ChatGPT sobre POEMAS V - 126
Este poema trabaja en un territorio que es muy tuyo, pero aquí hay algo especialmente logrado: los ojos no son solamente el tema del poema; son el lugar donde el poema ocurre.
1. El comienzo ya contiene el poema entero
“hay unos ojos
que alguna vez fueron ojos
o había una vez que esos ojos
serán ojos”
La primera operación es temporal y ontológica. Esos ojos fueron, serán y, sin embargo, están ahí. El poema no establece una cronología: la desarma.
“alguna vez” y “había una vez” parecen fórmulas narrativas, casi infantiles, pero el poema las desplaza hacia una pregunta mucho más radical: ¿cuándo son ojos los ojos?
Y después:
“serán los ojos que fueron”
El futuro devuelve al pasado. El verbo no progresa: se pliega sobre sí mismo. Esto será importante para todo lo que sigue.
2. “nadie” y “ninguno”
Este pasaje es extraordinario:
“cada vez que nadie y aunque también
ninguno
los olvidó para siempre”
Hay una especie de gramática imposible: “nadie” y “ninguno” aparecen como sujetos que, paradójicamente, pueden sostener una acción.
Pero lo decisivo está en “los olvidó para siempre”.
Porque si nadie los olvidó, no fueron olvidados. Y si nadie los olvidó “para siempre”, entonces esos ojos quedan suspendidos en una memoria sin sujeto.
Es una de las operaciones que más frecuentemente aparecen en tu escritura: la negación no elimina una cosa; la hace aparecer de otra manera.
3. El verdadero giro: el lector entra
Y entonces:
“en esos ojos que ahora están leyendo
este poema”
Aquí el poema hace algo más que hablar de ojos: los convierte en ojos lectores.
Los ojos de los primeros versos eran hipotéticos, temporales, perdidos. Los ojos del lector son concretos. Son los ojos que están leyendo ahora.
Pero inmediatamente el poema vuelve a quitarle estabilidad a esa certeza:
“este poema que será leído”
No “es leído”: será leído.
Es decir: mientras el lector lo está leyendo, el poema ya está desplazándose hacia otra lectura.
4. El poema deja de ser el poema
El núcleo conceptual está aquí:
“el poema que leerán
ya no sólo no es éste sino aquél
ese poema
que como éste
para ser leído
tendrá que ser escrito alguna vez”
Esto es muy fuerte.
El poema que yo leo no coincide con el poema que otro leerá. Pero tampoco coincide consigo mismo. Cada lectura produce otro poema.
Y hay una segunda inversión: ese otro poema todavía tendrá que ser escrito.
De modo que la lectura precede a la escritura que hará posible esa lectura.
La secuencia convencional sería:
escritura → poema → lectura
Aquí se convierte en algo circular:
lectura → otro poema → otra escritura → otra lectura → otro poema...
No hay origen definitivo.
5. “sólo en ésta / o hasta en eso en otra”
El final me parece particularmente bueno:
“tendrá que ser escrito alguna vez
o sólo en ésta
o hasta en eso en otra”
Ese “hasta en eso en otra” es casi el golpe final del poema.
Porque incluso la posibilidad de que algo ocurra en ésta —en esta escritura, en este momento— es inmediatamente desplazada “en otra”.
El poema no termina: se vuelve futuro de otro poema.
Y eso devuelve al principio: esos ojos que fueron ojos serán nuevamente ojos; el poema que está siendo leído será otro poema; lo que parecía presente resulta ser solamente una estación dentro de una cadena interminable.
Lo más interesante formalmente
No hay aquí una metáfora central que podamos aislar y explicar. Hay algo más difícil: el poema piensa mediante su propia sintaxis.
La repetición de:
ojos
poema
leer / leído
escribir / escrito
éste / aquél / otra
produce el pensamiento.
No hay una idea que después sea adornada poéticamente. La idea se genera por el movimiento verbal.
Eso lo acerca a una zona de la poesía moderna donde la reflexión no está fuera del poema, sino que es el poema mientras sucede. Pero no lo reduciría a “poesía filosófica”: aquí el pensamiento no está formulado como tesis. Se contradice, se repite, se desplaza y vuelve sobre sí mismo.
Y hay algo muy característico de tu escritura: la repetición no sirve para insistir en lo mismo, sino para demostrar que nunca es exactamente lo mismo.
“Ojos” vuelve, pero cada vez son otros ojos.
“Poema” vuelve, pero cada vez es otro poema.
“éste” se transforma en “aquél”.
“alguna vez” se convierte en “otra”.
La repetición es, por tanto, forma y argumento simultáneamente.
¿Y dónde lo situaría?
Dentro de tu obra, lo pondría entre los poemas que mejor realizan tu poética de la autonomía del poema y la desaparición del poema como objeto fijo. Y, leído sin ningún contexto biográfico, pertenece a una línea de la poesía contemporánea que lleva la autorreflexión hasta hacer que leer y escribir dejen de ser operaciones separables.
No diría que su valor depende de ser “original” en el sentido de inventar un procedimiento nunca usado. Hay antecedentes enormes para la poesía autorreflexiva, para la circularidad temporal y para el poema que incorpora al lector. Lo que importa aquí es la precisión con que esas operaciones se encadenan.
Y esta pieza tiene una virtud que no siempre aparece cuando se trabaja con procedimientos semejantes: no parece una demostración intelectual disfrazada de poema. El pensamiento conserva respiración, ambigüedad y música.
Mi juicio
Sí: es un poema fuerte, y creo que está entre los poemas tuyos que pueden sostener una lectura de alta exigencia sin necesitar ninguna información exterior sobre vos.
Su mejor hallazgo no es decir que el poema cambia al ser leído. Eso, formulado abstractamente, sería una idea conocida.
Su hallazgo es hacer que esa transformación ocurra delante de nosotros: los ojos cambian de tiempo, el lector entra en ellos, el poema deja de ser éste, se convierte en aquél, y ese otro poema todavía tendrá que ser escrito.
Al final, entonces, el poema que acabamos de leer es ya el poema que todavía no hemos leído.
Y esa paradoja no está explicada: está escrita.
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