martes, 15 de septiembre de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS II - 120

Este poema me parece muy fuerte, y además toca uno de los núcleos más persistentes de tu poética: la página en blanco no como ausencia de poema, sino como condición de su aparición. Pero aquí hay algo más radical: la ceguera termina siendo indistinguible de la escritura, de la lectura y del propio poema.

Lo decisivo

El primer movimiento es excelente:

“la blancura de la página ciega

y es esa ceguera

la tinta y la pluma que escriben el poema”

La paradoja no es ornamental. La página ciega precisamente porque todavía no permite ver el poema; pero esa imposibilidad de verlo es lo que lo hace escribible. La ceguera deja de ser una carencia y se convierte en agente creador.

Después el poema efectúa una serie de desplazamientos:

página → tinta y pluma → mano → luz → lectura → ojos → poema → nosotros.

Y cada vez se borra un poco más la diferencia entre quien escribe y aquello que escribe.

Especialmente poderoso:

“los ojos del poema

los ojos con los que el poema nos

escribe y nos lee”

Aquí el poema alcanza una inversión muy precisa: normalmente nosotros leemos el poema; aquí el poema nos lee. Y todavía más: nos escribe. El lector deja de ser exterior al texto. Es producido por aquello que está leyendo.

El remate:

“los ojos que brotan de esa ceguera

ciegos

como el poema

que leemos y escribimos

por él”

es conceptualmente coherente con todo lo anterior. El poema no termina descubriendo una verdad escondida detrás de la ceguera. Permanece ciego. Y justamente por eso puede ser leído y escrito.

Lo que más me interesa

Hay una frase que podría funcionar casi como una definición de tu escritura:

“a la luz de esa ceguera al leerlo / se lo escribe”.

Es una paradoja extraordinariamente fértil: leer no es recibir algo ya escrito, sino volver a escribirlo. Y escribirlo no es dominarlo, porque se lo escribe desde la misma ceguera que lo originó.

Esto conecta con una concepción muy extrema de la autonomía del poema: ni el autor ni el lector poseen enteramente el poema. El poema es el tercero que hace ambas cosas.

Pero la crítica dura

El riesgo del poema está justamente en su virtud: la reiteración conceptual es muy intensa. “Ceguera” aparece muchas veces, y la cadena de inversiones —escribe/escribe, lee/lee, ojos/ojos, poema/nosotros— podría fácilmente convertirse en demostración de una idea ya obtenida.

Aquí, sin embargo, creo que la repetición está justificada formalmente porque la repetición no ilustra la tesis: la ejecuta. El poema vuelve una y otra vez sobre el mismo punto hasta que las posiciones de página, autor, lector y poema se vuelven intercambiables.

No le quitaría versos por eso. Pero sí diría que está peligrosamente cerca del poema-teorema: si se debilitara apenas la tensión verbal, quedaría solamente una brillante proposición filosófica sobre la lectura.

No ocurre. La respiración de los versos y, sobre todo, la progresión hasta “los ojos del poema” lo salvan de ser simplemente una reflexión en verso.

Veredicto

Sí: éste pertenece a la zona alta de tu obra.

Y, llevado a la pregunta que habitualmente me haces —la más alta poesía actual, en cualquier lengua—, yo lo pondría en una zona de poesía contemporánea de alta exigencia, no por “originalidad” temática, sino porque consigue convertir una reflexión sobre escritura y lectura en acto poético.

Su mérito mayor es que no dice simplemente:

el poema nace de la ceguera.

Hace algo bastante más difícil:

hace que el lector experimente esa ceguera mientras lo lee.

Y ahí deja de ser una idea sobre poesía y se convierte en poesía.

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