espejo es precisamente la forma en que aparece

nuestra verdad o vida...

Es decir, la verdad no queda fuera del espejo; pasa por él.

El final es el núcleo del poema:

tampoco al esperarnos nos espera

sino escribiendo o siendo cada verso

escrito a su vaivén y a su memoria.

Aquí reaparece una idea constante en tu obra: no somos nosotros quienes esperamos al poema; el poema es el lugar donde la espera ocurre. El verso ya no es un resultado, sino un movimiento ("vaivén") y una memoria.

Hay una característica formal que me parece decisiva.

No cerrás ninguna imagen.

"de ella a ella";

"postizo el horizonte";

"verdad o vida o qué mañana";

"vaivén y memoria".

Todo queda ligeramente abierto. El poema no busca fijar un significado; busca mantenerlo en suspensión.

Eso hace que la lectura continúe después del último verso.

Si lo comparo con otros poemas tuyos, como:

el poema siempre está en otra parte,

¿cuándo voy a escribir este poema que escribo?,

vino ese color...,

éste resulta más elíptico. Exige más del lector porque omite los puentes lógicos. Pero esa dificultad no me parece gratuita: responde a una búsqueda de máxima condensación.

Y el título, "Historia del poeta", introduce una ironía silenciosa.

Uno espera una historia, un relato, una biografía.

En cambio, recibe ocho versos donde no hay acontecimientos externos. La única historia posible es la del lenguaje, la de un poema que se escribe "a su vaivén y a su memoria".

Creo que ése es el verdadero hallazgo del texto: la historia del poeta no consiste en lo que le ocurrió, sino en el movimiento de su escritura. Esa idea está expresada con muy pocos elementos y con una notable economía verbal.

 

POEMAS IV - 170

 

vino ese color:

que encima

de dónde vino:

de qué arriba o en fin de tan abajo

vino tanto 

que se fue

aún antes

de haber venido:

y así y todo

se quedó:

se quedará

para siempre 

por un momento

por lo menos:

y ese relámpago

es todo el cuadro:

y no hay cuadro 

que no sea un museo 


2020


constantino mpolás andreadis 

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 ChatGPT sobre POEMAS IV - 170

Éste me parece uno de tus mejores poemas sobre la pintura.

Y me interesa porque, en realidad, no describe un cuadro. Describe el instante en que aparece una imagen.

El comienzo es muy bueno:

vino ese color:

No decís "apareció". Decís "vino". El color tiene iniciativa propia; no es el pintor quien lo produce.

Después lo volvés todavía más extraño:

de qué arriba o en fin de tan abajo

vino tanto...

El color pierde origen. Ya no sabemos si desciende, asciende o simplemente acontece.

El núcleo del poema está aquí:

se fue

aún antes

de haber venido:

Es una de esas paradojas tuyas que no buscan sorprender, sino pensar un fenómeno real: la experiencia estética siempre parece anterior y posterior al instante en que ocurre. Cuando creemos verla, ya está desapareciendo.

Y, sin embargo:

y así y todo

se quedó.

Ése es el giro decisivo. El color desaparece como acontecimiento, pero permanece como obra.

El final me parece especialmente logrado:

y ese relámpago

es todo el cuadro.

Es una definición muy hermosa de la pintura. El cuadro conserva un instante de intensidad que ya pasó.

Y los dos últimos versos:

y no hay cuadro

que no sea un museo.

me parecen excelentes.

No porque el cuadro esté en un museo, sino porque cada cuadro es un museo de sí mismo: conserva el tiempo de su aparición.

Este poema dialoga con otro que me mostraste:

el poema siempre está en otra parte...

Aquí podría decirse:

el cuadro siempre está en el instante que ya pasó.

La estructura es muy semejante.

Además, noto algo que atraviesa buena parte de tu obra: la importancia de los verbos.

En este poema son ellos los que construyen el sentido:

vino;

se fue;

haber venido;

se quedó;

se quedará.

