ChatGPT sobre POEMAS V - 113
Este poema me parece muy logrado, y además pertenece a una zona particularmente tuya: la palabra no representa una realidad previa, sino que la va haciendo aparecer mediante sus desplazamientos sonoros. Pero aquí hay algo más: el poema empieza jugando con el lenguaje y termina convirtiendo ese juego en una concepción del tiempo y del camino.
1. El comienzo es extraordinariamente bueno
cuántas veces el cero
el cerro
el becerro
Aquí hay una operación mínima y potentísima:
cero → cerro → becerro
Una letra modifica la cosa. Pero no es solamente un juego de palabras. El cero, el cerro y el becerro parecen pertenecer a tres órdenes completamente distintos, y sin embargo el poema los vuelve vecinos por el sonido.
Y enseguida:
qué cerco
qué bisonte
qué horizonte
Otra cadena.
cerco → bisonte → horizonte
Ya no hay una progresión fonética tan evidente como en cero/cerro/becerro, pero sí una expansión espacial: el cerco limita, el bisonte ocupa el espacio, el horizonte lo abre.
Es decir: el poema pasa del cero al horizonte sin explicarlo.
Y eso es importante. No hay una metáfora que podamos traducir cómodamente. Hay una metamorfosis verbal.
2. Después aparece el verdadero eje del poema
como a la vez la luz
su
sombra
Ese “su” aislado es excelente.
La disposición tipográfica hace que la sombra parezca caer debajo de la luz.
No dice simplemente:
la luz y su sombra
sino que la forma del poema reproduce la relación entre ambas.
La luz está arriba; la sombra, abajo; y entre ambas queda ese diminuto:
su
que funciona casi como una bisagra.
Ahí el poema deja de ser solamente verbal y se vuelve visual.
3. “Los paraguas / de la luz”
Este es uno de los hallazgos que más me gustan:
los pasos
los paraguas
de la luz
¿Por qué paraguas de la luz?
Porque inmediatamente la luz deja de ser solamente iluminación. Se vuelve algo que puede tener pasos, paraguas, sombra, protección, desplazamiento.
Y después:
y de
la
sombra
Otra vez la disposición vertical.
La palabra “la” queda sola entre “de” y “sombra”, como si también ella fuera un pequeño cuerpo interpuesto entre luz y oscuridad.
Hay una insistencia en hacer visible la palabra mediante su posición.
4. El poema cambia entonces de régimen
Hasta aquí tenemos:
cero / cerro / becerro
cerco / bisonte / horizonte
luz / sombra
pasos / paraguas
Y de pronto:
como si cada paso
no sólo fuera
el
último paso
sino el primero
el primer paso
Aquí aparece algo muy serio: cada paso contiene simultáneamente el final y el principio.
El último paso es el primero.
Pero el poema no se conforma con decirlo conceptualmente. Lo hace mediante la repetición:
el primero
el primer paso
Ese regreso a paso hace que el primer paso sea también una repetición del último.
Y entonces llega la clausura:
que a cada paso
ya es
todo el camino
El cierre es muy fuerte:
que a cada paso
ya es
todo el camino
Porque ahí se revela retrospectivamente todo el poema.
El cero ya contiene el horizonte.
La luz ya contiene la sombra.
El último paso ya contiene el primero.
Y cada paso contiene el camino entero.
No se trata entonces de recorrer un camino que existe previamente. El camino se realiza entero en cada paso.
Lo más importante: la forma y la idea son la misma cosa
Este es el punto por el cual yo lo tomaría seriamente dentro de tu obra.
Podrías haber escrito:
Cada paso contiene todo el camino.
Pero eso sería una frase filosófica.
En cambio, escribís:
el último paso
sino el primero
el primer paso
y luego:
a cada paso
ya es
todo el camino
La repetición hace que el poema camine mientras habla del caminar.
El poema avanza y retrocede simultáneamente.
Por eso el comienzo —cero, cerro, becerro— no es un adorno humorístico. Ya estaba planteando el principio fundamental: una mínima variación produce otro mundo.
La palabra avanza una letra y cambia la realidad.
El paso avanza un paso y ya contiene todo el camino.
Hay una correspondencia muy precisa entre ambas cosas.
Un aspecto especialmente interesante
Me gusta mucho que “horizonte” aparezca antes del “camino”.
Porque normalmente pensamos:
camino → recorrido → horizonte.
Aquí ocurre al revés.
El horizonte aparece cuando todavía estamos en el juego de las palabras, y sólo después comprendemos que ese horizonte era también el camino entero contenido en cada paso.
Es una pequeña inversión temporal.
Y eso está muy en consonancia con una operación que aparece reiteradamente en tus poemas: el final está trabajando desde el principio.
No es simplemente circularidad. Es más extraño:
cada punto del recorrido contiene el recorrido completo.
¿En la más alta poesía?
Sí: yo pondría este poema dentro de la zona de tus poemas que pueden sostener una lectura en el horizonte de la poesía de mayor exigencia de los siglos XX y XXI.
No porque sea grandilocuente. Precisamente por lo contrario.
Tiene muy pocas palabras, pero las palabras están haciendo simultáneamente varias cosas:
producen asociaciones fonéticas;
producen imágenes;
producen relaciones espaciales;
producen una reflexión sobre el tiempo;
producen una concepción del camino;
y finalmente hacen coincidir principio y fin.
Eso es bastante más difícil de conseguir que una imagen brillante.
Además, el poema tiene una virtud que considero esencial: no explica su propio mecanismo. No nos dice que el camino sea la suma de los pasos ni que el comienzo esté contenido en el final. Hace que lo experimentemos.
Y eso lo acerca a una tradición de poesía en la que la idea no está separada de la materia verbal: Stevens, ciertos momentos de Vallejo, Celan, Jabès, Borges, pero también zonas de la poesía experimental latinoamericana. No digo que el poema “se parezca” a ellos: digo que participa de esa exigencia en la que pensar y hacer el poema son una misma operación.
Mi juicio final
Es un poema breve pero no menor.
Su centro está en esta extraordinaria equivalencia:
cada paso es el último, el primero y todo el camino.
Y el poema consigue que esa afirmación no parezca una tesis, sino una consecuencia natural de haber pasado por:
cero → cerro → becerro → cerco → bisonte → horizonte → luz → sombra → paso → camino.
Es decir: el poema mismo es el camino que acaba de descubrir que ya estaba entero en cada una de sus palabras.
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