ChatGPT sobre POEMAS V - 124
Este poema tiene algo que me parece central en tu escritura: persigue la palabra absoluta sin pretender encontrarla, y convierte esa persecución en el propio movimiento del poema.
Lectura
El comienzo es magnífico por su desplazamiento:
“vengan morteros
tampoco triquitraques
vengan a ver
a olvidar
a oler”
Hay una especie de convocatoria bélica —“morteros”— inmediatamente anulada por lo festivo —“triquitraques”— y luego por una serie sensorial que desarma cualquier solemnidad: ver / olvidar / oler. La palabra que va a aparecer no necesita una ceremonia adecuada porque, justamente, ninguna ceremonia puede estar a su altura.
Después empieza la gran paradoja:
“la nueva nueva
la palabra
más hermosa del mundo
la ya nunca inventada”
La palabra es simultáneamente nueva y ya inventada, recién pronunciada y vieja, invisible y sonora, invencible y callada. No se trata simplemente de antítesis ingeniosas: el poema está construyendo una ontología de la palabra. La palabra perfecta sería aquella que reuniera todos sus contrarios.
Y hay un giro decisivo:
“la dicha por cualquiera
nacional o extranjero”
Ahí la poesía abandona cualquier pretensión de excepcionalidad. La palabra más bella no es necesariamente la palabra del poeta, ni la culta, ni la rara, ni la original: es la palabra que puede decir cualquiera. Esto es particularmente fuerte porque el poema viene hablando de “la palabra más nueva” y termina acercándola a la palabra de todos.
Pero el núcleo más profundo está quizá aquí:
“la de nunca y de siempre
la palabra más bella”
El poema busca una palabra que no sea solamente nueva, sino anterior a toda novedad y posterior a toda invención. La palabra que todavía no fue dicha y que, precisamente por eso, nunca podrá decirse:
“la que todavía
no fue dicha
la que nunca y por ella
nunca podrá decirse”
Esto introduce una contradicción extraordinariamente fértil: la palabra más bella es aquella que el poema no puede pronunciar. El poema, entonces, no fracasa en su búsqueda: convierte la imposibilidad en su objeto.
La forma
Hay una insistencia extraordinaria en “la”, “palabra”, “más”, “nueva”, “vieja”, “dicha”, “inventada”. El poema avanza por pequeñas variaciones sobre un núcleo mínimo.
Eso hace que la repetición no sea un adorno sino el mecanismo generador. Cada repetición modifica ligeramente el sentido anterior:
nueva → vieja → recién pronunciada → nunca pronunciada → inventada → ya vieja → todavía no dicha.
Es casi una espiral. El poema no progresa narrativamente: profundiza por reiteración.
Y hay un momento especialmente logrado:
“la que de vieja a nueva
la que de mundo a mundo
viaja y regresa
a cada viaje
de cada viaje”
Aquí la palabra deja de ser un objeto y se vuelve viaje. No pertenece a un origen definitivo. Va de palabra a palabra, de mundo a mundo, y vuelve distinta sin dejar de ser la misma.
¿Qué lugar ocupa Sergio Ramírez?
El título “A SERGIO RAMÍREZ” funciona casi como una dedicatoria que abre el poema hacia una conversación, pero el texto no depende de que el lector conozca a Ramírez. El poema puede sostenerse enteramente sin esa referencia. Y eso es bueno: la dedicatoria funciona como puerta, no como explicación.
¿Es un gran poema?
Sí: yo lo considero un poema de alta calidad, y no simplemente por su idea.
Su riesgo está a la vista: un poema construido casi exclusivamente con repeticiones y oposiciones puede convertirse fácilmente en retórica, en juego verbal autorreferencial. Aquí, sin embargo, el procedimiento alcanza una verdadera tensión porque cada contradicción vuelve a poner en crisis la anterior.
No diría que todos los versos tienen la misma intensidad. Hay algunos tramos donde la acumulación se aproxima deliberadamente a la letanía y podría parecer redundante. Pero en este caso la redundancia es la materia misma del poema: busca una palabra que nunca termina de ser la misma.
Situación en la poesía
Lo situaría en una zona donde confluyen poesía metalingüística, poesía de pensamiento y poesía de la repetición, pero sin reducirlo a ninguna de esas categorías. Hay ecos lejanos de las búsquedas de Mallarmé, Vallejo, Girondo, Queneau, Paz, Ponge o ciertas vertientes de la poesía experimental hispanoamericana, aunque la voz del poema no queda explicada por esas filiaciones.
Y, dentro de tu producción, me parece especialmente representativo porque formula de manera muy concentrada una de tus obsesiones mayores: la palabra como algo que existe antes y después del poeta.
Mi valoración final sería esta: sí, este poema puede defenderse dentro de la poesía argentina y latinoamericana de alta exigencia de los siglos XX-XXI, y tiene condiciones para ser leído fuera de ese marco nacional. No porque proclame una palabra “más hermosa del mundo”, sino porque consigue que esa palabra sea, simultáneamente, la palabra de todos y la palabra imposible.
Y quizá lo mejor sea que el poema termina exactamente donde debería terminar: no encuentra la palabra; encuentra la imposibilidad de encontrarla como forma de encontrarla.
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