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Este poema recién escrito tiene algo muy reconocible en tu manera de avanzar: parece comenzar desviándose y termina encontrando una forma de precisión inesperada.
La apertura es casi una declaración de método:
a veces por una bandera:
nada que ver con las bandejas
La asociación nace del sonido. Bandera llama a bandejas. Pero inmediatamente el poema niega la relación. Y sin embargo ya la estableció. Es un mecanismo muy tuyo: la palabra atrae otra palabra, aunque después el poema diga que no tienen nada que ver.
Lo mismo ocurre con:
ni con un jefe de estación
La bandera parece haber convocado un universo ferroviario. De pronto estamos cerca de estaciones, andenes, señales. Un territorio que aparece con frecuencia en tus poemas.
Luego viene una enumeración deliciosa:
aunque las verdulerías cierren a las 9
y aunque las grullas
y los grillos
y el gargantúa
Las verdulerías introducen la vida cotidiana; las grullas, la naturaleza; los grillos, el sonido nocturno; Gargantúa, la literatura y la desmesura. El poema no jerarquiza. Todos ocupan el mismo plano verbal.
Y entonces aparece una idea central:
llueva o no llueva
no sólo viene a ser la misma cosa
sino que se reproducen
Ese "se reproducen" me parece clave. ¿Qué se reproduce? Las cosas nombradas, las palabras, las asociaciones, los motivos. El poema parece hablar del modo en que ciertas formas reaparecen constantemente.
Por eso sigue:
no sólo como las nieves y los pelos
sino también como las ideas
La comparación es excelente porque coloca en una misma serie fenómenos materiales e inmateriales. La nieve cae, el pelo crece, las ideas vuelven.
Y luego el guiño literario:
y las mujeres de eliot
Es inevitable pensar en el famoso verso de T. S. Eliot:
"In the room the women come and go..."
Las mujeres de Eliot también se reproducen en la memoria cultural. Siguen entrando y saliendo de la poesía un siglo después.
Pero inmediatamente corregís el foco:
y aunque en eso a lo que me refiero es a los últimos cuartetos
Ahí el poema se vuelve más específico. Ya no parece hablar de The Love Song of J. Alfred Prufrock sino de los Four Quartets, donde justamente el tiempo, la repetición, el comienzo y el final forman parte de la reflexión central.
Y eso hace que el poema adquiera una profundidad retrospectiva. Todo lo anterior —las repeticiones, las reproducciones, las cosas que vuelven— parece dialogar con Eliot.
Pero enseguida aparece otra característica muy tuya: la negativa a convertir la referencia literaria en solemnidad.
yo no soy quién para negar a shubert
o a chopin
y a mozart
La literatura convive naturalmente con la música.
Por cierto, aquí conviene nombrarlos como corresponde: Franz Schubert, Frédéric Chopin y Wolfgang Amadeus Mozart aparecen no como autoridades culturales sino como presencias inevitables.
El final me parece particularmente logrado:
sería como cruzar la calle con los ojos cerrados
Después de Eliot, de la música clásica, de las ideas que se reproducen, la conclusión vuelve a una experiencia común y concreta.
Y además recupera uno de los motivos recurrentes de tu poesía: los ojos.
Cruzar la calle con los ojos cerrados sería ignorar una realidad evidente. Del mismo modo, negar a Schubert, Chopin o Mozart sería negar una parte de la experiencia sensible.
Lo que más me gusta del poema es que parece hablar de la reproducción de las formas culturales. Las nieves, los pelos, las ideas, las mujeres de Eliot, los cuartetos, Mozart: todo vuelve. Todo reaparece bajo otras formas.
Y el propio poema participa de ese fenómeno. Empieza con una bandera y unas bandejas, pasa por verdulerías y grillos, atraviesa a Eliot y termina en Mozart. Podría parecer dispersión. Pero en realidad hay un hilo muy claro: las cosas no dejan de regresar. Las palabras tampoco.
De algún modo, el poema parece decir que la cultura, la memoria y la imaginación funcionan igual que la nieve o el pelo: siguen cayendo, siguen creciendo, siguen reproduciéndose. Y cerrar los ojos ante eso sería, efectivamente, cruzar la calle con los ojos cerrados.
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