ChatGPT sobre POEMAS - 772
Si lo llevamos a la pregunta que planteás —qué lugar puede ocupar este poema frente a la poesía más alta que se está escribiendo hoy, sin complacencia y sin convertir la comparación en una lista de nombres—, hay que afinar bastante más el juicio.
1. El poema pertenece a una zona central de la poesía contemporánea
Una de las grandes líneas de la poesía moderna y contemporánea consiste en que el poema deja de ser primordialmente representación de algo y comienza a interrogar el propio acto mediante el cual algo llega a ser decible.
Mallarmé, Pessoa, Vallejo, Celan, Borges, Stevens, Ponge, Beckett, Juarroz, Parra y muchos otros, desde posiciones completamente distintas, han trabajado esa crisis.
Este poema entra decididamente en esa tradición.
Pero lo hace mediante una operación particularmente radical: no intenta encontrar una definición de la escritura; hace que la escritura se defina mediante su propia repetición.
Por eso:
«escribir
después de todo
es escribir
ni más ni menos
que escribir»
no es solamente una tautología.
Es una renuncia a la explicación.
La escritura no remite finalmente a un significado exterior que la justificaría. Su justificación está en su acontecer.
Eso tiene una importancia considerable dentro de la poesía contemporánea.
2. Pero el verdadero hallazgo está antes y después de esa tautología
La secuencia:
«si escribir es mentir
es porque la verdad es la página en blanco»
parecería una paradoja filosófica.
Sin embargo, inmediatamente el poema introduce algo mucho más peligroso:
«no sé qué es la verdad»
Ese «no sé» impide que la paradoja anterior se convierta en teoría.
Y después:
«yo
lo único que sé
es que es imposible mentir»
Aquí sucede algo muy preciso.
El poema niega al mismo tiempo la verdad y la mentira como categorías estables.
No dice:
la escritura miente pero revela una verdad.
Dice algo más extremo:
«la mentira cualquier mentira es la
verdad la única verdad
todo lo demás es mentira»
La verdad queda absorbida por la mentira.
Y la mentira, a su vez, queda absorbida por la escritura.
Por lo tanto, la cadena implícita sería:
verdad → mentira → escritura → escritura.
No hay un último significado al que llegar.
En esto el poema toca una cuestión que está muy cerca del núcleo de la poesía de mayor radicalidad del siglo XX y XXI: la imposibilidad de separar completamente palabra y realidad.
3. La página en blanco merece una atención especial
La página en blanco no es aquí simplemente ausencia de escritura.
Es presentada como:
«la verdad»
Es decir, la verdad sería aquello que todavía no ha sido contaminado por la palabra.
Pero el poema no puede permanecer en el blanco.
Tiene que escribir.
Por eso existe una contradicción fundamental:
para decir que la verdad es la página en blanco hay que llenar la página.
El poema destruye aquello que afirma.
Y justamente ahí empieza a ser poesía.
Una poesía menor podría decir:
la verdad está en el silencio.
Este poema hace algo más interesante: habla hasta producir la imposibilidad de hablar.
4. El destinatario es también una cuestión ontológica
El comienzo:
«siempre se escribe para alguien»
parece una observación comunicativa.
Pero inmediatamente:
«qué te puedo decir
que vos ya no lo sepas»
hace desaparecer la función informativa.
Si el otro ya sabe, ¿para qué escribir?
La respuesta no está formulada directamente porque aparece mucho después:
«y aún así
vale la pena»
Entonces escribir para alguien no significa necesariamente decirle algo que ignora.
Puede significar crear ese «alguien» mediante la escritura.
El destinatario no está necesariamente antes del poema.
Puede ser producido por él.
Esta es una cuestión de enorme importancia para la poesía contemporánea: el poema no es solamente un mensaje dirigido a un lector preexistente; puede ser el lugar donde aparecen simultáneamente el que escribe, el que lee y aquello que se escribe.
5. Donde el poema alcanza mayor altura: vida = escritura = pérdida
La parte final es, a mi juicio, mucho más poderosa que las formulaciones filosóficas iniciales.
«en escribir
se nos va la vida»
Es una frase conocida en su estructura conceptual. Podría incluso resultar convencional.
Pero entonces aparece la inversión:
«esa vida que vivimos al escribir lo
que escribimos
esa vida que recibimos al escribir
lo que escribimos»
Aquí el poema encuentra algo propio.
La escritura no solamente consume vida: la produce.
Y ambas cosas suceden simultáneamente.
Escribir es perder vida.
Escribir es recibir vida.
No son dos momentos sucesivos.
Son el mismo acto.
Y luego llega el golpe más interesante:
«se nos va al escribir lo que escribimos
llevándose lo que escribimos se
nos va»
La vida se lleva aquello que hemos escrito.
Pero el poema está haciendo exactamente lo contrario: mientras dice que lo escrito desaparece, continúa escribiéndolo.
La forma reproduce el contenido.
Esto es decisivo.
6. El poema no habla de la desaparición: desaparece
Aquí está, para mí, su operación más profunda.
Hay poemas que hablan de la muerte.
Hay poemas que hablan del tiempo.
Hay poemas que dicen que todo desaparece.
Este intenta algo diferente:
hace que el lenguaje experimente la desaparición mediante la repetición.
«escribir» vuelve.
«lo que escribimos» vuelve.
«se nos va» vuelve.
La repetición produce una especie de movimiento circular en el que el poema avanza sin salir del mismo lugar.
Y eso corresponde exactamente con su pensamiento:
escribir es vivir algo que, mientras ocurre, ya se está perdiendo.
7. La repetición no es ornamento: es la sintaxis del pensamiento
Esto resulta particularmente importante si se quiere comparar el texto con poesía contemporánea de primer nivel.
La repetición aquí no cumple una función musical convencional.
Cumple una función ontológica.
Cada repetición modifica ligeramente el sentido de la palabra anterior.
Por ejemplo:
«esa vida que vivimos»
y después:
«esa vida que recibimos»
y después:
«se nos va»
La misma «vida» pasa por tres estados:
vivida → recibida → perdida.
Pero no hay tres vidas.
Es la misma.
Así, el poema consigue algo que la poesía conceptual más débil suele no conseguir: la idea no está simplemente enunciada; está encarnada en la sintaxis.
8. Comparación con la poesía más alta actual
Si lo coloco en relación con las líneas más exigentes de la poesía contemporánea, diría que el poema participa de una corriente que podríamos llamar —provisoriamente— poesía de la autorreflexión radical.
Ahí la pregunta ya no es:
¿qué puedo decir?
sino:
¿qué ocurre cuando decir se convierte en aquello que estoy diciendo?
Esa problemática puede encontrarse, con procedimientos muy diferentes, en la tradición de Beckett, Celan, Stevens, Borges, Juarroz, Ponge, algunos momentos de Gelman, y en numerosos poetas contemporáneos que trabajan la materialidad y autorreferencialidad del lenguaje.
Pero hay que establecer una diferencia importante.
Los grandes poetas de esa línea suelen conseguir que la reflexión desaparezca dentro del poema.
En este texto, en cambio, todavía se percibe bastante la reflexión.
Por eso no diría que este poema está, sin más, al nivel máximo de esa tradición.
Diría algo más preciso:
está trabajando en una zona estética comparable, pero no alcanza en todos sus momentos la misma densidad de realización.
9. Su principal debilidad
La debilidad está justamente en aquello que constituye su fuerza: la conciencia de su propia poética.
Hay momentos en que el poema parece saber demasiado bien lo que quiere demostrar.
Por ejemplo:
«escribir
después de todo
es escribir»
y:
«qué sentido
tendría escribir»
son formulaciones eficaces, pero demasiado cercanas a una declaración de principios.
En tus poemas más fuertes, la idea suele quedar atrapada en una situación verbal y el lector tiene que descubrirla.
Aquí algunas veces el poema explica su propia operación.
Eso disminuye un poco el misterio.
No mucho, pero sí lo suficiente para impedir que lo considere, sin reservas, uno de los textos máximos de tu producción.
10. Sin embargo, hay algo que lo rescata de convertirse en poética
Es el humor.
Mirá este desplazamiento:
«pero claro
que no vaya a ser cosa
desde ya les aviso
después no digan que no les avisé»
De pronto el discurso filosófico se vuelve casi conversacional, incluso ligeramente cómico.
Eso es importante porque rompe la solemnidad metafísica.
El poema está hablando de verdad, mentira, vida, escritura y muerte, pero lo hace como quien advierte:
«yo ya les avisé».
Ese descenso de tono impide que el texto se convierta en una pieza de filosofía disfrazada de poema.
Y además introduce una cosa muy contemporánea: la conciencia de estar construyendo una escena verbal mientras se construye.
11. ¿Dónde lo colocaría?
Con absoluta independencia de quién lo haya escrito:
no lo colocaría entre los poemas contemporáneos más extraordinarios por su lenguaje sensorial, imagístico o musical.
No es ése su terreno.
Su ambición está en otro lugar.
Lo colocaría dentro de la tradición contemporánea de la poesía que convierte el acto de escribir en materia poética, y diría que posee una idea central genuinamente fuerte:
la escritura nos quita la vida precisamente mientras nos da la vida que estamos viviendo.
Pero su realización es irregular: los pasajes donde el pensamiento se convierte en movimiento verbal son considerablemente mejores que aquellos donde el poema formula directamente su teoría.
Y hay una razón por la que el texto permanece después de leerlo:
no termina cuando termina.
La última pregunta:
«qué sentido
tendría escribir»
queda abierta porque el poema mismo constituye la respuesta.
El sentido de escribir es haber escrito ese poema.
Y al mismo tiempo ese poema acaba de decirnos que lo escrito se va.
De modo que la paradoja final no es:
«¿vale la pena escribir?»
sino:
«¿cómo puede valer la pena algo que, al realizarse, empieza inmediatamente a desaparecer?»
El poema responde de la única manera que puede responder:
escribiéndolo.
Ahí sí entra en una de las cuestiones verdaderamente centrales de la poesía de mayor exigencia contemporánea: el poema no es la respuesta a la pregunta por la poesía; es el acontecimiento de esa pregunta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario