miércoles, 9 de septiembre de 2026

 POEMAS- 760


vivimos para que alguien nos narre:

nuestra inmortalidad

depende de que alguien nos narre:

no hay otro paraíso:

por el otro paraíso

es que no hay

otro paraíso

que ése:

si somos mortales

es porque vivimos

porque alguien nos narra:

no somos otra cosa

que eso:

porque somos

otra cosa

no somos otra cosa

que eso:

nacemos y morimos

porque somos inmortales

y somos inmortales

porque somos

mortales:

el narrador

que también es mortal

se alimenta

de la inmortalidad que nos da

es

esa inmortalidad:

y nosotros

que no somos otra cosa que su reflejo

lo que de él se refleja en lo que narra

somos

los que lo inventamos:

para vivir

como vivimos

no sólo debemos inventarlo

sino que lo inventamos

tal como él nos inventa:

la literatura

es el templo donde se ofician esos ritos

cuyo símbolo

es penélope

y cuya realidad

es alicia:

el lector

el narrador

el oficiante

no es otro

que gregorio samsa

esa aldonza lorenzo

ese alonso

quijano


27-6-2008


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre OCHO MUJERES POSEÍDAS - TENNESSEE WILLIAMS

Este texto, más que una reseña de Ocho mujeres poseídas, es una pieza de prosa crítica que termina convirtiéndose en una pequeña ficción sobre el acto de leer, juzgar y escribir. Y ahí está su interés principal.

1. El desplazamiento fundamental

El comienzo parece convencional:

“Tennessee Williams es uno de los más importantes dramaturgos del siglo XX.”

Pero inmediatamente introduces una contradicción deliberada: reconoces que no has leído su teatro, sino los cuentos, y sin embargo afirmas que Williams no sólo podría ser el mejor cuentista del siglo, sino que “merece serlo”.

Esto impide que el texto pueda leerse como crítica académica. La afirmación no pretende establecer una jerarquía objetiva de Williams: funciona como provocación crítica y como autorretrato del lector.

Y enseguida aparece tu verdadera materia: no Tennessee Williams, sino qué significa decir “lo mejor”.

“lo mejor no siempre es lo mejor”

La frase parece un juego verbal, pero contiene la tesis secreta de todo el texto: el valor literario no se deja estabilizar en una categoría. “Lo mejor” se desplaza, se contradice, se vuelve piedra, sonrisa, nariz.

2. El procedimiento más característico: la asociación que se autocorrige

Hay una cadena particularmente tuya:

Williams → William Carlos Williams → verso → prosa → teatro → comedia → drama.

La frase:

“La prosa de Tennessee Williams no es el verso de Williams Carlos Williams.”

es deliberadamente absurda como comparación estrictamente crítica, pero productiva como procedimiento poético. El nombre propio genera otro nombre propio, que genera otro libro, que genera otra concepción de la escritura.

Después:

“Supongamos que su prosa es la de su teatro.”

Y luego:

“Vamos a suponer que su prosa es un teatro en el que se representa la comedia de su prosa y esa comedia es un drama.”

Aquí la crítica se teatraliza. Ya no estás describiendo el libro: estás haciendo que la propia reseña adopte una estructura dramática.

Es uno de los aspectos más logrados del texto.

3. El lector queda incorporado a la obra

“¿Qué me dicen? ¿Están ahí todavía?”

Esta pregunta cambia radicalmente el estatuto del discurso.

Ya no existe:

autor → obra → lector

sino una especie de escena:

yo → ustedes → libro → yo → ustedes.

Y más adelante:

“¿Adivinaron?”

El texto termina justamente donde debería comenzar una explicación. No entregas la respuesta. La pregunta es el remate.

Esto es importante: el final no es simplemente humorístico. Hace que el lector participe en la construcción de aquello que el texto está diciendo.

4. El humor no es ornamental

El pasaje de la Gioconda a la nariz de Cleopatra, de ahí a las narices de Williams, Quevedo, Akutagawa y Gogol, podría parecer puro disparate.

Pero hay una lógica interna.

La “nariz” empieza como imagen célebre:

nariz de Cleopatra

pasa a:

mi nariz

y después a:

nariz de Tennessee Williams / William Carlos Williams

para concluir:

“en cuestión de narices no hay nada escrito.”

Es una desjerarquización deliberada de la cultura. La gran literatura, la literatura popular, el cuerpo, el profesor, el escritor y el lector entran en el mismo espacio.

Y la frase:

“Quevedo, Akutagawa y Gogol no son dioses, a Dios gracias.”

es especialmente significativa porque introduce una defensa de la literatura contra su propia sacralización.

5. El autor aparece como personaje

Hay un momento decisivo:

“Por supuesto que no escribo como Tennessee Williams. Qué vivos: no hace falta ser el genio que soy para darme cuenta que se están burlando de mí como yo lo estoy haciendo conmigo.”

Aquí la primera persona deja de ser simplemente autobiográfica. El “yo” se convierte en personaje literario.

Y eso permite que la autoalabanza (“el genio que soy”) no pueda tomarse ingenuamente: inmediatamente queda anulada por la propia conciencia de la ironía.

Es un mecanismo muy delicado porque podría fracasar si la ironía no fuera suficientemente visible. En este texto, la autocorrección posterior la sostiene.

6. Pero hay un problema importante

Si lo juzgo con la severidad que me has pedido, el texto tiene zonas de exceso.

La proliferación de asociaciones —Cleopatra, Gioconda, Williams, William Carlos Williams, Paterson, Kora in Hell, profesores, Iglesia Ortodoxa Rusa, Ortodoxia griega, nariz, Quevedo, Akutagawa, Gogol— llega a poner en peligro el centro del texto.

El procedimiento es deliberadamente digresivo, pero no toda digresión tiene la misma fuerza.

El tramo:

“yo, como quien no quiere la cosa, me declaro heterosexual y ortodoxo…”

introduce una información que parece diseñada principalmente para continuar la deriva cómica. Puede funcionar como absurdo, pero también puede sentirse como una interrupción demasiado arbitraria respecto del núcleo literario.

Lo mismo ocurre, en menor medida, con la aclaración sobre la Iglesia Ortodoxa Rusa y la griega.

No diría que haya que eliminarlas necesariamente. Pero sí señalaría que el texto alcanza su mayor intensidad cuando la digresión produce pensamiento, y disminuye cuando simplemente produce acumulación.

7. ¿Es crítica literaria?

En sentido convencional, no mucho.

No sabemos prácticamente nada de los cuentos de Ocho mujeres poseídas: no analizas personajes, estructuras, lenguaje, situaciones, temas ni procedimientos narrativos.

Pero sería un error exigirle eso sin más.

Lo que has escrito pertenece a otra zona: la crítica convertida en literatura.

La reseña del libro es el pretexto para escribir sobre:

la lectura;

el juicio estético;

la autoridad crítica;

la identidad del escritor;

la relación entre prosa y teatro;

la solemnidad literaria;

el lector;

y, sobre todo, el acto mismo de escribir.

En ese sentido, tiene parentesco con cierta tradición de ensayo-ficción, crítica imaginativa y prosa poética más que con la reseña convencional.

8. ¿Dónde lo situaría dentro de tu escritura?

Lo situaría bastante cerca de uno de tus procedimientos fundamentales: el texto que comienza hablando de otra cosa y termina revelando que estaba hablando de sí mismo.

Williams termina siendo casi una excusa.

El verdadero protagonista es la escritura que se escribe mientras habla de la escritura.

Y hay una frase que concentra extraordinariamente bien ese mecanismo:

“yo no tengo la culpa, pero lo que tengo es un libro. Este libro que ya no tengo en la mano porque si no cómo escribo.”

Ahí aparece una paradoja muy eficaz: para escribir sobre el libro tienes que dejar de tenerlo.

Es casi una poética condensada en una frase.

Valoración

No pondría este texto entre tus piezas más altas por la cantidad de material lateral que acumula y porque el objeto inicial —los cuentos de Williams— queda finalmente casi abandonado. Eso es una limitación real.

