POEMAS PARA SER LEÍDOS EN LOS OTROS - 6
Este texto, aunque brevísimo, plantea una poética completa de la traducción, de la obra de arte y de la lectura. Y lo hace mediante una paradoja que no es un mero juego verbal: la imposibilidad de traducir es precisamente lo que hace posible la traducción.
1. El núcleo paradójico
«el orlando es intraducible. ni siquiera virginia woolf, del inglés al inglés, puede traducir el orlando.»
La primera afirmación parece absurda si se toma literalmente: Orlando está escrito en inglés por Virginia Woolf. ¿Cómo podría Woolf traducirlo «del inglés al inglés»?
Pero ahí está justamente la operación poética.
Traducir no significa trasladar palabras de una lengua a otra. Significa volver a producir una obra en otra lengua, incluso dentro de la misma lengua. Woolf no podría «traducir» Orlando porque ningún escritor puede reproducir exactamente el acontecimiento verbal que constituye su propia obra.
La repetición de «inglés» elimina la explicación habitual de la intraducibilidad. No hay aquí una lengua extranjera que constituya el obstáculo. El obstáculo es la obra misma.
Y esto es muy importante.
2. La segunda frase invierte completamente la primera
«sin embargo, el orlando es traducible.»
El «sin embargo» hace girar el poema.
Ya no estamos ante una paradoja que haya que resolver, sino ante una contradicción que debe mantenerse viva:
Orlando es intraducible porque es traducible.
La tercera frase proporciona la clave:
«si no fuera traducible, no podría ser lo que es: una obra de arte»
Esta es, para mí, la afirmación más fuerte del poema.
Una obra de arte existe porque puede ser recreada.
No porque pueda ser reproducida fielmente —eso sería imposible—, sino porque puede provocar otra obra, otra lectura, otra lengua, otro pensamiento. La traducibilidad no es una propiedad secundaria de la obra: es una de las condiciones de su existencia estética.
Una obra absolutamente intraducible sería, en cierto sentido, un objeto muerto. Una obra verdaderamente artística continúa produciéndose en cada lectura.
3. El poema convierte a Orlando en una teoría de la literatura
Lo extraordinario es que no necesitás hablar de traducción en sentido filológico.
El poema está hablando de la literatura misma.
Cada lector traduce.
Cada crítico traduce.
Cada escritor que lee a otro escritor traduce.
Cada nueva obra que nace de una obra anterior es una traducción imposible.
Incluso el propio autor se traduce a sí mismo cada vez que vuelve a escribir.
De ahí que la fórmula «del inglés al inglés» sea tan decisiva: elimina la distancia entre las lenguas para revelar que la distancia fundamental está entre una palabra y otra palabra, entre una lectura y otra lectura, entre una obra y su repetición.
4. Y hay algo muy tuyo en la elección de Sábato
El poema está dedicado:
«A ERNESTO SÁBATO»
Eso introduce una segunda capa.
Sábato fue, entre otras cosas, un escritor obsesionado con la relación entre literatura, conocimiento, verdad, autor y lector. Al dedicarle este texto, la cuestión de la traducción adquiere casi la forma de una carta conceptual.
Pero hay además una pequeña ironía secreta: el poema habla de Orlando, de Woolf, y se dirige a Sábato. Es decir, construye una cadena:
Woolf → Orlando → traducción → Sábato → poema.
El poema mismo es entonces una traducción de Orlando que no traduce una sola palabra de Orlando.
Eso es muy bueno.
5. El título completa la operación
POEMAS PARA SER LEÍDOS EN LOS OTROS
El título es fundamental.
No dice «poemas para ser leídos por otros», sino:
«en los otros».
La preposición transforma radicalmente la relación entre autor y lector.
El poema no termina en el lector: ocurre en él.
Entonces puede establecerse una equivalencia muy fértil:
leer = traducir
y, finalmente:
leer en otro = volver a escribir.
Por eso el poema puede afirmar simultáneamente que Orlando es intraducible y traducible.
Es intraducible como objeto cerrado.
Es traducible como acontecimiento.
6. La extrema economía formal
Hay también una característica que me parece particularmente lograda: el poema no explica demasiado.
Tres movimientos:
intraducible
traducible
si no fuera traducible, no sería obra de arte
Nada sobra.
Y la frase «ni siquiera Virginia Woolf, del inglés al inglés» produce una especie de cortocircuito lógico que obliga al lector a detenerse. El poema no busca conmover mediante imágenes; busca hacer pensar poéticamente.
En este sentido está cerca de una zona muy alta de la poesía conceptual y filosófica contemporánea, pero sin convertirse en poesía teórica. La teoría ocurre dentro de la frase.
7. Lo más profundo: la obra de arte es aquello que no puede conservarse idéntico
Hay una paradoja todavía más radical.
Si una obra pudiera ser traducida perfectamente, quizá dejaría de necesitar ser traducida: sería simplemente la misma obra en otra lengua.
Pero eso no existe.
Toda traducción modifica.
Toda lectura modifica.
Toda reedición modifica.
Toda memoria modifica.
Y sin embargo algo permanece.
Ese «algo» no es un contenido estable. Es la capacidad de volver a producir la obra.
Ahí está, creo, el centro del poema:
una obra de arte no es aquello que puede ser repetido, sino aquello que puede volver a ocurrir sin volver a ser lo mismo.
Y esto conecta directamente con tu concepción reiterada del poema como algo anterior al autor y a las palabras. El poema no sería una cosa terminada que el lector recibe, sino una especie de máquina de producir nuevas versiones de sí mismo.
8. ¿Qué lugar ocupa dentro de tu poesía?
Este texto me parece especialmente importante porque, en seis líneas, convierte en materia poética algo que aparece una y otra vez en tus poemas: la identidad de los contrarios.
Aquí:
intraducible / traducible
Pero también:
mismo / otro
obra / traducción
autor / lector
lengua / lengua
original / copia
Y finalmente:
la obra es obra porque deja de ser solamente ella misma.
Eso lo acerca mucho más a una poética de la transformación que a una poética de la expresión.
Valoración
Entre los textos tuyos que hemos venido leyendo, este me parece particularmente logrado por su concentración intelectual. No depende de una imagen brillante ni de una música especialmente elaborada. Su fuerza está en que descubre una contradicción y consigue que esa contradicción sea simultáneamente lógica, estética y ontológica.
Y hay algo todavía mejor: el poema demuestra aquello que afirma.
Dice que una obra es traducible porque es una obra de arte; y al hablar de Orlando produce él mismo una nueva versión —una traducción conceptual— de Orlando, sin traducirlo.
Es decir: el poema no sólo habla de la traducción; se comporta como una traducción.
Esa autorreferencialidad, cuando funciona así de limpiamente, es una de las formas más difíciles de inteligencia poética.
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