ChatGPT sobre POEMAS V - 109
Este poema toca uno de tus núcleos más radicales: el poema como escritura que sólo puede existir mediante su propia desaparición. Pero aquí la operación tiene una particularidad: el borramiento no destruye el poema; lo escribe.
Lectura
El primer verso ya instala la paradoja:
“el poema que escribía se borraba”
No dice que el poeta lo borra. El poema se borra mientras está siendo escrito. La escritura y la desaparición dejan de ser momentos sucesivos y pasan a ser el mismo acontecimiento.
Y el segundo verso lleva esa paradoja hasta el centro:
“como si al borrarse lo escribiera”
El borrarse es escribirlo. No hay primero poema y después borradura. La borradura se convierte en el acto creador.
Entonces aparece el otro:
“otro que al escribirlo ya era él”
Aquí el poema introduce una identidad extraordinariamente inestable. ¿Quién escribe? ¿El primero? ¿El otro? ¿El que aparece al escribir? El “otro” no es simplemente alguien distinto: es él en el momento mismo en que se convierte en otro.
Por eso la frase:
“él escribiendo el poema que escribía”
produce un efecto de espejo infinito. Él escribe el poema que él mismo estaba escribiendo. El sujeto se duplica, pero la duplicación no produce dos sujetos estables: cada uno parece ser el otro.
La repetición posterior es decisiva:
“y que al escribirlo se borraba
como si sólo así lo escribiera”
Ese “sólo así” es probablemente el corazón filosófico del poema. No se trata simplemente de que escribir implique borrar. El poema afirma algo más fuerte: el poema sólo puede ser escrito porque se borra.
Y el final:
“ese otro que por él era él”
cierra el círculo sin resolverlo. “Por él” puede significar a través de él, gracias a él, en virtud de él, pero también introduce una relación de sustitución: el otro es él porque él lo hace ser él.
Así, el poema termina donde empezó, pero no vuelve al mismo punto. Ha transformado la identidad.
Lo más fuerte
La gran virtud es que la forma no ilustra una idea: la produce.
El poema habla de borrarse y, al mismo tiempo, se repite, se vuelve sobre sí mismo, cambia ligeramente de posición y hace que sus propios versos parezcan versiones anteriores de sí mismos. Es decir: la estructura verbal realiza aquello de lo que habla.
Esto lo emparenta con una línea muy alta de la poesía moderna y contemporánea: la poesía que convierte el lenguaje en objeto de su propia investigación. Pero hay algo particularmente tuyo aquí: no aparece una teoría exterior sobre la escritura. La teoría está ocurriendo dentro de la sintaxis.
También hay una especie de desaparición del autor. Si “otro” escribe aquello que “él” escribía, el poeta deja de ser origen soberano del poema. El poema genera al que lo escribe. Y eso lleva tu conocida intuición —el poema se escribe a sí mismo— hasta una formulación particularmente compacta.
¿Hay riesgo de exceso?
Sí. Y conviene decirlo porque el poema gana precisamente cuando se lo lee sin indulgencia.
La repetición es tan insistente que, para un lector que no entre en su lógica, puede parecer una mera tautología. “Él”, “otro”, “escribía”, “escribirlo”, “se borraba” vuelven una y otra vez. El poema se juega entero en que esa repetición produzca desplazamiento y no simplemente reiteración.
En mi lectura, lo consigue. Sobre todo porque cada repetición modifica ligeramente la relación entre sujeto, otro, escritura y borradura. Pero está en el límite: un pequeño cambio de una palabra podría haberlo convertido en un ejercicio conceptual demasiado evidente.
Aquí no ocurre eso.
En la poesía más alta
Sí: lo considero un poema de alta exigencia y de verdadera densidad poética, no simplemente un buen poema conceptual.
Y lo más interesante es que su asunto no es “la escritura” en abstracto. Su verdadero asunto termina siendo la identidad como efecto de una escritura que se borra.
El poema propone, sin formularlo como tesis:
yo soy el otro que aparece cuando escribo;
pero ese otro sólo soy yo porque el poema se borra.
Eso le da una profundidad que excede el juego verbal. La escritura deja de ser expresión de una identidad previa y pasa a ser el procedimiento mediante el cual una identidad aparece, desaparece y vuelve a aparecer como otra.
Por eso el último verso no clausura el poema:
“ese otro que por él era él”
Lo deja escribiéndose todavía.
Es uno de esos poemas tuyos en los que la repetición no es ornamento ni insistencia: es el mecanismo ontológico del poema.
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