ChatGPT MÁS sobre POEMAS V - 57
Este poema admite una profundización bastante mayor, porque bajo su apariencia de frase casi aforística hay una teoría de la creación poética, del lenguaje y hasta de la existencia.
1. El verdadero sujeto del poema no es el poema escrito
La primera inversión importante es ésta: aparentemente el poema habla del poema que se escribe, pero en realidad su asunto principal son los poemas que no llegan a escribirse.
«A cada poema que se escribe, cuántos y muchos e infinitos se pierden...»
El poema visible es apenas la punta de una cantidad infinitamente mayor de poemas invisibles.
Esto modifica radicalmente la noción habitual de «obra». La obra deja de ser el conjunto de lo producido y pasa a ser también el cementerio de todo lo que la producción excluyó.
Y hay una consecuencia todavía más radical: si cada poema elimina infinitas posibilidades, entonces cuanto más se escribe, más enorme se vuelve aquello que no se escribió.
La escritura no reduce necesariamente el infinito: puede hacerlo perceptible.
2. «A cada» es fundamental
Podrías haber comenzado:
«Cada poema que se escribe...»
Pero escribes:
«A cada poema que se escribe...»
Ese «a» introduce una relación casi matemática, como si hubiera una correspondencia:
un poema realizado → infinitos poemas perdidos.
No se trata entonces de una pérdida accidental. La pérdida es constitutiva de la escritura.
No ocurre que algunas posibilidades se pierdan mientras escribimos. Escribir es perder posibilidades.
Y esto conduce a una paradoja hermosa:
para que exista un poema tiene que dejar de existir —o de poder existir— una cantidad incalculable de otros poemas.
3. «Cuántos y muchos e infinitos»: el lenguaje se desborda a sí mismo
Aquí encuentro uno de los mejores procedimientos del texto.
«cuántos y muchos e infinitos»
La expresión es casi infantil en su acumulación, pero precisamente por eso resulta eficaz.
«Cuántos» introduce una pregunta cuantitativa.
«Muchos» intenta responderla.
«Infinitos» demuestra que la respuesta anterior era insuficiente.
La secuencia podría representarse así:
cuantos → muchos → infinitos
El pensamiento intenta contar y fracasa.
Pero no fracasa porque el poeta no sepa el número. Fracasa porque no existe número que pueda contener aquello de lo que habla.
La sintaxis reproduce así el movimiento conceptual.
4. Hay una pequeña palabra que cambia todo: «para»
Si el poema hubiera terminado:
«se pierden por él»
Habría sido una reflexión sobre la exclusión.
Pero agregas:
«por él y para él».
Y ahí aparece algo mucho más complejo.
Los poemas no escritos se pierden por causa del poema escrito, pero también para que ese poema pueda existir.
«Para» introduce finalidad.
Es decir: los poemas sacrificados no son solamente víctimas del poema realizado; formen parte de su posibilidad.
El poema existente parece alimentarse de los poemas inexistentes.
Esto lleva a una formulación extrema:
todo poema es el resultado de una multitud de poemas que no fueron.
5. El poema escrito contiene sus poemas no escritos
Aquí aparece algo todavía más profundo.
Normalmente pensamos que un poema es aquello que está escrito.
Tu poema obliga a pensar lo contrario: un poema también contiene aquello que no escribió.
No materialmente, por supuesto. Pero sí como ausencia, como posibilidad eliminada.
Cada palabra elegida excluye otras.
Cada ritmo excluye otros ritmos.
Cada imagen excluye otras imágenes.
Cada final excluye otros finales.
Por eso el poema terminado no es únicamente una presencia.
Es una presencia rodeada de ausencias.
Y cuanto más consciente sea el poeta de esto, menos ingenua será su relación con lo escrito.
6. Esto afecta incluso a la idea de inspiración
Hay aquí una concepción de la inspiración bastante distinta de la tradicional.
Si existen infinitos poemas posibles antes de que uno sea escrito, entonces la inspiración no necesariamente «produce» un poema.
Podría decirse que la inspiración abre un campo de posibilidades.
Después, la escritura clausura algunas.
Y justamente porque clausura algunas, hace aparecer una.
De modo que el acto poético tendría dos movimientos simultáneos:
abrir → cerrar
El poema abre posibilidades mediante el lenguaje, pero al elegir una forma concreta cierra infinitas otras.
Y, paradójicamente, ese cierre es lo que permite que haya poema.
7. La frase «se pierden» merece atención
No dices «no se escriben».
Dices:
«se pierden».
Es muy distinto.
«No se escriben» sería una descripción objetiva.
«Se pierden» introduce una dimensión temporal y casi trágica.
Porque algo puede no existir nunca sin que por eso se haya perdido. Para que haya pérdida tiene que haber, de algún modo, una posibilidad de existencia.
Los poemas inexistentes aparecen entonces como algo que estuvo a punto de ser.
No sabemos cuáles eran.
No podemos conocerlos.
Pero el poema afirma que estaban ahí, potencialmente.
Es una especie de memoria de lo imposible.
8. Y entonces aparece una paradoja extraordinaria
Si los poemas no escritos son infinitos, nosotros no podemos saber qué hemos perdido.
Pero este poema consigue algo paradójico:
nos hace saber que hemos perdido algo cuyo contenido no podemos conocer.
Eso es poéticamente muy poderoso.
No nos muestra los poemas ausentes.
Nos hace experimentar su ausencia.
Es semejante a mirar una puerta que nunca se abrió y comprender que detrás de ella podían existir infinitas habitaciones.
