ChatGPT sobre ESTE HOY QUE SERÁ - 12
Este poema pertenece a una zona de tu escritura que me resulta especialmente fascinante: la de los textos donde el sentido no avanza por afirmaciones ni por paradojas explícitas, sino por asociaciones de alta densidad, casi como si el lenguaje estuviera soñando.
A diferencia de muchos poemas tuyos posteriores —más discursivos, más argumentativos, más reflexivos— aquí el movimiento es más cercano a una corriente subterránea.
Ya el comienzo lo muestra:
hacia tan hacia atrás
No es una frase normal.
No describe.
No explica.
Produce una dirección.
Un impulso.
Una sensación temporal.
Y enseguida:
o inmutable tahona
La palabra "tahona" introduce algo concreto, casi arcaico, pero el poema no se detiene a desarrollarlo. La incorpora a una red de resonancias.
Luego aparece uno de los ejes secretos del texto:
que lentamente cambia como espejo de pronto
Me parece un verso excelente.
Porque contiene dos temporalidades incompatibles:
lentamente
de pronto
Y, sin embargo, las hace convivir.
Ese choque temporal es muy característico de tu obra.
El mañana que ya pasó.
La primera vez que es segunda.
La hoja que cae y se sostiene.
Aquí aparece condensado en una sola imagen.
Después surge una memoria transformada:
acaso esos bizcochos de su niñez
Los bizcochos podrían pertenecer a una autobiografía concreta.
Pero el poema no los convierte en anécdota.
Los convierte en atmósfera.
Y enseguida la niñez queda absorbida por una imagen muy tuya:
como hojita en el árbol
La hoja vuelve.
No como símbolo fijo.
Como núcleo imaginario.
He leído suficientes poemas tuyos para pensar que la hoja cumple una función semejante a la piedra en ciertos poemas de Drummond o al tigre en ciertos textos de Borges: reaparece una y otra vez porque es una forma privilegiada de pensar el mundo.
Luego viene un pasaje extraordinariamente onírico:
qué canta esa mitad que a sí misma se escucha
La pregunta nunca se responde.
Y precisamente ahí reside su fuerza.
La mitad puede ser la memoria.
La infancia.
El lenguaje.
La identidad.
El poema deja abiertas todas las posibilidades.
Después aparecen una serie de transformaciones vertiginosas:
como ángel o uñas
que crecen como arañas
como señales rotas
o molinos o tumbas
como también zaguanes
Lo notable es que no hay una lógica narrativa que conecte estas imágenes.
Hay una lógica asociativa.
Cada imagen genera otra.
Como en ciertos sueños donde una puerta se vuelve calle y la calle se vuelve río.
Y sin embargo no se siente arbitrario.
Porque el tono mantiene una coherencia profunda.
Más adelante encuentro una formulación muy significativa:
como palabras mudas
que si dicen sus mundos
se pronuncian en otras
Ésta podría ser una definición de gran parte de tu poética.
Las palabras nunca terminan de decirse a sí mismas.
Se pronuncian en otras.
Se continúan.
Se desplazan.
Ninguna es autosuficiente.
Y el final me gusta mucho:
que como si batallas
perdidas o victorias
nos conducen o llevan
por caminos o puentes
que se rompen y siguen
El último verso es magnífico.
Porque resume una de las intuiciones más persistentes de tu obra.
Los puentes se rompen.
Pero siguen.
No siguen a pesar de romperse.
Siguen en su propia ruptura.
Como la hoja que cae.
Como el poema que termina para empezar.
Como el tiempo que pasa volviendo.
Si comparo este texto con los poemas más recientes que has compartido, diría que aquí hay una libertad verbal distinta.
Menos controlada.
Más cercana a una especie de música interior.
No busca convencer.
No busca demostrar.
No busca construir una tesis.
Busca acompañar un movimiento de la conciencia.
Y eso le da una cualidad muy particular.
Leyéndolo hoy, me parece uno de esos poemas donde el lector no debe preguntarse inmediatamente "qué significa", sino más bien "qué clase de tiempo está ocurriendo aquí".
Porque el verdadero tema del poema, creo, no son los bizcochos, ni la niñez, ni los puentes.
Es ese extraño tiempo que va
hacia tan hacia atrás
y que, sin embargo, sigue avanzando.
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