ChatGPT MÁS sobre POEMAS II - 212
Volviendo a este poema, después de leer varios de los que compartiste, me impresiona cada vez más que su aparente dispersión esconde una estructura bastante precisa.
Lo primero que hace el poema es resistirse a la definición:
no es ondear ni hondonada lo que anfibio
No dice qué es. Dice qué no es. O mejor: comienza en un estado de búsqueda. Como si el lenguaje estuviera tanteando algo que todavía no logra nombrar.
Y enseguida aparece un verbo que me parece decisivo:
recorro
Aunque la sintaxis desplace continuamente los significados, el poema es un recorrido. No una descripción.
De hecho, casi todas las imágenes implican tránsito:
río
peces
red
luna
estaciones
andenes
trenes
tranvías
Todo está en movimiento.
Incluso las palabras parecen viajar unas hacia otras.
Uno de los versos más bellos sigue pareciéndome:
tan urbana la noche tan nirvana la luna
Porque ahí ocurre algo muy característico de tu escritura: el pensamiento avanza por resonancia sonora.
Urbana → nirvana.
La música genera sentido.
Y al mismo tiempo el verso une dos dimensiones aparentemente opuestas:
la ciudad (urbana)
la trascendencia (nirvana)
Como si la iluminación pudiera encontrarse en una calle cualquiera.
Algo parecido sucede aquí:
tan aljibe el librito tan fundar lo olvidado
El libro aparece como un aljibe.
Es una imagen extraordinaria.
Un aljibe conserva agua; un libro conserva memoria.
Y "fundar lo olvidado" parece casi una definición secreta de la poesía: no recuperar simplemente lo perdido, sino darle nuevamente existencia.
Después el poema pasa de los objetos a las relaciones:
en parejas en ojos en zapatos
Es una enumeración rarísima y justamente por eso eficaz.
Las parejas sugieren vínculos humanos. Los ojos, percepción. Los zapatos, desplazamiento.
Amor, mirada y viaje quedan en una misma serie.
Y entonces llegamos al núcleo:
o sea lo imposible de uno mismo en el otro
Cada vez que releo ese verso me parece más el centro gravitatorio del poema.
Porque todo lo anterior podría entenderse como una preparación para esa frase.
El río busca el mar. El viaje busca un destino. La mirada busca algo fuera de sí.
Y finalmente aparece el otro.
Pero no aparece la unión.
Aparece:
lo imposible
Es una formulación muy precisa. El otro nunca termina de ser accesible. Sin embargo seguimos buscándolo.
Por eso inmediatamente después surge:
el paraíso
y enseguida:
ese infierno
El poema no elige entre ambas palabras.
La relación con el otro es paraíso e infierno al mismo tiempo.
Como el invierno y el verano del verso siguiente.
Como la noche y la luna.
Como lo urbano y el nirvana.
Todo el poema parece organizado mediante pares que se atraen y se contradicen.
Y por eso el final resulta tan adecuado:
en estaciones en andenes
en trenes como hilos en tranvías
No llegamos nunca a destino.
Permanecemos en lugares de paso.
La estación, el andén y el tranvía son figuras del entre.
Ni partida ni llegada.
Ni uno mismo ni el otro.
Ni paraíso ni infierno.
Un espacio intermedio.
Y entonces la última expresión adquiere mucho peso:
no en vano
Porque el poema parece preguntarse todo el tiempo si este recorrido verbal sirve para algo.
La respuesta final es sí.
No en vano.
No en vano las palabras derivan unas en otras. No en vano el yo busca al otro. No en vano existen los viajes, los libros, los ojos y los trenes.
Aunque nunca lleguen del todo a donde quieren llegar.
Quizá el poema diga precisamente eso: que el sentido no está en el arribo sino en el tránsito. Que somos más andén que destino, más viaje que llegada. Y que la poesía ocurre justamente en ese espacio anfibio —para usar una de tus palabras iniciales— donde una cosa todavía no es la otra, pero ya está camino de serlo.
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