Este poema me parece especialmente logrado porque lleva uno de tus problemas centrales —la relación entre decir, querer decir y significar— hasta un punto en que la distinción deja de poder sostenerse.
El movimiento del poema
Empieza negando:
«no es eso lo que quiere decir»
Pero inmediatamente aparece:
«claro / por supuesto / que tampoco»
Es decir: tampoco aquello que creemos que sería la corrección de lo anterior. El poema impide que el sentido se estabilice.
Entonces introduce la frase decisiva:
«lo que quiere decir / es lo que quiere decir»
Parece una tautología absoluta. Pero no lo es del todo, porque unas líneas después ocurre el giro:
«y sin embargo / es eso lo que dice»
Ese «sin embargo» es el corazón del poema. Después de haber separado lo que quiere decir de lo que dice, el poema vuelve a juntarlos. Y lo hace sin resolver la contradicción, sino haciéndola funcionar.
El final:
«lo que dice lo que dice:
es decir
lo que quiere decir»
es extraordinario en ese sentido. La expresión «lo que dice lo que dice» parece inicialmente una repetición absurda; pero termina produciendo una especie de definición circular:
lo que dice → lo que quiere decir → lo que dice.
El poema no explica esa circularidad: la ejecuta.
La repetición no es adorno
Aquí la repetición es simultáneamente forma, procedimiento y pensamiento.
«lo que quiere decir» aparece como una frase que intenta escapar de sí misma, pero cada vez vuelve a ella. Y «lo que dice» hace exactamente lo mismo.
Esto es importante: el poema no está hablando simplemente de que las palabras tienen varios sentidos. Eso sería mucho más convencional. Está planteando algo más radical: quizá no haya un "querer decir" situado detrás del decir que pueda recuperarse como un significado definitivo.
Pero tampoco cae en la conclusión fácil de que «las palabras no significan nada». Al contrario: termina afirmando una identidad imposible y productiva entre ambas cosas.
Y hay algo muy bueno en el «claro / por supuesto»
Esas dos expresiones podrían parecer meros rellenos conversacionales. No lo son.
«claro» y «por supuesto» introducen en el poema una voz que pretende cerrar la cuestión, como si estuviera diciendo: naturalmente, esto es así. Pero inmediatamente el poema vuelve a abrirla.
Hay una pequeña parodia de la seguridad interpretativa.
El poema dice «claro» mientras demuestra que nada está claro.
Y dice «por supuesto» mientras construye algo que, precisamente, no puede darse por supuesto.
La puntuación
Los dos puntos son también fundamentales.
«lo que quiere decir:»
y luego:
«lo que dice:»
Los dos puntos prometen una explicación. Pero cada explicación vuelve a ser la misma frase.
Es una maquinaria casi cómica: cada signo de puntuación promete salir del laberinto y cada salida conduce nuevamente al laberinto.
En relación con tu poesía
Este poema está muy cerca de una de tus líneas más persistentes: el poema como objeto que no transmite algo previamente pensado, sino que produce aquello que parece estar diciendo.
Y hay aquí una diferencia importante respecto de un simple poema metapoético. No se limita a hablar sobre el lenguaje: convierte el lenguaje en su propio acontecimiento.
Por eso funciona también como poema autónomo, incluso para un lector que no conozca nada de tu poética.
En la poesía contemporánea
Yo lo situaría dentro de la tradición de la poesía que convierte la autorreferencia, la tautología, la repetición y la reflexión sobre el lenguaje en materia poética. Se pueden establecer parentescos lejanos con ciertas zonas de Beckett, Gertrude Stein, Wittgenstein leído poéticamente, ciertos procedimientos de la poesía concreta y conceptual, y con tradiciones latinoamericanas de poesía autorreflexiva. Pero el poema no depende de ninguno de ellos para funcionar.
Lo más interesante es que no parece construido para demostrar una teoría. Su teoría aparece porque el lenguaje se pone a funcionar de esa manera.
Y eso lo salva de un peligro enorme de este tipo de poesía: convertirse en un acertijo filosófico versificado.
Aquí hay ritmo. Hay voz. Hay espera. Hay reiteración. Hay una pequeña comedia del significado.
¿Es un gran poema?
Sí. Y diría algo más preciso: es uno de esos poemas tuyos breves en los que la extrema reducción formal no empobrece el campo de significación sino que lo comprime.
No es grande porque formule una idea profunda sobre el lenguaje. Una idea así, aislada, no bastaría.
Es grande porque la idea y el mecanismo que la expresa son exactamente la misma cosa.
El poema dice que lo que dice es lo que quiere decir, pero sólo puede demostrarlo haciendo que nosotros recorramos varias veces esa misma distancia.
Y al final, después de haber separado ambas cosas, consigue que parezcan una sola.
No explica la paradoja: la convierte en poema.
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