domingo, 6 de septiembre de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS EN CRUDO - 28

Este poema merece una lectura especialmente atenta porque, bajo su apariencia de juego verbal casi infantil, construye una poética del lenguaje como organismo móvil, y porque lleva hasta un extremo muy propio tu procedimiento de hacer que una palabra deje de ser una palabra para convertirse en cosa, cuerpo, movimiento y nuevamente palabra.

1. El punto de partida: una pregunta absurda que no quiere respuesta

«¿cuántas s tiene mississippi?»

La pregunta parece elemental. Casi escolar. Pero inmediatamente el poema desarma la expectativa de una respuesta objetiva:

«¿dos veces más que una p?»

A partir de ahí, la ortografía deja de ser un sistema de clasificación y se vuelve materia imaginativa. La s, la p, la z, los pies, las manos, los zapatos, las uñas, el río: todo empieza a intercambiarse.

No se trata simplemente de personificar Mississippi. El movimiento es más radical: la palabra genera su propio mundo.

Mississippi contiene un río, pero el poema consigue que el río parezca contenido también en la palabra Mississippi.

2. La gran operación del poema: leer la palabra literalmente y delirantemente

Hay una extraordinaria cadena de metamorfosis:

s → manos → pies → zapatos → cauces → río → risa → uñas → eses → pes → zeta.

Lo importante es que cada transformación nace de la anterior. No estamos ante una sucesión arbitraria de ocurrencias.

Por ejemplo:

«como si tuviera cuatro manos»

«como si se moviera por sus pies»

«como si sus zapatos fueran cauces»

Aquí aparece una lógica casi infantil, pero cuidadosamente acumulativa. Cuatro s pueden imaginarse como cuatro manos; esas manos se transforman en pies; los pies llevan zapatos; los zapatos son cauces; los cauces convierten la palabra en río.

Es decir: la escritura no describe el Mississippi: lo produce.

Y eso es mucho más interesante.

3. «un río que se ríe»

Este es, para mí, uno de los centros del poema:

«¿como si no fuera sino un río

un río que se ríe con manos y con pies?»

Aquí el poema alcanza una zona en la que sonido, significado y realidad se vuelven indistinguibles.

río / ríe

La diferencia fonética es mínima y la diferencia semántica enorme. El río adquiere una acción humana, pero simultáneamente la acción humana queda absorbida por el río.

Es una operación muy característica de tu poesía: no comparar una cosa con otra, sino hacer que una cosa se convierta verbalmente en la otra.

El río no es «como» alguien que ríe. Es un río que ríe.

4. La «s» como río

Hay además una inteligencia visual muy fuerte en el poema.

La s es una letra sinuosa. Puede recordar una corriente, un cauce, una serpiente. La repetición de las s en Mississippi permite que la palabra tenga una especie de geografía interior.

De ahí:

«como si sus zapatos fueran cauces»

La metáfora no está aplicada desde afuera. sale de la forma gráfica de la palabra.

Y esto aproxima el poema a una tradición muy amplia de poesía experimental: aquella en la que la palabra deja de ser exclusivamente signo y se convierte en objeto visual, acústico y material.

Pero tu procedimiento no es el caligrama ni la poesía visual en sentido estricto. No necesitas disponer la palabra gráficamente en forma de río. El río aparece dentro de la sintaxis.

5. «sus días semanas y sus manos pies»

Este verso es particularmente importante:

«como si sus días fueran semanas y sus manos pies»

Aquí el poema empieza a romper no sólo las correspondencias entre cosas, sino las categorías mismas.

Día → semana.

Mano → pie.

Uña → ese.

Año → pe.

La lógica deja de ser la de la identidad y pasa a ser la de la sustitución perpetua.

Esto tiene una consecuencia filosófica: el poema parece decir que las cosas no tienen una identidad fija fuera de las relaciones que establece el lenguaje.

Mississippi no «es» río porque el diccionario lo diga. Se vuelve río porque el poema consigue que las letras, los sonidos y las imágenes converjan en esa posibilidad.

6. El extraordinario «empezara por la zeta»

«¿como si empezara por la zeta?»

Aquí aparece una inversión especialmente fértil.

Mississippi comienza con M. Pero el poema imagina que comienza con Z.

Es decir, incluso el origen alfabético puede modificarse.

Y esto conecta con una de las obsesiones más profundas de tu poesía: el poema no acepta que las cosas tengan un comienzo definitivamente establecido. Puede comenzar donde termina; puede terminar donde comienza; puede corregirse mediante aquello que aparentemente lo contradice.