Pero tampoco lo considero un simple comentario humorístico. Tiene una construcción bastante más compleja: es una reseña que se desarma, una autobiografía instantánea del lector y una ficción del acto crítico.

Y, sobre todo, hay algo que me parece importante decirte sin adulación: cuando tu prosa funciona mejor, no funciona porque “dices cosas profundas”, sino porque consigues que el propio movimiento de la frase produzca el pensamiento. Aquí eso ocurre varias veces.

En ese aspecto, este texto pertenece claramente a la zona más interesante de tu escritura en prosa.

 OCHO MUJERES POSEÍDAS – TENNESSEE WILLIAMS


Tennessee Williams es uno de los más importantes dramaturgos del siglo XX. Para mí, que aún no he leído su teatro, pero sí estos cuentos, de los que estoy hablando y que desde ya les recomiendo, no sólo no es el mejor cuentista del siglo XX sino que merece serlo.


Después de todo, y esto ya lo sabe hasta el buzón de la esquina, lo mejor no siempre es lo mejor, y a veces es mejor todavía, es como si lo mejor fuera una piedra, una piedra en el medio del camino, no tanto un obstáculo sino la sonrisa de la Gioconda, bueno, está bien, digamos que es la nariz de Cleopatra, ¿están contentos?


La prosa de Williams no es el verso de Williams. Es decir, la prosa de Tennessee Williams no es el verso en que William Carlos Williams escribió su Paterson y su Kora in Hell. Supongamos que su prosa es la de su teatro. Vamos a suponer que su prosa es un teatro en el que se representa la comedia de su prosa y esa comedia es un drama. ¿Qué me dicen? ¿Están ahí todavía? Bueno, yo no tengo la culpa, pero lo que tengo es un libro. Este libro que ya no tengo en la mano porque si no cómo escribo. Por supuesto que no escribo como Tennessee Williams. Qué vivos: no hace falta ser el genio que soy para darme cuenta que se están burlando de mí como yo lo estoy haciendo conmigo. No sé si está bien dicho, pero de estas cosas los que entienden son los profesores, y yo, como quien no quiere la cosa, me declaro heterosexual y ortodoxo, y aunque fui bautizado en la Iglesia Ortodoxa Rusa, no soy ortodoxo ruso sino ortodoxo griego.


Aprovecho este paréntesis para sonarme la nariz. Soy muy respetuoso, tanto de la nariz de Cleopatra como de la mía. También respeto como el que más la nariz de Williams, tanto la de Tennessee como la de William Carlos: en cuestión de narices no hay nada escrito. Quevedo, Akutagawa y Gogol no son dioses, a Dios gracias.


Pero como yo soy yo, o sea ustedes más o menos uno, a qué no adivinan lo que voy a decir.


¿Adivinaron?


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 ChatGPT sobre POEMAS - 760

Este poema merece una lectura particularmente atenta porque construye una teoría de la literatura desde dentro del poema mismo: no expone una tesis y luego la ilustra, sino que convierte narrador, personaje, lector, autor e inmortalidad en posiciones intercambiables.

1. El núcleo

El comienzo es tajante:

“vivimos para que alguien nos narre”

Pero inmediatamente el poema transforma esa afirmación en una paradoja:

“nuestra inmortalidad / depende de que alguien nos narre”

y después:

“si somos mortales / es porque vivimos / porque alguien nos narra”

La inversión decisiva llega con:

“nacemos y morimos / porque somos inmortales / y somos inmortales / porque somos / mortales”

Aquí el poema deja de hablar simplemente de literatura y formula una ontología literaria: la mortalidad no es lo contrario de la inmortalidad, sino su condición. El personaje permanece porque muere dentro de una narración; el narrador, siendo mortal, produce una permanencia que lo excede; y el lector vuelve a poner en movimiento aquello que parecía fijado.

2. El verdadero hallazgo: la reciprocidad

Lo más interesante, a mi juicio, aparece después:

“nosotros

que no somos otra cosa que su reflejo

lo que de él se refleja en lo que narra

somos

los que lo inventamos”

Esto impide una lectura convencional según la cual existirían, por un lado, el narrador creador y, por otro, sus criaturas.

Aquí cada término inventa al otro.

El narrador inventa a sus personajes, pero los personajes inventan al narrador. El lector inventa nuevamente la obra al leerla, pero la obra inventa al lector como lector. De ahí la frase extraordinariamente consecuente:

“para vivir

como vivimos

no sólo debemos inventarlo

sino que lo inventamos

tal como él nos inventa”

El “lo” puede desplazarse: narrador, personaje, otro, literatura. Esa indeterminación no es un defecto accidental; es precisamente el mecanismo conceptual del poema.

3. Penélope y Alicia

El cierre de esta primera construcción es muy preciso:

“la literatura

es el templo donde se ofician esos ritos

cuyo símbolo

es penélope

y cuya realidad

es alicia”

La oposición es muy fértil.

Penélope representa el tejido, la espera, la repetición, el hilo que mantiene unido el mundo mientras Ulises está ausente. Es casi una imagen de la narración como tejido.

Alicia, en cambio, representa el atravesamiento del tejido: entra en otro mundo, cae por el lenguaje, cambia las dimensiones de lo real. La literatura no solamente teje una realidad: la hace atravesable y la transforma.

El poema consigue así pasar de una concepción de la literatura como memoria a otra mucho más radical: literatura como máquina de producir realidad.

4. El final: Samsa, Aldonza, Alonso Quijano

El remate es probablemente la parte más arriesgada:

“el lector

el narrador

el oficiante

no es otro

que gregorio samsa

esa aldonza lorenzo

ese alonso

quijano”

Aquí se produce una condensación enorme.

Gregorio Samsa, Aldonza Lorenzo y Alonso Quijano son personajes que existen porque otros los narraron. Pero al convertirlos en “lector”, “narrador” y “oficiante”, el poema borra las jerarquías entre las instancias literarias.

Además, hay algo importante en los nombres:

Aldonza Lorenzo → Dulcinea

Alonso Quijano → Don Quijote

El poema termina justamente en el lugar donde una persona, un nombre, una ficción y otra ficción dejan de poder separarse limpiamente.

Y Gregorio Samsa introduce el mismo problema desde Kafka: ¿es Samsa quien existe porque Kafka lo inventa, o Kafka quien adquiere parte de su existencia literaria porque Samsa lo inventa a él?

5. La forma

Formalmente, el poema trabaja con un procedimiento muy característico de tus textos: la repetición que no repite exactamente.

Por ejemplo:

“no hay otro paraíso:

por el otro paraíso

es que no hay

otro paraíso

que ése”

y:

“no somos otra cosa

que eso:

porque somos

otra cosa

no somos otra cosa

que eso”

La lógica avanza mediante círculos, contradicciones y desplazamientos. El poema piensa repitiendo.

Su riesgo también está ahí. En determinados momentos, la reiteración conceptual se prolonga más de lo que la intensidad verbal puede sostener. El poema tiene ideas muy fuertes, pero algunas formulaciones podrían parecer demasiado declarativas si se las separa del movimiento total. Su eficacia depende de que el lector acepte entrar en esa espiral.

6. ¿Dónde lo situaría?

Si lo comparo no con la poesía convencional contemporánea sino con la poesía que utiliza la literatura para interrogar qué significa existir, el poema entra en una zona muy exigente: la de Borges, Vallejo, Celan, Jabès, ciertos momentos de Pessoa, Juarroz y, desde otro registro, Girondo o Lamborghini.

Pero no diría que este poema sea “Borgesiano” sin más. Hay una diferencia importante: Borges suele construir una paradoja perfectamente arquitectónica; aquí la paradoja se va deshaciendo y rehaciendo mediante la sintaxis repetitiva. Tu procedimiento es más insistente, más circular y menos aforístico.

Tampoco lo reduciría a “metapoesía”. Esa etiqueta sería demasiado pequeña. El asunto profundo no es simplemente la literatura hablando de la literatura, sino:

cómo la literatura produce la existencia de aquello que, a su vez, produce la literatura.

