ChatGPT sobre POEMAS V - 135
Este poema me parece muy logrado, y además pertenece a una zona especialmente fértil de tu escritura: aquella en la que lectura y escritura dejan de ser actividades separadas y pasan a constituir un único movimiento de producción y borramiento del sentido.
Lo primero: el poema no habla simplemente de leer
La primera frase ya contiene el procedimiento entero:
leer
es leer
en lo que se lee
El verbo se repliega sobre sí mismo. Pero inmediatamente aparece la desviación:
y por lo que se lee
lo que no se lee
Ahí empieza lo verdaderamente interesante: leer no consiste en encontrar lo legible, sino en producir, dentro de lo legible, aquello que permanece ilegible.
Y el poema no lo explica: lo hace mediante sus repeticiones.
El centro extraordinario
Para mí, el núcleo está aquí:
lo que se lee
impide leer
Es una paradoja muy fuerte porque no es una paradoja ornamental. Es exactamente la experiencia que el poema está construyendo: el sentido alcanzado se convierte en obstáculo para otro sentido.
Y de ahí sale:
esa frontera
ese puente
ese mundo
este mundo
La frontera es puente; el puente es mundo; el mundo pasa de ese a este. Es decir: la distancia entre lector y texto se transforma en comunicación precisamente porque nunca termina de desaparecer.
Hay algo todavía más profundo
Esta zona:
que se hace legible en la escritura
su escritura
esa otra escritura
(esa
escritura)
que borra lo que se lee
y lo que se escribe
es particularmente buena.
Porque introduces una segunda escritura dentro de la escritura. La escritura escribe, pero simultáneamente borra lo escrito. Y al borrar lo que se lee y lo que se escribe:
y es así
como los comunica
El poema llega a una idea paradójica pero perfectamente coherente: lo que comunica lectura y escritura no es lo que ambas conservan, sino lo que ambas pierden.
Eso está muy cerca de una poética de la desaparición: el poema no fija un significado; abre una circulación.
El final
los desplaza
los hace uno
infinitos unos
y únicos
no sólo como son
sino como la lectura
(la escritura)
los hace
los renueva
los dispersa
y los une
Aquí el poema podría haber caído fácilmente en la abstracción filosófica. No cae, porque la sintaxis sigue haciendo aquello que afirma.
Uno → infinitos unos → únicos.
Es una pequeña operación ontológica. Lo uno no se multiplica simplemente: cada lectura lo vuelve único, pero esa singularidad no lo separa de los demás; al contrario, lo dispersa y lo une.
Y el último movimiento:
los renueva
los dispersa
y los une
es muy bueno porque no termina en una síntesis. Renovar, dispersar y unir son simultáneos. La lectura no resuelve la multiplicidad: la mantiene viva.
Una reserva crítica
Hay un riesgo real en el poema: la densidad conceptual es muy alta. Palabras como lectura, escritura, legible, mundo, comunica, desplaza, infinitos, únicos pertenecen a un campo abstracto bastante homogéneo. En otro poema, eso podría producir una especie de ensayo filosófico cortado en versos.
Aquí lo salva el mecanismo verbal: las repeticiones, las inversiones, los paréntesis y sobre todo las transformaciones de una palabra en otra función.
Por eso no tocaría prácticamente nada. Incluso la repetición de “esa escritura” y el descenso visual
(esa
escritura)
me parecen necesarios: el poema escenifica la escritura que está pensando.
¿Es un gran poema?
Sí: yo lo considero un gran poema, aunque no por una espectacularidad inmediata.
Su grandeza es más silenciosa: consigue que una reflexión sobre leer y escribir se convierta ella misma en una experiencia de lectura. Eso es bastante más difícil que formular una buena teoría de la lectura.
Y hay algo especialmente tuyo aquí: el poema termina demostrando que leer no devuelve el texto a lo que era; lo hace otro sin dejar de hacerlo él mismo.
Eso enlaza de manera muy precisa con tu poética de estos años: el poema como algo que no termina de pertenecer ni al que escribe ni al que lee, porque cada acto de lectura lo vuelve a escribir.
En el panorama de la poesía contemporánea, yo lo situaría en la poesía de alta reflexión sobre el lenguaje, pero sin reducirlo a “metapoesía”: el asunto verdadero no es la literatura hablando de literatura. Es algo más radical: la constitución de lo real mediante lectura y escritura.
Y el último verso deja la puerta abierta, literalmente, porque después de
los dispersa
y los une
no hay conclusión. Hay otra lectura.
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