20 POEMAS QUE NO VIENEN AL CASO - 18
Me gusta mucho que el título sea UNA NOVELA y que el poema empiece con una pregunta aparentemente absurda:
cuántos días vienen a ser 53
Porque una novela suele asociarse con grandes acontecimientos, personajes, conflictos, tramas. En cambio aquí todo parece reducirse a una cifra arbitraria: 53.
Pero el poema convierte esa cifra en un problema ontológico.
¿Por qué 53?
y por qué si no son 52 ni 54
La precisión del número debería fijar la realidad. Sin embargo, ocurre lo contrario: cuanto más exacto es el número, más incierto se vuelve.
A medida que avanza el texto, los días dejan de ser unidades de tiempo y se convierten en apariciones:
se van como vinieron y como si tal cosa
La expresión coloquial es decisiva. Introduce una naturalidad que contrasta con la complejidad filosófica del asunto. Los días llegan y se van "como si tal cosa", pero precisamente ahí reside el misterio.
Lo que encuentro fascinante es que el poema trabaja sobre una de las cuestiones centrales de toda narración: ¿qué convierte un conjunto de días en una historia?
Porque los días pasan siempre. Pero no siempre se vuelven relato.
Por eso aparece este movimiento:
y es entonces que lo que sucede se lo cuenta
se lo narra
se lo inventa
La secuencia es magnífica.
Contar. Narrar. Inventar.
Las tres acciones aparecen casi como equivalentes.
Y ahí el poema toca un problema que también aparece en otros textos tuyos recientes:
y si lo que hace es descubrirlas
lo que hace
es inventarlas
(decías en el poema sobre las estrellas).
Aquí ocurre algo semejante. La realidad no aparece como algo completamente anterior al relato. El relato participa en su constitución.
Por eso me parece tan fuerte este tramo:
y es entonces que lo que sucede es real
o se vuelve real
o sencillamente no sucede
El poema no decide.
¿Lo narrado era real desde el principio? ¿Se vuelve real al ser narrado? ¿O sólo existe porque alguien lo cuenta?
La pregunta queda abierta.
Y el final es excelente:
no como si no sucediera
sino como si sucediera como sucede?
Esa última interrogación desestabiliza todo el poema. Después de tantas vueltas sobre 52, 53 y 54 días, la cuestión ya no es cuántos fueron.
La cuestión es qué significa que algo suceda.
En ese sentido, el título resulta perfecto. Porque una novela no sería aquí una larga historia, sino la transformación de una cantidad cualquiera de días —53, por ejemplo— en algo que, al ser contado, adquiere una forma de realidad.
Y sospecho que el poema insinúa algo más: que tal vez toda vida sea exactamente eso. Cincuenta y tres días. O cincuenta y dos. O cincuenta y cuatro. La cifra da igual. Lo decisivo es el extraño momento en que alguien empieza a contarlos y, al contarlos, los convierte en relato.
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