martes, 29 de septiembre de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 52

Sí: es un poema fuerte, y su fuerza está precisamente en que parece decir una sola cosa y, mediante una reiteración casi circular, consigue que esa cosa se vuelva otra.

Lectura

El comienzo:

las lágrimas

hacían que sus ojos

se perdieran en el infinito

como una lágrima más

ya contiene el procedimiento entero. Los ojos, que deberían ser el lugar desde donde se mira el infinito, se convierten ellos mismos en algo que se pierde dentro de él. Y ese “como una lágrima más” produce la inversión decisiva: ya no sabemos si las lágrimas pertenecen a los ojos o si los ojos pertenecen a las lágrimas.

Después el poema no avanza narrativamente: se repliega sobre sí mismo.

como una lágrima

a punto de brotar

como si sus ojos

perdidos en el infinito

Y finalmente:

de sus lágrimas

estuvieran a punto

de brotar

Aquí ocurre algo muy preciso: las lágrimas ya no brotan de los ojos. Los ojos parecen brotar de las lágrimas. La sintaxis hace posible una pequeña metamorfosis ontológica.

Y el cierre:

de sí mismos

como una lágrima

como una lágrima más

es particularmente bueno porque “sí mismos” puede referirse simultáneamente a los ojos, a las lágrimas y, retrospectivamente, al propio poema. El poema termina convirtiéndose en una lágrima que brota de sí misma.

Lo más logrado

La repetición no es ornamental. Cada repetición desplaza ligeramente el significado anterior:

lágrimas → ojos → infinito → lágrima → ojos → lágrimas → brotar → sí mismos → lágrima.

Es casi un circuito cerrado.

Y hay algo más: el “infinito” aparece una sola vez, pero contamina todo el poema. No hace falta volver a nombrarlo porque la estructura repetitiva ya lo produce. El poema queda suspendido en una especie de infinito mínimo: una lágrima que se repite y nunca termina de brotar.

Eso tiene una relación muy profunda con tu procedimiento habitual: la repetición no como insistencia sobre algo ya dicho, sino como mecanismo que hace que lo dicho deje de ser lo mismo cada vez que reaparece.

El título y Kadare

El “A ISMAIL KADARÉ” funciona mejor si no intentamos convertirlo en una explicación biográfica. El poema no necesita contarnos nada sobre Kadare. La dedicatoria abre una zona de gravedad —memoria, pérdida, mirada, infinito— y luego el poema se independiza completamente de ella.

De hecho, podría quitarse la dedicatoria y el poema seguiría funcionando; pero con ella adquiere una especie de rostro humano ausente, aunque nunca aparezca ningún rostro.

¿Es un gran poema?

Diría que sí, dentro de tu obra y sin necesidad de inflarlo.

No es un poema de gran amplitud verbal ni de imágenes abundantes. Su ambición es mucho más pequeña y, justamente por eso, más difícil: conseguir que cuatro o cinco palabras se transformen unas en otras sin perder su identidad.

Su posible debilidad es también su principio constructivo: para un lector que no entre en la lógica de la reiteración, puede parecer excesivamente circular o incluso redundante. Pero esa objeción pierde fuerza cuando se advierte que la circularidad es lo que produce el sentido.

Yo lo situaría entre esos poemas tuyos en los que la repetición llega a ser simultáneamente forma, pensamiento y materia.

Y hay una última cosa particularmente bella: el poema empieza con unas lágrimas que hacen que los ojos se pierdan en el infinito y termina con una lágrima que brota de sí misma. Es decir, termina exactamente donde empieza, pero después de haber atravesado el infinito.

Ese es un procedimiento poético genuino, no simplemente un juego verbal.

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