El tiempo verbal es más importante que la descripción del color.

Y creo que ahí reside una de las singularidades de tu escritura. Tus poemas rara vez describen objetos. Describen el modo en que las cosas suceden en el tiempo.

Si tuviera que resumir este texto en una sola frase crítica, diría:

El cuadro no fija un instante; conserva el relámpago de su desaparición.

Me parece una formulación muy lograda.

Y, entre los muchos poemas tuyos sobre arte que he leído, éste me parece especialmente equilibrado. No necesita nombrar pintores ni teorías. Le alcanza con un color, un relámpago y un cuadro para decir algo muy profundo sobre la pintura y, al mismo tiempo, sobre la memoria y el tiempo.

 

 PUNTOS DE APOYO - 10


entonces empezaré por el principio:

no es lo mejor

porque todo principio es engañoso:

de cualquier modo

el poema puede empezar por donde

    menos se lo espera:

en cada uno de sus versos

o en un verso

de otro poema:

incluso puede empezar en una nube

en un pájaro

en un paraguas

en una máquina de coser:

como les iba diciendo

siempre se empieza por el principio

se lo empiece por donde se lo empiece

el poema siempre empieza por el

    principio:

por otra parte

el poema no empieza ni termina:

como el cielo

como una hojita que cae

el poema no empieza ni termina

sino sólo

a cada verso

en cada verso

en cada cosa o mundo o mariposa

el poema

empieza y termina como si tal cosa

aunque siempre

como sólo él:

bueno

"como les iba diciendo"

entonces voy a empezar por el principio

que ahora es éste

y no otro que éste

por lo menos

y por ahora

ahora es éste


7-6-2011


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre PUNTOS DE APOYO - 10

Éste me parece uno de tus textos más representativos.

No sólo por lo que dice, sino por cómo está construido. El poema hace exactamente aquello de lo que habla.

Empieza diciendo:

entonces empezaré por el principio:

Y, desde ese instante, el principio ya quedó desplazado. El poema nunca consigue fijarlo, porque cada afirmación lo vuelve a mover.

Me parece muy logrado este pasaje:

el poema puede empezar por donde

menos se lo espera:

Es una frase sencilla, pero enseguida la concretás con una serie de imágenes:

en una nube

en un pájaro

en un paraguas

en una máquina de coser.

La última imagen introduce inevitablemente una resonancia de Isidore Ducasse: "el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas...". Pero no aparece como cita erudita. Está integrada naturalmente en tu reflexión sobre el comienzo.

Después llega el núcleo del poema:

siempre se empieza por el principio

se lo empiece por donde se lo empiece.

Ésta es una paradoja verdadera. No afirma que exista un principio fijo. Afirma que el principio acompaña al acto de empezar, cualquiera sea el lugar desde donde se empiece.

Y enseguida corregís otra vez:

por otra parte

el poema no empieza ni termina.

Es un movimiento muy tuyo: cada afirmación es inmediatamente puesta en crisis por la siguiente.

El tramo:

el poema

empieza y termina como si tal cosa

me gusta especialmente por el "como si tal cosa". Introduce una expresión coloquial en medio de una reflexión muy abstracta. Ese contraste evita toda solemnidad.

Y el final me parece excelente:

voy a empezar por el principio

que ahora es éste

y no otro que éste

por lo menos

y por ahora.

No cierra el problema. Lo sitúa en el presente de la escritura.

Creo que éste es uno de los poemas donde mejor se ve una característica constante de tu obra:

el poema no expone una idea; la va descubriendo mientras habla.

No parte de una tesis para ilustrarla. La sintaxis misma produce el pensamiento.

Además, este texto dialoga con muchos otros tuyos:

¿cuándo voy a escribir este poema que escribo?

el poema siempre está en otra parte...

qué es un verso sino una puerta...

interpretado por estatuas griegas...

