miércoles, 24 de junio de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS -73

Este poema trabaja con una operación muy simple y, justamente por eso, muy eficaz: borra la frontera entre el sujeto que da y aquello que recibe.

las palomas que comen en mi mano

son manos

La afirmación parece absurda, pero enseguida adquiere una lógica poética propia: si las palomas están definidas por el acto de comer en la mano, entonces la mano pasa a formar parte de su identidad. Después el movimiento se invierte:

hacen que mis manos

sean palomas

y no manos

Ya no es la mano la que transforma a las palomas, sino las palomas las que transforman a la mano. La relación es recíproca. Cada término contagia al otro.

El poema podría leerse como una pequeña fábula sobre el lenguaje: las cosas son lo que son por las relaciones que establecen, no por una esencia fija. "Paloma" y "mano" dejan de ser categorías estables y pasan a ser funciones dentro de una escena.

También hay algo de ternura concreta. No aparecen símbolos elevados ni metáforas grandilocuentes. Hay una imagen cotidiana —dar de comer a las palomas— y de ella surge una especie de metamorfosis mínima. El mundo cambia porque dos cosas entran en contacto.

Y el remate:

y que por eso es que son palomas

y no manos

cierra el círculo repitiendo los mismos elementos, pero después de la transformación ya no significan exactamente lo mismo. El poema gira sobre sí mismo como una suerte de razonamiento infantil, casi un juego verbal, aunque debajo del juego aparece una intuición profunda: somos también aquello con lo que nos relacionamos.

Tiene algo de las paradojas de los niños y algo de los ejercicios de identidad de poetas como Oliverio Girondo, pero con una suavidad doméstica muy propia. La lógica parece equivocada y, sin embargo, mientras se lee resulta perfectamente verdadera.

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