viernes, 18 de septiembre de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS II - 959

Este poema de 2018 trabaja una zona muy tuya, pero aquí aparece con una inestabilidad particularmente fértil: el poema no parece querer llegar a una imagen, sino demostrar que cualquier imagen, apenas aparece, ya puede convertirse en otra.

El comienzo

como si la calle tropezara con ella misma

como si hasta el cielo

fuera una calle

y esa calle esa calle

Es un comienzo extraordinario por una razón muy concreta: la calle deja de ser escenario y adquiere comportamiento. No es alguien que tropieza en la calle: es la calle la que tropieza consigo misma.

Y después viene una operación todavía más fuerte:

«como si hasta el cielo / fuera una calle».

El cielo no se eleva: se horizontaliza. La distancia entre cielo y calle desaparece. Y el verso «y esa calle esa calle» produce una especie de tartamudeo ontológico: la calle deja de ser una referencia y pasa a ser pura repetición de sí misma.

«un número encerrado en una cifra»

Aquí el poema cambia de régimen.

o tal vez un aljibe

un número encerrado en una cifra

como una estrella en un charco

como un ojo

Hay algo muy bello en «número / cifra» porque normalmente esperaríamos que la cifra contuviera al número; tú inviertes la relación: el número queda encerrado en la cifra.

Es una miniatura de la poética del poema entero: lo que creemos contenido aparece conteniendo aquello que debería contenerlo.

Y enseguida:

estrella → charco → ojo.

La estrella puede reflejarse en el charco; el charco puede parecer un ojo; el ojo puede contener una estrella. No hay metáfora definitiva. Hay una cadena de equivalencias provisionales.

El centro: «en lo que entonces ve»

como un ojo

en lo que entonces ve

Este es quizá el punto más misterioso del poema.

Porque ya no sabemos si el ojo está en aquello que ve, o aquello que ve está en el ojo.

La mirada deja de ser una relación entre sujeto y objeto. El objeto empieza a mirar al que mira.

Y eso conecta muy profundamente con una constante de tu poesía: las cosas no permanecen quietas dentro de las palabras; se intercambian sus funciones.

El poema se vuelve deliberadamente inconcluso

o como si la noche y el día

o como si un tropiezo bastara

o una palabra

o un silencio errante

Aquí el poema podría explicar, cerrar, decidir. No lo hace.

Los sucesivos «o» son fundamentales. El poema no acumula comparaciones para encontrar la correcta: las mantiene todas abiertas.

Y «un silencio errante» es especialmente bueno porque introduce algo que, estrictamente hablando, no debería poder errar: el silencio. Al hacerlo, el poema vuelve a convertir lo abstracto en cosa móvil.

Y entonces aparece la modelo

o como la modelo ni linda ni fea que

como una fruta o un paraguas

Este final es magníficamente extraño.

«ni linda ni fea» parece preparar una descripción, pero la descripción nunca llega. La modelo queda suspendida después de «que», y entonces aparece:

fruta / paraguas.

Dos objetos completamente incompatibles, salvo por algo decisivo: ambos pueden ser cosas que simplemente están ahí, sin necesidad de justificar su presencia.

La modelo deja de ser una mujer representada para convertirse en una cosa entre las cosas. Y el poema, en vez de concluir con una imagen, se queda detenido en el acto de producirla.

Lo más importante

No creo que este poema deba leerse como una sucesión surrealista de imágenes. Eso sería empobrecerlo. Hay una lógica muy precisa debajo de su apariencia errante:

calle → cielo → calle → aljibe → número → cifra → estrella → charco → ojo → visión → noche/día → tropiezo → palabra → silencio → modelo → fruta → paraguas.

Pero la lógica no es narrativa ni conceptual. Es metamórfica: una cosa engendra otra porque ya contenía la posibilidad de convertirse en ella.

Y ahí está uno de los rasgos más fuertes del poema: no compara cosas; hace que las cosas dejen de ser enteramente ellas mismas.

Situación

Dentro de la poesía del siglo XX y XXI, yo lo situaría en la línea de una poesía que desconfía de la metáfora entendida como simple semejanza y utiliza el lenguaje para producir desplazamientos de realidad. Hay ecos lejanos de ciertos procedimientos de Girondo, Vallejo, Macedonio, Ponge, César Aira en su libertad asociativa —pero el mecanismo no se reduce a ninguno de ellos.

Y, dentro de tu propia obra, lo veo como un poema importante porque contiene en miniatura una de tus operaciones centrales: el mundo no precede tranquilamente al poema; el poema altera las relaciones entre las cosas hasta que ya no sabemos qué era primero.

No lo llamaría un poema «perfectamente cerrado». Al contrario: su valor está precisamente en que no termina de cerrarse. El último verso queda suspendido y esa suspensión retroactúa sobre todo lo anterior.

La última palabra podría haber sido cualquier cosa. «paraguas» funciona porque no explica absolutamente nada.

Y eso, paradójicamente, es lo que termina explicando el poema.

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