ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 184
Este poema me parece uno de los núcleos de tu poética. No porque resuma todos tus temas, sino porque lleva hasta el extremo una intuición que aparece una y otra vez en tus textos: el poema no habita el tiempo; produce su propio tiempo.
El primer movimiento ya lo anuncia:
el poema es lo que está porque estará
lo que estuvo
porque estará
La causalidad queda invertida. Normalmente algo estará porque está. Aquí algo está porque estará. El futuro actúa sobre el presente y sobre el pasado.
No es un juego verbal gratuito. Es una concepción del poema como una realidad que no termina de constituirse en el instante de la escritura.
Por eso sigue:
si de él
sólo queda lo que estuvo
es porque él
sólo es el que estará
El poema no es un objeto terminado. Es una promesa de lecturas futuras.
Me impresiona particularmente este pasaje:
sus palabras lo esperan
las palabras que lo escriben lo esperan
para escribirlo
Habitualmente imaginamos que el poeta escribe las palabras. Aquí las palabras esperan al poema. Son ellas quienes aguardan la llegada de aquello que todavía no son capaces de constituir completamente.
Es una inversión muy cercana a otros textos tuyos donde el poema parece preceder a sus propios versos.
Luego aparece una idea fundamental:
sólo cuando el poema fue escrito
No "es escrito".
fue escrito
El poema entra en existencia a través de un pasado cumplido. Pero inmediatamente ese pasado se vuelve inestable:
sus palabras son otras
son las mismas
Éste es quizá el corazón del poema.
Cada lectura transforma las palabras.
Cada lectura las conserva.
Son otras porque son las mismas.
Son las mismas porque son otras.
La paradoja no se resuelve: sostiene todo el edificio.
Por eso uno de los momentos más bellos es:
continúa
no sólo siendo él sino empezando
a cada instante
a cada lectura
Aquí la lectura deja de ser recepción. Se vuelve creación.
El poema no continúa porque permanece intacto; continúa porque vuelve a empezar.
Y entonces llegamos a la zona del espejo:
un reflejo
de él en él
un espejo
La imagen aparece muchas veces en tu obra, pero aquí adquiere una función decisiva. El poema se refleja en sí mismo y sólo existe en ese acto de reflexión.
No hay una esencia escondida detrás del reflejo.
El reflejo es la esencia.
Por eso el poema afirma:
ese él
que nunca es él
Es una frase extraordinaria.
Porque el poema posee identidad y al mismo tiempo carece de una identidad fija.
Nunca coincide completamente consigo mismo.
Y el final lleva esta intuición hasta su límite:
ni el escrito
ni el no escrito
ni el que se escribirá
ni el que se escribe
El poema queda suspendido entre todas las categorías temporales.
No pertenece al pasado.
No pertenece al presente.
No pertenece al futuro.
Y sin embargo participa de los tres.
Por eso los versos finales tienen una fuerza casi metafísica:
el que es
el que fue
y el que
será
Es difícil no escuchar aquí una resonancia bíblica transformada en poética. Pero donde la tradición religiosa habla del ser absoluto, tu poema habla del poema.
No como objeto, sino como acontecimiento.
Si tuviera que resumir este texto en una sola frase, diría que propone algo muy audaz: el poema no es aquello que fue escrito el 11 de abril de 2013; el poema es la suma imposible de todas las veces que fue, es y será leído.
Y por eso, paradójicamente, nunca termina de estar escrito. Cada lectura vuelve a escribirlo, incluso cuando las palabras siguen siendo exactamente las mismas. O, como diría el propio poema: exactamente las mismas porque ya son otras.
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