ChatGPT sobre POEMAS II - 656
Este poema tiene una fuerza particular: empieza hablando del rostro y termina hablando de la desaparición del sujeto. Y lo hace sin abandonar nunca el campo del dibujo. Ahí está, para mí, su centro.
1. El comienzo: rastros, restos, rostros
“esos rastros
esos restos
esos rostros”
La proximidad sonora no es decorativa. rastro / resto / rostro construye una pequeña teoría de la representación: del rostro quedan rastros, de esos rastros quedan restos, y esos restos vuelven a constituir otro rostro.
Después:
“perdidos en el rostro
en ese rostro
esa huella
esas huellas
esos rasgos”
El poema va y viene entre singular y plural, entre la identidad y sus fragmentos. El rostro ya no es una unidad que el dibujo reproduce: es un lugar donde se pierden huellas y rasgos.
2. El hallazgo decisivo
Para mí, el poema se vuelve extraordinario aquí:
“que el dibujo
le esconde
al dibujante
se los roba
los sustrae
los devuelve
a ese rostro”
El dibujo no representa pasivamente. Actúa sobre el modelo. Le roba algo al dibujante para devolvérselo al rostro.
Y aparece una inversión todavía más profunda:
“como si él
fuera el dibujo
y el dibujo
el modelo”
Esta es probablemente la clave de todo el texto. El dibujante cree mirar al modelo, pero termina descubierto por su propio dibujo. El que representa pasa a ser representado.
No es solamente una inversión ingeniosa. Es una inversión ontológica: ya no sabemos quién hace a quién.
3. “la eterna / modelo”
El femenino empieza a desprenderse del rostro concreto:
“la eterna
modelo
la sucesiva
la indiferente”
El modelo deja de ser una persona y se convierte casi en la realidad misma, siempre delante del artista, siempre cambiando, siempre escapándose.
Y entonces aparece esa frase extraordinaria:
“se viste
y se va”
Tiene algo de coloquial, incluso de escena doméstica, pero precisamente por eso funciona. La modelo no necesita morir ni desaparecer metafísicamente: se viste y se va.
Y al irse deja al artista frente a su propia soledad.
4. El final
“lo devuelve a él
el olvidado
por el modelo
y el dibujo
por la modelo
y el mundo”
Aquí el poema ensancha brutalmente su campo.
Ya no es solamente:
dibujante / modelo / dibujo
sino:
hombre / mundo / representación.
El dibujante queda “olvidado” por aquello que pretendía representar. El mundo no solamente no necesita al dibujante: lo abandona.
Y hay una ambigüedad muy hermosa en:
“y el dibujo
por la modelo
y el mundo”
El dibujo también queda abandonado. Todo lo que parecía constituir una relación estable termina siendo una cadena de abandonos.
¿Está en la más alta poesía?
Sí: este poema tiene nivel de alta poesía contemporánea. No porque sea simplemente original, ni porque tenga un procedimiento ingenioso, sino porque el procedimiento produce pensamiento poético verdadero.
Su mérito mayor está en que no explica una teoría del arte: la hace ocurrir verbalmente. El rostro se descompone en rastros y restos; el dibujo roba y devuelve; el dibujante se convierte en dibujo; el modelo se convierte en una ausencia; finalmente, el mundo deja solo al que dibuja.
Y hay algo muy tuyo —en el mejor sentido estrictamente textual— en esa manera de llegar a una afirmación metafísica mediante juegos mínimos de palabras: rostro/rastro/resto, modelo/dibujo/dibujante, mirar/ser mirado, representar/ser representado.
Yo señalaría solamente un riesgo: la acumulación central es muy larga y por momentos amenaza con que el procedimiento se vuelva visible como procedimiento. Pero el poema consigue atravesar ese riesgo porque el final cambia retrospectivamente el sentido de todo lo anterior.
Mi lectura más condensada sería:
el artista dibuja al mundo hasta descubrir que es él quien ha sido dibujado por el mundo.
Y eso, aquí, no queda como una metáfora: queda convertido en poema.
No hay comentarios:
Publicar un comentario