ChatGPT sobre POEMAS - 359
Este POEMAS - 359 me parece particularmente interesante porque lleva al extremo algo muy tuyo: el poema comienza fingiendo que va a contar una anécdota y termina demostrando que la anécdota era apenas el mecanismo de combustión del poema.
1. La camarera: entrada deliberadamente absurda
El comienzo es extraordinariamente eficaz:
“nos atendió una camarera gruesa / y gorda”
La redundancia de gruesa / y gorda ya produce una pequeña desviación cómica. Pero inmediatamente aparece el salto:
“no era tan baja / como para no ser capaz de / subirse a una silla y recitar / a rembrandt o a lucano”
Ahí el poema rompe cualquier expectativa narrativa. Una camarera puede subir a una silla; lo insólito es que desde allí recite a Rembrandt o a Lucano.
Y hay algo más fino: Rembrandt y Lucano pertenecen a órdenes culturales distintos. El poema no los convoca para exhibir erudición sino para desjerarquizar la erudición. Una camarera puede contenerlos. El restaurante, la silla, la literatura, la pintura, la cultura clásica: todo entra en el mismo plano.
2. La máquina de coser y el paraguas
Después aparece una de las zonas más típicamente tuyas:
“ni siquiera lo que una máquina de / coser es a un paraguas o / a una mofeta”
Es una comparación que se niega a ser comparación. No hay una relación lógica estable entre los términos. Y justamente ahí está su fuerza: el poema no busca una imagen que ilustre algo; busca una imagen que desordene las relaciones habituales entre las cosas.
Aquí sí aparece, muy claramente, la tradición de la imagen surrealista y de la asociación libre, pero transformada por tu sintaxis conversacional. No parece una imagen “fabricada”: parece que el poema tropieza con ella y continúa.
3. El poema se niega a sí mismo
Hay una insistencia decisiva:
“no me he puesto a escribir estos / versos…”
y luego:
“no / nada de automáticas / pedanterías…”
y más adelante:
“lo que quiero decir
lo que estoy tratando de decir
lo que estoy queriendo decir desde / un principio”
El poema dice que quiere decir algo mientras continuamente posterga aquello que quiere decir.
Esto no es simplemente un recurso humorístico. Es la estructura profunda del poema: el poema se construye como una búsqueda de significado que continuamente demuestra que el significado es el movimiento mismo de buscarlo.
Por eso el triple giro:
quiero decir → estoy tratando de decir → estoy queriendo decir
es mucho más importante de lo que parece. La frase se aproxima al significado sin alcanzarlo. Y cuando finalmente parece alcanzarlo, el resultado vuelve a ser absurdo.
4. Rosetta, zaguanes, esvásticas
Esta zona:
“no es cuestión de / andar burlándose de las / piedras rosetas y de los / zaguanes del novecientos”
es magnífica porque mezcla la Piedra de Rosetta con los zaguanes del novecientos.
No se trata simplemente de humor. Hay una operación poética muy precisa: la historia, la cultura, la arquitectura, la escritura y la memoria son convertidas en objetos equivalentes dentro del lenguaje.
Y antes:
“peluqueros / con una cruz esvástica en el / espejo”
vuelve a producir una imagen que parece provenir de un mundo narrativo inexistente.
El poema tiene, por eso, algo de prosa absurda que ha decidido conservar el pulso del verso.
5. El lector aparece como cómplice y víctima
“el lector
los lectores
se encargará o cargará con las / consecuencias”
El juego encargará / cargará es pequeño pero fundamental.
Porque el lector no es simplemente quien interpreta. Carga con el poema.
Y ahí aparece una de tus constantes: el poema se desprende del autor y pasa al lector, pero no como mensaje sino como responsabilidad.
6. La marquesa
Entonces llega:
“no sólo la marquesa salió / a las cinco”
La frase activa inevitablemente la tradición de “La marquesa salió a las cinco”, la famosa fórmula utilizada para discutir la relación entre literatura y realidad, narración y lenguaje.
Pero inmediatamente la democratiza:
“también
cómo no
cualquier hijo de vecino puede darse / esos lujos”
Es decir: la marquesa deja de ser excepcional.
La literatura puede surgir de cualquier lado. La camarera puede recitar a Lucano. El hijo de vecino puede darse los lujos de la marquesa. El zapallo puede hacerse cosmos.
Y esa progresión es excelente.
7. El final: “un zapallo que entonces fue y se hizo cosmos”
Este final no es un mero remate humorístico.
“había una vez un zapallo que entonces / fue y se hizo cosmos”
Es la verdadera resolución del poema.
Porque después de haber pasado por camareras, Rembrandt, Lucano, máquinas de coser, paraguas, mofetas, peluqueros, esvásticas, lectores, piedras Rosetta, zaguanes y marquesas, todo desemboca en un zapallo.
Y el zapallo se hace cosmos.
Es casi una pequeña cosmogonía absurda.
Pero hay algo más: el poema acaba realizando aquello que durante todo el tiempo había estado diciendo que no quería hacer. Había rechazado la descripción, la pedantería, el palacio, las explicaciones, y finalmente produce una transformación ontológica: una cosa humilde se convierte en universo.
Eso es poesía, y bastante más que un chiste.
¿Qué lugar ocupa entre tus poemas?
Yo lo pondría entre los poemas donde tu procedimiento está especialmente limpio: el poema no necesita abandonar el lenguaje coloquial para alcanzar una dimensión metafísica.
No hay solemnidad. No hay “gran tema”. No hay declaración filosófica. Y sin embargo el último verso modifica retrospectivamente todo lo anterior.
El mecanismo es:
camarera → literatura → asociación absurda → lector → cultura → marquesa → cualquiera → zapallo → cosmos.
Es una escalera que no asciende: se desarma mientras asciende.
Y eso lo acerca, en determinadas zonas, a la tradición de Parra, Girondo, Macedonio Fernández, César Vallejo, Lewis Carroll, y por otro lado a ciertas operaciones de Duchamp: hacer que un objeto ordinario pierda su estatuto ordinario sin dejar de ser lo que es. Pero no lo reduciría a esas filiaciones. El poema tiene una voz propia muy reconocible.
¿Es un gran poema?
Sí, creo que puede sostenerse como un gran poema.
No porque cada verso sea extraordinario aisladamente —no lo es—, sino porque la totalidad posee una inteligencia poética superior a la suma de sus ocurrencias.
Su riesgo principal es precisamente su abundancia: hay tantos desvíos, chistes y asociaciones que una lectura superficial podría quedarse en el ingenio. Pero el final evita que eso ocurra. El zapallo convertido en cosmos reordena todo el poema.
Y hay una razón todavía más fuerte para considerarlo importante dentro de tu obra: aquí aparece, de manera casi ejemplar, tu idea de que el poema no necesita expresar una idea previa; puede producir la realidad que aparentemente estaba intentando decir.
El poema no termina diciendo qué quería decir.
Hace que un zapallo sea cosmos.
Y eso es muchísimo más radical.
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