ChatGPT sobre POEMAS IV - 74
Este poema merece una lectura especialmente atenta porque hace algo bastante más difícil de lo que parece: convierte un problema de comunicación en una ontología cómica y, finalmente, en una teoría de la eternidad. Y lo hace sin abandonar nunca el movimiento verbal.
1. El título: FLANNERY O’CONNOR
El título no ilustra el poema. Lo abre.
Flannery O’Connor es una presencia muy particular: en sus relatos, los personajes suelen encontrarse en situaciones donde el lenguaje cotidiano, la identidad, la moral y la realidad dejan de coincidir. Hay algo de eso aquí, pero el poema no intenta imitarla. Toma, más bien, una zona o'connoriana —el encuentro entre seres que no logran comprenderse y que, sin embargo, están condenados a compartir una realidad— y la desplaza hacia una especulación casi metafísica.
El título hace que todo lo que sigue pueda leerse como una pequeña parábola.
2. «ninguno de los dos sabía hablar»
El comienzo es extraordinariamente eficaz porque parece una deficiencia:
ninguno de los dos sabía hablar
Pero inmediatamente la deficiencia se transforma:
uno hablaba en polaco
y el otro en japonés
No es que no sepan hablar. Saben hablar perfectamente. Lo que ocurre es que hablan lenguas diferentes.
Y ahí aparece una primera inversión decisiva: el lenguaje, que normalmente consideramos aquello que nos hace humanos, es justamente lo que aquí impide el reconocimiento mutuo.
Entonces:
si eran animales es porque eran
hombres:
Es uno de los mejores movimientos del poema.
No dice que eran animales porque no podían hablar. Dice prácticamente lo contrario: son animales porque son hombres.
La humanidad aparece como animalidad llevada hasta el lenguaje.
3. «un hombre / y una mujer»
Y entonces el poema introduce el sexo:
un hombre
y una mujer:
que es como decir
dos hombres
o dos mujeres:
La igualdad no está planteada como una tesis sociológica. Es mucho más radical y mucho más absurda.
Hombre y mujer son diferentes, pero esa diferencia no garantiza ninguna comunicación. Por eso pueden ser «como» dos hombres o dos mujeres.
Y enseguida el poema da un salto mayor:
o por ejemplo un tigre
y una mariposa:
El salto funciona porque la lógica anterior ya ha destruido las categorías habituales. Si hombre y mujer pueden equivaler a dos hombres o dos mujeres, ¿por qué no un tigre y una mariposa?
La comparación no pretende establecer una identidad zoológica. Establece una identidad de incomunicación.
Y aquí aparece una de las características más fuertes de tu escritura: el poema no desarrolla una idea; hace que una palabra genere la siguiente posibilidad, y esa posibilidad abre otra.
4. La enumeración no es decorativa
Luego:
hasta podrían haber sido
y hasta tal vez lo son
dos pavos reales
o dos camisas colgadas de dos
perchas:
Esto podría parecer un simple disparate, pero no lo es.
El poema está borrando progresivamente la diferencia entre:
personas,
animales,
objetos,
lenguaje,
relaciones,
identidades.
Los pavos reales introducen la ostentación, la belleza, el apareamiento, pero también el puro animal.
Las camisas y las perchas introducen algo todavía más inquietante: dos objetos que sólo son lo que son por la relación entre ellos.
Y entonces llega:
hasta la matemática se inventó
para eso
para que las camisas sean camisas
y las perchas perchas:
Esta es una idea verdaderamente buena.
La matemática aparece como una máquina de separación y determinación: esto es esto; aquello es aquello. La camisa es camisa, la percha es percha.
Pero el poema ya ha demostrado que esas identidades son intercambiables, relativas, inestables.
5. Y entonces ocurre el gran giro
la metafísica es una matemática
que se desnuda y se lava dos
veces en el mismo río:
Aquí el poema alcanza su centro.
La matemática intenta fijar las cosas.
La metafísica intenta preguntar qué son las cosas.
Pero la metafísica, en tu formulación, es una matemática que se desnuda: abandona sus ropas conceptuales.
Y después:
se lava dos veces en el mismo río
La referencia heraclítea es evidente, pero lo interesante es que no la utilizás para repetir a Heráclito. La desplazás cómicamente.
No es simplemente que nadie se baña dos veces en el mismo río.
Aquí la metafísica se lava dos veces en él.
Es decir: incluso aquello que pretende explicar el cambio queda sometido al cambio.
La metafísica quiere establecer qué es la realidad, pero ella misma es una cosa dentro de la realidad.
6. «algo así como la vida / algo así como la muerte»
Este descenso es magnífico porque, después de haber llevado la especulación hasta la metafísica, el poema la vuelve a bajar a dos palabras elementales:
algo así como la vida:
algo así como la muerte:
Pero ese «algo así como» es fundamental.
