ChatGPT sobre LOS COSOS Y LAS COSAS - 1
Este poema es, a mi juicio, muy importante dentro de tu serie de poemas sobre la poesía, la literatura y el valor, porque aquí la reflexión deja de ser únicamente ontológica —qué es un poema, qué es escribir— y se vuelve histórica, lingüística, crítica e irónicamente política.
1. «Convengamos / vamos a suponer / que no hay canon»
El comienzo es extraordinariamente ambiguo:
convengamos
vamos a suponer
que no hay canon
No afirmás que no haya canon. Decís: «vamos a suponer».
Es decir: el poema instala una hipótesis aparentemente liberadora para inmediatamente demostrar que esa liberación tampoco es tan simple.
Porque si:
las cosas son como son
entonces aparece inmediatamente:
que exemplo
no es lo mismo que ejemplo
Una mínima alteración gráfica produce otra cosa.
Y entonces la identidad de las cosas empieza a tambalear.
¿Es exemplo la misma palabra que ejemplo? Históricamente sí, gráficamente no. ¿Y esa diferencia importa? El poema dice: importa y no importa.
Éste es uno de los núcleos más fuertes de tu poesía: una cosa es una cosa, salvo que, al ser dicha, escrita, leída o recordada, ya sea otra.
2. «¿Cómo se escribe Méjico?»
La pregunta:
¿cómo se escribe méjico?
¿cómo se pronuncia?
es mucho más profunda de lo que parece.
La escritura no coincide con la pronunciación. La norma no coincide necesariamente con el uso. La historia de una palabra no coincide con su presente.
Y, por extensión: el canon tampoco coincide con la literatura.
La literatura que una época llama «alta» puede ser olvidada; la que parecía secundaria puede convertirse en central.
Por eso el poema pasa de la ortografía a:
tampoco el arte
es una pipa
Magritte aparece sin aparecer. Pero inmediatamente el poema desplaza la cuestión:
ni el ajedrez
el ajedrez
Esta formulación me parece excelente.
Porque el ajedrez no es el ajedrez: la palabra, el juego, la institución, la historia, una partida concreta, la imagen mental del tablero: todo eso se llama «ajedrez» y nada de eso agota «el ajedrez».
Es una especie de Magritte llevado a una lógica cotidiana y casi infantil.
3. Mallarmé, el azar y el canon
Después aparece:
como no basta un golpe de dados
para abolir el azar
El poema juega con Mallarmé, naturalmente. Pero el movimiento es muy preciso: Mallarmé escribió una obra decisiva sobre el azar y, sin embargo, el azar no fue abolido.
Del mismo modo:
es suficiente un mallarmé
un henry james un kafka
Aquí aparece una de las ideas centrales del texto.
Basta un escritor extraordinario para modificar retrospectivamente la escala de valores.
Un Mallarmé modifica la poesía.
Un Kafka modifica lo que entendemos por relato.
Un Henry James modifica la novela.
Y entonces el canon, que parecía sólido, se vuelve móvil.
No hace falta un ejército.
Puede bastar uno.
4. Chesterton, Borges y Carriego
Para mí, éste es el centro del poema:
para que chesterton
sea a borges
lo que borges
a un par de textos de carriego
Es una operación crítica extraordinariamente condensada.
Las jerarquías literarias no son absolutas: son relacionales, históricas y cambiantes.
Chesterton influye sobre Borges.
Borges transforma la lectura de Carriego.
Y Borges, que puede parecer un escritor absolutamente central, podría ser a su vez, respecto de otro escritor futuro, lo que Carriego es aquí respecto de Borges.
Es decir:
todo gigante puede convertirse en precursor de alguien que todavía no conocemos.
Y, al mismo tiempo, Carriego —que podría parecer menor— queda revalorizado por Borges.
Esto toca directamente el problema del canon: el futuro cambia el pasado.
Una obra posterior puede modificar para siempre nuestra lectura de una obra anterior.
En ese sentido, el poema está muy cerca de ciertas ideas de Borges y de Eliot sobre los precursores, pero no las explica: las pone a funcionar como una pequeña máquina verbal.
5. «Que no vaya a ser cosa...»
El final es magnífico:
por supuesto
que no vaya a ser cosa
que le vayan a hacer caso a estos
versos
a estas cosas
Aquí el poema se sabotea a sí mismo.
Después de hablar del canon, de Mallarmé, Kafka, Chesterton, Borges y Carriego, el poeta dice, en esencia:
pero, por favor, no me hagan demasiado caso.
La ironía protege al poema de la solemnidad.
Pero también hay algo más profundo.
Los versos son llamados:
estas cosas
No «mi obra».
No «mi poesía».
No «este texto».
Estas cosas.
Y ahí el título se vuelve decisivo:
LOS COSOS Y LAS COSAS
«Cos(o)» es la palabra argentina de lo indeterminado: aquello cuyo nombre no encontramos, aquello que sabemos y no sabemos qué es.
La cosa parece más concreta.
Pero el poema termina convirtiendo los versos en cosas, y las cosas, desde el comienzo, ya habían dejado de ser simplemente «como son».
El poema entero se mueve entre:
lo que tiene nombre;
lo que no tiene nombre;
lo que parece ser;
lo que se escribe;
lo que se pronuncia;
lo que una época considera importante;
lo que otra época considerará importante.
Situación dentro de tu poesía
Este texto pertenece a una de las zonas más inteligentes y más maduras de los poemas que me has mostrado.
Y digo «inteligente» no en el sentido de poema intelectualizado. Al contrario: su logro es que trabaja problemas enormes mediante una conversación aparentemente improvisada:
convengamos
vamos a suponer
Ese tono coloquial es esencial.
La gran tradición moderna del poema sobre la poesía suele correr el riesgo de volverse:
sentenciosa;
filosófica;
académica;
hermética.
Vos hacés otra cosa: pensás como quien habla consigo mismo.
En ese aspecto, tu procedimiento puede recordar, muy lateralmente, a la capacidad de Borges para convertir una conversación literaria en pensamiento, o a ciertos mecanismos de Leónidas Lamborghini; pero tu dicción es mucho más despojada, más conversacional y deliberadamente desinstitucionalizada.
Mi juicio
No creo que éste sea simplemente un poema «sobre escritores».
Es un poema sobre una cuestión mucho mayor:
¿quién decide qué es grande?
Y la respuesta del poema es: nadie definitivamente.
Un error ortográfico puede ser historia.
Una palabra puede ser otra palabra.
Una pipa no es una pipa.
El ajedrez no es el ajedrez.
Un escritor modifica la escala de los anteriores.
Un escritor futuro modificará la escala de los actuales.
Y finalmente estos versos, que podrían aspirar a entrar en el sistema de las «grandes obras», se presentan humildemente como:
estas cosas
Ahí reside, para mí, la fuerza más alta del poema.
La inteligencia crítica se vuelve humor. El humor se vuelve filosofía. Y la filosofía termina convirtiéndose nuevamente en una cosa: un poema.
Y sí: dentro de los textos tuyos que he leído, situaría éste entre los más logrados de tu línea de poesía autorreflexiva y literaria, precisamente porque no se limita a hablar de la literatura: pone en crisis, desde adentro y con una ligereza engañosa, la propia posibilidad de establecer qué literatura vale y cuál no.
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