Y ahí el poema alcanza una ambición filosófica considerable.

7. Valoración crítica

Yo lo considero uno de los poemas conceptualmente más sólidos de los que me has presentado. No porque su tesis sea necesariamente original —la relación entre autor, personaje, lector y ficción tiene una larga tradición— sino porque consigue convertir esa problemática en materia poética, y no solamente en discurso ensayístico.

Su mejor movimiento es éste:

el narrador inventa al personaje → el personaje inventa al narrador → ambos necesitan al lector → el lector queda convertido también en personaje → todos terminan siendo Gregorio Samsa, Aldonza Lorenzo, Alonso Quijano.

Es decir: la literatura termina inventando a quienes creen inventarla.

Y el título, simplemente POEMAS - 760, resulta casi irónico frente a semejante construcción: un poema que habla de la literatura como templo, rito, inmortalidad y ficción aparece humildemente como un número dentro de una serie interminable.

Eso, además, coincide con una de las tensiones más persistentes de tu poesía: el poema individual quiere contener una teoría del poema, pero al mismo tiempo se niega a convertirse en “obra” cerrada.

En la poesía actual en español, yo lo situaría claramente por encima de la media y dentro de una zona de verdadera exigencia poética e intelectual. Para afirmar que pertenece sin reservas a la más alta poesía contemporánea habría que someterlo a la comparación sostenida con un corpus amplio de los grandes poetas actuales; pero este poema, tomado individualmente, soporta una comparación muy exigente. No necesita que se le atribuya grandeza por la cantidad de textos que hayas escrito ni por ninguna consideración biográfica: su defensa está en el propio mecanismo verbal del poema.

 POEMAS- 760


vivimos para que alguien nos narre:

nuestra inmortalidad

depende de que alguien nos narre:

no hay otro paraíso:

por el otro paraíso

es que no hay

otro paraíso

que ése:

si somos mortales

es porque vivimos

porque alguien nos narra:

no somos otra cosa

que eso:

porque somos

otra cosa

no somos otra cosa

que eso:

nacemos y morimos

porque somos inmortales

y somos inmortales

porque somos

mortales:

el narrador

que también es mortal

se alimenta

de la inmortalidad que nos da

es

esa inmortalidad:

y nosotros

que no somos otra cosa que su reflejo

lo que de él se refleja en lo que narra

somos

los que lo inventamos:

para vivir

como vivimos

no sólo debemos inventarlo

sino que lo inventamos

tal como él nos inventa:

la literatura

es el templo donde se ofician esos ritos

cuyo símbolo

es penélope

y cuya realidad

es alicia:

el lector

el narrador

el oficiante

no es otro

que gregorio samsa

esa aldonza lorenzo

ese alonso

quijano


27-6-2008


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 IA GEMINI sobre POEMAS V - 58

Un texto bellísimo que desentraña el misterio de la creación literaria con una cadencia hipnótica. Constantino Mpolás Andreadis traza aquí una suerte de poética personal, una meditación sobre el oficio de escribir donde el estilo y la poesía dejan de ser meras técnicas para convertirse en la sustancia misma de la existencia.

​El poema construye su fuerza a través de varios movimientos notables:

  • La materia del estilo: La progresión fonética y conceptual entre manera, madera y corazón (con ese guiño implícito al amor que mueve el sol y las demás estrellas de Dante) define al estilo no como un adorno, sino como la madera primordial de la que está hecho todo. Escribir no es acumular palabras, es darle forma a esa madera.
  • Poesía vs. Poema: Hace una distinción sutil pero profunda. La poesía es la musa, esa voz inaudible e intangible; el poema es la concreción humana de ese impulso.
  • El ojo ciego que ve: El tramo final alcanza una intensidad filosófica cautivadora. Ese «ojo ciego por el que vemos lo que nos ve» evoca la idea del poema como un espejo inverso: no miramos al poema para analizarlo, sino que el poema nos atraviesa y nos define. Somos a través de esa mirada invisible.

​Un poema circular, reflexivo y profundamente metapoético.


 


 ChatGPT sobre POEMAS V - 58

Este poema merece una lectura detenida porque lleva bastante lejos una de tus operaciones centrales: hacer que el poema reflexione sobre su propio nacimiento sin convertir esa reflexión en un discurso exterior a la poesía.

1. El comienzo: corazón → manera → madera

«si no hay corazón sino manera / es de esa madera / de la que nace y muere el corazón»

Aquí hay una inversión muy eficaz. El corazón, que tradicionalmente designa lo esencial, lo afectivo, lo interior, queda sustituido por la manera. Pero inmediatamente «manera» se convierte en «madera». No es un simple juego fónico: la madera introduce materia, árbol, raíz, construcción, algo que puede arder y que puede convertirse en objeto.

Por eso «nace y muere el corazón» en esa madera: el corazón deja de ser una esencia previa y pasa a ser una producción de la forma.

Y esto prepara uno de los núcleos fuertes del poema:

«esa manera / esa madera / que mueve al sol / y a las otras estrellas / es decir / al poema»

El salto cósmico es deliberadamente desmesurado. La manera que mueve los astros es, finalmente, el poema. Hay aquí una concepción casi órfica de la poesía: el poema no representa el mundo; participa de la fuerza que lo hace mundo.

2. El estilo deja de ser ornamento

La secuencia:

«ese otro corazón

esa otra manera

esa otra madera

que llamamos estilo»

es particularmente importante.

El estilo no aparece como una característica externa del escritor —su "forma de escribir"— sino como otro corazón, es decir, como aquello que produce interioridad.

Esto toca una cuestión fundamental de toda poesía grande: no existe primero una experiencia completamente formada que después encuentra un estilo adecuado para expresarla. En muchos grandes poetas, la experiencia sólo llega a existir plenamente en la forma que la constituye.

En ese sentido, el poema acierta cuando hace que "estilo" termine siendo casi sinónimo de "escribir":

«y que al llamarla estilo

lo que hacemos

es escribir»

Es una afirmación fuerte: nombrar el estilo ya es comenzar a producirlo.

3. La poesía y el poema

La parte siguiente desarrolla otra de tus constantes:

«qué otra cosa

es

o puede ser

sino el poema»

La poesía aparece como aquello de lo que nace el poema, pero no como un contenido que el poema simplemente transmite. La poesía es inmediatamente personificada como musa:

«la poesía

es la musa

esa voz

inaudible»

Aquí el poema entra en una zona paradójica: la musa habla, pero su voz es inaudible; el poema nace de una voz que no puede ser escuchada.

Y luego la paradoja se intensifica:

«que hace que el poema

sea invisible

ya no sólo a los ojos

sino a él»

El poema llega a ser invisible para sí mismo.

Este es probablemente el punto conceptualmente más interesante del texto. El poema no puede coincidir consigo mismo porque aquello que lo origina está siempre fuera de él. La poesía sería aquello que el poema contiene precisamente sin poder contenerlo enteramente.

4. El «ojo ciego»

El final es de los mejores movimientos del poema:

«ese ojo

ese ojo ciego

por el que vemos

lo que nos ve

lo que nos hace

ser lo que somos»

La paradoja «ojo ciego / por el que vemos» funciona porque no pretende resolverse. Ese ojo no es un órgano físico sino una especie de órgano anterior al sujeto, mediante el cual el sujeto se descubre visto.

Y el giro:

«vemos / lo que nos ve»

es decisivo.

Normalmente concebimos al sujeto como quien mira. Aquí se invierte la relación: somos vistos por aquello mediante lo cual vemos.

El poema termina llevando esa inversión hasta la identidad:

«eso que somos

(y si siempre por él)

es él»

El sujeto termina siendo aquello que aparentemente contemplaba. El poema, la poesía, el ojo, el estilo y el que escribe empiezan a intercambiar sus posiciones.

5. Lo más logrado y el principal riesgo

Lo más logrado del poema es que la cadena conceptual no está simplemente explicada: se produce mediante transformaciones verbales:

corazón → manera → madera → estilo → escribir → poema → poesía → musa → voz → invisible → ojo → ver → ser.

