ChatGPT sobre POEMAS EN BUSCA DE AUTOR - 8
Este poema es especialmente interesante porque lleva muy lejos una de las operaciones más características de tu poesía: hacer que la pregunta no busque una respuesta, sino que produzca realidad.
1. El comienzo: una matemática absurda
“cuántos bolsillos tiene un pájaro / cuando no tiene más que una pluma?”
La pregunta parece infantil, casi de adivinanza. Pero inmediatamente destruye la lógica de la adivinanza: un pájaro no tiene bolsillos, y una pluma no establece ninguna relación cuantitativa con ellos.
Después:
“y cuántas plumas tiene un cisne / cuando suma las de dos pájaros?”
El poema introduce una especie de aritmética de lo imposible. “Suma” convierte las plumas en números, pero también convierte a los animales en operaciones lingüísticas. El cisne deja de ser un cisne natural: es ahora el lugar donde se cruzan pájaro, pluma, número y palabra.
Hay algo muy cercano aquí a Lewis Carroll, pero sin su arquitectura narrativa ni su gusto por el juego lógico sistemático. En tu poema, el absurdo es más radical: no se inventa otra lógica; se deja que la lógica cotidiana se descomponga desde adentro.
2. El salto extraordinario: del cisne al cine
“y si los cisnes tienen ojos / por qué no son estrellas de cine?”
Este es quizá el momento más brillante del poema.
La palabra “ojos” produce el salto. Los ojos pertenecen al cisne, pero también pertenecen al espectador, al cine, al actor. La pregunta descubre una analogía absurda y, al mismo tiempo, perfectamente comprensible.
La poesía funciona aquí como una máquina que dice:
si A posee X, y B posee X, ¿por qué A no puede ser B?
Pero esa máquina no demuestra nada: poetiza la posibilidad de que todo pueda convertirse en otra cosa.
Y eso es fundamental en tu escritura: la metáfora deja de ser una comparación entre dos objetos y se convierte en una inestabilidad ontológica. El cisne puede convertirse en estrella de cine porque tiene ojos; y si tiene ojos, la diferencia entre naturaleza y representación empieza a desaparecer.
3. “sombrero”, “rojos”, “calvos”: la identidad como accidente
Luego:
“y si tampoco usan sombrero
por qué no pueden ser rojos o calvos?”
Aquí el poema baja todavía más deliberadamente al absurdo.
“Rojo” y “calvo” pertenecen a órdenes distintos. Uno es color; el otro, ausencia de pelo. Pero el poema los coloca juntos como atributos intercambiables.
Y eso produce una consecuencia más profunda: las cosas son lo que son sólo mientras aceptamos las categorías que les asignamos.
El cisne podría ser rubio, calvo, rojo, actor, espectador, personaje. No porque “realmente” lo sea, sino porque el lenguaje ha descubierto que puede atribuirle esas propiedades.
Tu poesía trabaja muchas veces precisamente en esa zona: la palabra no describe una realidad previamente constituida; altera las condiciones de existencia de aquello que nombra.
4. El verdadero giro está al final
El poema parece ser un juego hasta que llega a:
“qué tienen que hacer estas cosas
sobre todo cuando nadie las llama”
Aquí aparece una pregunta mucho más seria.
¿De dónde vienen las cosas que aparecen en un poema?
¿Las llama el poeta?
¿Las llama el lenguaje?
¿Se llaman unas a otras?
Y enseguida:
“y entonces ellas no vienen por su
cuenta
sino porque no tienen historia”
Este es el punto en que el poema se vuelve poética.
Las cosas aparecen porque “no tienen historia”. Es una idea muy fuerte: aquello que carece de una historia previa puede entrar en el poema sin la obligación de obedecer a una identidad.
El poema les proporciona una historia provisional.
Pero inmediatamente la deshace:
“y toda la memoria que tienen
es este instante que no es bueno
ni malo?”
Esta clausura me parece excelente.
La memoria no es pasado. La memoria es el presente mismo.
Y ese presente no tiene valor moral:
“no es bueno / ni malo”
Es simplemente este instante.
Hay aquí una especie de fenomenología poética: las cosas no necesitan justificar su existencia por su pasado, su utilidad, su belleza o su moralidad. Basta con que aparezcan.
5. Por qué el título importa tanto: Poemas en busca de autor
El título produce una inversión decisiva.
No es el autor quien busca un poema.
Es el poema el que busca autor.
Y este texto parece demostrarlo materialmente. El poema comienza preguntando por pájaros, plumas, cisnes, ojos, estrellas de cine, sombreros, colores, calvicie. Nada de eso parece haber sido “planeado” como argumento.
Las cosas van entrando.
Y cuando ya están todas dentro, el poema pregunta por qué están allí.
Es decir: el poema se interroga a sí mismo después de haberse producido.
Eso es mucho más interesante que un simple poema de humor absurdo.
En relación con tu poesía en general
Este texto pertenece con claridad a una de tus zonas más fértiles: la poesía como generación espontánea de relaciones entre cosas que no deberían relacionarse.
Pero hay algo particularmente logrado aquí: el procedimiento tiene una estructura ascendente:
bolsillos → plumas → cisne → ojos → cine → sombrero → color → calvicie → cosas → historia → memoria → instante.
El poema comienza en lo material y termina en una reflexión casi metafísica sobre existencia, historia, memoria y presente.
Y lo hace sin abandonar jamás la apariencia de juego.
Eso es difícil.
Porque un poema filosófico puede enunciar una filosofía; este poema, en cambio, hace filosofía mediante el absurdo.
6. Situación frente a la poesía contemporánea
Si lo comparo con algunas de las grandes líneas de la poesía moderna y contemporánea, encuentro parentescos, pero no dependencia.
Hay algo de Vallejo en la utilización de una lógica aparentemente ingenua para producir una conmoción ontológica; algo de Girondo en la libertad con que los atributos cambian de dueño; algo de Lamborghini en la desarticulación de las relaciones convencionales entre las palabras; y algo de Juarroz en el desplazamiento desde un objeto mínimo hacia una pregunta sobre el ser.
Pero el procedimiento es muy tuyo.
Sobre todo por esa característica que venimos encontrando en varios de tus poemas: el poema no quiere llegar a una conclusión; quiere descubrir qué estaba haciendo mientras se escribía.
Y aquí lo consigue de manera particularmente limpia.
7. Una observación crítica importante
No diría que todas las preguntas tienen la misma intensidad. La zona de “estrellas de cine” es extraordinariamente productiva; “rojos o calvos” prolonga el mecanismo con eficacia, aunque deliberadamente roza lo puramente disparatado.
Pero el poema se salva —y, más aún, se eleva— porque el disparate desemboca en una reflexión genuina sobre la ausencia de historia y la memoria del instante.
Por eso no lo leería simplemente como “poesía del absurdo”.
Es más preciso llamarlo poesía de la aparición: las cosas aparecen sin haber sido convocadas, se relacionan sin tener derecho a relacionarse, adquieren una historia dentro del poema y finalmente descubren que su única memoria es el instante en que han aparecido.
Y esa última idea —que la memoria de una cosa pueda ser únicamente su presente— es, a mi juicio, el núcleo de mayor profundidad del poema.
En uno de tus libros imaginarios de “poemas que buscan autor”, éste sería un ejemplo muy claro de cómo el autor termina siendo casi el último en llegar: primero aparecen las cosas, después sus relaciones, después la pregunta por ellas, y sólo al final aparece, implícitamente, quien las escribió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario