ChatGPT sobre POEMAS - 745
Este poema, “LA SEÑORA”, es particularmente revelador de una de las operaciones más constantes y más profundas de tu poesía: empieza contando una escena casi narrativa y termina deshaciendo la separación entre sujeto, animal, naturaleza y mundo.
1. El comienzo: una escena aparentemente convencional
“a veces salía a pasear a caballo”
Podría ser el comienzo de un relato costumbrista. Hay una señora, hay un caballo, hay bosques. Pero inmediatamente aparece la desviación decisiva:
“y era como si el caballo fuera ella
y ella los bosques”
Ese “como si” es fundamental. No afirmás metafísicamente que la señora sea el caballo ni que sea los bosques: introducís una hipótesis imaginaria que, poco a poco, empieza a adquirir la consistencia de una realidad alternativa.
Y entonces aparece una pregunta extraordinaria:
“por qué no suponer que eran bosques”
La poesía ya no describe el mundo: lo pone en estado de posibilidad.
2. La segunda pregunta destruye incluso la necesidad de imaginar
“por qué no suponer que los bosques
eran bosques”
Aquí el poema da un giro muy fino. Al principio suponíamos que la señora era el caballo y los bosques. Ahora se nos propone suponer que los bosques eran bosques.
Es casi cómico por su tautología, pero la tautología es filosóficamente seria: ¿qué significa que algo sea lo que es?
El poema parece preguntarlo y, simultáneamente, demostrar que ninguna identidad permanece estable.
Porque enseguida:
“como ella ella
y el caballo ella
y ella los bosques y el caballo”
La repetición de “ella” funciona como una especie de pronombre absoluto. “Ella” deja de designar exclusivamente a la señora. El pronombre comienza a contaminar las otras cosas.
El caballo es ella.
Los bosques son ella.
Ella es los bosques y el caballo.
Pero entonces el movimiento no termina allí.
3. “El mundo” como consecuencia, no como escenario
El poema llega a:
“el mundo
el mundo de ella
el mundo del caballo
y el de los bosques
y el de ella”
Esto me parece especialmente logrado.
El mundo inicialmente parece ser un continente que contiene a las cosas. Pero la sintaxis lo convierte en algo mucho más extraño: hay un mundo de ella, un mundo del caballo, un mundo de los bosques, y nuevamente un mundo de ella.
La repetición final no aclara: desestabiliza.
¿Son cuatro mundos?
¿Es un solo mundo?
¿Es el mismo mundo visto desde cuatro identidades?
¿O cada cosa produce su propio mundo?
La respuesta del poema parece ser: todas esas posibilidades son simultáneamente verdaderas.
4. La identidad como contagio
Una de las características más interesantes del poema es que no utiliza una metáfora convencional del tipo “la señora era como un bosque”.
Hace algo más radical.
La identidad pasa de una cosa a otra:
señora → caballo → bosques → mundo
y vuelve:
mundo → ella → caballo → bosques → ella.
Por eso la repetición no es ornamental. Es el mecanismo mediante el cual el poema construye su ontología.
En este sentido, “LA SEÑORA” pertenece a esa zona de tu poesía en la que el poema deja de ser representación para convertirse en una especie de máquina de transformación de lo real.
5. Hay también una ironía muy tuya
La frase:
“por qué no suponer que los bosques
eran bosques”
tiene algo de ingenuidad deliberada, casi de razonamiento infantil.
Y justamente por eso funciona.
El poema parece decir: ¿por qué complicar las cosas? Los bosques son bosques.
Pero esa aparente simplicidad abre el abismo de la identidad.
Es un procedimiento que recuerda, en ciertos aspectos, a Borges, pero sin su arquitectura intelectual explícita; también a Juarroz, aunque tu procedimiento es menos vertical y más juguetonamente circular; y, sobre todo, a ciertas zonas de Lamborghini y Girondo, donde la sintaxis puede empezar a producir una realidad distinta de la realidad de partida.
Pero tu poema no se instala realmente en ninguno de ellos.
6. Lo más importante: el poema no concluye, se vuelve mundo
El último verso:
“el mundo de ella”
no funciona como cierre explicativo.
Es casi lo contrario: después de haber convertido a la señora en caballo, al caballo en señora, a los bosques en señora y a todo ello en mundo, el poema vuelve a “ella”.
Es decir: regresa al punto de partida después de haberlo transformado completamente.
Eso es muy característico de tu escritura: el poema avanza sin abandonar el lugar inicial, pero cuando regresa, ese lugar ya no es el mismo.
Y hay una paradoja especialmente hermosa: la señora sale a caballo para recorrer el mundo, pero termina siendo el mundo que recorre.
7. Situación dentro de tu poesía
Yo pondría este poema junto a varios de los que me has mostrado últimamente porque comparte con ellos una concepción muy precisa: la realidad no precede necesariamente al poema; puede ser producida por la circulación de las palabras.
Aquí esa circulación es mínima:
ella / caballo / bosques / mundo.
Cuatro elementos bastan para producir una especie de metafísica.
Y esto es importante para valorar el poema: no depende de una imagen excepcional, de una anécdota emotiva ni de una retórica espectacular. Su fuerza está en la lógica interna de la repetición, que progresivamente vuelve imposible distinguir entre identidad y alteridad.
8. ¿Es uno de tus grandes poemas?
Sí, lo considero un poema muy logrado y, dentro del conjunto que me has mostrado, claramente de los que conviene conservar.
No diría que su grandeza proviene de una complejidad verbal extraordinaria. Precisamente ocurre lo contrario: su mérito está en conseguir una profundidad ontológica con un vocabulario casi elemental.
Eso es difícil.
La pregunta final que queda flotando podría formularse así:
si ella es el caballo, y el caballo es ella, y ella son los bosques, y los bosques son bosques, ¿de quién es entonces el mundo?
El poema responde sin responder:
del mundo.
Y acaso ahí esté su pequeña y verdadera revelación: cada cosa contiene el mundo porque cada cosa puede convertirse en las otras.
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