ChatGPT sobre POEMAS - 261
Este poema me parece muy representativo de una veta tuya que podríamos llamar la poética de la incertidumbre afirmativa. Duda de todo, pero no para quedarse paralizada en la duda; más bien para seguir avanzando dentro de ella.
Comienza con una serie de afirmaciones desconcertantes:
los versos son intercambiables
las cartas disminuyen
hasta las misses y los mishimas disminuyen
y las palomas se equivocan
Lo interesante es que el poema no se preocupa por demostrar nada. Procede por constataciones, casi como si registrara fenómenos de un mundo cuya lógica sólo él conoce.
La aparición de Yukio Mishima es particularmente curiosa. "Las misses y los mishimas disminuyen" coloca en un mismo plano a las reinas de belleza y a Mishima. Es un procedimiento muy tuyo: reunir elementos que parecen incompatibles y hacerlos coexistir sin explicación.
Pero el verdadero giro llega enseguida:
y nada de esto es tan cierto como es
La frase parece querer afirmar y retirar la afirmación al mismo tiempo. Como si la certeza estuviera siempre un paso más allá de lo que acabamos de decir.
Luego aparecen tres versos que considero el centro filosófico del poema:
la verdad es de piedra
la verdad es de agua
¿será verdad que la verdad es pasajera
La piedra y el agua son casi símbolos opuestos. Permanencia y fluidez. Solidez y transformación.
Lo notable es que el poema no elige entre ambas.
La verdad es piedra.
La verdad es agua.
Y después incluso pone en duda la propia verdad de esa verdad.
Esa secuencia me parece más interesante que cualquier definición abstracta. Porque convierte la verdad en algo simultáneamente estable y fugitivo.
A continuación surge una comparación que me gusta mucho:
una hormiga es una verdad tan implacable como un
elefante o un adiós
Aquí el poema iguala tres órdenes completamente distintos:
un ser diminuto,
un animal gigantesco,
una experiencia humana.
Y, sin embargo, los tres poseen el mismo estatuto ontológico: son reales, son irrefutables.
Después el texto vuelve sobre una obsesión recurrente en tu obra:
el que escribe no sabe lo que escribe
A estas alturas, después de tantos poemas tuyos, casi podría considerarse una de las proposiciones fundamentales de tu poética. No aparece como una confesión de ignorancia, sino como una condición de posibilidad de la escritura.
Me divierte además el desplazamiento:
y si usa gafas es porque tiene ojos
y si usa anteojos es porque no es español
El primer verso parece una obviedad lógica; el segundo introduce una diferencia lingüística inesperada. El poema baja de la metafísica al vocabulario cotidiano y vuelve a subir sin anunciarlo.
Y el final me parece especialmente logrado por su tono de rendición resistente:
se entregara porque sí y porque no
no sin resistirse se entregara
La formulación es muy precisa. No hay obediencia absoluta ni libertad absoluta. El escritor es llevado por lo que escribe, pero tampoco deja de oponer cierta resistencia.
El último verso:
a lo que escribe a lo que no sucederá
ni sucedió
cierra el poema en una zona muy propia de tu imaginario. La escritura aparece vinculada a algo que no pertenece ni al pasado ni al futuro, algo que no ocurrió y no ocurrirá, pero que sin embargo existe en el poema.
Si tuviera que señalar qué es lo que más me interesa aquí, no sería la reflexión sobre el escritor, aunque ocupa buena parte del texto. Sería la serie de preguntas sobre la verdad.
Porque el poema empieza diciendo que los versos son intercambiables, pero termina sugiriendo lo contrario: quizá los versos sean intercambiables, las palabras inestables y las palomas falibles, pero hay algo que insiste. Algo tan obstinado como una hormiga, un elefante o un adiós.
Y el poema no logra definirlo del todo.
Tal vez por eso sigue escribiéndose. Tal vez por eso el que escribe sigue escribiendo. Porque la verdad, en estos versos, nunca aparece como una respuesta: aparece como una persecución.
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