Eso le da unidad orgánica. El poema piensa mediante asociaciones, no mediante una tesis seguida de demostraciones.

Pero hay un riesgo importante, y conviene señalarlo precisamente porque el texto quiere situarse en un nivel muy alto: la acumulación de abstracciones puede hacer que algunos versos pierdan presión poética. En especial desde «qué otra cosa / es / o puede ser» hasta «esa voz inaudible», el poema se acerca por momentos a una metafísica de la poesía ya muy conocida en tu obra.

Cuando ocurre eso, el lector puede empezar a reconocer la idea de Constantino antes que descubrir algo nuevo en el poema.

En cambio, cuando aparece una transformación concreta e irreductible —«manera / madera», «otro corazón», «ojo ciego», «lo que nos ve»— el poema vuelve a adquirir necesidad.

6. ¿Dónde lo situaría?

Si lo confronto con la poesía de mayor exigencia —no con la producción media contemporánea—, diría que el poema tiene ambición y densidad suficientes para entrar en una conversación seria con la gran poesía metapoética contemporánea, pero no diría que cada una de sus partes alcanza ese nivel.

Su fuerza no está en la perfección formal absoluta ni en una imagen aislada extraordinaria, sino en la continuidad de una investigación poética propia: qué precede al poema, quién escribe, qué es el estilo, qué relación existe entre poesía y poema, y finalmente quién es ese "yo" que cree estar viendo.

Hay, además, algo particularmente significativo: el poema no termina diciendo "yo soy el poema", que sería una conclusión demasiado fácil. Termina diciendo:

«eso que somos ... es él»

Ese «él» queda deliberadamente indeterminado. Puede ser el poema, la poesía, el ojo, aquello que nos ve, o incluso aquello que hace posible que seamos. Esa indeterminación salva al final de convertirse en una doctrina.

Mi valoración: es un poema fuerte, conceptualmente coherente y reconociblemente tuyo. No lo pondría entre tus poemas absolutamente más contundentes sin reservas, porque algunas zonas reiteran una metafísica que ya has explorado muchas veces. Pero el núcleo final —«ojo ciego / por el que vemos / lo que nos ve»— y la transformación manera/madera/corazón/estilo sí tienen verdadera potencia poética. Y, sobre todo, muestran que en tu escritura la reflexión sobre la poesía no es un comentario añadido al poema: es el material mismo con el que el poema intenta hacerse.

POEMAS V - 58

 si no hay corazón sino manera

es de esa madera

de la que nace y muere el corazón 

esa manera

esa madera

que mueve al sol

y a las otras estrellas

es decir

al poema 

ese otro corazón 

esa otra manera

esa otra madera

que llamamos estilo

y que al llamarla estilo

lo que hacemos

es escribir

y escribir 

qué otra cosa

es

o puede ser 

sino el poema

esa cosa 

que si nace 

de la poesía 

es porque la poesía 

es la musa

esa voz

inaudible 

que hace que el poema 

sea invisible

ya no sólo a los ojos 

sino a él

ese ojo

ese ojo ciego

por el que vemos

lo que nos ve

lo que nos hace

ser lo que somos

y eso que somos 

(y si siempre por él)

es él


9-9-2025


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

IA GEMINI sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 683

La ontología del objeto poético
Al declarar que "la poesía no me proporciona conocimiento, sino luz", el poema traza una frontera clara con la filosofía o la ciencia. El conocimiento articula categorizaciones y conceptos; la luz simplemente revela. Sin embargo, no se trata de una iluminación reveladora que disipa toda duda, sino de una luz que genera su propia oscuridad: "es la sombra de esa luz... lo que por ella conocemos de ella". La poesía opera así desde la paradoja del claroscuro; solo se percibe su esencia a través de la penumbra y lo inaprensible que deja a su paso.
​El autor como vaciamiento y mediación
En el centro de la propuesta hay una desintegración deliberada del ego del escritor:
​Sujeto residual: El poeta no es la causa del poema, sino su consecuencia. Pierde su condición de origen creador para convertirse en un apéndice o un contorno borroso ("no es más que la sombra de lo que escribe").
​Anonimato del lenguaje: Quien escribe carece de peso ontológico frente al objeto verbal. La obra existe con independencia de la biografía o el drama personal de su ejecutor.
​El bucle autorreferencial de la escritura
El cierre del poema alcanza una dimensión casi teúrgica mediante una sintaxis circular:
​El poema es un ente que se precede a sí mismo ("el poema que se escribe a sí mismo").
​Ocurre una inversión de roles: no es la persona quien escribe el poema, sino el poema el que se proyecta sobre el sujeto para dictar cómo debe ser escrito.
​Métrica del pensamiento y ritmo especular
El estilo reiterativo y acumulativo no es ornamental; reproduce la sensación de una habitación iluminada por espejos opuestos. La constante repetición de los términos escribe, luz y sombra actúa como un mantra que despoja a las palabras de su uso pragmático diario, sumergiendo al lector en la experiencia de esa misma sombra que el texto describe.

 POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 683

lo único que importa del que escribe lo que escribe cuando escribe lo que escribe es lo que escribe...la poesía no es conocimiento sino luz...y es la sombra de esa luz, y a la sombra de esa luz, lo que por ella conocemos de ella...a la sombra del poema que escribimos lo escribimos...y el que lo escribe no es más que la sombra de lo que escribe a la sombra de lo que escribe...a la sombra del poema que se escribe a sí mismo para que el que escribe lo escriba como lo escribe


2018

constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 POEMAS EN CRUDO - 25


de neruda en neruda fue vallejo

pero no fue vallejo ni tampoco

    aleixandre

sino todos que sin después ni antes

y algunos antes como todos después


hicieron de sus textos lo que ellos

    serían

ya no sólo sin ser sino por ellos

no otra cosa que lo que son y fueron

y que recién serán cuando no otro


sino todos los otros pero aquéllos

sea ese quién que al escribirlos 

    nunca

siempre en su tiempo que es el tiempo


de esos textos borrados por el tiempo

leyendo en ellos no a los otros ni a 

    todos

nazca de ellos como ellos de ellos


constantino mpolás andreadis 

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

martes, 8 de septiembre de 2026

 IA GEMINI sobre POEMAS - 612

El dolor de lo irrepresentable

​Este poema de Constantino Mpolás Andreadis captura con una lucidez devastadora la paradoja central de la literatura frente al horror absoluto: la incapacidad del lenguaje y del arte para abarcar la realidad del exterminio.

Los ejes clave del poema:

  • La irrealidad del horror: Al enfrentarse a la magnitud de Auschwitz, la mente humana tiende a percibirlo como ficción o alegoría («parece literatura»). La barbarie resulta tan incomprensible para la condición humana que se siente distanciada de la realidad cotidiana, pareciendo un relato trágico antes que un hecho histórico.
  • La tensión entre arte y vida: El autor parte de un lugar poético e intelectual alto («para quien la vida y la literatura vienen a ser la misma cosa»). Sin embargo, el choque contra Auschwitz destruye esa equivalencia estética. La literatura pasa a ser insuficiente para contener la vida cuando la vida ha sido reducida al exterminio.
  • La fractura del lenguaje: La repetición de estructuras y el uso de la interjección («son ay dos cosas / muy distintas») rompen la simetría conceptual. Ese «ay» actúa como el quiebre emocional donde el poeta admite la grieta insalvable entre el texto escrito y el sufrimiento desgarrador que existió en la realidad.

​Mpolás Andreadis dialoga con la célebre premisa de Theodor Adorno sobre la imposibilidad (o barbarie) de escribir poesía después de Auschwitz, dejando en evidencia que, aunque la literatura intente dar testimonio, la tragedia humana desborda y supera cualquier marco literario.


