ChatGPG 3 sobre LA OBRA DE CONSTANTINO MPOLÁS ANDREADIS
Si vamos a juzgar la obra —no elogiarla, no justificarla y tampoco juzgarla por la biografía o por su volumen— hay que someterla a una vara realmente alta: la de la poesía mayor de los siglos XX y XXI.
Mi juicio, después de lo que venimos leyendo, sería éste.
1. La primera pregunta no es si es buena
Es si hay una obra ahí.
Y mi respuesta es inequívocamente sí.
No veo simplemente una enorme cantidad de poemas con algunos aciertos aislados. Veo una poética persistente, reconocible y extraordinariamente coherente en sus contradicciones.
Eso es importante.
Un poeta puede escribir veinte poemas excelentes y no haber construido una obra particularmente significativa.
Aquí ocurre algo distinto: incluso los poemas menores suelen pertenecer al mismo laboratorio.
La obra tiene memoria de sí misma.
2. Su mayor mérito: haber encontrado un problema propio
Las grandes obras suelen tener una pregunta que no pueden abandonar.
En Borges:
¿qué ocurre cuando la literatura, el tiempo y la identidad se vuelven infinitos?
En Vallejo:
¿cómo puede hablar el lenguaje desde una existencia quebrada?
En Parra:
¿qué queda de la poesía cuando se destruye su solemnidad?
En Mpolás Andreadis, la pregunta parece ser:
¿qué puede llegar a ser un poema si se deja que el lenguaje tome el control de su propia producción?
Y esa pregunta genera miles de variaciones.
Ésta es, para mí, la prueba más fuerte de que estamos ante una obra y no ante una colección.
3. Pero la obra tiene un enemigo interno
Y es enorme.
La facilidad.
Una vez que el poeta ha descubierto que una palabra puede convertirse en otra, que una contradicción puede generar otra contradicción, que una repetición puede desplazarse, que una imagen puede producir una cadena infinita...
el procedimiento puede empezar a funcionar solo.
Y cuando el procedimiento funciona solo, el poema puede parecer poema porque reproduce la sintaxis de la poética, no porque haya encontrado una necesidad nueva.
Éste es el peligro fundamental de la obra.
No la falta de imaginación.
El exceso de mecanismo.
4. Por eso no aceptaría la frase "todo lo que escribe es extraordinario"
No.
Sería una mala lectura.
Y además sería innecesariamente complaciente.
Hay poemas en los que el mecanismo produce una revelación.
Hay otros en los que produce simplemente otra vuelta de la máquina.
La diferencia puede ser mínima.
A veces una sola palabra convierte un poema en algo extraordinario.
Y si esa palabra falta, queda un ejercicio ingenioso.
Precisamente por eso la obra necesita crítica severa.
Una obra tan extensa no puede ser defendida por acumulación.
Tiene que sobrevivir a la selección.
5. Y aquí aparece una paradoja decisiva
Cuanto más grande es la obra, más difícil resulta demostrar su grandeza.
Porque veinte poemas extraordinarios pueden estudiarse.
Miles de poemas exigen otra metodología.
Hay que distinguir:
recurrencia de repetición;
procedimiento de automatismo;
invención de ocurrencia;
profundidad de apariencia filosófica;
humor genuino de mero disparate;
necesidad verbal de proliferación verbal;
poema logrado de poema simplemente reconocible como "de Mpolás".
Ésa sería la verdadera tarea crítica.
Y creo que todavía está prácticamente por hacerse.
6. ¿Qué ocurre cuando se la compara con la poesía mayor?
Aquí sería muy cuidadoso.
No diría que Mpolás Andreadis "supera" a Borges, Vallejo, Parra, Girondo, Haroldo de Campos, etc.
Eso sería convertir la literatura en campeonato.
Pero sí puedo hacer una afirmación comparativa mucho más precisa:
la obra posee problemas, procedimientos y una concepción del poema que permiten colocarla en diálogo serio con esas tradiciones mayores.
No como discípulo.
No como epígono.
No como simple continuador.
Y tampoco necesariamente como "superador".
Como otra respuesta al mismo problema histórico: qué puede hacer la poesía después de la crisis de la representación y de la crisis de la voz autoral.
7. Hay algo en lo que la obra sí me parece especialmente extrema
La mayoría de los poetas construyen una obra.
Mpolás Andreadis parece haber construido una condición de producción de poemas.
Ésa es una diferencia importante.
No se trata solamente de:
aquí está mi libro.
Sino de:
aquí está el dispositivo que puede seguir produciendo poemas.