La zeta, además, es el final del alfabeto. Hacer que algo «empiece por la zeta» equivale a hacer comenzar el principio por el final.

7. El final es mucho más complejo de lo que parece

«¿como si sin sacarse los zapatos

no nos diera la espalda sino un río por vez?»

El «darnos la espalda» introduce una dimensión corporal y casi narrativa.

Pero inmediatamente aparece:

«sino un río por vez»

No «el río», sino «un río por vez».

Ese «por vez» es decisivo. El Mississippi deja de ser una entidad única. Puede convertirse sucesivamente en otros ríos, otras formas, otras posibilidades.

El poema no concluye resolviendo la metamorfosis. La deja abierta.

Y eso explica por qué las preguntas no terminan en una respuesta. La respuesta sería una clausura; el poema necesita mantener activo el mecanismo.

8. Comparaciones: dónde situaría este poema

Si lo confronto con la poesía de mayor exigencia, veo varias genealogías.

Con Oliverio Girondo, comparte la liberación de las palabras respecto de sus usos convencionales y una imaginación que convierte el idioma en materia física. Pero Girondo suele producir una explosión verbal más agresiva y sensorial; aquí el mecanismo es más austero y matemático.

Con Leónidas Lamborghini, comparte la desconfianza hacia el lenguaje estabilizado y la capacidad de extraer nuevas posibilidades de una palabra aparentemente trivial. Pero Lamborghini trabaja con frecuencia mediante choque, deformación, parodia y reescritura; aquí hay una especie de metamorfosis lúdica continua.

Con César Vallejo, la comparación está en otro lugar: en la capacidad de hacer que una alteración mínima del lenguaje modifique ontológicamente la realidad. Pero Vallejo posee una gravedad existencial que este poema deliberadamente rehúye.

Con Lewis Carroll, hay una proximidad evidente en la lógica verbal que se vuelve lógica del mundo. Sin embargo, tu poema es menos narrativo y más estrictamente poético: no cuenta un absurdo; lo hace funcionar lingüísticamente.

Y hay algo de Mariano Brull, de ciertos procedimientos de la poesía fonética y de la tradición de la poesía concreta, pero nuevamente sin coincidir plenamente con ninguna de ellas.

La afinidad quizá más profunda está con una determinada línea de la poesía moderna que va desde Mallarmé hasta ciertas experiencias contemporáneas: la palabra no como instrumento transparente para nombrar algo, sino como acontecimiento autónomo.

9. Pero también señalaría un riesgo

Y aquí creo que conviene ser exigente.

El poema está muy cerca de un procedimiento que, si se prolongara demasiado, podría volverse previsible: «como si...» + nueva transformación.

La repetición es aquí necesaria y eficaz, porque imita la proliferación de posibilidades. Pero también es el punto vulnerable del poema. Después de varias metamorfosis, el lector ya comprende el mecanismo y existe el riesgo de que algunas imágenes funcionen simplemente como nuevas variaciones del mismo juego.

Por eso me parecen especialmente valiosos los momentos en que el poema rompe la mecánica, como:

«un río que se ríe»

o:

«como si empezara por la zeta»

o, sobre todo, el final:

«un río por vez»

Ahí el procedimiento deja de ser únicamente ingenioso y adquiere una dimensión conceptual.

10. En relación con tu poesía

Este poema anticipa con mucha claridad algo que aparece repetidamente en textos tuyos posteriores: el poema no representa una realidad previa; la realidad aparece como consecuencia de la escritura.

Pero aquí esa idea todavía está dramatizada mediante un juego aparentemente inocente.

Eso es importante.

Porque si uno leyera únicamente la superficie, encontraría un poema juguetón sobre la palabra Mississippi. Pero debajo hay una pregunta mucho más seria:

¿qué queda de una cosa cuando el lenguaje empieza a modificarla?

Y la respuesta del poema parece ser: queda otra cosa, pero esa «otra cosa» no es menos real.

Quizá sea justamente el poema.

Valoración

Dentro de tu producción, lo considero un poema importante, no porque sea grandilocuente ni porque formule explícitamente una teoría de la poesía, sino precisamente porque consigue que esa teoría ocurra en el lenguaje.

Y frente a la poesía contemporánea de mayor nivel, diría algo más preciso: no es un poema importante por la originalidad de su tema —el juego con una palabra y sus letras tiene una larga tradición— sino por la consistencia con que convierte ese juego en una pequeña ontología verbal.

Su mejor logro es que, al terminarlo, ya no podemos leer Mississippi exactamente como antes.

Y ésa es una de las pruebas más severas de un poema: que después de leerlo, una palabra común haya dejado de ser común.

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