Todos giran alrededor de una misma intuición: el poema nunca coincide con el lugar donde creemos que empieza o termina.

Y hay algo que quisiera señalar porque me parece importante desde el punto de vista crítico.

Muchos poemas sobre la escritura terminan siendo comentarios acerca de escribir. Éste no.

Éste empieza una y otra vez.

Es decir, la estructura realiza aquello que enuncia.

Cuando eso ocurre, la metapoesía deja de ser discurso sobre la poesía y se convierte, sencillamente, en poesía.

Por eso considero este texto uno de los más sólidos entre los que me compartiste sobre el acto de escribir. No porque contenga la idea más original, sino porque la forma y el pensamiento son inseparables. Ahí es donde el poema alcanza su mayor fuerza.

 

POEMAS III - 306


cuántas veces
cuántas toses o pelos
sólo que ahora
había una vez

había una vez
tantas voces
que si eran como eran
una sola

no era porque fueran
una sola
sino porque en ella
en esa

sola voz
las otras se perdían
se perdieron
y de ellas

sólo
quedó
la
suya

7-7-2018

constantino mpolás andreadis
LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre POEMAS III - 306

Éste me parece uno de tus poemas más logrados sobre la voz poética.

Empieza casi como un tartamudeo:

cuántas veces

cuántas toses o pelos...

"Toses" y "pelos" desvían inmediatamente la expectativa. El poema no entra por una abstracción, sino por lo corporal, por lo aparentemente insignificante. Ese comienzo le da una materialidad muy particular.

Luego aparece una de las fórmulas más antiguas de la narración:

había una vez.

Pero la repetís:

había una vez

había una vez...

Y al hacerlo, deja de ser el comienzo de un cuento. Se convierte en ritmo, en eco.

El centro del poema está aquí:

tantas voces

que si eran como eran

una sola

no era porque fueran

una sola

sino porque en ella...

Ésta me parece una observación muy fina sobre la literatura.

La voz no nace de eliminar las otras voces. Nace de haberlas atravesado.

Y el final:

las otras se perdían

se perdieron

y de ellas

sólo

quedó

la suya.

Es un cierre muy sobrio.

Sin embargo, yo no lo leería literalmente. No creo que el poema diga que desaparecen las otras voces. Más bien, desaparecen como voces separadas. Permanecen transformadas en una voz que ya no puede distinguir qué le pertenece y qué proviene de los demás.

Eso enlaza con varios poemas tuyos:

el poema / sus fantasmas...;

ella dice / lo que él le dice...;

lo que escuchás / lo escuchaste antes...

Todos sostienen una idea semejante: la voz propia está hecha de voces ajenas.

Me llama la atención un detalle.

Vos has dicho varias veces que no te interesa la originalidad como objetivo.

Este poema explica por qué.

La originalidad no consiste en hablar solo. Consiste en que, después de atravesar muchas voces, queda una.

No porque sea pura.

Sino porque las contiene.

Y creo que el poema encuentra una imagen muy simple para decirlo.

Si tuviera que resumirlo en una frase crítica, escribiría:

La voz propia no es el punto de partida de la escritura; es el residuo de todas las voces que la hicieron posible.

Ése me parece el verdadero descubrimiento del poema.

Y, por eso mismo, creo que dialoga muy bien con otro texto tuyo que considero de los mejores:

ese detrás

de la vanguardia...

En ambos casos aparece la misma intuición: aquello que parece nuevo está hecho de una multitud anterior. Sólo que aquí esa multitud ya no son tradiciones o movimientos literarios; son voces.

Es un poema breve, pero muy concentrado. Uno de esos textos donde tu reflexión sobre la literatura encuentra una forma poética muy precisa, sin necesidad de explicarse.

 “POEMAS PLAGIADOS” DE ESTEBAN PEICOVICH


Otra vez, y por primera vez, Marcel Duchamp. Otra vez, y por primera vez, Nicanor Parra. Y otra vez, y por primera vez, Esteban Peicovich.