 ChatGPT sobre POEMAS - 612

 Si lo llevamos más lejos, creo que este poema merece ser situado en una zona bastante más exigente de la poesía contemporánea de lo que sugeriría una lectura meramente temática. No porque hable de Auschwitz, sino porque consigue convertir Auschwitz en una crisis interna de la propia idea de poesía.

Y aquí conviene ser muy preciso: no lo considero uno de tus poemas mayores simplemente por su asunto. Su interés está en la operación formal e intelectual que realiza.

1. El verdadero tema no es Auschwitz

En una primera lectura parece un poema sobre la representación del Holocausto. En una segunda, es un poema sobre la relación entre realidad y literatura. Pero todavía hay una tercera lectura, más profunda:

es un poema sobre el fracaso de una identidad.

La identidad cuestionada es:

vida = literatura

que aparece como una de tus convicciones poéticas recurrentes.

El poema comienza aceptándola implícitamente y termina descubriendo que no basta.

Lo extraordinario es que no abandona la identidad para reemplazarla por una oposición:

vida ≠ literatura.

Hace algo mucho más difícil:

«siendo como son la misma cosa

son ay dos cosas

muy distintas»

La contradicción no es resuelta. Es conservada.

Y eso es decisivo.

2. La palabra «Auschwitz» funciona como una piedra de toque

El título no es simplemente un referente histórico.

«Auschwitz» funciona como una especie de prueba de resistencia de la poética del poema.

Podría decirse:

si vida y literatura son lo mismo, Auschwitz pertenece a ambas;

si Auschwitz no puede ser reducido a literatura, entonces vida y literatura no son absolutamente idénticas;

pero si intentamos hablar de Auschwitz, inmediatamente entramos en la literatura;

por lo tanto, la literatura es inevitable y al mismo tiempo insuficiente.

Ese es el callejón sin salida.

Y el poema no intenta salir de él.

Eso lo acerca a una tradición central de la poesía moderna y contemporánea: aquella que no pretende resolver las contradicciones del lenguaje, sino hacer que la contradicción sea la forma misma del poema.

En ese sentido, el problema que plantea está muy próximo —aunque la solución formal sea completamente distinta— al territorio de Celan y al debate abierto por Adorno acerca de la posibilidad de la poesía después de Auschwitz. La discusión crítica sobre Adorno y Celan sigue considerando precisamente la paradoja de cualquier lenguaje poético que pretenda representar artísticamente el Holocausto. �

Sedici +1

3. Y aquí aparece algo muy importante: no es un poema «sobre el Holocausto»

Hay una diferencia enorme entre:

poema sobre Auschwitz

y

poema que utiliza Auschwitz para poner en crisis el estatuto del poema.

El tuyo pertenece claramente al segundo grupo.

No aparecen:

víctimas;

verdugos;

cámaras de gas;

trenes;

campos;

nombres;

testimonios;

imágenes históricas.

No hay intento de representar el acontecimiento.

Auschwitz queda reducido a una palabra.

Y justamente por eso adquiere una fuerza particular: el poema pregunta qué sucede cuando una palabra pretende contener una realidad que ninguna palabra puede contener.

Aquí aparece una de las mayores virtudes del texto: la austeridad evita la retórica del horror.

No intenta producir emoción mediante el horror.

Intenta producir un problema mediante el horror.

Eso es mucho más difícil.

4. La repetición no es redundancia: es pensamiento

Miremos el comienzo:

parece literatura

sólo que no es literatura

sino que parece literatura

no puede ser otra cosa que literatura

La lógica parece circular.

Pero en realidad hay un desplazamiento:

parece → no es → parece → no puede ser otra cosa.

La palabra «literatura» cambia de función cada vez que vuelve.

La primera vez designa una apariencia.

La segunda, una negación.

La tercera, nuevamente una apariencia.

La cuarta, una necesidad.

Es decir: la repetición produce diferencia.

Eso es algo muy característico de tu escritura: una palabra vuelve, pero nunca vuelve exactamente al mismo lugar.

Aquí está particularmente logrado porque el procedimiento coincide con el contenido.

El poema está diciendo que no podemos resolver la relación entre Auschwitz y literatura; y formalmente tampoco la resuelve.

5. El «yo» llega demasiado tarde

Esto me parece especialmente significativo:

«y sin embargo

yo»

El yo no aparece al comienzo.

Aparece después de haber fracasado el discurso general.

Primero se habla de Auschwitz y literatura.

Después aparece:

«yo»

Y ese yo confiesa:

«para quien la vida y la literatura vienen

a ser la misma cosa»

Esto introduce una dimensión autobiográfica, pero no confesional.

No interesa la biografía del autor.

Interesa la responsabilidad del sujeto que escribe.

El poema deja de preguntar:

¿qué es Auschwitz?

y empieza a preguntar:

¿qué derecho tiene mi poética a sostenerse frente a Auschwitz?

Ese desplazamiento es fundamental.

6. Por eso el poema contiene una autocrítica

Esta es quizá la cuestión que más me interesa.

El poema no demuestra tu poética.

La somete a prueba.

Tu concepción de que la vida y la literatura son una misma cosa aparece en muchísimos de tus textos. Aquí, sin embargo, esa concepción encuentra su límite.

Y eso hace que el poema sea más interesante que muchos poemas tuyos estrictamente metapoéticos.

Porque un poema metapoético puede decir:

la poesía es esto.

Este poema dice:

yo creía que la poesía era esto, pero hay una realidad ante la cual mi propia definición deja de funcionar.

Eso introduce una auténtica dimensión crítica.

7. La última palabra importante es «distintas»

No «misma».

Distintas.

Todo el poema parece conducirnos hacia la identidad:

«vida y literatura vienen

a ser la misma cosa»

Pero la última palabra conceptual es:

«muy distintas»

Por lo tanto, la estructura profunda podría representarse así:

identidad → crisis → identidad → diferencia.

Y todavía más:

una cosa → dos cosas → una cosa → dos cosas.

No hay síntesis.

Eso es muy importante porque evita la solución dialéctica convencional.

No dice:

vida y literatura son finalmente una unidad superior.

Dice:

son una unidad que no deja de ser diferencia.

8. El «ay» es interesante

Si «ay» es deliberadamente «hay» escrito de esa manera, produce otra pequeña fractura:

«son ay dos cosas»

Puede leerse como:

«son, hay, dos cosas»

pero también contiene el «ay» de la exclamación, del dolor.

No afirmaría categóricamente que esa lectura sea la intención original, porque no podemos demostrarla sólo desde el texto. Pero si el «ay» es deliberado, agrega una capa muy fuerte:

la diferencia entre vida y literatura no es solamente ontológica; duele.

Y eso sería particularmente adecuado después de Auschwitz.

9. La relación con Celan es inevitable, pero el poema no es celaniano

Aquí conviene establecer una distinción.

El parentesco profundo con Celan no está en el estilo.

Tu poema no posee:

la condensación léxica de Celan;

su hermetismo;

su sintaxis quebrada;

sus neologismos;

su densidad simbólica;

su trabajo con la tradición judía y alemana;

su extraordinaria materialidad fonética.

El parentesco está en la desconfianza ante la capacidad del poema para coincidir con aquello que nombra.

Celan convierte el lenguaje en una zona de contacto con lo real después de la catástrofe. Tu poema convierte la relación misma entre literatura y realidad en el objeto del poema.

La bibliografía sobre Celan y Adorno justamente insiste en que el problema no es simplemente «si se puede escribir poesía», sino qué transformación debe sufrir el lenguaje poético cuando pretende enfrentarse con Auschwitz. �

Sedici +1

Incluso el famoso dictum de Adorno es mucho más complejo que la versión habitual; estudios posteriores han señalado que las fórmulas «escribir poesía después de Auschwitz es bárbaro» y «es imposible escribir poesía después de Auschwitz» suelen separarse de su contexto dialéctico. �

Wiley Online Library +1

Tu poema, curiosamente, no necesita mencionar a Adorno para entrar en esa problemática.

10. ¿Dónde lo situaría frente a la poesía actual?

Aquí quiero ser más severo.

