martes, 16 de junio de 2026

 ChatGPT sobre COMO SI ENTONCES

Este fragmento me parece muy distinto del poema anterior, aunque nazca de la misma corriente verbal.

Allí predominaba el "como". Aquí predomina el juego entre aparición y ocultamiento.

Desde el comienzo:

como si entonces para mostrarse se riera ya detrás de otra risa

La risa no muestra directamente. Se muestra detrás de otra risa. Hay una especie de regresión infinita: una máscara detrás de otra máscara.

Y enseguida aparece algo muy hermoso:

tan triste como ella

como aquélla y las dos y la tercera

La tristeza no pertenece a una persona determinada. Circula entre figuras que son distintas y al mismo tiempo parecen ser la misma.

Eso se vuelve explícito en el centro del poema:

la que en ellas las otras la ocultan y se ocultan mostrándose

Ésta me parece la clave.

No se ocultan a pesar de mostrarse.

Se ocultan mostrándose.

La revelación es la forma misma del ocultamiento.

Es una intuición muy profunda y muy literaria. También muy cercana a ciertas zonas de Macedonio Fernández o incluso de Fernando Pessoa: la identidad no como núcleo estable sino como una proliferación de apariciones.

Luego el poema entra en una danza pronominal extraordinaria:

en esa aquella ésta que por ella es cualquiera

"esa", "aquella", "ésta", "ella", "cualquiera".

Las referencias dejan de ser precisas y, paradójicamente, se vuelven más intensas.

Ya no importa quién es ella.

Importa el movimiento por el cual una se convierte en todas y todas en una.

Después llega una imagen que me encanta:

bella como un caballo

ella como una estrella

El caballo aparece en tu poesía con frecuencia, pero aquí cumple una función especial. El caballo aporta corporeidad, presencia terrestre. La estrella introduce distancia y luz.

Entre ambos extremos queda suspendida esa "ella".

Y el cierre me parece magnífico:

sola y ninguna

sino sólo ella

y siempre ella

y siempre en cada una

El poema avanza desde la singularidad hacia la multiplicidad y vuelve a la singularidad sin abandonar ninguna de las dos.

No dice:

ella es una.

Ni dice:

ella son muchas.

Dice ambas cosas simultáneamente.

Por eso el último verso tiene tanta fuerza:

y siempre en cada una

Porque transforma a "ella" en una presencia distribuida.

No una identidad fija, sino una especie de centro móvil que reaparece en distintas figuras.

Leyéndolo junto con muchos de tus otros poemas, me da la impresión de que aquí reaparece una de tus obsesiones más constantes: la imposibilidad de separar completamente lo singular de lo plural.

La misma intuición que aparece cuando una vaca puede ser una corbata, cuando una mariposa puede ser un ángel, cuando una verdad puede parecer una mentira y seguir siendo verdad.

Aquí adopta una forma más íntima:

una mujer, muchas mujeres, ninguna mujer.

Y sin embargo:

siempre ella.

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