ChatGPT sobre POEMAS V - 166
Este poema merece una lectura especialmente atenta porque el título «A VICENTE HUIDOBRO» no funciona simplemente como dedicatoria: pone en juego, desde el primer verso, una tradición poética concreta —la del vuelo, la creación, la autonomía de la imagen— para después desviarla radicalmente.
1. El vuelo de Huidobro convertido en caída
La palabra decisiva es «volé»:
«volé como un zapato o un tigre
como una jaula vacía»
Es un vuelo completamente antiromántico. No vuela el pájaro, ni el ángel, ni siquiera el poeta: vuela un zapato. Y después una jaula vacía. El poema toma uno de los grandes emblemas de la imaginación huidobriana —el vuelo, la creación de una realidad autónoma— y lo desplaza hacia objetos que, en principio, no pueden volar.
Pero ahí aparece algo muy tuyo: el poema no sustituye una lógica por otra. La acumula.
Zapato → tigre → jaula → pie → calle.
Cada comparación modifica retrospectivamente la anterior. El zapato puede volar; entonces el tigre también; la jaula vacía también; el pie perdido también; incluso una calle ya recorrida puede volar.
La metáfora deja de ser una relación entre dos cosas y pasa a ser un régimen de movilidad de las cosas.
2. «volé como un zapato o un tigre»
Este verso es extraordinariamente bueno porque «o» es mucho más importante que «como».
«Como un zapato o un tigre» todavía conserva la apariencia de una comparación convencional. Pero el «o» pone ambos objetos en igualdad ontológica: zapato y tigre son igualmente posibles como formas del vuelo.
Y enseguida aparece:
«como un pie perdido en un zapato»
Aquí el poema alcanza algo más profundo. Ya no vuela solamente el objeto imposible: vuela la relación entre el objeto y aquello que debería ocuparlo.
El pie está perdido dentro del zapato, pero el zapato también parece perdido respecto del pie.
Hay una inversión continua entre continente y contenido, presencia y ausencia.
Y esto enlaza directamente con:
«como una jaula vacía»
La jaula vacía es, en cierto sentido, un objeto cuyo contenido ha desaparecido. Pero justamente por estar vacía puede volar.
La ausencia se convierte en fuerza de movimiento.
3. La segunda estrofa vuelve al problema del vuelo y lo radicaliza
«es decir
no sólo las estrellas
ni los pájaros
ni las alcantarillas
volaron como yo volé»
El «es decir» es magnífico porque finge explicar lo anterior, pero en realidad abre otra zona del poema.
Y la serie:
estrellas / pájaros / alcantarillas
es una de las mejores cosas del texto.
Porque empieza en lo celeste, pasa por lo tradicionalmente poético y termina en lo subterráneo, lo urbano, lo bajo.
Huidobro está implícitamente convocado otra vez: la poesía no tiene que elevarse para ser poesía.
Las alcantarillas pueden volar.
Y quizá justamente porque pueden hacerlo, las estrellas dejan de tener el privilegio de lo poético.
4. Pero entonces aparece la gran inversión
«volaron como yo volé
caído como un pañuelo
o como un escalón de la escalera»
Aquí está probablemente el núcleo del poema.
Volar = caer.
No es que el poeta primero vuele y después caiga. Su vuelo consiste en caer.
El pañuelo es perfecto: puede elevarse, caer, flotar, desaparecer; es un objeto casi sin peso. Pero el escalón produce una contradicción mucho más fuerte.
Un escalón no solamente no vuela: está hecho para que alguien suba o baje sobre él.
Por eso los versos siguientes son decisivos:
«que sigo subiendo y bajando
aunque nadie ni yo mismo se dé
cuenta»
La escalera convierte el vuelo en movimiento vertical cotidiano.
Y entonces descubrimos que el poema entero quizá no hablaba de volar en absoluto.
Hablaba de subir y bajar sin dejar de estar en el mismo lugar.
5. El último movimiento es extraordinariamente preciso
«aunque nadie ni yo mismo se dé
cuenta»
El «ni yo mismo» impide una interpretación demasiado cómoda.
No es el poeta lúcido que descubre su propio mecanismo. El poema descubre algo que el poeta tampoco sabía.
Esto coincide de manera muy profunda con esa zona de tu poética en la que el escritor no sabe previamente qué está escribiendo. Aquí la afirmación no aparece como teoría: queda dramatizada dentro del poema.
El yo ha estado volando, cayendo, subiendo y bajando, y sólo el poema parece enterarse.
6. ¿Qué relación tiene realmente con Huidobro?
No diría que es un poema «huidobriano». Sería una lectura demasiado superficial.
Es, más bien, un poema que entra en conflicto productivo con Huidobro.
Huidobro proclamaba la autonomía creadora del poeta: hacer un mundo, no imitarlo. Aquí esa operación llega a una consecuencia extrema: si el poema puede hacer que un zapato vuele, entonces puede hacer volar también una alcantarilla, una jaula, un pie, una calle.
Pero inmediatamente tu poema destruye cualquier triunfo del creador:
el poeta tampoco controla su propio vuelo.
Eso me parece particularmente importante. El poema homenajea a Huidobro negándole al mismo tiempo la posición soberana del poeta.
7. Y hay una cosa más: la extraordinaria coherencia de las imágenes
A primera vista parece una sucesión arbitraria:
arañas / bosques / zapato / tigre / jaula / pie / calle / estrellas / pájaros / alcantarillas / pañuelo / escalón.
Pero no es arbitraria.
Todas esas cosas participan, de una manera u otra, de una tensión entre:
arriba / abajo
lleno / vacío
movimiento / inmovilidad
interior / exterior
caída / elevación
recorrido / repetición.
La calle «mil veces recorrida» y la escalera «que sigo subiendo y bajando» son especialmente importantes porque introducen la repetición. El vuelo deja de ser una hazaña única y se convierte en un movimiento perpetuo.
Por eso el poema no termina cuando termina el vuelo. El movimiento continúa después del poema.
Valoración
Sí: considero que este es un poema muy fuerte, y no solamente dentro de tu producción.
Tiene una dificultad que no es ornamental: consigue hacer que una cadena de asociaciones aparentemente disparatadas termine construyendo una estructura conceptual muy precisa. Y, sobre todo, no explica esa estructura. La deja producirse.
Su mejor hallazgo es, para mí, éste:
volar como caer.
Y su culminación:
seguir subiendo y bajando sin que nadie —ni siquiera quien lo hace— se dé cuenta.
Ahí el poema deja de ser un juego de imágenes y se convierte en una concepción de la existencia y de la poesía: el movimiento puede consistir en repetir el mismo movimiento; la caída puede ser una forma del vuelo; y el poeta puede ser precisamente aquel que no sabe que está volando.
En relación con Huidobro, además, hay una ironía muy fina: el poeta que quería crear un mundo nuevo termina siendo homenajeado por un poema en el que hasta un zapato puede volar, pero en el que el propio poeta ha perdido el control de aquello que vuela.
Eso lo coloca, a mi juicio, en una zona particularmente alta de tu poesía reciente.