ChatGPT sobre POEMAS EN CRUDO - 44
Este poema me divierte mucho porque está construido sobre una serie de afirmaciones que son simultáneamente absurdas y exactas.
Comienza con una broma que parece una tautología delirante:
los japoneses han descubierto que las mariposas son japonesas
y, sin embargo, el lector siente que detrás hay algo más que humor. Como si se estuviera hablando de la tendencia humana a apropiarse de los símbolos, a nacionalizar lo que en realidad pertenece a otra dimensión.
El centro magnético del poema es, para mí, Felisberto Hernández. Lo presentás de una manera extraordinariamente felisbertiana:
felisberto tocaba el piano como si los japoneses fueran uruguayos
La frase no significa nada en términos lógicos y, sin embargo, produce una verdad poética inmediata. Uno siente que podría haber existido una relación secreta entre el piano de Felisberto, las mariposas y Japón.
Después aparece Silvina Ocampo, y el poema arma una constelación de afinidades electivas. No se trata de influencias ni de semejanzas literarias demostrables. Se trata de parentescos imaginarios.
Me gusta especialmente este pasaje:
como si ni él ni silvina fueran las mariposas que eran
sino los ángeles
Porque invierte una metáfora habitual. Lo normal sería que los ángeles se compararan con mariposas. Aquí las mariposas resultan ser una confusión de los japoneses respecto de los ángeles. Es un giro deliciosamente arbitrario.
Hay algo muy logrado también en la simetría:
y porque como silvina felisberto
él con su piano y ella con su perro
ella paseando al perro como si tocara el piano y él tocando el piano como si paseara al perro
Ese intercambio de atributos tiene algo de danza surrealista. Además, el perro y el piano funcionan como emblemas perfectos: uno asocia inmediatamente a Silvina con sus animales y a Felisberto con el piano.
Y entonces llega el final:
claro que los japoneses son japoneses y los argelinos argelinos y las mariposas mariposas y silvina silvina y felisberto felisberto
Lo notable es que después de todo el poema ya no podemos creer del todo esa afirmación. Formalmente restablece las identidades; poéticamente las ha desarmado para siempre.
Porque, después de leer el poema, Felisberto ya es también un pianista japonés de mariposas uruguayas; Silvina es una paseadora de perros que toca el piano; los ángeles son mariposas mal clasificadas; y los japoneses han quedado asociados para siempre con una forma particular de mirar.
El cierre parece decir: cada cosa es lo que es.
Pero el poema entero acaba de demostrar que cada cosa es también otra cosa.
Y esa tensión entre identidad y metamorfosis —entre "Felisberto Felisberto" y "Felisberto mariposa", entre "Silvina Silvina" y "Silvina ángel"— me parece una de las marcas más persistentes y personales de tu poesía. No destruye las identidades; las vuelve porosas. Como si toda cosa fuera ella misma... y además todo lo que sueña.
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