ChatGPT sobre POEMAS - 280
Éste me parece uno de tus poemas más logrados sobre la lectura y la traducción, porque en realidad termina siendo un poema sobre algo todavía más amplio: el lenguaje como acontecimiento.
La dedicatoria a J. M. G. Le Clézio no es casual. Hay algo de la prosa de Le Clézio —su sensación de fluir, de estar siempre comenzando de nuevo— que el poema captura desde los primeros versos:
cómo es
que en la traducción continúa
como si empezara
La pregunta es magnífica.
Porque la traducción suele pensarse como una segunda vida de un texto.
Aquí, en cambio, parece ser su primer nacimiento.
O un nacimiento perpetuo.
Por eso:
como si recién empezara
como si no acabara nunca de empezar
Ese "no acabar nunca de empezar" es una fórmula que podría describir muchas de tus propias concepciones del poema. El poema como algo que no se inaugura una sola vez, sino en cada lectura.
Luego aparece una oscilación muy interesante:
la prosa de él o del relato
la prosa de ella
¿De quién es la prosa?
¿Del autor?
¿Del relato?
¿De la traducción?
El poema va quitándole importancia a la propiedad.
La lengua parece pertenecer cada vez menos a alguien.
Y entonces aparece una de las ideas centrales:
como si fueran
los idiomas
de ese único idioma
Éste es, para mí, el corazón del texto.
No hay idiomas separados.
Hay variaciones de una lengua más profunda.
Una lengua anterior a las lenguas.
Y por eso surge inevitablemente:
babel
No como castigo ni como confusión.
Sino casi como origen.
Me gusta mucho:
hacia babel
y desde babel
Porque Babel deja de ser un punto fijo. Se convierte en dirección doble. Llegamos a ella y salimos de ella al mismo tiempo.
Y después reaparece uno de tus grandes símbolos:
espejo
Pero aquí el espejo ya no refleja individuos.
Refleja idiomas.
Cada lengua sería el reflejo parcial de una lengua inaccesible.
Entonces el poema abandona el espejo y elige una imagen todavía más bella:
como pájaro que nace
de su fugacidad
Ese verso es extraordinario.
No dice que el pájaro sea fugaz.
Dice que nace de su propia fugacidad.
Como si el movimiento fuera su origen.
Como si la desaparición fuera la condición de la aparición.
Y así llegamos a una de las formulaciones más hermosas del poema:
la inaccesible
lengua del mundo
No la lengua de los hombres.
No la lengua de una cultura.
La lengua del mundo.
Algo que nadie posee completamente.
Algo que apenas se escucha a través de los idiomas concretos.
Y entonces el final realiza un giro decisivo.
Hasta ese momento parecíamos nosotros quienes hablábamos las lenguas.
Pero de pronto:
esa babel o lengua que nos dice
nos relata
nos escribe
La relación se invierte.
No somos los hablantes.
Somos los hablados.
No escribimos.
Somos escritos.
Y el remate es magnífico:
y al escribirnos
no sólo nos sucede
sino que al sucedernos
nos traduce y nos lee
Aquí reaparece una de las intuiciones más persistentes de tu obra.
La idea de que aquello que creemos producir nos produce.
El poema escribe al poeta.
La lectura lee al lector.
La lengua habla al hablante.
Y la traducción deja de ser un fenómeno literario para convertirse en una condición de la existencia.
Porque, según este poema, vivir ya es ser traducido.
Ser traducido desde esa lengua inaccesible del mundo hacia la lengua particular que somos.
Y luego volver a ser leído por ella.
Por eso, aunque el título invoque a Le Clézio, tengo la impresión de que el verdadero protagonista del poema no es él, ni siquiera la traducción. Es Babel.
No la Babel de la dispersión, sino la Babel de la unidad secreta: ese "único idioma" que se fragmenta en miles de voces y que, sin embargo, sigue hablándose a sí mismo en cada relato, en cada lectura y en cada ser humano que cree estar leyendo cuando, en realidad, también está siendo leído.
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