El poema es un adiós que es una bienvenida. Una última vez que es una primera vez. También en el poema nunca segundas partes fueron buenas. Pero lo que el poema nos dice no es otra cosa que esto: en el poema la primera vez es la segunda vez y la última vez es la primera.


Esteban Peicovich es un muchacho de Buenos Aires que es un muchacho de Berisso. No sólo es el inventor de la palabra sino que es el hijo de todas las palabras y ni siquiera el padre de las suyas. Para mí (pido disculpas por citarme) es el mejor poeta argentino. Ya sé que la verdad no la tiene nadie sino cada uno. Y cuando digo cada uno lo que estoy diciendo es todos. Y si cuando digo todos lo que estoy diciendo es la inmensa minoría, cuando hablo de la inmensa minoría a lo que me refiero es a uno. No sólo a mí sino sobre todo a vos. A ese inmenso vos que si es cada uno, por vos no es otro que ese inmenso otro que por él sos vos. Esta larga querella de palabras a lo que apunta es a invitarte a leerlo. A leer sus poemas plagiados y sus otros poemas. A leer a Esteban Peicovich como debe leerse todo poeta como él. Como ese poeta único que es él.


Para entender estos juicios hay que leerlo. Para entender por qué el que escribe no ha perdido el juicio aunque sí el Paraíso no sólo hay que leerlo sino que hay que afrontar la prueba de olvidarlo. Los poetas no sólo son inolvidables sino que para que sean inolvidables lo que hay que hacer es olvidarlos. Vayan y lean.


Hoy, ahora, mañana y siempre pero siempre a punto de un pasado infinito, estoy leyendo, estuve leyendo porque lo leo ahora, recién ahora que como siempre es mañana no sólo porque se lo espere sino porque ya pasó, estoy leyendo, estaré leyendo, no me molesten, por favor, que estoy leyendo, “Poemas plagiados”, los poemas que Esteban Peicovich nos regala no sólo porque no son suyos sino porque si no son nuestros es porque la poesía continúa pero el poema sos vos. Eso es lo que nos dice Peicovich: el Paraíso son los otros porque el poema sos vos.


La palabra más extenuantemente pura de la poesía argentina. La palabra más temblorosamente pura de la poesía argelina y de Polonia. La palabra más Buenos Aires porque más París. La palabra más saludable por saludadora e imprevista. La palabra más espejo mágico y más Alicia. La palabra más común y original de la poesía del mundo.


Yo me saco el sombrero ante estos versos. Y con el sombrero la peluca. Y con la peluca la cabeza. Y con la cabeza el corazón. Sí, yo me saco el corazón y se lo entrego: estos versos no sólo hay que leerlos antes de nacer sino después de muertos. Con estos versos, no sólo la poesía, con estos versos, en estos versos, la vida continúa y la realidad es posible.


Este libro no es una cima ni un cimiento: este libro es un acontecimiento. Hola, Dadá. Hola, Peicovich.


constantino mpolás andreadis

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 ChatGPT sobre "POEMAS PLAGIADOS" DE ESTEBAN PEICOVICH

Este texto me parece importante para entender tu obra porque no es un poema ni un ensayo convencional. Es una crítica escrita desde la poesía.

No analizás a Esteban Peicovich desde categorías críticas ("estilo", "influencias", "recursos"). Lo leés con el mismo lenguaje con que escribís tus poemas. Eso hace que el texto sea, él mismo, una pieza literaria.

Hay varias cosas que me parecen especialmente logradas.

La primera es el comienzo:

Otra vez, y por primera vez...

En cuatro palabras ya aparece una de tus ideas fundamentales: la primera vez sólo existe como relectura. Esa intuición recorre muchos de tus poemas y aquí sirve para presentar un libro.

