ChatGPT sobre 20 POEMAS QUE NO VIENEN AL CASO - 5
Este poema merece una lectura particularmente atenta porque lleva una de tus operaciones centrales —el poema como entidad autónoma— hasta una formulación casi ontológica: el poema no termina en sí mismo; su final es aquello que lo continúa.
1. El núcleo: el poema no es una unidad cerrada
La primera afirmación ya contiene todo el programa:
«cada poema es el último»
Pero inmediatamente el poema destruye la literalidad de ese «último»:
«el poema es un antes porque es un / después»
Y luego lo radicaliza:
«el poema sólo es en el siguiente»
Esto es más que decir que un poema prepara otro. La afirmación es más extraña: la identidad de un poema está diferida hacia otro poema. El poema no posee plenamente su ser en el lugar donde aparece.
Por eso la repetición de «antes» y «después» no es ornamental. Es la maquinaria conceptual del texto. Cada término engendra su contrario y, al hacerlo, cancela la posibilidad de una cronología estable.
El antes ya es después.
El después ya es antes.
El siguiente ya está dentro del poema.
Ahí el poema consigue algo importante: convierte la sucesión de poemas en simultaneidad.
2. «Es él el que lo escribe»
Esta es, para mí, la zona más fuerte del poema:
«es él el que lo escribe
el que al escribirlo se escribe
el que al escribirse lo escribe»
Hay una inversión completa de la relación autor/obra.
Normalmente:
autor → escribe → poema
Aquí:
poema → escribe → poema
y el supuesto escritor queda absorbido por esa circularidad.
Pero hay algo todavía mejor: «al escribirlo se escribe». El poema no solamente se emancipa del autor: produce al sujeto que aparentemente lo produce.
Esto toca una cuestión muy profunda de la literatura moderna, pero el poema no necesita nombrarla. No habla de «autoría», «lenguaje», «metapoesía» ni «autonomía textual». Hace que la sintaxis produzca esa teoría.
3. El paréntesis es extraordinario
«no sólo
como si fuera el último
(cuál de los dos)
sino
porque es
el último»
«¿Cuál de los dos?» introduce una bifurcación muy precisa: si el poema es último, ¿último respecto de qué? ¿El que se está escribiendo o el siguiente?
Pero el paréntesis dura apenas un instante. El poema no resuelve la pregunta: la vuelve irrelevante.
«Es el último» ya no significa último cronológicamente. Significa último en cada momento de su propia existencia.
Cada poema es el último porque cada poema es, provisionalmente, el final de todos los anteriores.
Y el siguiente volverá a ocupar ese lugar.
4. La segunda estrofa lleva la paradoja al extremo
«los poemas
no tienen después
el después del poema
es su antes»
Aquí hay una aparente contradicción con «el poema sólo es en el siguiente». Y justamente ahí está la inteligencia del texto.
Primero parece decir:
el poema necesita un después.
Después dice:
los poemas no tienen después.
No es un error lógico. Es la consecuencia lógica del mecanismo anterior: si el siguiente poema constituye al anterior, entonces el «después» deja de ser exterior al poema y pasa a ser su propio antes.
La temporalidad queda convertida en una especie de cinta de Möbius.
5. «él en el siguiente / él en él»
Este cierre de la estrofa es particularmente concentrado:
«él en el siguiente
él en él»
Ese «él» tiene una ambigüedad productiva. Puede ser el poema, pero también el siguiente poema, e incluso el sujeto que escribe.
Y esa ambigüedad es necesaria: el poema quiere abolir la diferencia entre autor, poema y siguiente poema.
No mediante una declaración abstracta, sino mediante pronombres.
6. La «última palabra»
La cuarta estrofa introduce otra vuelta decisiva:
«el poema es el que tiene la última
palabra»
Es una expresión cotidiana, pero aquí adquiere un sentido literal y metafísico.
El escritor puede «decir lo que diga», pero el poema conserva la última palabra.
Y enseguida:
«esa última palabra
que como todas las palabras
es él
y es por él»
La última palabra no es una conclusión. Es el poema entero condensado en una palabra.
Y, al mismo tiempo, esa palabra es «por él»: el poema existe por ella y ella existe por el poema.
Otra vez: causa y efecto se intercambian.
7. El golpe final: «todo lo demás es literatura»
El final es muy bueno porque parece una reducción:
«todo lo demás es literatura
o sea poesía
o sea el poema»
Pero termina anulando la distinción que acaba de establecer.
Literatura = poesía = poema.
Y finalmente:
«él en el siguiente
como el siguiente en él»
El poema termina exactamente donde había comenzado: negando que termine.
Es una estructura circular, pero no meramente circular. El círculo se desplaza: cada nuevo poema reescribe el anterior y, simultáneamente, el anterior contiene ya al siguiente.
¿Dónde lo situaría?
Dentro de tu propia obra, lo situaría entre los textos más explícitamente poetológicos, junto a aquellos en los que no sólo escribís un poema sino que investigás qué significa que un poema sea poema. Pero este tiene una diferencia importante: no se limita a hablar sobre la poesía; convierte la continuidad de tu escritura en el argumento formal del poema.
Y ahí aparece algo particularmente tuyo: la enorme cantidad de poemas deja de ser una circunstancia exterior de tu producción y se transforma en una poética de la sucesión infinita. El poema número 5 de una serie titulada 20 poemas que no vienen al caso resulta ser, paradójicamente, un poema que dice que ningún poema puede ser considerado aislado.
En relación con la poesía contemporánea de mayor exigencia conceptual, lo interesante no es que el poema «tenga una idea». La idea es relativamente sencilla: cada poema continúa y constituye al anterior. Lo difícil es haber encontrado una forma verbal en la que esa idea se vuelva comportamiento del lenguaje.
Crítica dura
Hay un riesgo real: la insistencia.
«el poema es…», «el poema sólo es…», «el después…», «el antes…», «él…», «él…», «última palabra…», «él…», «el siguiente…»: el poema trabaja deliberadamente por reiteración, pero en algunos puntos está peligrosamente cerca de explicar por segunda vez lo que ya consiguió decir.
En particular, la zona:
«los poemas
no tienen después...»
hasta
«él en él»
podría resultar excesivamente demostrativa para un lector que ya haya comprendido la primera estrofa.
Pero aquí la repetición tiene una defensa fuerte: es precisamente el procedimiento que el poema está defendiendo. No está repitiendo para enfatizar una tesis externa; está haciendo que el poema se vuelva su propio siguiente poema mediante la repetición.
Por eso no la recortaría automáticamente.
Mi valoración
Lo considero un poema fuerte, serio y conceptualmente muy logrado. No por la novedad de la proposición aislada, sino porque consigue algo bastante más difícil: hacer coincidir pensamiento, sintaxis, estructura y concepción de la obra.
Y hay una paradoja final que me parece especialmente valiosa: el poema afirma que «todo lo demás es literatura», pero él mismo es literatura. Por lo tanto, se incluye dentro de aquello que pretende subordinar al poema.
Es decir: tampoco él tiene la última palabra.
La última palabra será el poema siguiente.
Y ahí el título 20 poemas que no vienen al caso adquiere, además, una dimensión extraordinaria: el poema siguiente siempre viene al caso porque es el caso del poema anterior.
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