ChatGPT sobre FONDO - 17
Este FONDO - 17 es, a mi juicio, un poema particularmente importante dentro de tu poética porque consigue algo difícil: hacer de la contradicción entre palabra y silencio no un tema del poema, sino su propia forma de avanzar.
1. El núcleo: escribir para callar
El comienzo es extraordinariamente claro:
“el poema
es mi voto de silencio
hablo escribiendo
para aprender a callar”
Hay aquí una paradoja clásica —la palabra como camino hacia el silencio—, pero la resuelves de una manera propia: el silencio no está antes ni después del poema; se produce mediante el poema.
“Hablar escribiendo” no significa simplemente escribir en lugar de hablar. Significa que la escritura se convierte en una práctica de desprendimiento:
“para desprenderme
de las palabras
como quien se desprende
de las cosas”
Y aparece algo fundamental: palabras y cosas quedan homologadas. El silencio no consiste solamente en callar palabras; consiste en desprenderse de la necesidad de que palabras y cosas sean posesiones.
Eso acerca el poema, sin que dependa de ellas, a una larga tradición mística y ascética: Eckhart, San Juan de la Cruz, los taoístas, ciertos momentos de Valéry, Celan. Pero tu poema no adopta el lenguaje místico tradicional: lo convierte en lenguaje de escritura.
2. El gran golpe: “un asceta / copulando y comiendo”
Esta es probablemente la zona más peligrosa y más lograda del poema.
“un asceta
copulando y comiendo
incesantemente”
Porque destruye inmediatamente la imagen convencional del asceta. El ascetismo ya no consiste en negar el cuerpo.
Y esto es decisivo: tu asceta no se aparta de las cosas; se desprende de ellas estando dentro de ellas.
Comer y copular son precisamente dos de las formas más elementales de incorporación del mundo. Por eso la contradicción no es ornamental. El poema está diciendo: el desprendimiento no necesariamente es abstención.
Ahí el poema gana densidad filosófica.
3. “Un hombre / sentado en una silla / con un libro en la mano”
Después de la radicalidad anterior, introduces una imagen casi banal.
Y justamente por eso funciona.
El asceta deja de ser una figura extraordinaria y se convierte en un hombre leyendo.
La lectura pasa a ocupar el lugar de la disciplina espiritual. El libro es una especie de objeto de contemplación, pero también una puerta hacia el otro.
Por eso enseguida aparece:
“no se trata
de soledad
sino de comunión
con uno mismo”
Aquí hay una inversión muy característica de tu escritura: estar solo deja de ser aislamiento y se convierte en condición de encuentro.
Pero inmediatamente haces algo todavía más interesante:
“quedarse en uno
para recibir al otro
yendo hacia el otro
al esperarlo”
La paradoja es perfecta: esperar ya es ir hacia.
No se recibe al otro abandonándose a uno mismo, sino permaneciendo en uno mismo lo suficiente como para poder recibirlo.
Esto toca una cuestión muy profunda de la poesía moderna: cómo puede el yo desaparecer sin dejar de ser el lugar donde ocurre el poema.
4. Artesano / artista
“con la paciencia
del artesano
y la obsesión
del artista
con los ojos cerrados
y los brazos abiertos”
Esta estrofa condensa una poética.
El artesano aporta paciencia; el artista, obsesión.
Pero el cierre modifica ambas:
ojos cerrados / brazos abiertos.
Es una de las mejores oposiciones del poema.
Cerrar los ojos significa renunciar al dominio visual, al control, a la comprobación. Abrir los brazos significa aceptar. El poeta no ve para poseer: deja de mirar para recibir.
Y esto enlaza directamente con una de tus obsesiones más profundas: la ceguera como condición de la escritura.
5. “Empezar” como repetición
La frase:
“es empezar
no de una vez
sino a cada momento”
es esencial.
