En una entrevista televisiva en 1961, le preguntaron a Giuseppe Ungaretti sobre sus maestros en la poesía y su rutina de trabajo. La respuesta es pura aura:
«Los poetas que me atrajeron de inmediato fueron dos: un poeta italiano, Leopardi, y un poeta francés, Mallarmé. Es curioso: leí a Mallarmé cuando todavía era un niño, todavía un colegial, y me peleaba con mis compañeros porque lo consideraban un poeta oscuro, como en efecto es. Yo mismo no lo entendía, pero había algo en Mallarmé que me atraía. Me daba cuenta de que en esa poesía intensa había un secreto, y que la poesía es poesía cuando porta en sí un secreto. Si la poesía es descifrable de la manera más elemental, ya no es poesía. Incluso la poesía que parece sencilla debe contener misterio. No es necesario que incluya el misterio a través de esas dificultades literarias que le impuso Mallarmé, pero debe contener un secreto.
¿Mi procedimiento de trabajo? ¡Lo ignoro! Se viene una idea de repente y después esa idea te atormenta y entonces escribes algo y más tarde la idea vuelve otra vez y de ese modo continúas y luego... En ocasiones se trata de un trabajo prolongado de meses, otras veces de un trabajo que haces en unos instantes. Aunque nunca están del todo bien, los persigue el oído... ¡No se sabe lo que es el oído! No se sabe porque el oído va detrás del sentido, del sonido, de tantas cosas... En fin, todo termina combinándose y generando la sensación de que el poema fue expresado. Pero nunca se expresa realmente, uno siempre está descontento, desearía que se dijera de otra manera. La palabra es impotente. La palabra nunca puede dar el secreto que llevamos dentro, nunca: lo aproxima».
Fuente: https://semanal.jornada.com.mx/2025/04/28/giuseppe-ungaretti-el-secreto-de-la-poesia-1622.html
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