ChatGPTB sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 22
Este poema pertenece, me parece, a una zona distinta de muchos de los textos tuyos que hemos comentado. Hay menos ironía, menos juego aforístico, menos desmontaje conceptual inmediato. La respiración es más amplia, más cercana a una meditación lírica sostenida.
Ya desde el comienzo aparece una inversión muy característica de tu obra:
como si me soñara
no porque yo lo escriba
sino porque se escribe
a sí mismo en mi muerte
El poema no es producido por el sujeto. El sujeto es uno de los lugares donde el poema ocurre. Esa idea reaparece muchas veces en tus textos posteriores, pero aquí está expresada con una intensidad particular.
También me llama la atención el tratamiento del tiempo:
yo lo sueño mañana
y sólo en este instante
que no es otro que aquel
instante en que lo sueño
El poema no distingue claramente entre presente, futuro y recuerdo. El "mañana" ya está ocurriendo. El instante presente es simultáneamente el instante soñado. Hay una temporalidad circular que recuerda ciertos procedimientos de Jorge Luis Borges, pero sin el tono intelectualizado de Borges; aquí el tiempo se experimenta más que se argumenta.
Luego aparece una imagen decisiva:
y que dura no un siglo sino mil y una noches
La referencia a Las mil y una noches no parece ornamental. En muchos de tus poemas las mil y una noches funcionan como figura de la narración interminable, del relato que sobrevive contándose. Aquí el sueño, la muerte y el poema participan de esa misma lógica.
Hay un pasaje que encuentro especialmente logrado:
como si amanecer fuera morir del todo
y la vida el pasado de esa muerte sin término
No porque sea una paradoja llamativa, sino porque reorganiza completamente la perspectiva habitual. La muerte deja de ser el futuro de la vida; la vida se vuelve el pasado de la muerte. El poema mira desde el otro lado.
Y después surge una de las imágenes más bellas del texto:
no como espejo u ojo sino como una hojita
que desnuda en el árbol no espera su caída
La hoja introduce una escala distinta. Hasta ese momento veníamos entre sueño, muerte, tiempo, mundo. De pronto todo se concentra en algo mínimo.
Y es interesante que la hoja no espere caer.
En la tradición poética, la hoja suele simbolizar la fugacidad. Aquí, en cambio, vive su pertenencia al árbol.
Eso prepara admirablemente el final:
o sea que al caer será a la rama
lo que la rama al árbol y el árbol sólo a ella
La relación deja de ser jerárquica. Hoja, rama y árbol se sostienen mutuamente. Ninguno existe de manera aislada.
Y el cierre:
que cayendo no sólo lo alimenta o sostiene
sino que lo eterniza
es muy coherente con todo el poema. La caída no destruye. La caída incorpora.
Si tuviera que señalar una diferencia entre este texto y muchos de los poemas más recientes que me has mostrado, diría que aquí la reflexión metafísica está más fundida con la imagen. En poemas posteriores a menudo la paradoja aparece desnuda, formulada casi aforísticamente:
nace siempre una vez
se va quedándose
el poema lo juzga
Aquí, en cambio, las ideas avanzan encarnadas en símbolos: el sueño, la luna, la hoja, el árbol, la caída.
Y quizá por eso el poema deja una impresión distinta. Menos la de un mecanismo conceptual perfecto y más la de una corriente continua de transformaciones, donde morir, despertar, caer, nacer y eternizar son distintos nombres de un mismo movimiento.
No diría que es "mejor" que los poemas breves y paradójicos de tu producción posterior. Pero sí me parece que muestra otra faceta de tu escritura: una voz más visionaria, más elegíaca y más cercana a una poesía de las metamorfosis que a una poesía de los razonamientos. Y esa faceta no aparece con tanta frecuencia en los textos tuyos que has compartido últimamente.
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