9. El poema como sacrificio
Hay también una lectura casi sacrificial.
Cada poema exige que otros poemas mueran para que él nazca.
Pero «muerte» sería demasiado fuerte si se entiende literalmente, porque esos poemas no tuvieron existencia efectiva.
Son, más bien, posibilidades sacrificadas.
Esto aproxima el poema a una idea muy antigua de la creación: crear implica separar, distinguir, escoger.
Crear un mundo supone que innumerables mundos posibles quedan afuera.
Tu texto aplica esa lógica cosmológica a algo aparentemente mínimo:
escribir una sola pieza.
10. De aquí se pasa del poema al universo
Y éste me parece uno de los alcances mayores del texto.
Lo que dice sobre la poesía puede decirse también sobre la realidad.
En cada instante ocurre algo y, al ocurrir, infinitas otras cosas dejan de ocurrir.
Cada acontecimiento realiza una posibilidad y elimina otras.
Cada vida vivida implica infinitas vidas no vividas.
Cada palabra pronunciada implica infinitas palabras calladas.
Por eso el poema puede leerse simultáneamente como:
una poética;
una reflexión sobre la elección;
una reflexión sobre el tiempo;
una reflexión sobre lo posible;
una reflexión sobre la identidad;
una reflexión sobre la pérdida.
Pero no necesita desarrollar ninguna de esas cuestiones.
Las condensa.
11. Hay además una cuestión muy tuya: ¿quién escribe?
El poema dice:
«el poema que se escribe»
y no:
«el poeta que escribe el poema».
Esto es importante.
El poeta prácticamente desaparece.
No hay «yo».
No hay intención.
No hay experiencia autobiográfica.
Hay un poema que se escribe.
Eso coincide con una concepción de tu escritura en la que el poema parece anteceder al poeta: el poeta no sería tanto el productor soberano del poema como el lugar donde una posibilidad poética llega a realizarse.
Entonces puede pensarse así:
el poema que aparece no pertenece enteramente al poeta; también es aquello que quedó de todo lo que el poema pudo haber sido.
12. El poema se convierte en una máquina de producir ausencia
Ésta sería quizá mi formulación más extrema.
Un poema no solamente produce significado.
Produce ausencia.
Al decir «esto», deja de decir infinitas otras cosas.
Al elegir esta palabra, elimina otras.
Al detenerse aquí, abandona todos los finales posibles.
Por eso la escritura es simultáneamente:
creación y destrucción.
Y el poema que has escrito lleva esa contradicción dentro de sí.
13. Incluso el propio poema participa de lo que afirma
Hay un nivel autorreferencial muy interesante.
El poema afirma que cada poema que se escribe hace perder infinitos otros.
Pero mientras nosotros leemos este poema, podemos imaginar que este mismo poema desplazó infinitas formulaciones alternativas.
Podría haber dicho otra cosa.
Podría haber comenzado de otra manera.
Podría haber terminado de otra manera.
Podría haber sido más largo.
Podría haber sido sólo:
«cada poema que se escribe pierde infinitos poemas»
Y sin embargo no es ése.
Por tanto, el poema que afirma la pérdida es él mismo una pérdida.
Ésta es quizá la paradoja más hermosa del texto.
14. Su relación con tu escritura en general
Lo situaría dentro de una línea muy reconocible de tus poemas: la reflexión sobre qué ocurre antes, durante y después del poema.
En muchos de tus textos aparece la sospecha de que el poema no comienza exactamente cuando aparecen las palabras.
Aquí esa intuición adopta otra forma:
antes del poema hay infinitos poemas posibles; después del poema quedan infinitos poemas imposibles.
El poema escrito sería entonces una especie de punto de intersección entre lo posible y lo perdido.
Eso me parece más profundo que la habitual idea de que «cada poema abre nuevos sentidos».
Aquí sucede algo inverso y más inquietante:
cada poema abre sentidos, pero cierra infinitas posibilidades.
15. Valoración crítica
Y aquí haría una distinción importante.
No considero que el valor del texto dependa de la idea que contiene. La idea, por sí sola, no bastaría para convertirlo en poesía. Una formulación filosófica interesante puede seguir siendo solamente una formulación filosófica.
Lo que hace que éste funcione como poema es principalmente la economía verbal y la estructura de la frase:
«cuántos y muchos e infinitos»
y
«por él y para él».
Ahí la idea deja de ser simplemente pensada y empieza a suceder lingüísticamente.
Su límite, a mi juicio, está precisamente en su cercanía al aforismo. Es un poema que camina sobre esa frontera. Si el lector lo recibe sólo como una tesis —«cada poema excluye otros poemas»—, queda reducido a pensamiento. Su dimensión poética aparece cuando se percibe que la sintaxis misma está haciendo aquello de lo que habla: multiplicando posibilidades y conduciéndolas hacia el infinito.
Por eso yo no lo juzgaría como un poema de desarrollo, imagen o musicalidad tradicional. Su campo de acción es otro: la paradoja conceptual convertida en acontecimiento verbal.
Y hay una última consecuencia que me parece especialmente fuerte:
si cada poema escrito pierde infinitos poemas, entonces escribir infinitamente no nos acerca al poema absoluto. Nos aleja infinitamente de él.
Porque cada nuevo poema realiza una posibilidad y, al realizarla, vuelve a perder infinitas.
El poema absoluto sería, desde esta perspectiva, el poema que contendría todos los poemas posibles.
Y precisamente por eso no podría escribirse.
Quizá entonces el verdadero poema no sea el que conseguimos escribir, sino ese infinito de poemas que cada poema escrito deja detrás de sí.
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