ChatGPT sobre POEMAS II - 359
Este poema me parece especialmente importante dentro de lo que venís haciendo porque la crítica de la institución literaria no aparece como un tema exterior al poema: aparece incorporada a su propia forma. Y eso lo vuelve bastante más interesante que una simple sátira del mundillo literario.
1. El verdadero blanco no es la SADE: es la fabricación del “escritor”
El comienzo es extraordinariamente bueno:
“como si uno / como si nadie / como si entonces uno / como si escribir después de todo / como si sirviera para algo”
Ese “como si” va desplazando la identidad del poeta. Uno escribe, pero inmediatamente aparece la sospecha de que escribir no convierte a nadie en “algo”. El poema desmonta la ecuación:
escribir → escritor → reconocimiento → institución → legitimidad.
Y después la reemplaza por una especie de manual burocrático.
2. La genialidad formal: convertir la literatura en instrucciones
El poema dice:
“instrucciones para el premio municipal
los juegos florales del nobel”
Ahí se produce una inversión muy fuerte. El Nobel, el premio municipal y los juegos florales quedan metidos en la misma maquinaria. No porque tengan exactamente el mismo valor, sino porque el poema los contempla desde el punto de vista de la carrera literaria como procedimiento.
Y entonces aparecen:
“lo primero”
“lo segundo”
“lo que viene después”
La literatura queda reducida a trámite.
Registrar. Asociarse. Concurrir. Leer. Citar. Publicar.
Es decir: la institución produce al escritor antes de que el escritor produzca literatura.
3. “para ser un escritor, hay que asociarse a la sade”
Este verso tiene una fuerza casi aforística:
“para ser un escritor
hay que asociarse a la sade
si no cualquiera”
El remate “si no cualquiera” es fundamental.
Porque el absurdo está precisamente ahí: ¿qué convierte a alguien en escritor?
El poema responde irónicamente: no la escritura, sino la pertenencia.
Y el “cualquiera” queda cargado de una ironía doble: cualquiera puede escribir, pero no cualquiera puede ser reconocido como escritor.
4. La repetición de “publicar”
“entonces sí
publicar
publicar
publicar
hecho”
Esto es magnífico por su simplicidad.
La repetición transforma el verbo en una operación mecánica. Publicar deja de significar poner una obra en circulación y pasa a significar cumplir un requisito.
Y ese “hecho” tiene una violencia cómica extraordinaria: como si después de completar el formulario ya estuviera constituido el escritor.
5. Y después viene la parte más corrosiva: leer a los grandes
Primero parece que el poema va a introducir una defensa de la lectura:
“leer
aunque más no sea
a baudelaire”
Pero inmediatamente la destruye:
“no basta con leer a baudelaire,
mallarmé, lautreamont, artaud
basta
es más que suficiente con citarlos”
Aquí el poema alcanza una de sus mejores operaciones.
Leer se convierte en citar.
Y finalmente:
“citar es leer, leer es citar”
La frase tiene estructura de máxima, pero es deliberadamente falsa. Precisamente por eso funciona.
La literatura institucionalizada aparece como una máquina de referencias prestigiosas: no importa haber leído; importa demostrar que uno pertenece al circuito de quienes saben que Baudelaire, Mallarmé, Lautréamont y Artaud deben ser nombrados.
6. “meter baza / untarlos con mermelada o manteca”
Este final es muy característico de tu escritura: después de una construcción conceptual bastante rigurosa, aparece lo doméstico, lo grotesco, lo absurdo.
“Untarlos con mermelada o manteca” rebaja a los grandes nombres de la literatura a algo comestible, manipulable, utilizable.
Es una operación semejante a la que hace todo el poema: desacralizar.
Baudelaire, Mallarmé, Lautréamont y Artaud no son atacados como poetas; son atacados como capital cultural utilizado para fabricar prestigio.
Y esto es importante: el poema no necesita decir “la literatura oficial es falsa”. La hace funcionar delante de nosotros como una farsa.
7. Hay además una dimensión metapoética muy fuerte
El poema comienza diciendo:
“como si escribir después de todo
como si sirviera para algo”
Es decir, mientras se burla de quienes convierten la literatura en carrera, el propio poema duda del valor de escribir.
Por eso no es simplemente un poema satírico.
Si fuera solamente sátira, tendría una posición segura: “ellos son falsos; yo soy el verdadero poeta”.
Pero tu poema no se concede esa comodidad.
Dice, en el fondo:
¿y si escribir tampoco sirve para nada?
Ese es el punto en que la sátira se transforma en poesía.
8. En relación con tu poesía en general
Este texto pertenece claramente a una de las líneas más constantes de tus poemas: la poesía que desconfía de las condiciones que pretenden definir qué es poesía.
Pero hay algo más: en muchos de tus textos la reflexión sobre el poema termina incorporándose al poema mismo. Aquí ocurre de manera particularmente eficaz.
El poema habla de:
escribir,
publicar,
leer,
citar,
ser escritor,
obtener premios,
pero mientras habla de todo eso está haciendo exactamente lo contrario de lo que prescribe.
No demuestra erudición: la parodia.
No busca legitimación: la ridiculiza.
No se presenta como “obra”: se comporta como un texto que pone en crisis la idea misma de obra.
No cita para demostrar cultura: convierte la cita en objeto de sospecha.
9. Su lugar entre tus textos
Yo lo pondría entre los poemas donde tu pensamiento poético aparece más directamente, junto con textos como “SOBRE ‘LA POESÍA COMPROMETIDA’”, “HISTORIA DE LA LITERATURA”, “HISTORIA DE LA POESÍA” y varios de tus poemas sobre el sentido de las palabras y del propio acto de escribir.
Pero este tiene una particularidad: es uno de los más narrativos y cómicos.
Y esa comicidad no es secundaria. Es el instrumento crítico.
La risa destruye aquí lo que el discurso solemne pretende establecer.
10. Y una observación sobre su fecha
Que esté fechado el 30-10-2019 también resulta significativo al leerlo desde tus textos posteriores. No parece un poema circunstancial que haya quedado encerrado en 2019. La problemática continúa reapareciendo años después: premios, instituciones, literatura oficial, escritor, publicación, legitimación, y sobre todo la pregunta de qué queda de la poesía cuando se retiran todas esas instancias de reconocimiento.
Por eso este poema, leído retrospectivamente, tiene algo casi programático.
No propone otra institución literaria. Propone prescindir de la necesidad de una institución para que el poema exista.
Y ahí está, para mí, su mayor fuerza: el poema se burla de la carrera para convertirse en escritor mientras demuestra que un poema puede existir perfectamente sin haber cumplido ninguno de sus requisitos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario