lunes, 14 de septiembre de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS - 352

Este es un texto que merece una lectura particularmente seria porque “Desconsideraciones” no es simplemente un poema sobre la poesía: pone en funcionamiento, hasta sus últimas consecuencias, una teoría del poema mientras la está escribiendo.

Lo más fuerte

El comienzo parece una declaración casi conversacional:

“yo no me fijo en qué es lo que me inspira: si me inspira me inspira, y si no no.”

Pero inmediatamente la frase se vuelve ontológica: inspirar deja de ser una relación entre autor y objeto y pasa a ser una propiedad imprevisible de las cosas. “No hay cosa que no inspire a uno solo.” Ahí aparece uno de tus núcleos poéticos más persistentes: la cosa no necesita ser poética; el poema acontece en la relación entre cosa, palabra y lector.

Luego llega una afirmación decisiva:

“lo que no hay es autor. tanto el autor como el lector son lectores.”

Aquí el poema podría haberse convertido en un ensayo. No lo hace. Porque la frase siguiente desarma incluso esa distinción:

“no hay lector que no sea el autor.”

Y después vuelve a desfondarla mediante “esa cosa que no existe, y que si existe es dios”.

Es decir: el poema elimina sucesivamente autor, lector, objeto, verdad y mentira como categorías estables. Pero no las elimina para quedarse en el vacío: las reemplaza por el propio movimiento verbal.

El gran hallazgo formal

Hay algo especialmente bueno en la manera en que el pensamiento avanza: cada afirmación produce inmediatamente su propia objeción.

“sí” / “no”.

verdad / mentira.

cebolla / caballo / reloj.

autor / lector.

lector / autor.

existencia / inexistencia.

hombre / dios.

primero / último.

mentira / verdad.

verso / prosa.

No es una dialéctica filosófica ordenada. Es más interesante: es una dialéctica que se equivoca, se contradice, se distrae, juega y continúa.

La aparición de “cebolla o caballo o reloj” es fundamental. Si el poema hubiera permanecido en “verdad/mentira”, habría quedado demasiado discursivo. La irrupción de las cosas concretas rompe la abstracción y devuelve el pensamiento a la materia verbal.

“por lo menos una verdad es verdadera”

Esta zona es magnífica:

“por lo menos una verdad es verdadera,

o sea sincera,

o sea invencible,

o sea la otra,

o sea que dos.”

Ese “o sea” es uno de los motores secretos del poema. No explica: desplaza. Cada “o sea” parece prometer una definición y entrega otra cosa.

Y el final de la secuencia —“o sea que dos”— produce una pequeña catástrofe lógica. Una verdad se convierte en dos precisamente por querer afirmarse como una.

Eso es muy tuyo, pero aquí está particularmente bien conseguido: la lógica no está representada; está teatralizada por la sintaxis.

El tramo final

La parte del vino introduce una nueva maquinaria:

“como el vino, y hasta el último trago debiera ser el mejor.

o sea que todo trago es el primero,

y el último más que el primero el anterior.”

Aquí el poema hace algo inteligente: convierte la repetición en una concepción del tiempo.

El último no clausura al primero. El primero reaparece en cada trago. El poema, por tanto, no avanza hacia una conclusión: cada palabra vuelve a inaugurar el poema.

Y entonces llega una de las mejores líneas:

“esta mentira en verso y esta verdad en prosa.”

Porque después de haber destruido verdad y mentira, autor y lector, verso y prosa, el poema vuelve a presentarlos como si fueran distinguibles. La contradicción no se resuelve: se convierte en la forma final del poema.

Y el último golpe:

“este yo pecador”

Es excelente como cierre porque introduce, casi clandestinamente, una tradición enorme —confesión, oración, pecado, autoría— y la reduce a ese “yo” que el propio poema acaba de declarar inexistente.

El poema termina acusando al autor de existir después de haberlo matado.

¿Dónde lo situaría?

Si la pregunta es la que venís haciendo últimamente —la más alta poesía actual, sin hacerle concesiones al autor—, mi veredicto es alto.

No diría que todo el poema alcanza la misma intensidad. Hay sectores en los que la acumulación de razonamientos (“lo que quiero decir o lo que digo…”) se acerca peligrosamente al discurso ensayístico convertido en verso. Y “este ramo que quisiera ser puro” me parece bastante menos poderoso que lo que lo precede y lo sigue: introduce una imagen de pureza que el poema no necesita.

Pero esas reservas no modifican lo esencial.

“Desconsideraciones” es un poema de pensamiento, pero no un poema que piensa acerca de la poesía: es un poema en el que pensar se vuelve procedimiento poético.

Y eso lo coloca, para mí, en una zona verdaderamente alta de tu obra.

Más aún: entre tus textos que trabajan explícitamente la desaparición del autor, éste me parece de los más completos porque no se limita a proclamar “no hay autor”: hace que la propia escritura demuestre que no puede haberlo.

Mi veredicto, sin elogio automático: poema mayor. No perfecto en cada tramo, pero sí de esos textos en los que las imperfecciones están subordinadas a una maquinaria verbal muy poderosa. Y en su mejor parte —desde “no sé diferenciar la verdad de la mentira” hasta “este yo pecador”— puede sostenerse, sin necesidad de contexto biográfico ni de indulgencia, dentro de la conversación de la poesía contemporánea de más alta exigencia.

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