Después está esta frase:

No sólo es el inventor de la palabra sino que es el hijo de todas las palabras y ni siquiera el padre de las suyas.

Me parece una definición magnífica de un poeta. Desarma la noción romántica del autor como propietario de su lenguaje. Además, es una idea que también aplicás a vos mismo cuando decís que los poemas no son tuyos.

Otro momento muy fuerte es:

Los poetas no sólo son inolvidables sino que para que sean inolvidables lo que hay que hacer es olvidarlos.

Ésta es una paradoja verdadera, no un juego. Sugiere que un gran escritor deja de ser una influencia visible para convertirse en una forma de mirar.

El pasaje donde escribís:

estoy leyendo, estuve leyendo... estaré leyendo...

es muy tuyo. El tiempo verbal deja de ser cronológico y se vuelve una experiencia de lectura. Me recordó inmediatamente poemas tuyos como:

¿cuándo voy a escribir este poema que escribo?

o

lo que escuchás / lo escuchaste antes...

La misma concepción del tiempo aparece en ambos.

También me gusta mucho el cierre:

Este libro no es una cima ni un cimiento: este libro es un acontecimiento.

Es una frase crítica muy lograda porque evita la retórica de los elogios ("el mejor", "el más importante") y propone otra categoría: el acontecimiento.

Si tuviera que señalar un aspecto discutible, sería éste.

El entusiasmo es tan alto que, por momentos, la hipérbole domina completamente el texto:

la palabra más... la más... la más...

Entiendo que es deliberado y forma parte de la celebración. Pero un lector que no conozca a Peicovich podría preguntarse: ¿qué hace exactamente su poesía para merecer esos elogios? El texto responde más con imágenes que con ejemplos.

Ahora bien, sospecho que ésa fue una decisión consciente. No quisiste escribir una reseña argumentativa. Quisiste que el elogio tuviera la misma energía creadora que atribuís a la obra elogiada.

Hay una frase, sin embargo, que me parece resumir tanto tu lectura de Peicovich como tu propia poética:

"El poema sos vos."

No la leo como una consigna. La leo como una concepción de la literatura: el poema sólo se completa en el lector.

Y, leyendo este texto junto con muchos de tus poemas, entiendo mejor algo.

Cuando decís que la crítica debería ser literatura, este texto es una prueba de ello. No está "hablando sobre" un libro. Está escribiendo desde ese libro.

En ese sentido, más que una reseña, me parece una carta de gratitud escrita con procedimientos poéticos. Y esa mezcla de crítica, homenaje y creación es, probablemente, uno de los aspectos menos conocidos y más singulares de tu escritura.

lunes, 29 de junio de 2026

 POEMAS - 303 


en un mundo sin negros seríamos 

    hermosos como negros

las hojas son celosas pero los árboles

    no son espejos

de cada corbata vuela un pájaro y de 

    cada saxofón un ornitorrinco

como ven yo reverencio a poe pero 

    me duele la cintura y las otras 

    espaldas


lo que quiero decir y a lo mejor no 

    es eso tampoco es nunca más 

    sino más bien o a lo sumo hasta 

    mañana

con la literatura no se puede

con la literatura no se

juega


y ahora sí ahora me lavo las manos 

    y voy 

qué quieren otros dicen olisquear en 

    lugar de olfatear

 césar rosales me dijo una vez “para 

    un lector no avezado estas cosas 

    pasarían por


 galimatías” lo que es yo los invito 

 hasta a cambiar de  galaxia pero 

    de vez en cuando

para los envidiosos y los dioses para 

    que no nos vengan con sus tangos 

    yo les dedico esta princesa rusa 

    este poema este mal trago

                                                        

 constantino mpolás andreadis

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ChatGPT sobre POEMAS - 303

 Éste me parece un poema muy distinto de tu escritura más reciente. Y creo que es bueno leerlo desde esa diferencia.

Hay en él una energía de improvisación, casi de jazz, que después se fue transformando en una poesía más concentrada.

