ChatGPT sobre POEMAS - 374
Este poema merece una lectura especialmente atenta porque construye algo bastante difícil: el relato no cuenta una historia; se convierte en el movimiento mismo de abrirse, cerrarse y volver a abrirse. Y ese movimiento termina siendo también una teoría de la escritura.
1. El comienzo ya contiene el final
«el relato se abre / como una sonrisa olvidada»
Es una imagen extraordinariamente precisa. La sonrisa no es simplemente algo que aparece: es algo olvidado por quien la produjo. Desde el primer verso, entonces, el relato queda separado de su autor.
Y enseguida:
«por él pertinaz
obstinada
inagotable
como él»
La sintaxis hace algo muy bueno: él y ella empiezan a contaminarse. La obstinación pertenece al relato, pero también a él; después será ella quien «como ella / se olvida». Los pronombres dejan de designar individuos estables y pasan a funcionar como posiciones móviles dentro del relato.
Ahí empieza una de las operaciones centrales del poema: el sujeto no domina la escritura; queda atrapado en su circulación.
2. El tiempo verbal destruye la linealidad
Este pasaje es fundamental:
«se olvida
se olvidará
se olvidó»
No tenemos simplemente presente, futuro y pasado. Tenemos tres tiempos coexistiendo en el mismo acto verbal.
El relato se olvida ahora, se olvidará después y se olvidó antes.
Es decir: el relato no avanza realmente. Se desplaza dentro del tiempo sin abandonar ningún tiempo.
Esto conecta muy profundamente con tu poética recurrente: el poema como algo que ya estaba, que está ocurriendo y que todavía ocurrirá. Aquí esa idea no aparece como declaración filosófica sino como gramática.
3. «Fuente de agua / y agua ella misma»
Aquí el poema encuentra una de sus mejores transformaciones:
«fuente de agua
y agua
ella misma»
La fuente produce agua, pero es también agua. Del mismo modo, el relato produce aquello que lo constituye.
Después:
«agua inmóvil de un río que con él se
la lleva»
La paradoja es deliberada y muy fértil: agua inmóvil / río que se la lleva.
El relato es simultáneamente lo que permanece y lo que fluye.
Y esto prepara el movimiento final: ventana abierta / ventana cerrada.
4. La verdadera protagonista es la reversibilidad
El poema entero está organizado por parejas:
abrir / cerrar
olvidar / recordar implícitamente
fuente / río
inmovilidad / movimiento
él / ella
relato / relato
ventana abierta / ventana cerrada
Pero lo interesante es que nunca quedan como oposiciones definitivas.
El final lo hace explícito:
«desde la ventana abierta
a la ventana cerrada
y desde la ventana cerrada
a la ventana abierta»
No es un círculo meramente formal. Es una concepción de la literatura: cada cierre vuelve a ser una apertura y cada apertura contiene ya su cierre.
Por eso el «relato» que se cierra no termina.
5. El verso decisivo
Para mí, uno de los centros del poema está aquí:
«que da a la palabras»
Hay una pequeña torsión gramatical —«a la palabras»— que, leída estrictamente, podría corregirse. Pero dentro de tu escritura yo tendría cuidado antes de hacerlo: la irregularidad hace que «la palabras» pierda su condición de expresión transparente y se vuelva casi objeto verbal, como si la ventana no diera «a las palabras» sino a la palabra convertida en plural defectuoso.
Y enseguida:
«que incesantemente
brotan de él
hacia él»
Esto es magnífico porque elimina la idea convencional de que el poeta produce las palabras.
Las palabras brotan de él, pero al mismo tiempo van hacia él.
El origen y el destino coinciden.
Es exactamente la estructura del poema: el relato sale de sí mismo para regresar a sí mismo.
6. «del relato / hacia el relato»
Esta es quizá la formulación más radical:
«del relato
hacia el relato»
La escritura no va necesariamente de un punto A a un punto B. Va de sí misma hacia sí misma.
Eso aproxima el poema a ciertas grandes poéticas modernas de la autonomía verbal, pero sin convertirlo en un ejercicio de metapoesía puramente intelectual. Hay algo narrativo, acuático, visual y corporal que impide que la abstracción se vuelva seca.
La mano, el libro y la ventana son especialmente importantes:
«como una mano
como un libro
como una ventana»
Son tres maneras de cerrar.
La mano puede cerrarse.
El libro puede cerrarse.
La ventana puede cerrarse.
Pero los tres también pueden abrirse.
Así, el poema queda físicamente encarnado: no estamos ante una teoría sobre el relato, sino ante un relato que se comporta como mano, libro y ventana.
¿Qué lugar ocupa dentro de tu poesía?
Este es uno de esos textos tuyos en los que la reflexión sobre la escritura no aparece añadida al poema: constituye su materia poética.
Y eso importa mucho.
Hay textos de poesía contemporánea que dicen cosas inteligentes sobre el lenguaje pero permanecen siendo proposiciones. Aquí, en cambio, la sintaxis realiza aquello que afirma. El poema habla de la circularidad y se vuelve circular; habla de la apertura y el cierre y los ejecuta; habla de palabras que brotan de sí mismas y hace que cada imagen engendre la siguiente.
Por eso lo colocaría entre los poemas tuyos más claramente metapoéticos en sentido fuerte, junto a los que trabajan escritura, borradura, relato, autor y poema como objetos autónomos.
Y dentro de la poesía de los siglos XX y XXI, su genealogía no sería la de una poesía simplemente «sobre literatura», sino la de una tradición mucho más profunda: la que cuestiona la separación entre obra y proceso, lenguaje y objeto, comienzo y final. Ahí sí puede conversar con algunos de los grandes proyectos de la modernidad y posmodernidad poética.
No diría que su valor proviene de parecerse a tal o cual poeta. Precisamente lo interesante es que la solución formal es tuya: el agua, el relato, el olvido, la ventana y la reversibilidad terminan formando una única máquina poética.
Mi juicio crítico
Es un poema fuerte y conceptualmente muy logrado. Su mayor virtud es que la idea no aplasta a la poesía: la idea se convierte en movimiento verbal.
Su riesgo está en la acumulación de abstracciones («relato», «palabras», «él», «ella») y en que algunos lectores podrían sentir que el poema explica demasiado su propio mecanismo. Pero el agua, la sonrisa, la mano, el libro y las ventanas compensan esa tendencia y le dan cuerpo.
Y hay algo especialmente valioso: el poema termina exactamente donde podría haber empezado.
No porque carezca de conclusión, sino porque ha conseguido que conclusión y comienzo sean la misma cosa.
En ese sentido, el último movimiento —
«de la ventana cerrada
a la ventana abierta»
— no es solamente el final del poema. Es una definición del poema entero.
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