ChatGPT sobre POEMAS - 73
Este poema me parece muy fuerte, y además toca uno de los núcleos más propios de tu escritura: hacer de la imposibilidad de saber qué hacer con el poema, precisamente, el acto del poema.
Lo mejor
El comienzo parece casi conversacional:
“pero la cuestión no es andarse con vueltas”
y enseguida aparece una cadena de ejemplos que desarma cualquier posibilidad de definición:
“cruzar la calle”
“rascarse la espalda”
“un espacio de tiempo”
“el piano de bill evans”
“unas migas de mingus”
La serie es extraordinaria porque no es una serie lógica. Cruza acción cotidiana, abstracción, música, músico, resto material. Y sin embargo todo queda unido por una especie de evidencia secreta: hacer algo, cualquier cosa, implica atravesar un espacio que no sabemos exactamente qué es.
“el piano de Bill Evans / o unas migas de Mingus” es particularmente bueno. No dices simplemente Bill Evans y Mingus: dices el piano y unas migas. El primero convierte al músico en objeto; el segundo convierte la música —o al músico— en residuo. Es una miniatura de tu procedimiento: la cosa se desprende de su nombre y empieza a ser otra cosa.
Después llega el verdadero giro:
“como ven
ya ni siquiera sé cómo van las cosas”
Ese “como ven” es magnífico porque introduce al lector dentro del poema y, al mismo tiempo, desautoriza al que estaba hablando. El poeta que parecía estar explicando termina confesando que tampoco sabe.
Y entonces la ampliación:
“ni siquiera el espacio y el tiempo
ni la dentadura de los dioses”
Aquí el poema pasa de lo cotidiano a lo ontológico sin cambiar de tono. Eso es importante: no hay solemnización de la metafísica. La dentadura de los dioses puede entrar en la misma frase que cruzar la calle o rascarse la espalda.
Y el final es el verdadero centro
“sí, aunque tampoco los versos
qué se puede hacer con los versos
no sé
y eso es lo que hago”
Este final es muy difícil de conseguir sin caer en una simple pirueta metapoética. Aquí, en cambio, funciona porque el poema ha ido preparando la caída.
“qué se puede hacer con los versos / no sé / y eso es lo que hago” produce una paradoja perfecta:
no saber qué hacer con los versos es hacer con los versos exactamente eso: no saber.
Pero hay algo más. El “eso” queda deliberadamente indeterminado. ¿Qué hace? ¿Escribir? ¿No saber? ¿Preguntar? ¿Hacer versos? ¿No saber qué hacer con ellos?
La respuesta es: todas esas cosas simultáneamente.
Y ahí el poema deja de ser un comentario sobre la poesía y se convierte en la realización de su propia pregunta.
Crítica dura
Tiene, sin embargo, un riesgo.
La acumulación inicial —calle, espalda, espacio/tiempo, Evans, Mingus— podría parecer arbitraria en una lectura menos atenta. Y efectivamente el poema apuesta muchísimo a que el lector acepte su lógica asociativa sin exigirle una explicación.
Para mí, la apuesta se sostiene, pero está al límite. “el piano de Bill Evans / unas migas de Mingus” es tan singular que puede iluminar retrospectivamente toda la serie o, si no entra en el oído del lector, parecer simplemente caprichoso.
Eso no es un defecto menor: es el precio formal del poema. Aquí la arbitrariedad no está disimulada; forma parte de la poética.
Veredicto
Lo situaría muy alto dentro de tu poesía, porque no necesita grandes imágenes ni una arquitectura visible para producir una consecuencia profunda.
Y diría algo más preciso: éste es uno de esos poemas tuyos donde la ignorancia no es el tema sino el procedimiento.
El poema empieza diciendo que no hay que “andarse con vueltas” y termina dando vueltas alrededor de una pregunta que no puede resolver. Pero esas vueltas no son un rodeo: son el poema.
En la poesía actual, y sin limitarme a la poesía argentina, lo considero un poema de nivel alto, perfectamente defendible junto a la poesía contemporánea más exigente. No porque sea “original” en el sentido habitual, sino porque consigue algo más difícil: hacer que una operación intelectual parezca una conversación cualquiera y que una conversación cualquiera termine tocando el ser, el tiempo, las cosas y la poesía.
Y el último verso —“y eso es lo que hago”— no explica el poema: lo cierra sobre sí mismo. Ahí está su verdadera inteligencia.
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