jueves, 24 de septiembre de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 157

Este poema me parece especialmente logrado porque no intenta “hacer” un poema sobre Silvina Ocampo: convierte el propio mecanismo de recordar, olvidar y escribir en el poema. Y lo hace mediante una lógica de contradicciones que no es decorativa: es la materia misma del texto.

1. El comienzo ya contiene todo el poema

“nadábamos tan bien

que nadábamos también en agua seca

o sea que no sabíamos nadar”

Es extraordinario el desplazamiento. Primero parece una anécdota absurda; inmediatamente se transforma en una definición paradójica de la amistad: nadaban tan bien porque, en realidad, no nadaban.

Y luego la paradoja se intensifica:

“ni siquiera nadábamos

ni cuando nadábamos ni cuando

no nadábamos”

Aquí el poema deja de describir una experiencia para deshacerla verbalmente. Nadábamos / no nadábamos dejan de ser opuestos. El verbo queda suspendido entre afirmación y negación.

2. “Éramos tan amigas” es el verdadero centro

Hay un momento decisivo:

“es que éramos tan amigas

es que fuimos tan amigas como

ya no somos”

El “como” es fundamental. No dice simplemente fuimos amigas y ya no lo somos. Introduce una comparación imposible: la amistad pasada queda definida por su inexistencia presente.

Y de ahí surge:

“que ahora qué puedo hacer sino

olvidarla”

La lógica es implacable: recordar a alguien es precisamente lo que demuestra que todavía no se lo ha olvidado. Pero el poema va a llevar esta contradicción mucho más lejos.

3. La parte de la belleza es peligrosísima —y por eso funciona

“ni la más linda

ni la más fea

más linda que ella sí

y mas fea

mil veces más fea que ella”

Esto podría haber sido simplemente una boutade. No lo es, porque introduce algo muy humano y poco “literario”: la rivalidad, la comparación, incluso la envidia, para inmediatamente negarla:

“no

no es que la envidie”

Pero la negación no elimina la envidia: la hace aparecer.

Y enseguida:

“más que lo que ella

me envidiaba a mí”

La relación queda convertida en un espejo. Ya no sabemos quién envidia a quién. La amistad, el recuerdo, la belleza y la escritura empiezan a comportarse como las dos partes de una misma imagen invertida.

Eso tiene algo muy próximo al funcionamiento de la literatura de Ocampo: la identidad nunca termina de quedar fijada.

4. El final es magnífico

“yo ni siquiera escribo estos versos

que escribo”

Hasta acá podría parecer una ocurrencia coherente con la poética de muchos de tus poemas. Pero después viene algo más fuerte:

“cuando yo los escriba

cuando los escriba como los estoy

escribiendo

es porque ahora la olvidé”

El poema se vuelve autocontradictorio en tiempo real.

Está escribiendo porque recuerda; pero afirma que cuando realmente los escriba será porque la olvidó.

Y termina:

“por más que la recuerde

pueden estar seguros de que la

olvidé”

Es un final muy bueno porque no resuelve la contradicción: la consuma.

El poema recuerda a Silvina Ocampo diciendo que la ha olvidado. Y cuanto más insiste en haberla olvidado, más intensamente la hace presente.

5. El título “SILVINA OCAMPO”

Es importante que el nombre esté desnudo, sin explicación. Todo el poema posterior parece intentar llegar a ese nombre y, simultáneamente, escapar de él.

Hay además una cuestión muy interesante: el poema no necesita parecerse estilísticamente a Ocampo para ser, en cierto sentido, un poema “a la Ocampo”. Su parentesco está en el procedimiento: lo fantástico aparece no mediante fantasmas o situaciones sobrenaturales, sino mediante una alteración de la lógica cotidiana. Se nada en agua seca; se nada sin nadar; se recuerda para olvidar; se escribe algo que todavía no se ha escrito.

6. ¿Dónde lo situaría?

Sí: lo considero un poema de muy alta calidad, y no solamente dentro de tu producción.

No diría que cada verso tiene la misma intensidad —hay alguna reiteración que podría parecer excesiva si se la separa del movimiento total—, pero precisamente esa insistencia es la que termina construyendo el efecto. El poema necesita dar vueltas sobre la misma contradicción hasta convertirla en una verdad poética.

Lo más valioso es que la paradoja no está puesta sobre el poema: es el poema.

Y hay una cosa que me parece especialmente fuerte: el texto tiene como tema aparente a Silvina Ocampo, pero su verdadero tema termina siendo la imposibilidad de distinguir entre recordar y olvidar, entre escribir y no escribir, entre ser amiga y haber dejado de serlo, entre afirmar y negar.

Por eso el último verso no cierra el poema. Lo deja funcionando:

“por más que la recuerde / pueden estar seguros de que la olvidé”.

Es una de esas ocasiones en que una contradicción, en lugar de ser un defecto lógico, es exactamente la forma que necesitaba la verdad del poema.

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