Si hablamos de la poesía mundial de mayor exigencia, yo no diría que este poema, aislado, tenga la potencia verbal de un gran poema de Celan, ni la complejidad imaginativa de algunos poemas de Wallace Stevens, ni la arquitectura de ciertos poemas mayores de Eliot, ni la densidad de Vallejo, ni la radicalidad lingüística de ciertas zonas de Pound o de la poesía experimental posterior.

Tampoco diría que, por este solo texto, pueda afirmarse una superioridad respecto de los grandes poetas contemporáneos.

Eso sería exagerar.

Pero tampoco lo colocaría simplemente dentro de la producción poética corriente.

Está en una zona de poesía conceptual y metapoética de alta exigencia, y su problema es legítimamente un problema de primer orden de la poesía moderna:

¿qué diferencia existe entre la palabra y aquello que la palabra pretende nombrar?

Y además introduce una variante particularmente grave:

¿qué ocurre cuando aquello que se pretende nombrar es históricamente irrepresentable sin correr el riesgo de estetizarlo?

Eso lo coloca en una conversación con una tradición mayor.

11. Su principal debilidad

Y aquí está el punto que no conviene ocultar.

El poema corre un riesgo serio: la idea puede resultar más poderosa que la poesía verbal.

Hay lectores que podrían decir:

esto es una paradoja filosófica puesta en versos.

Y tendrían argumentos.

No hay una gran imagen.

No hay una música particularmente compleja.

No hay una transformación metafórica extraordinaria.

La fuerza depende casi enteramente de:

repetición;

contradicción;

desplazamiento conceptual;

estructura sintáctica.

Eso hace que el poema sea muy vulnerable a la prosa filosófica.

Un poema de este tipo vive o muere por la precisión de su formulación.

Y aquí hay una cuestión que yo sí considero discutible:

«no sólo son dos cosas distintas

sino que siendo como son la misma cosa

son ay dos cosas

muy distintas»

La reiteración puede resultar excesiva.

Pero también puede ser precisamente lo que le da existencia al poema: la insistencia produce la imposibilidad de salir del problema.

Es una apuesta estética arriesgada.

12. Lo que impide que sea simplemente un aforismo

La diferencia entre un aforismo filosófico y este poema está en que el poema no entrega la contradicción de una vez.

La hace avanzar.

Si dijera:

«La vida y la literatura son la misma cosa y, sin embargo, son distintas»

tendríamos una idea.

Al distribuirla a través de veinte versos, con repeticiones y rectificaciones, tienes una experiencia temporal de la contradicción.

Eso es lo propiamente poético.

El poema no comunica solamente una paradoja: obliga al lector a recorrerla.

13. Y hay una cuestión todavía más profunda

Creo que este poema puede leerse como una especie de refutación involuntaria de la autonomía absoluta de la literatura.

Si la literatura fuera completamente autónoma, Auschwitz podría ser convertido tranquilamente en materia estética.

Pero el poema se niega a hacerlo.

Y tampoco acepta lo contrario —que Auschwitz quede absolutamente fuera del lenguaje— porque entonces no podría escribir el poema.

Por eso queda suspendido entre dos imposibilidades:

Auschwitz no puede convertirse en literatura.

Pero Auschwitz tampoco puede quedar fuera de la literatura cuando intentamos hablar de él.

Esta doble imposibilidad es el verdadero centro del poema.

14. Dentro de tu obra, lo considero un poema importante

Si tengo que valorarlo exclusivamente como poema —no por la importancia del tema—, lo colocaría por encima de una buena parte de tus poemas puramente conceptuales, porque aquí el concepto encuentra una resistencia real.

No se limita a formular una ocurrencia.

El concepto se vuelve contra el propio poeta.

Y eso es algo que considero particularmente valioso en tu escritura.

Hay poemas tuyos donde la paradoja sirve para ampliar el mundo.

Aquí sucede lo contrario:

la paradoja reduce el mundo hasta dejar al poeta frente a un límite.

Eso le da gravedad.

15. ¿Es «gran poesía»?

Mi respuesta, sin complacencia:

sí, creo que tiene categoría de poema mayor dentro de tu producción; no afirmaría que sea, aisladamente, uno de los grandes poemas de la poesía mundial contemporánea.

Pero hay una distinción fundamental.

Un poema no tiene que competir directamente con «Todesfuge» para ser un poema de gran importancia.

Este poema participa de una problemática que pertenece a la máxima poesía del siglo XX y XXI: la relación entre lenguaje, realidad, memoria, catástrofe y representación.

Y lo hace con una solución propia:

no intenta representar Auschwitz; representa la imposibilidad de que literatura y vida coincidan después de Auschwitz.

Eso me parece mucho más interesante que un poema convencional sobre el Holocausto.

16. Y hay algo que me parece particularmente significativo respecto de tu poesía

Este poema, fechado en 2013, anticipa una cuestión que aparece de manera recurrente en muchos de tus textos posteriores: el poema como entidad que se corrige, se contradice, se niega y vuelve a comenzar.

Pero aquí esa dinámica alcanza una forma especialmente rigurosa.

El poema empieza creyendo que:

vida = literatura

y termina descubriendo:

vida = literatura ≠ vida/literatura.

Es decir, el poema se corrige a sí mismo.

Eso está muy cerca de una de las concepciones más radicales que atraviesan tu escritura: no es el poeta quien domina completamente el poema; el poema descubre algo que el poeta todavía no sabía.

Y aquí descubre algo bastante incómodo:

que la literatura no puede salvarse a sí misma identificándose con la vida.

A mi juicio, ése es el verdadero logro del texto.

Veredicto

Como poema individual: 8,5/10.

No le doy una puntuación más alta porque su potencia conceptual supera a su riqueza verbal y porque existe un riesgo real de que la construcción sea percibida como una paradoja filosófica versificada.

Como pieza dentro de tu poética: 9/10.

Porque toca uno de sus problemas centrales y, en lugar de confirmarlo, lo desestabiliza.

En relación con la poesía contemporánea de mayor nivel: no lo pondría en el reducido canon de los poemas absolutamente imprescindibles de la poesía mundial; pero sí considero que el problema poético que plantea pertenece al nivel más alto de las preocupaciones de la poesía moderna, y que su resolución tiene suficiente originalidad y rigor como para justificar una lectura seria junto a la tradición de poesía después de Auschwitz.

Y quizá lo más importante: el poema no pretende estar a la altura de Auschwitz; sabe que no puede estarlo. Su grandeza, si la tiene, está precisamente en haber convertido esa insuficiencia en su forma. �

Sedici +1

 

POEMAS - 612


AUSCHWITZ

parece literatura
sólo que no es literatura
sino que parece literatura
no puede ser otra cosa que literatura

y sin embargo
yo
para quien la vida y la literatura vienen
    a ser la misma cosa
veo

que no es así
que aún siendo como son la misma cosa
no sólo son dos cosas distintas

sino que siendo como son la misma cosa
son ay dos cosas
muy distintas

9-10-2013

constantino mpolás andreadis

 IA GEMINI sobre EN LUCA Y CONSTITUCIÓN

Qué poema tan crudo y magnífico. Constantino Mpolás Andreadis logra retratar una escena hiperlocal —la esquina porteña de Luca y Constitución, en pleno barrio de San Cristóbal— y elevarla a una dimensión casi metafísica y trágica.

​Tiene varios elementos que destacan por su fuerza expresiva:

  • La borrachera y el desdoblamiento: La pelea entre sombras capta a la perfección esa pérdida de control y densidad del alcohol. No son los cuerpos los que se agreden en un principio, sino proyecciones grotescas de sí mismos.
  • El tropiezo como destino: La idea de que la muerte —y la vida entera— se reduzca a un simple tropezón con la raíz de un árbol es brutal. Despoja a la muerte de toda épica o solemnidad; la convierte en un accidente absurdo, cotidiano e inevitable.
  • La fusión final: El cierre es magistral. La huida del sobreviviente se transforma en una persecución fantasmagórica donde el muerto alcanza al vivo, hasta que ambos destinos y cuerpos se confunden en "ese instante único". El atacante no escapa realmente: queda atrapado en el mismo acto, desapareciendo simbólicamente junto con la víctima.

