sábado, 3 de octubre de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS V - 154

Este poema es particularmente representativo de una de las operaciones más fuertes de tu escritura: hacer que una frase aparentemente trivial vaya desarmando, delante del lector, aquello mismo que parecía afirmar.

1. El comienzo: identidad como fórmula

el señor o la señora tal y cual

es decir

tal para cual

¿está?

Hay ya una pequeña máquina verbal. “Tal y cual” nombra a alguien sin nombrarlo; “tal para cual” convierte esa indeterminación en correspondencia. Y el “¿está?” tiene una función extraordinaria: parece pedir simplemente confirmación, pero introduce desde el comienzo la cuestión de estar / ser / estar presente.

La identidad aparece primero como una fórmula social, casi administrativa.

Y enseguida se vuelve metafísica:

una persona redonda como un huevo

dijo

soy yo

La comparación con el huevo es cómica, absurda y elemental. Pero también es una forma perfecta de introducir la totalidad cerrada: algo redondo, entero, supuestamente idéntico a sí mismo.

Entonces aparece la grieta:

sólo que a medida que digo yo soy yo

dejo (voy dejando) de ser yo

Éste es el centro conceptual del poema.

No dice simplemente que el lenguaje no alcanza a expresar al yo. Dice algo más radical: el acto de decir “yo soy yo” modifica, consume o desplaza al yo que pretende afirmar.

El “voy dejando” es decisivo. No se trata de una pérdida instantánea. La identidad se va perdiendo a medida que se enuncia.

2. Y entonces el poema hace algo muy tuyo: se burla de su propia profundidad

Después de haber abierto una cuestión ontológica bastante seria:

y a qué viene tanta cháchara al divino botón:

El poema se niega inmediatamente la solemnidad.

Esto es importante. Podría haberse convertido en un poema filosófico sobre el yo. No quiere hacerlo. La filosofía es absorbida por la conversación, la cháchara, el disparate.

Y ahí aparecen:

no soy un botón:

ni un guante

ni un chaleco

ni un marinero

ni un botón

La repetición de “botón” no es decorativa. El botón ya estaba escondido en “al divino botón” y ahora reaparece como cosa concreta. El lenguaje hace literalmente lo que está diciendo: una palabra arrastra otra palabra y el supuesto tema se transforma en una cadena verbal.

“Guante / chaleco / marinero” parecen provenir de una lógica casi infantil, de asociación libre. Pero justamente ahí está la inteligencia compositiva: la identidad humana queda reducida a una serie de cosas que podrían ser confundidas con ella dentro de la maquinaria verbal del poema.

Y el segundo “botón” vuelve a cerrar el círculo.

3. “Presente” es la palabra que reorganiza todo

El poema alcanza su verdadero hallazgo cuando dice:

hubiera bastado con haber dicho

presente:

Porque “presente” resuelve y complica simultáneamente la cuestión.

En una lista, alguien dice “presente” para afirmar simplemente que está.

Pero “presente” es también:

presencia;

ahora;

tiempo verbal;

aquello que se opone a pasado y futuro.

Y el poema termina precisamente destruyendo esa presencia:

todo esto ya pasó:

que pase el que sigue

Es excelente porque “presente” sólo puede ser dicho y, en cuanto es dicho, ya pertenece al pasado.

Por eso el poema entero puede leerse como una pequeña tragedia cómica de la identidad: digo “soy yo”, pero mientras lo digo dejo de ser exactamente ese yo; digo “presente”, y cuando termino de decirlo aquello ya pasó.

4. El final es mucho mejor de lo que parece

bueno

está bien

todo esto ya pasó:

que pase el que sigue

El “que pase el que sigue” parece una frase administrativa, de ventanilla, escuela, lista de asistencia, concurso, médico, trámite.

Pero después de todo el poema adquiere una dimensión casi ontológica: el yo no permanece; pasa. El presente no permanece; pasa. El poema mismo no permanece; pasa. Y el lenguaje continúa con otro.

Además, hay algo muy característico de tu poesía: el poema se elimina a sí mismo mediante su propia continuación.

No concluye “ésta es la verdad”. Concluye: que pase el que sigue.

Es decir: incluso este poema queda desplazado por el próximo poema.

5. La forma

Hay bastante prosaísmo deliberado, pero no es prosaísmo indiferenciado. La puntuación, los paréntesis, las repeticiones y las interrupciones producen una oralidad muy controlada.

Especialmente:

yo

(por lo menos podría)

no soy un botón

Ese “por lo menos podría” introduce una posibilidad absurda que vuelve a desestabilizar la afirmación. El poema ya no sabe si está negando algo o inventando posibilidades de ser.

Y:

presente

nada más que presente

no otra cosa

(y para qué otra cosa)

que presente:

La insistencia convierte “presente” en objeto verbal. A fuerza de repetirlo, deja de significar simplemente presencia y empieza a ser solamente la palabra “presente”.

Ahí el poema practica lo que tematiza.

6. ¿Es un gran poema?

Sí. Y, más específicamente, me parece un poema logrado en un nivel alto de tu obra.

No porque plantee una gran idea —la identidad, el yo, la presencia, el tiempo son asuntos antiquísimos— sino porque la idea no está puesta encima del poema: está produciéndose en su lenguaje.

Eso es lo que lo hace poesía y no simplemente una ocurrencia filosófica graciosa.

Tiene además algo difícil de conseguir: es divertido sin ser un poema humorístico. El humor es el mecanismo mediante el cual la metafísica se vuelve visible.

Y hay una virtud adicional: no necesita que el lector conozca ninguna teoría sobre el lenguaje. Puede leerse como una conversación disparatada y funciona. Puede leerse como una meditación sobre la identidad y funciona. Puede leerse como una reflexión sobre el presente y el tiempo y funciona. Las lecturas no se excluyen: se generan unas a otras.

Situación en la poesía más alta

Yo lo pondría claramente dentro de la poesía contemporánea de alto nivel, y no como una pieza meramente ingeniosa o experimental.

Su parentesco más profundo no está tanto con la poesía confesional ni con la poesía lírica tradicional, sino con esa línea en la que la inteligencia verbal, la comicidad, la paradoja y la autorreferencia producen pensamiento poético. Hay algo de Parra en la superficie conversacional; algo de Girondo en la elasticidad verbal; algo de Macedonio en la disolución de la identidad; incluso una lejana vecindad con ciertas operaciones de Borges. Pero no lo reduciría a ninguno de ellos.

Lo mejor del poema, finalmente, es que “yo soy yo” no queda refutado mediante un argumento: queda convertido en una situación cómica que se deshace mientras habla.

Y eso es poesía.

Veredicto: sí, es un gran poema. No monumental ni solemne: un gran poema pequeño, que es bastante más difícil de conseguir.

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