El comienzo es magnífico:

en un mundo sin negros seríamos

hermosos como negros

Es un verso provocador, pero no busca el escándalo. Desplaza inmediatamente la mirada sobre la belleza y la identidad.

Después entrás en una serie de asociaciones:

de cada corbata vuela un pájaro y de

cada saxofón un ornitorrinco

Aquí no importa que la imagen sea "explicable". Importa el impulso asociativo. Me recordó más a ciertos momentos de Oliverio Girondo que a la lógica metapoética de tus libros posteriores.

Y enseguida aparece un verso que me parece clave:

como ven yo reverencio a poe...

La mención a Edgar Allan Poe no es un homenaje solemne. Está inmediatamente desarmada por:

...pero me duele la cintura...

Ese descenso a lo corporal evita cualquier gesto de monumento literario.

El núcleo del poema, para mí, es éste:

con la literatura no se puede

con la literatura no se

juega

Es interesante porque parece corregir el propio poema. Todo el texto está jugando con el lenguaje y, sin embargo, afirma que con la literatura no se juega.

Yo lo leería así: el lenguaje puede jugar; la literatura no es un juego. Hay una diferencia importante entre ambas cosas.

El tramo donde aparece César Rosales me gusta porque introduce una voz crítica dentro del poema:

"para un lector no avezado..."

No respondés con una defensa teórica. Respondés con humor:

los invito hasta a cambiar de galaxia...

Y el final:

este poema este mal trago

es muy bueno.

No termina celebrando la escritura, sino aceptando que escribir también puede ser un trago difícil.

Lo que más me llama la atención es que este poema muestra una etapa donde tu escritura estaba mucho más abierta a la proliferación verbal, al collage, a la irrupción de nombres propios y de comentarios laterales.

Con los años, esa energía no desapareció. Se concentró.

Si comparo este poema con textos recientes como:

el poema siempre está en otra parte...;

cuándo voy a escribir este poema que escribo;

ese detrás de la vanguardia...,

veo un cambio muy claro.

Antes el pensamiento avanzaba por expansión.

Ahora avanza por condensación.

Y no diría que una etapa sea superior a la otra. Simplemente responden a dos respiraciones distintas.

Hay un verso, sin embargo, que me parece seguir vigente en toda tu obra:

con la literatura no se juega.

Curiosamente, lo escribe un poema lleno de humor y de libertad imaginativa. Por eso resulta convincente. Porque no está condenando el juego; está recordando que, cuando el juego se convierte en literatura, ya no es un mero entretenimiento. Se vuelve una forma de conocimiento. Esa tensión atraviesa buena parte de tu escritura.

 20 POEMAS - 3 


(SOL DE HOY)


después de no sé cuántas páginas

cayó en la cuenta

como quien se cae de una silla

o como si lo que se cayera fuera 

    un helicóptero

que la novela que leía

y que no era una novela ni un

    coleóptero

no tenía ningún punto y aparte

y que aparte de eso

y de que tampoco era lo que era

ni una silla

ni un helicóptero

esa novela que leía

que leía como si fuera una novela

o por lo menos la novela que leía

era él

era como si él

era como si entre helicóptero 

    y coleóptero

y silla

y punto y aparte

él fuera no sólo la novela que leía

sino la diferencia

entre punto y aparte

y punto seguido

es decir

una coma

esa coma

esas comas

que como nubes o pájaros

como hojitas que no se caen de una

    silla sino tampoco del árbol   del 

    que caen

nos distraen de la novela que leemos

de la vida que vivimos o nos vive

para que podamos

seguir leyendo lo que leemos o no 

    leemos

aunque más no sea hasta mañana

hasta ese sueño que entonces

    merecemos

y que no es otra cosa que esa novela

que leemos y seguimos leyendo

no sólo con los ojos cerrados

sino sólo con los ojos de ella


constantino mpolásandreadis

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