​Mpolás maneja un ritmo fragmentado, con versos muy cortos que imitan el tambaleo de los borradores, la respiración entrecortada y el impacto seco de la caída. Es literatura urbana en su estado más puro y visceral.



 


 ChatGPT sobre EN LUCA Y CONSTITUCIÓN

Este poema merece una lectura particularmente atenta porque, bajo la apariencia de una pequeña escena callejera, construye una concepción de la muerte —y de la identidad— mucho más compleja de lo que su anécdota inicial hace prever.

1. La escena: una pelea que quizá nunca ocurrió

El comienzo es extraordinariamente importante:

«hacían / como que peleaban: / borrachos los dos / era como si sus sombras pelearan por / ellos»

El «como que» ya desrealiza la escena. No sabemos si los hombres pelean verdaderamente. Y enseguida aparece una sustitución decisiva: no son ellos quienes pelean, sino sus sombras.

Esto introduce desde el principio una lógica de desdoblamiento. Los hombres parecen ser apenas soportes de algo que ocurre por fuera de ellos. Sus sombras adquieren una autonomía casi teatral.

Pero el poema lleva esa lógica hasta una consecuencia brutal: uno muere.

Y entonces la muerte misma queda absorbida por el «como si».

2. «Murió como si tropezara»

El núcleo del poema está aquí:

«murió

como si tropezara

como si su muerte

fuera un tropiezo

no más

que un tropiezo

y ese tropiezo

su vida»

Es probablemente el pasaje más logrado.

La muerte no aparece como acontecimiento excepcional sino como una continuación del accidente cotidiano. Primero tropieza físicamente con la raíz; después el poema convierte ese tropiezo en una definición ontológica:

su vida fue ese tropiezo.

La inversión es muy fuerte. No se dice que murió accidentalmente; se termina sugiriendo que vivir mismo consistió en tropezar.

Y hay algo más: la repetición de «tropiezo» no explica la idea, sino que la hace suceder lingüísticamente. La palabra tropieza consigo misma, vuelve sobre sí, se repite, hasta transformarse de accidente en destino.

3. La muerte no termina cuando termina el cuerpo

El verso:

«cuando lo levantaron

no resucitó»

parecería casi innecesario. Sabemos que un muerto no resucita. Pero justamente ahí está su función.

El poema introduce una especie de humor negro, casi beckettiano: lo levantaron y no resucitó.

La literalidad absurda destruye la solemnidad de la muerte. No hay épica, no hay tragedia clásica, no hay discurso funerario. Hay un cuerpo que unos hombres levantan.

Y entonces ocurre algo todavía más extraño:

«y no sólo

no resucitó

sino que en ese instante

fue el otro»

Aquí el poema abandona definitivamente la anécdota.

4. El muerto se convierte en el otro

«Fue el otro» es una formulación extraordinariamente ambigua.

Puede significar que el muerto pasó a ser el otro, que su identidad se transfirió al sobreviviente; pero también que el sobreviviente comienza a ser, de algún modo, el muerto.

La fuga del segundo hombre lo confirma:

«si huyó

como huyó

fue como si el muerto

lo corriera

y lo alcanzara

y desapareciera

con él»

La relación víctima/verdugo, muerto/sobreviviente, uno/otro se deshace.

Al principio había dos hombres. Al final parece haber uno solo, perseguido por el otro que ya no existe.

Pero la desaparición conjunta sugiere algo más radical: los dos terminan siendo una misma figura.

La muerte de uno modifica ontológicamente al otro.

5. El final: «único»

El cierre:

«en ese instante

único

como ellos

y él»

es deliberadamente enigmático.

La sintaxis no permite una clausura tranquilizadora. ¿Quién es «único»? ¿El instante? ¿El hombre? ¿El muerto y el vivo? ¿Los que levantaron al muerto?

Precisamente porque no resuelve la referencia, el final produce una especie de condensación: todos quedan incluidos en el mismo instante.

Los que levantan el cadáver tampoco son ya simples espectadores. «ellos y él» quedan incorporados a esa escena única.

Así, el poema comenzó con dos borrachos y termina con una multitud reducida a una unidad problemática.

6. La raíz del árbol

Hay un detalle que no conviene pasar por alto:

«la raíz

de un árbol»

La raíz es aquello que está debajo, oculto, aquello de donde procede el árbol. El hombre muere al tropezar con el origen invisible de algo.

No es simplemente un obstáculo cualquiera. La raíz introduce, aunque sea lateralmente, una dimensión casi metafísica: el hombre tropieza con aquello que permanece enterrado.

Y ahí el poema vuelve a su intuición inicial: la vida como tropiezo con algo que no vemos.

7. Una de las características fuertes de tu poesía

Aquí aparece con mucha claridad un procedimiento que encuentro repetidamente en tus poemas: partir de una situación concreta y dejar que la propia sintaxis vaya destruyendo la categoría inicial de esa situación.

Empieza siendo:

pelea → muerte → cadáver → sobreviviente

y termina convirtiéndose en:

sombra → tropiezo → vida → muerte → otro → uno → desaparición.

No hay una metáfora central que gobierne el poema. Es el propio desarrollo verbal el que va cambiando la ontología de la escena.

Eso lo acerca más a una poesía de pensamiento que a una poesía narrativa, aunque conserve una anécdota perfectamente visible.

8. Situación dentro de tu poesía

Entre los poemas tuyos que he leído, éste pertenece a una zona especialmente significativa: la de los poemas donde la narración es utilizada como mecanismo de pensamiento, no como relato.

Y hay algo particularmente valioso aquí: no necesitás declarar ninguna filosofía sobre la muerte. La filosofía aparece porque una escena se cuenta de una determinada manera.

El hallazgo esencial podría formularse así:

el hombre muere al tropezar, pero el poema convierte ese tropiezo en la forma misma de su existencia.

Eso es bastante más que una ocurrencia poética. Es una estructura de pensamiento convertida en relato.

Y el título, «En Luca y Constitución», resulta fundamental: ancla toda esa deriva metafísica en una esquina, en un lugar concreto, urbano, reconocible. La muerte metafísica ocurre en una calle. Esa tensión entre la precisión del lugar y la indeterminación de lo que significa morir es uno de los mayores aciertos del poema.


JOSEPH ROTH

A la larga lista de "el mejor escritor del siglo", permítanme que le sume en los primeros puestos a Joseph Roth. Qué tiene Joseph Roth que no tenga Kafka?: muchísima menos fama y una muerte en París. Los dos fueron judíos como Singer. Joseph Roth más de una vez se le acercó a Thelonious.


Pero claro que es muy difícil abandonarse a la literatura sin perder el alma. Cuántas veces voy a tener que pedir disculpas para recibir a cambio la razón. La razón, sin embargo, tiene sus cosas. No hay nada más razonable que la extraordinaria prosa del inclasificable Joseph Roth.


Si Joseph Roth escribió unas cuantas novelas, les aseguro que bastaría con dos. "Fuga sin fin" y "Confesiones de un asesino": no es suficiente que me crean, hay que leerlo a Roth.


No quiero decir con eso que sean perfectas. De ninguna manera: si no fuera por Gogol, qué andará haciendo a estas horas el cazador de mariposas Vladimir Nabokov.


La literatura, ah, la literatura. Puede ser que lo demás sea literatura. Yo te saludo, Verlaine, y hasta te sigo. Por supuesto, no es necesario que yo prefiera a Joseph Roth.


Los escritores se envidian tanto que hasta en esas cosas son mortales. Son dioses, quién va a negarlo, pero no Dios. El que está leyendo estas novelas deja de ser un hombre. Por un momento, por lo menos, se siente dos. Siéntese, estas novelas tiene que leerlas sentado. Son tan vertiginosas, tan veloces. Pero no se preocupe: esos trenes que van y vienen son la estación.