Por eso el número del poema importa tan poco.
El 300, el 3.000 o el 20.000 no tienen necesariamente una jerarquía cronológica.
Son manifestaciones de una misma corriente.
Esto es raro.
Y tiene una consecuencia crítica enorme:
la obra puede ser más grande que cualquiera de sus libros.
8. El otro gran mérito: no necesita solemnizar su ambición
Esto me parece muy valioso.
Una obra que se ocupa permanentemente de:
el infinito,
la muerte,
la identidad,
la realidad,
Dios,
la literatura,
el lenguaje,
el tiempo,
podría convertirse fácilmente en una obra solemne.
No ocurre.
El conejo aparece.
El tren aparece.
El paraguas aparece.
El zapato aparece.
La mujer aparece.
El escritor se ridiculiza.
El poema se contradice.
El Premio Nobel puede entrar en el poema.
Y justamente por eso la metafísica no se convierte en discurso académico.
La obra piensa jugando.
Pero tampoco diría que simplemente "juega".
Ésa sería otra reducción.
Juega con problemas que toma absolutamente en serio.
9. Su relación con la originalidad es particularmente interesante
Aquí me parece que la obra tiene una posición estética muy sólida.
No intenta fabricar novedades.
Hace algo aparentemente contrario:
repite.
Repite palabras.
Repite problemas.
Repite estructuras.
Repite tradiciones.
Repite poemas.
Repite incluso la pregunta por la repetición.
Y, sin embargo, de esa repetición emerge diferencia.
Eso produce una paradoja muy fértil:
la originalidad de la obra proviene precisamente de no perseguir la originalidad.
No es una ocurrencia.
Es una consecuencia de su poética.
10. ¿Dónde pondría entonces su límite?
En la autorreferencialidad.
La obra ha desarrollado tan perfectamente su propia maquinaria que puede absorberlo todo.
Y una poética que puede convertir cualquier cosa en poema corre el peligro de que nada le ofrezca resistencia.
Un gran poema necesita, a veces, algo que no pueda dominar inmediatamente.
Una experiencia.
Una imagen.
Una historia.
Una palabra.
Una emoción.
Un accidente.
Una realidad exterior.
Algo que obligue al lenguaje a luchar.
Cuando el sistema puede transformar cualquier cosa con demasiada facilidad, existe el peligro de que el poema se convierta en demostración del sistema.
Éste es, para mí, el principal punto que habría que vigilar.
11. Pero hay una defensa extraordinariamente fuerte contra ese peligro
Los mejores poemas que hemos leído.
Porque cuando el mecanismo se encuentra con una imagen verdaderamente necesaria, ocurre otra cosa.
Entonces ya no tenemos simplemente:
juego verbal + paradoja + repetición.
Tenemos poesía.
Y ésa es la diferencia fundamental.
El mecanismo puede ser imitado.
La necesidad no.
12. Mi juicio más severo
Si me obligaras a formularlo sin diplomacia:
Mpolás Andreadis no ha demostrado que cada poema suyo sea grande.
Ni cerca.
Pero ha demostrado algo quizá más importante para la historia de una obra:
ha construido una poética propia suficientemente poderosa como para producir, dentro de una cantidad descomunal de escritura, poemas que pueden sostener una comparación seria con la poesía mayor contemporánea.
Y eso ya es muchísimo.
Pero todavía hay que hacer la operación decisiva:
separar la obra de su propia abundancia.
13. Y ahí está, para mí, la verdadera prueba
No:
"¿Es Mpolás Andreadis un gran poeta?"
Esa pregunta es demasiado general.
La pregunta rigurosa sería:
¿cuántos de sus poemas resisten una lectura junto a los mejores poemas de Borges, Vallejo, Parra, Girondo, Pizarnik, Celan, Stevens, Ashbery, Haroldo de Campos, etc., sin que tengamos que concederles nada por ser de Mpolás Andreadis?
Ésa sí es una pregunta que vale la pena hacer.
Y después de los cientos de textos que hemos ido leyendo, creo que hay un conjunto que sí resiste esa prueba.
No todos.
No la mayoría necesariamente.
Pero sí suficientes como para que la cuestión deje de ser "¿hay aquí algún poema bueno?" y pase a ser:
¿qué lugar ocupa este conjunto de poemas excepcionales dentro de la poesía de su tiempo?
Ahí, precisamente ahí, empieza la verdadera discusión sobre la magnitud de la obra.
Y mi impresión —sin adulación y sin necesidad de proteger el ego del autor— es que la obra merece una discusión de ese nivel.
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