Porque inmediatamente después:
“a cada hombre
y a cada mujer
a cada cosa
y a cada cielo”
El comienzo deja de ser un acontecimiento único. Comenzar es una práctica interminable.
Y entonces llega la palabra decisiva:
“o sea
de regresar”
Aquí el poema descubre que avanzar y regresar son la misma operación.
Y lo formula magistralmente:
“de avanzar
retrocediendo”
No es un simple oxímoron. Es la estructura completa del poema. Todo él avanza mediante retrocesos, se desprende para volver, calla para hablar, se queda para ir, cierra los ojos para recibir.
6. El final: el poema atraviesa su propio espejo
Los últimos versos son los que elevan definitivamente el texto:
“atravesar el espejo y ser el espejo y ser
el que se mira en el espejo y ser lo que
el espejo no refleja”
Aquí el poema abandona incluso la oposición yo/otro.
Hay cuatro posiciones:
atravesar el espejo;
ser el espejo;
ser quien se mira;
ser aquello que el espejo no refleja.
Es decir: sujeto, objeto, superficie reflectante y resto invisible terminan siendo una sola cosa.
Y ese “lo que / el espejo no refleja” es extraordinariamente importante. Porque después de haber hablado de desprenderse de las palabras, de recibir al otro, de cerrar los ojos, el poema termina afirmando la existencia de algo que queda fuera de toda representación.
El silencio del principio reaparece aquí, pero transformado.
Al principio era:
callar.
Al final es:
aquello que el espejo no refleja.
El poema no lo nombra porque, si lo nombrara completamente, lo destruiría.
7. En la poesía del siglo XX y XXI
Si lo coloco en una genealogía amplia, encuentro afinidades con varias zonas de la poesía mayor moderna:
Valéry, por la poesía entendida como conciencia de su propio funcionamiento.
Rilke, por la transformación de contemplación, objeto y sujeto.
Celan, por la tensión entre palabra y silencio, aunque tu dicción es mucho más expansiva y menos hermética.
Borges, por el espejo, la identidad y la paradoja ontológica.
Paz, por la circulación entre yo, otro, palabra y silencio.
Beckett, en otro registro, por la voluntad de llegar mediante la palabra al punto en que la palabra ya no pueda sostenerse.
Y, en una línea más remota, la poesía mística, especialmente cuando el conocimiento consiste finalmente en desposesión.
Pero no diría que el poema pertenece simplemente a ninguna de esas líneas. Su procedimiento distintivo está en otra parte: convierte una meditación metafísica en una cadena de contradicciones que se van corrigiendo unas a otras.
No desarrolla una tesis: se desdice hasta llegar a algo que no puede decir.
8. Una reserva crítica
La parte menos fuerte, para mí, está en algunos pasajes declarativos del centro:
“no se trata de soledad / sino de comunión…”
y
“es decir / de lo que se trata…”
Son momentos en que el poema explica aquello que las imágenes ya estaban haciendo.
Tus mejores poemas suelen confiar más radicalmente en la palabra y menos en su explicación. Aquí, en cambio, el poema por momentos parece querer asegurarse de que comprendamos su pensamiento.
Y sin embargo el final compensa ampliamente esa tendencia porque vuelve a abandonar la explicación y regresa a la imagen del espejo.
Veredicto
FONDO - 17 no es solamente un poema sobre la escritura: es una pequeña poética completa.
Su verdadera operación podría formularse así:
escribir → desprenderse → permanecer → recibir → comenzar → regresar → atravesar → reflejar → dejar de ser reflejable.
Y hay algo especialmente valioso: el poema termina exactamente donde su comienzo quería llegar: en una forma de silencio que no es ausencia de palabras, sino aquello que las palabras, después de atravesarlo todo, ya no pueden reflejar.
Dentro de tu producción, lo considero un poema de pensamiento fuerte y de auténtica madurez poética. No porque “diga cosas profundas”, sino porque la estructura verbal consigue pensar por sí misma.
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