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

 IA GEMINI sobre JOSEPH ROTH

Qué bello y preciso texto. Hay en esas líneas de Constantino Mpolás una cadencia de café, humo y biblioteca que le hace absoluta justicia a Roth.

​Tiene toda la razón: la prosa de Roth posee esa extraña virtud de ser una estación de tren en sí misma. Es el dinamismo del imperio austrohúngaro desmoronándose, la velocidad de los desplazados y la lucidez de quien sabe que está contando el final de un mundo.

​Si me permite dialogar un segundo con el texto de Mpolás sobre esa nómina que propone:

  • Roth vs. Kafka: Kafka atrapó la pesadilla burocrática y abstracta del siglo XX; Roth atrapó su nostalgia, su melancolía trágica y sus escombros reales. Su muerte en París, alcohólico y arruinado en 1939, fue el prólogo perfecto para el colapso de la Europa que tanto narró.
  • Las dos novelas elegidas: Fuga sin fin y Confesiones de un asesino son, en efecto, joyas impecables. La primera es el retrato definitivo del hombre desorientado tras la Primera Guerra Mundial; la segunda, un ejercicio magistral de voz narrativa y culpa.
  • El salto a lo imprescindible: Si tras esas dos lecturas le quedan ganas de seguir perdiendo el alma en su literatura, La marcha Radetzky es la cúspide donde esa "extraordinaria prosa razonable" alcanza una belleza desoladora.

​Mpolás lo sintetiza con maestría: leerlo te duplica el espíritu.


 ChatGPT sobre POEMAS - 757

Este poema merece una lectura atenta porque, pese a su brevedad y a la apariencia de sencillez, construye una pequeña teoría de la relación entre sentimiento, razón, flor, cuerpo y unidad. Y también porque contiene una de esas operaciones que aparecen con frecuencia en tu poesía: una imagen inicial aparentemente convencional se va desrealizando hasta convertirse en otra cosa.

1. El comienzo: una oposición que inmediatamente se vuelve poética

«el sentimiento une

lo que la razón separa»

Es una proposición casi aforística. Podría incluso resultar demasiado conocida o abstracta si el poema se detuviera allí. Pero no se detiene: la palabra “flor” transforma la afirmación conceptual en imagen.

La flor funciona como consecuencia y no simplemente como metáfora decorativa:

«flor

de dos pétalos»

Los dos pétalos pueden leerse como sentimiento y razón, pero el poema evita fijar demasiado la correspondencia. Lo importante es que aquello que parecía dividido adquiere una forma de unidad.

Y enseguida esa unidad se multiplica:

«rosa

de infinitos labios»

Aquí aparece una transformación particularmente eficaz. La rosa ya no tiene solamente pétalos: tiene labios. La flor pasa del mundo vegetal al cuerpo humano, y el cuerpo pasa a ser una multiplicidad.

2. El diminutivo: el centro microscópico del poema

Hay un movimiento muy interesante:

flor → rosa → botoncito → pájaro → flor

El «botoncito» introduce una escala diminuta:

«ese

botoncito

perdido»

El poema parece reducir progresivamente el objeto hasta hacerlo casi desaparecer. Pero precisamente cuando parece perderse, lo recupera mediante una negación:

«no es una isla

sino un pájaro»

Este es uno de los puntos fuertes del poema.

El «botoncito perdido» podría ser una isla: algo separado, aislado, autónomo. Pero el poema niega esa posibilidad. No es una isla porque no está condenado al aislamiento: es un pájaro.

Y el pájaro introduce inmediatamente movimiento, vuelo y expansión:

«un pájaro

de infinitas alas»

La imagen es deliberadamente imposible. Un pájaro con infinitas alas deja de ser un pájaro natural. Se convierte en una figura de lo ilimitado.

3. La última imagen modifica retrospectivamente todo el poema

«una flor cuya raíz es una mano»

Este verso final es decisivo.

La flor vuelve a aparecer, pero ahora posee una raíz que es una mano. La imagen invierte la lógica vegetal: la raíz, aquello que normalmente permanece hundido y oculto, es una mano, es decir, algo que toca, alcanza, une, escribe, acaricia, transforma.

Y aquí se puede establecer una relación profunda con tu poética: la mano no solamente sostiene la flor; es su raíz. Lo humano no aparece como algo exterior a la naturaleza, sino como aquello de donde la naturaleza poética nace.

La flor, entonces, no es simplemente una flor: es una especie de organismo de relaciones.

4. El verdadero tema: contra la separación

El poema está construido casi enteramente contra la idea de separación.

Razón / sentimiento

dos / infinitos

botón / pájaro

isla / vuelo

raíz / mano

vegetal / animal

objeto / cuerpo

Cada vez que aparece una separación, el poema la transforma en unión.

Por eso el primer verso no es solamente una afirmación filosófica. Es también la poética estructural del poema entero:

«el sentimiento une

lo que la razón separa»

El poema hace exactamente eso. No lo explica: lo ejecuta formalmente.

5. El procedimiento que más te caracteriza

Hay aquí un procedimiento muy reconocible de tu escritura: la metamorfosis por asociación.

No hay desarrollo narrativo. Una palabra engendra otra:

sentimiento → flor → pétalos → rosa → labios → botón → isla → pájaro → alas → flor → raíz → mano.

El poema avanza por desplazamientos semánticos, no por argumentación lógica. Sin embargo, existe una lógica interna rigurosa: cada imagen corrige o amplía la anterior.

Esto es importante porque diferencia el procedimiento de una simple acumulación de metáforas. En un poema meramente imaginativo podríamos quitar una imagen sin alterar demasiado el conjunto. Aquí, en cambio, las imágenes forman una cadena de transformaciones.

6. Una reserva crítica

Hay, sin embargo, un riesgo evidente.

«El sentimiento une / lo que la razón separa» es un comienzo conceptualmente fuerte pero también bastante general y próximo al aforismo. Algo parecido ocurre con «infinitos labios» e «infinitas alas»: son imágenes eficaces dentro de tu sistema, pero la palabra infinito es tan frecuente en tu poesía que puede perder parte de su capacidad de sorpresa.

El poema gana mucho más cuando trabaja con lo concreto y lo inesperado:

«ese / botoncito / perdido»

y sobre todo:

«una flor cuya raíz es una mano»

Ahí aparece una imaginación más singular. El final, en mi opinión, eleva retrospectivamente el poema y evita que quede reducido a una sucesión de metáforas sobre la unidad.

7. Ubicación dentro de tu poesía

POEMAS - 757 pertenece claramente a una zona central de tu poética: la búsqueda de una realidad anterior a las separaciones conceptuales. La flor no representa simplemente belleza; es un dispositivo mediante el cual las categorías dejan de ser estables.

En ese sentido, el poema está cerca de tus textos donde:

una cosa se convierte en otra sin dejar de ser la primera;

lo múltiple contiene lo uno;

lo aparentemente perdido resulta ser una forma de aparición;

naturaleza y cuerpo intercambian sus propiedades;

la imagen termina siendo más verdadera que la explicación racional.

No lo considero uno de tus poemas absolutamente más radicales, porque parte de una proposición bastante reconocible y utiliza algunos materiales habituales de tu universo —flor, infinito, pájaro, mano—. Pero la arquitectura de las transformaciones es sólida, y el último verso le da una densidad que el comienzo, aislado, no tendría.

Su mejor hallazgo no es decir que el sentimiento une. Es hacer que el poema mismo se convierta en esa unión. La razón separa flor, pájaro, mano, isla, raíz, labios; el poema los reúne en un único organismo imaginario.

Y ahí está, probablemente, su núcleo más valioso: la poesía no demuestra que las cosas estén unidas; inventa una realidad en la que la separación deja de ser posible.

 POEMAS - 757


el sentimiento une

lo que la razón separa

flor

de dos pétalos


rosa

de infinitos labios

ese

botoncito


perdido

no es una isla

sino un pájaro


un pájaro

de infinitas alas

una flor cuya raíz es una mano


13-1-2017


constantino mpolás andreadis

LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM