martes, 23 de junio de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 757

Este poema me da la impresión de estar construido como una cadena de metamorfosis. No avanza por argumentación sino por asociaciones que se van engendrando unas a otras, como si cada imagen fuera el puente hacia la siguiente.

Ya los primeros versos son muy reveladores:

como un caballero medieval

como una cebolla ese hilo

como un puente que inventa las orillas

que lo inventan

Aquí aparece una figura que recorre buena parte de tu poesía: la reciprocidad creadora. El puente inventa las orillas, pero las orillas inventan el puente. Ningún término es anterior al otro.

Es la misma lógica que encontrábamos en el poema de la página en blanco y en aquel donde las palabras enmudecían al poeta: el origen nunca está de un solo lado.

Después llega una formulación extraordinaria:

el cada paso del siguiente paso

No "cada paso sigue al anterior", sino que cada paso parece provenir del que todavía no ocurrió. El futuro genera el presente. Otra inversión de causalidades.

Y enseguida aparece una pregunta que parece ingenua pero sostiene el centro del poema:

porque qué es una estrella

qué sería

de las estrellas

sin los charquitos y los caballos

Me gusta mucho este desplazamiento.

La tradición poética suele elevar la estrella y rebajar el charco. Aquí sucede lo contrario: la estrella necesita al charquito.

Porque una estrella sin mirada, sin reflejo, sin tierra, sería una abstracción. El charco es el lugar donde la estrella aparece. El caballo es el mundo concreto que la acompaña.

La altura necesita la humildad.

Luego surge una referencia muy hermosa:

como si aquel caballero

su andar a pie como el ínclito albatros

el inédito albatros

Es difícil no pensar en el famoso albatros de Charles Baudelaire, ese pájaro magnífico en vuelo y torpe sobre cubierta. Pero el poema juega inmediatamente con la tradición:

ese verso plagiado tantas veces

que cada vez y aún y todavía

es más y más original

Me parece uno de los hallazgos más felices del texto.

La idea habitual es que la repetición desgasta. Aquí la repetición renueva.

Un verso vuelve a ser original precisamente porque regresa una y otra vez. Como las palabras fundamentales del lenguaje, que han sido dichas millones de veces y sin embargo siguen siendo nuevas cuando encuentran su contexto.

El final es conmovedor y perturbador a la vez:

esos ojos del muerto

los ojos de la muerte

los ojos

de los muertos

La repetición va desplazando apenas el sentido. No son equivalentes.

Los ojos del muerto. Los ojos de la muerte. Los ojos de los muertos.

Cada variante abre una perspectiva distinta.

Y desemboca en los versos finales:

esos ojos

en los que nos reflejamos cuando vemos

lo que vemos

Aquí ocurre algo notable: ya no somos nosotros quienes miramos a los muertos. Son sus ojos los que se convierten en espejo.

La visión termina siendo un reflejo.

No vemos simplemente el mundo. Nos vemos viendo.

Por eso tengo la sensación de que este poema está atravesado por una pregunta silenciosa: ¿qué hace posible la mirada?

Así como las estrellas necesitan charcos, el puente necesita orillas y el verso necesita sus plagios, también nosotros necesitamos esos ojos ajenos —los de la tradición, los de los muertos, los de quienes estuvieron antes— para ver lo que vemos.

El poema entero parece sostener que nada existe por sí solo. Todo se inventa mutuamente.

El puente y las orillas. La estrella y el charco. El verso y sus repeticiones. Los vivos y los muertos.

Y quizá también el poeta y el poema. Porque mientras uno lo lee, da la impresión de que el texto no está describiendo relaciones: está mostrándolas en acto, haciendo que cada imagen nazca de la anterior como si todas fueran, efectivamente, "el cada paso del siguiente paso".

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