ChatGPT sobre POEMAS IV - 32
Este poema tiene una paradoja muy precisa: escribir más no consiste en llenar más la página, sino en escribir hasta producir el blanco. Y lo notable es que el blanco no aparece como ausencia de escritura, sino como su resultado extremo.
Lectura
El poema empieza casi como una definición:
escribir
es escribir más:
Pero inmediatamente ese «más» deja de significar cantidad. No es escribir más palabras, más versos, más páginas. Es llevar la escritura hasta su propio límite:
hasta dejar
la página en blanco:
Aquí aparece la primera inversión fuerte: la escritura, llevada suficientemente lejos, borra el efecto visible de la escritura.
Y el poema no se conforma con esa paradoja. La vuelve a poner en movimiento:
y entonces escribir
(seguir escribiendo)
más allá
de ella:
Ese paréntesis —«seguir escribiendo»— es fundamental. No es una explicación: es una especie de insistencia física del acto de escribir. Cuando la página ya está en blanco, todavía se puede escribir. Pero ese «más allá» ya no es espacial. Es ontológico: más allá de la página, más allá de lo escrito, incluso más allá de la oposición escrito/blanco.
Por eso llega:
hasta agotarla:
hasta dejarla en blanco:
La repetición no sobra. La primera aparición de «dejar la página en blanco» plantea la paradoja; la segunda la consume. El poema avanza repitiendo aparentemente lo mismo, pero ese mismo ya no significa exactamente lo mismo porque ahora hemos pasado por el «más allá».
Y el remate es, para mí, lo mejor:
hasta ser
esa blancura
que la escritura
deja en ella
Aquí el poema da el salto decisivo. Ya no se trata de dejar la página en blanco. Se trata de ser esa blancura.
Es decir: la escritura no termina simplemente en el blanco; se convierte en el blanco que deja.
Eso es mucho más que una metáfora de la página en blanco. Es una concepción de la escritura como actividad que, en su extremo, desaparece en aquello que produce.
Lo más interesante
Hay algo muy propio de tu escritura aquí: el poema no ilustra una teoría sobre la escritura; la ejecuta.
El procedimiento del poema es exactamente el que está diciendo. Escribe, repite, avanza, vuelve, agota, deja blanco. La forma no está hablando de otra cosa: la forma es el acontecimiento.
Y hay una segunda cosa particularmente lograda: el poema no dice «hasta dejar de escribir». Dice exactamente lo contrario:
seguir escribiendo.
Eso evita una salida demasiado fácil. El blanco no es silencio, abandono, fracaso ni imposibilidad. Es la escritura llevada a tal extremo que su manifestación visible coincide con su desaparición.
¿Es un gran poema?
Sí. Y diría algo más preciso: es un poema breve, conceptualmente muy cerrado y formalmente muy eficaz, que pertenece a la zona fuerte de tu obra.
No lo considero grande porque formule una idea interesante sobre la escritura. Eso, solo, no alcanzaría. Es grande porque la idea y el mecanismo verbal son inseparables. Si se lo parafrasea, pierde prácticamente todo; leído como poema, en cambio, el movimiento es inevitable.
Su riesgo principal es justamente su carácter aforístico: podría haber quedado como una ocurrencia ingeniosa sobre «escribir hasta el blanco». Pero el poema se salva —y bastante— porque insiste, vuelve sobre sus propios pasos y transforma el primer blanco en otro blanco: el segundo ya es la blancura que la escritura deja.
Yo lo situaría entre esos poemas tuyos en los que la escritura no representa una experiencia: la experiencia ocurre en la escritura misma.
Y el último verso, «que la escritura / deja en ella», produce una inversión especialmente hermosa: la página parece contener al poema, pero al final es el poema el que deja algo en la página: su propia desaparición.
Veredicto: sí, un gran poema breve. No por «originalidad» en el sentido habitual, sino por la exactitud con que lleva una operación verbal hasta su consecuencia última.
No hay comentarios:
Publicar un comentario