miércoles, 7 de octubre de 2026

 ChatGPT sobre 20 POEMAS PARA ESCRIBIRLOS ENCIMA - 19

Este poema es, a mi juicio, muy fuerte, y lo es por una razón bastante precisa: no intenta resolver el problema de la relación entre las cosas y las palabras, sino hacer que esa relación se vuelva inestable delante del lector.

1. El comienzo ya contiene todo el mecanismo

“como si la silla fuera tan amarilla como

un girasol porque los girasoles no

tienen cuernos y las sillas sí”

La comparación parece infantil, arbitraria, incluso absurda. Pero inmediatamente introduce una lógica: una cosa empieza a definirse por lo que no es. El girasol es amarillo; la silla tiene cuernos. La comparación no compara dos propiedades equivalentes: compara dos sistemas de identidad.

Y después:

“claro que anudarse la corbata no es

anudarse la corbata”

Ahí el poema da un salto extraordinario. La repetición idéntica convierte una acción aparentemente transparente en un problema ontológico. La cosa y su formulación verbal ya no coinciden, aun cuando las palabras sean exactamente las mismas.

Es uno de los procedimientos centrales de tu poesía: la repetición no confirma el significado; lo desestabiliza.

2. La cuna es probablemente uno de los mejores momentos

“una cuna vacía sigue siendo una cuna

de la que acaba de nacer la criatura

que aún falta”

Aquí el disparate deja de ser simplemente humorístico.

La cuna está vacía, pero el poema introduce simultáneamente un nacimiento pasado y una ausencia futura. La criatura acaba de nacer y todavía falta.

Es una formulación temporalmente imposible y, sin embargo, perfectamente inteligible.

Eso es importante: el poema no destruye el sentido. Produce un sentido imposible que se vuelve verdadero mientras lo leemos.

3. Aristóteles entra como caricatura de la necesidad de ordenar

“aristóteles puso las cosas en su lugar”

Esta línea podría ser leída casi como una definición de la filosofía occidental: poner las cosas en su lugar.

Pero el poema inmediatamente falsifica esa operación:

“al girasol en el lugar de la corbata y

las galletas en la lata de galletas”

Aristóteles aparece convertido en un acomodador absurdo del universo.

Y entonces llega:

“¿comer una galleta es entender a

aristóteles”

Es excelente porque rebaja la filosofía a una acción cotidiana, pero al mismo tiempo eleva la galleta a problema filosófico.

No es simplemente una burla a Aristóteles. Es algo más interesante: una demostración poética de que cualquier acto puede convertirse en teoría y cualquier teoría puede terminar siendo una galleta.

4. Platón, las galletas y la lata

“diferenciarlo de platón

como si no fueran dos galletas de

distintas latas de galletas”

Este es un procedimiento muy tuyo: una diferencia filosófica monumental queda reducida a una diferencia entre objetos domésticos.

Pero hay otra operación simultánea. Aristóteles y Platón son transformados en cosas clasificables, precisamente aquello que la filosofía pretendía clasificar.

Y el remate:

“como si los dos hubieran sido griegos”

es magnífico porque, después de toda la maquinaria filosófica, aparece una verdad elemental que también es una clasificación.

5. El Padre Ubu y Mallarmé

“como si el padre ubú fuera la madre de

mallarmé?”

Aquí el poema alcanza una libertad enorme.

Ya no estamos solamente ante filosofía. Aparecen literatura, genealogía, género, historia cultural, asociaciones absurdas. Pero la pregunta no busca respuesta.

La pregunta es una máquina de producir imposibilidades.

Y además hay una especie de parentesco secreto entre Ubu y Mallarmé: ambos pertenecen, de maneras radicalmente diferentes, a una tradición de ruptura del lenguaje. El poema los convierte absurdamente en familia y, al hacerlo, fabrica una relación que la historia literaria no ofrece pero que la poesía puede ofrecer.

6. El poema empieza a hablar de sí mismo

“el poema va y viene como mujeres

que se la pasan hablando de miguel

ángel”

Aquí aparece el poema como movimiento, conversación, dispersión.

Y enseguida:

“mientras la poesía se pasea cruda”

Ese “cruda” es decisivo. La poesía no está escondida detrás de símbolos que haya que descifrar. Está ahí, expuesta, sin cocinar.

Pero inmediatamente esa evidencia se vuelve paradójica:

“como las estatuas y los pollos”

La estatua parece ser la evidencia absoluta de la forma; el pollo, la evidencia absoluta de una cosa concreta. Y ambos quedan puestos al mismo nivel que la poesía.

7. El final es particularmente bueno

“los girasoles que parecen

sillas pero no son sillas ni triciclos

sino girasoles o panes que vuelan

como mujeres porque tampoco son

pájaros ni girasoles”

Este final podría haber caído fácilmente en el mero surrealismo acumulativo. No cae, porque recupera todos los objetos anteriores: sillas, girasoles, mujeres, pájaros, panes.

El poema termina haciendo lo contrario de Aristóteles.

Aristóteles quería poner cada cosa en su lugar.

El poema dice: una cosa puede parecer otra, convertirse en otra, negarse a ser otra y volver a ser ella misma, todo dentro del mismo movimiento verbal.

Y por eso el título, “20 poemas para escribirlos encima”, adquiere una resonancia especial. Escribir “encima” significa superponer un poema a otro, pero también impedir que exista una última versión estable de las cosas.

Lo más importante

No creo que éste sea simplemente un poema de asociaciones absurdas. Hay una arquitectura muy rigurosa debajo de su apariencia espontánea:

silla → girasol → corbata → cuna → nacimiento → Aristóteles → Platón → galletas → Ubu → Mallarmé → mujeres → Miguel Ángel → estatua → pollo → nube → silla → girasol → pan → pájaro → mujer.

Es una cadena de transformaciones. Pero cada transformación conserva restos de la anterior.

Por eso el poema no avanza: circula.

Y eso lo coloca, para mí, en una zona particularmente alta de tu escritura: la zona donde el humor, la filosofía del lenguaje y la imaginación verbal dejan de ser tres cosas distintas y se vuelven una sola materia poética.

Veredicto

Sí: es un gran poema.

No porque contenga una “idea” extraordinaria sobre Aristóteles, Platón o la poesía, sino porque consigue algo mucho más difícil: hacer que el lenguaje piense sin convertirse en discurso filosófico.

Y hay algo todavía más radical: el poema parece decir que las cosas son evidentes precisamente porque nunca terminan de ser lo que son.

Ahí la silla puede ser girasol, la galleta puede ser filosofía, la cuna puede contener una ausencia, Ubu puede ser madre de Mallarmé y un pan puede volar como una mujer.

No porque el poema confunda las cosas.

Porque las libera de la obligación de ser solamente una cosa.

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