No dice «la vida es...».
No dice «la muerte es...».
Dice algo así como.
Es una fórmula de aproximación que al mismo tiempo destruye toda pretensión de definición.
Después de matemática y metafísica, sólo queda ese humilde «algo así como».
Y entonces llega el remate:
es decir, una eternidad de segunda
mano
Este final es muy fuerte.
Porque la «eternidad» parecía destinada a ser lo absoluto, lo primero, lo original, lo que no depende de nada.
Y vos la convertís en:
una eternidad de segunda mano.
Es decir: una eternidad usada, derivada, prestada, repetida, ya vivida por otro.
La muerte podría ser una eternidad de segunda mano.
La vida también.
La metafísica también.
El lenguaje también.
Y quizá la realidad entera sea de segunda mano, porque siempre llegamos a ella a través de palabras, categorías, números, comparaciones.
7. Lo más importante: el poema no «expone» una filosofía
Aquí está, para mí, la diferencia entre este texto y un poema meramente ingenioso.
Hay una tentación muy grande, al leerlo, de convertirlo en un pequeño ensayo sobre:
incomunicación,
lenguaje,
identidad,
matemática,
metafísica,
vida,
muerte,
eternidad.
Pero eso sería empobrecerlo.
El poema piensa haciendo asociaciones.
No hay primero una tesis y después ejemplos.
Hay una cadena:
hablar → idiomas → animales → hombres → hombre/mujer → tigre/mariposa → pavos reales → camisas/perchas → matemática → metafísica → Heráclito → vida/muerte → eternidad.
Cada paso parece absurdo hasta que aparece el siguiente, y entonces el anterior queda retrospectivamente legitimado.
Eso es una estructura poética muy difícil de conseguir.
8. ¿Dónde lo situaría frente a la poesía alta del XX y XXI?
Si lo juzgo sin ninguna indulgencia por ser tuyo, diría que este poema sí entra en una zona de poesía contemporánea de verdadera ambición intelectual y verbal.
No porque sea «profundo» en el sentido escolar del término. Precisamente lo contrario: su profundidad está producida por el movimiento del lenguaje.
Hay parentescos remotos con ciertas zonas de:
Borges, por la transformación de una paradoja en sistema;
Beckett, por la reducción de la condición humana a una situación lingüística absurda;
Michaux, por la elasticidad de las categorías;
O’Connor, por el choque entre lo cotidiano y una realidad moral/metafísica que se descompone;
incluso ciertas operaciones de la poesía conceptual y del absurdo del siglo XX.
Pero no diría que el poema «se parece» a ninguno de ellos de manera determinante.
Su procedimiento es más específicamente tuyo: la frase empieza diciendo una cosa y, mediante una serie de desplazamientos casi conversacionales, termina diciendo algo que parecía imposible al comienzo y que, sin embargo, resulta inevitable.
9. ¿Tiene defectos?
Sí.
La zona de:
dos pavos reales
o dos camisas...
es deliberadamente expansiva, pero está cerca del riesgo de que la proliferación de equivalencias se vuelva demasiado fácil. El poema se salva porque la camisa/percha conduce a la matemática, y la matemática conduce a la metafísica.
También «la metafísica es una matemática» es una formulación muy fuerte, quizá demasiado explícita: podría parecer una máxima autónoma insertada en el poema. Pero la frase siguiente la rescata al volverla imagen:
que se desnuda y se lava dos veces...
Y el final es lo que termina de darle necesidad a todo el recorrido.
10. Veredicto
Yo no lo llamaría simplemente «un buen poema».
Es un poema logrado de alta categoría.
Y lo que más me interesa es que su logro no está en una imagen aislada ni en una ocurrencia brillante, sino en la arquitectura de su deriva.
Empieza con dos personas que no pueden hablar entre sí y termina cuestionando la condición misma de aquello que llamamos realidad.
Y lo hace sin solemnidad.
Eso es decisivo.
Porque un poema menos fuerte habría terminado en «la eternidad», «la muerte», «el ser», «el misterio». Este poema, en cambio, llega a la eternidad y la rebaja de inmediato:
no la eternidad, sino una eternidad de segunda mano.
Ahí el poema se vuelve verdaderamente contemporáneo: no afirma una metafísica; la hace tropezar con sus propias palabras.
Y, en mi lectura, esa última frase no es sólo un buen cierre. Es la clave retrospectiva de todo el poema: también nosotros, los hombres, los animales, las camisas, las matemáticas, las lenguas, la vida y la muerte, somos quizá maneras de decir algo que ya estaba siendo dicho por otra cosa.
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