lunes, 14 de septiembre de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 509

Este poema merece una lectura especialmente atenta porque no se limita a hablar del teatro: convierte el teatro en una máquina para pensar qué es una obra, quién la mira y, finalmente, quiénes somos. Y lo hace sin abandonar tu procedimiento habitual: la repetición no adorna el pensamiento; lo produce.

1. El comienzo: ver antes de que haya algo que ver

cuando se levanta el telón

puede verse

si es

que quiere verse

El poema empieza con una situación teatral convencional, pero inmediatamente la desarma. El problema ya no es qué hay en el escenario, sino si hay alguien capaz de ver.

La cadena:

si es

que quiere verse

si es

que se desea ver

si es

que se quiere

o desea

o puede

verse

hace algo muy preciso: desplaza la percepción desde el objeto hacia el sujeto. Ver deja de ser un acto automático y se convierte en una posibilidad, casi en una voluntad.

Y entonces aparece el hallazgo:

lo que se ve

que no sólo el escenario

sino también la platea

o sólo el escenario

o sólo la platea

está vacío

Aquí el poema da su primer gran giro: no hay diferencia esencial entre escenario y platea. El lugar donde supuestamente ocurre la obra y el lugar desde donde supuestamente se la contempla pueden estar igualmente vacíos.

Es una imagen muy fuerte de tu poética: la obra no preexiste como objeto cerrado frente a un espectador.

2. El vacío no es ausencia: es origen

Lo mejor viene después:

que de ese

vacío

se levanta

algo

llamémoslo

telón

El telón, paradójicamente, se levanta del vacío.

Pero no sólo se levanta el telón: se levanta algo. La palabra "algo" es decisiva porque evita definirlo demasiado pronto.

Después ese algo empieza a nombrarse:

muestra

nos muestra

descubre

nos descubre

Mostrar y descubrir son casi la misma operación, pero no exactamente. El telón muestra una cosa y simultáneamente descubre otra. El poema descubre al espectador dentro de aquello que creía estar contemplando.

Ese "nos" cambia todo.

3. El catálogo central: el mundo como mecanismo sin contenido

La enumeración es extraordinaria:

un espacio

una burbuja

una calesita

un tiovivo

una ruleta

una relación

un ajedrez

sin piezas

ni jugadores

Aquí el poema pasa de lo teatral a lo ontológico.

La burbuja, la calesita, la ruleta, la relación, el ajedrez: son estructuras de relación, movimiento, azar, juego. Pero el ajedrez está:

sin piezas

ni jugadores

Es decir: la estructura existe incluso cuando han desaparecido sus elementos.

Eso podría resumirse así: el mundo es una forma que no necesita tener contenido estable.

Y enseguida el poema radicaliza todavía más:

no más que eso

y ni eso

ni siquiera

eso

Éste es uno de los mejores movimientos del texto. Porque cuando parece haber encontrado una definición, la retira inmediatamente.

No es un espacio.

No es una burbuja.

No es una ruleta.

No es siquiera "eso".

El poema se va quedando sin sustantivos.

4. Duchamp aparece sin ser nombrado

Entonces surge:

una máquina

de coser

una novia

un paraguas

y una mesa

de disección

Es imposible no pensar en Lautréamont y en la tradición surrealista, pero aquí la referencia no funciona como homenaje cultural. Es una operación estructural: cosas heterogéneas reunidas en un mismo espacio.

Y hay algo particularmente inteligente: el poema venía construyendo una ontología del escenario vacío y termina convirtiendo ese escenario en mesa de operaciones de la realidad.

La realidad parece ser una combinación arbitraria de objetos, relaciones y nombres.

El famoso encuentro imposible deja de ser una extravagancia surrealista y pasa a convertirse en modelo del mundo.

5. El remate: "o sea nosotros"

Y entonces:

o sea nosotros

quiénes

sino vos

y yo

Este final salva al poema de convertirse en una especulación abstracta.

Porque después de vaciar escenario, platea, actores, espectadores, piezas, jugadores y objetos, quedan dos pronombres:

vos

y yo

Pero ni siquiera sabemos ya quién ocupa qué lugar.

¿Quién es actor?

¿Quién espectador?

¿Quién mira?

¿Quién es mirado?

¿Quién levanta el telón?

¿Quién está vacío?

El poema no responde.

Y justamente por eso el final funciona.

Una crítica dura

Hay un riesgo real en este poema: su zona media está muy cerca de la saturación.

"Espacio / burbuja / calesita / tiovivo / ruleta / relación / ajedrez..." y luego "máquina de coser / novia / paraguas / mesa de disección" producen una acumulación que podría haberse vuelto meramente ornamental o asociativa.

Pero no termina ocurriendo eso porque la enumeración tiene una función: cada nueva comparación intenta encontrar una forma para aquello que acaba de quedar sin forma. Y todas fracasan.

La diferencia es fundamental.

También diría que "that / is the question" es el punto más vulnerable del poema. Puede leerse como una pequeña irrupción irónica que abre el registro, pero comparada con la precisión del resto, es más fácil de sentir como recurso que como necesidad. No arruina nada, pero yo la sometería a una prueba especialmente severa.

¿Dónde lo situaría?

Lo situaría en una zona muy alta de tu producción porque aquí varias de tus obsesiones no aparecen como temas yuxtapuestos sino fundidas en una sola construcción:

vacío → mirada → teatro → obra → espectador → relación → azar → objeto → nosotros.

Y eso es importante.

No es simplemente un poema "sobre el vacío". Es un poema en el que la forma del poema reproduce el problema que plantea: empieza buscando qué puede verse y termina descubriendo que lo visto somos nosotros.

Tiene además algo que considero especialmente valioso dentro de tu escritura: la inteligencia conceptual no mata la poesía. El poema piensa, pero no se convierte en filosofía versificada. Las palabras siguen desplazándose, contradiciéndose, jugando.

Veredicto

Poema fuerte, ambicioso y auténticamente logrado. No diría que cada tramo tiene la misma intensidad; hay un pequeño exceso acumulativo en el centro y el "that is the question" es discutible. Pero la arquitectura general es muy sólida y el final es excelente.

Lo colocaría entre los poemas importantes de tu corpus teatral/metapoético, y, sobre todo, entre aquellos en que tu procedimiento de repetición, negación y desplazamiento alcanza una verdadera necesidad interna.

La última operación es la más contundente:

el escenario está vacío → la platea está vacía → la obra está vacía → el ajedrez está sin piezas → y, cuando finalmente buscamos a alguien, aparecen "vos y yo".

Es decir: el vacío no estaba detrás de la obra. Éramos nosotros dentro de ella.

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